viernes, 8 de mayo de 2026

EL AMOR NO SE DICE, SE VIVE

La tertulia estaba muy animada hasta el extremo de llamar la atención de todos los que se acercaban.

La participación era intensa y el diálogo, fluido y atractivo.

—No entiendo cómo se puede predicar una cosa y hacer otra —defendía Hermelindo con vehemencia—. Eso tiene un nombre: hipocresía.

Pedro, en un tono más desenfadado, dijo:

—Lo que hagas con tu vida será lo que verdaderamente transmitas…

Hizo un breve silencio y concluyó:

—Porque las palabras, si no van de acuerdo con tus obras, quedan vacías y no llegan al corazón.

El ambiente estaba encendido y los aplausos sonaban con facilidad cuando la intervención de algún tertuliano era notable y sintonizaba con el sentir general.

En ese momento, Manuel, que dirimía también en la tertulia, dijo:

—Todo se reduce a amar. Porque el amor tiene que ver con dar y darse, con vida compartida y con sincronía entre palabra y vida.

Sonaron aplausos y Manuel, levantándose y alzando los brazos, agregó:

—En el capítulo 15 de Juan, del 12 al 17, Jesús nos lo dice con claridad: «Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado…

Al terminar de leer, mirando para todos, dijo:

—Es evidente que, si actuamos de esta manera, nuestras relaciones son sinceras, verdaderas y destierran la hipocresía y el engaño…

Permaneció unos segundos en silencio y, al final, dijo:

—Porque las palabras convencen… pero la vida es la que habla al corazón.

Sonó un estruendo de aplausos. Todos los tertulianos se levantaron y aplaudían a rabiar.

Estaba claro: donde hay amor, brotan verdad, justicia y paz.