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viernes, 6 de marzo de 2026

LABRADORES Y FRUTOS

Mt 21, 33-43. 45-46

Después de años de duro trabajo, decidió retirarse dejando su hacienda arrendada a unos jóvenes labradores. Su intención era descansar y, llegado el tiempo, cobrar los frutos que le correspondían.

Carlos no pudo imaginar lo que le sucedió a la hora de recibir su cosecha. Los inquilinos se negaron a darle la parte que le correspondía y se rebelaron contra todo el que pretendiera exigirle los frutos de la cosecha.

Poniéndose en pie, Manuel dijo a todos los presente:

—¿Qué debe hacer el dueño? ¿Tiene alguien alguna respuesta?

—En mi opinión, debe castigarlos por sus delitos y arrendar su hacienda a otros labradores —respondió Fernando.

Así debe ser, dijo Manuel. Entonces, volviéndose a sentar pacientemente y dirigiéndoles una mirada tierna llena de misericordia, les dijo:

—Ser justo no a menudo coincide con nuestra idea de castigo. Y, según el evangelio de Mt 21, 33-43. 45-46 Jesús nos da otra oportunidad.

Viendo sus caras confundidas, dando a entender que no se enteraban de lo que Manuel les decía, se levantó de nuevo, abrió su Biblia y leyó:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos…

Cuando terminó de leerlo, dando un paso hacia delante y clavando su mirada en todos, agregó:

La piedra desechada es ahora la piedra angular. El miedo y el orgullo surgen cuando sentimos que se ha desvelado un gran secreto que queremos ocultar, cuando se revelan verdades profundas que nos incomodan.

Flotaba en el ambiente la certeza de que esos labradores no eran personajes lejanos: éramos nosotros. Se nos ha dado la vida, talentos, tiempo, oportunidades y la posibilidad de dar frutos para la eternidad. 

La piedra rechazada sigue esperando que la aceptemos como fundamento de nuestra vida.

sábado, 25 de octubre de 2025

¿DÓNDE ESTÁN MIS FRUTOS?

Lc 13, 1-9
    Carlos estaba cansado. Todo le salía mal, y sus fracasos se contaban por decenas. En muchos momentos había pensado en quitarse la vida. Sin embargo, sin saber cómo ni por qué, no lo había hecho. Vivía atormentándose, y cada día su desesperación era mayor.
    Caminaba sin rumbo, y ya exhausto, se sentó en una terraza por la que pasaba.
    —Buenos días, señor, ¿desea tomar algo?
    —¡Ah!, bueno, tráigame un poco de agua. Me he sentado a descansar.
    —Muy bien, señor; está usted en su casa —respondió Santiago amablemente.
 
    La cabeza le daba vueltas y le era imposible fijar la mirada en un punto. Vagaba buscando una salida, un descanso, una respuesta… pero siempre terminaba igual: desesperado.

   En la mesa de al lado estaba Manuel, que se percató de lo que le sucedía a Carlos. No lo conocía, pero eso no fue obstáculo para preocuparse por él. Con prudencia y respeto se acercó y le dijo:
    —Buenos días, señor, ¿le sucede algo?
Carlos le miró algo sorprendido. Le extrañó que alguien se interesara por él. Nunca le había pasado.
   —¡No, nada!... Bueno, algo preocupado porque las cosas no salen como uno quiere y busca. Y cuando eso te sucede tan frecuentemente, te desesperas un poco.
   —La paciencia es algo muy necesario —respondió Manuel—. Paciencia unida a confianza, en espera de que todo se recomponga y dé el fruto apetecido.
   —Extraña manera de pensar —dijo Carlos—. Nunca había oído algo así.
   —Quizás porque no lee los evangelios —replicó Manuel—. Precisamente, en Lc 13, 1-9, se habla de esto que le puede estar sucediendo: falta de paciencia y de fe. Habla de un hombre que se desespera con una higuera que absorbe agua y nutrientes, ocupa espacio, pero no produce frutos.
   —¡Qué casualidad! —dijo Carlos con gran aspaviento—. ¡Eso es lo que me pasa a mí!
   —¡Y a muchos! —respondió Manuel—. Sin embargo, el viñador paciente considera que aún hay que aguardar un poco más, cuidar la planta, alimentarla y confiar en ella.
    —Pero eso no es fácil —argumentó Carlos—. El tiempo apremia, y si no hay resultados…
    —Hay que esperarlos confiando en que llegarán —concluyó Manuel.
 
    Carlos asintió con cara de resignación, pero esperanzado en que los frutos llegarían.

    Es así como actúa Dios con nosotros: paciente jardinero de nuestras vidas, que no se cansa de esperar el fruto de nuestro amor. Su bondad y misericordia nos levantan, nos consuelan y nos conquistan hasta el extremo de entregarnos plenamente, dándonos la posibilidad de ofrecer todo lo que llevamos dentro.

miércoles, 23 de julio de 2025

COMO SIMPLES SEMILLAS EN MANOS DE DIOS

«Siempre me ha llamado la atención el misterio de las plantas», se preguntaba Pedro. «De cómo de un tocón viejo y retorcido nacen nuevos sarmientos con sus hojas». «Una simple semilla, sin aparente vida, la hundes en la tierra y, tras un corto tiempo, su muerte, se ha convertido en un tallo que más tarde se fortalecerá y tendrá flores y frutos».  —¿Has pensado en eso, Manuel?
—Sí, afortunadamente lo he tenido en cuenta alguna vez. Sobre todo cuando me asaltan las dudas de la presencia de Dios. Me pregunto, ¿quién ha podido hacer esa maravilla de dar vida a una semilla sin vida y aparentemente inerte? ¿No te parece un milagro?
—Me parece un poder infinito. Quien ha hecho eso podrá hacer todo lo que quiera y piense. Y eso revela la creación del mundo.
 —Esa es también la conclusión a la que he llegado yo. Por eso te decía que, cuando llegan horas de tribulación y oscuridad, mirar todo lo que me rodea en este mundo, me habla de la existencia de un Dios de Amor y Misericordia, de un Dios revelado por nuestro Señor Jesús, su Hijo unigénito.

Pedro y Manuel habían entendido lo que la Palabra de Dios en el Evangelio quería significar. De la misma manera que el sarmiento no puede dar frutos por sí solo si no permanece en la vid, tampoco nosotros, si no permanecemos unidos al Señor, daremos frutos.  También nosotros, de alguna manera, somos semillitas que necesitamos la Gracia del Señor para dar vida a nuestra vida —valga la redundancia— y dar frutos. Conclusión: sin estar unidos al Señor, no daremos frutos.

miércoles, 25 de junio de 2025

LOBOS CON PIEL DE OVEJAS

Mt 7, 15-20

—Oyes, Pedro, esto de los ambientes es cosa muy importante. Importante por el peligro que nos trae como tentación para pecar. Y lo digo porque, quizás sin darnos cuenta lo pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro: … y no nos deje caer en la tentación … Y es que debemos evitar ese ambiente que nos provoca o nos tienta. ¿No te parece?
—Sí, creo que tienes razón. Las malas compañía son también ocasiones que nos incitan a la tentación. Y, precisamente, se suelen encontrar es esos ambientes dudosos y de mala reputación.
—Es vedad, agregó Manuel, que la gente se conoce por sus obas. Te pueden engañar en un momento concreto o en ciertas circunstancias, pero, más tarde que pronto te darás cuenta, por sus frutos, de la pasta que están hechos. 
 —Evidentemente, sus obras te irán dando un fie retrato de la buena intención de su corazón. No podrá esconderse porque sus frutos lo descubrirán.

Así es, no hay árbol bueno que pueda dar frutos malos, y, al contrario, árbol malo que dé frutos buenos. Si en tu corazón crece la cizaña y no la cortas, terminará por ahogar tus buenos sentimientos y, tus frutos, se convertirán en malos frutos. Y al contrario, si limpias tu corazón de las malas hierbas, tus frutos serán buenos.

De cualquier forma hay que tener mucho cuidado con esos lobos revestidos con pieles de ovejas, son esas tentaciones de las que pedimos en la oración del Padrenuestro evitar.

domingo, 23 de marzo de 2025

CIERTAMENTE, DIOS NO NOS CASTIGA

Sucede que las personas que sufren alguna adversidad, al menos nos parece, viene de un castigo de Dios. Y, por otro lado, las que intentan hacer su Voluntad reciben premio y les va bien.

En mi humilde opinión, ni una cosa ni otra. Dios, nuestro Padre, no se mete en esas cosas, si bien, si lo cree necesario actuará. Él es dueño de hacer lo que crea, sobre todo si es para bien de sus hijos.

Las cosas suceden porque los hombres, consciente o inconsciente las provocan con sus actuaciones. A veces aparecen sin intención, por coincidencias en el tiempo o en la acción, y otras por nuestras irresponsabilidades, errores y pecados. Dios ha dejado el mundo en nuestras manos, y para nuestra salvación. Es cierto que nos acompaña y nos asiste, pero siempre contando con nuestro permiso. Nos ha creado libres y nos deja la libertad para que decidamos nosotros.

Otra cosa es que nos ha creado a su imagen y semejanza, y eso nos inclina, al menos lo experimentamos, deseos de hacer el bien y amar. Y otra, consecuencia de nuestra libertad – si no no seríamos libres – inclinados a dejarnos seducir por nuestras pasiones, ambiciones y egoísmos. La sombra del pecado nos acompaña y nos somete si no acudimos al Espíritu Santo, que desde la hora de nuestro bautismo está presente en nosotros.

La paciencia de nuestro Padre Dios, así como su Misericordia es Infinita, y, a pesar de nuestras meteduras de pata, errores y pecados, nuestro Padre nos da siempre la oportunidad de arrepentirnos y convertimos. Así nos lo dice en el Evangelio de hoy con esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar … Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”.

viernes, 21 de marzo de 2025

CERRADOS A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

Vivimos con cierta indiferencia a nuestro destino. Imbuidos en el consumo de un mundo que nos seduce con sus ofertas, desde siempre no hemos rebelado contra nuestro propio origen y destino. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Dónde esta nuestra felicidad? Porque, una cosa es clara, buscamos la felicidad.

La realidad, nuestra propia realidad, es que hemos sido creados y provisto de todo lo necesario, y capacitados de libertad y talentos para, con nuestro esfuerzo, construir el mundo en el que vivimos y alcanzar la felicidad que buscamos. Porque, hemos sido creados para ser felices eternamente. Sin embargo, no despertamos a ese bien del que dependemos y del que hemos recibido todo lo que somos y tenemos. Y nos negamos a devolverle los frutos que espera de nosotros.

Podemos decir que de alguna manera nos negamos a ser felices. Precisamente para lo que hemos sido creados. Y, el Creador, ha enviado a Profetas una y otra vez y los hemos matado. Por último nos ha enviado a su Hijo predilecto, y hemos hecho lo mismo, le hemos matado. Y erre que erre seguimos haciéndolo cada día de nuestra vida. ¿Hasta cuándo vamos a resistirnos a la escucha de la Palabra de nuestro Creador?

Mientras, nuestro Padre Dios, nos sigue amando y perdonando. Y nos espera con Infinita Misericordia a que nos demos cuenta de todo su Infinito Amor y le devolvamos esos frutos de gloria y alabanza por todo lo que somos y nos ha dado gratuitamente sin merecerlo.

sábado, 26 de octubre de 2024

¿QUÉ CLASE DE HIGUERA SOY YO?

Esa es mi pregunta. Ahora, ¿cuál es mi respuesta? Sólo a mí me pertenece darla, También a ti, amigo lector que, quizás puedas leerla, te corresponderá responder. Nadie podrá hacerlo, ni por ti ni por mí. Nos corresponderá a nosotros, con nuestra vida y actos, responder y demostrar de que nuestra respuesta sea coherente a esa pregunta sobre mis frutos.

¿Doy frutos de amor y misericordia, o soy estéril a la Palabra de Dios? ¿Mi vida se conforma en dar respuesta a la Voluntad de mi Creador, o miro para otra parte y responde a las apetencias que me seducen del mundo, demonio y carne? ¿Qué frutos trato de dar en mi vida?

Está claro que Jesús, el Señor, es infinitamente paciente y espera a que mi respuesta sea la correcta, a que mi vida dé esos frutos de amor misericordioso que sean del agrado de su Padre, mi Dios y Señor. Sin embargo, pasan los años y mi vida sigue pasiva, indiferente y, por supuesto, estéril.

¿Cuándo voy a reaccionar? Se me puede acabar el tiempo de mi vida sin dar frutos. Quizás ha llegado la hora de hundir mir raíces en esa tierra de amor y misericordia para engendrar esos frutos de amor misericordiosos. Tanto tú, como yo, tenemos la palabra.

viernes, 26 de julio de 2024

EN ESTADO DE VIGILANCIA Y ALERTA

Seguir a Jesús exige permanecer en estado de vigilancia y alerta constante. El Maligno está al acecho y, al menor descuido y relajamiento por nuestra parte, caerá encima de nosotros para tentarnos y seducirnos y apartarnos del Camino, de la Verdad y de la Vida.

Si nos quedamos a orillas del camino, pronto los pájaros de nuestra pereza, de nuestro abandono y comodidad terminarán por apagar todas nuestras inquietudes y aspiraciones y engullirlas hasta el punto de desaparecer. Pero, también nos puede ocurrir que llenos de alegrías y entusiasmo por acoger la Buena Noticia, todo queda en la superficie, no hay profundidad ni interiorización, y pronto a las primeras de cambio, ante las dificultades y problemas, desistimos y dejamos de seguir a Jesús. Nuestro primer entusiasmo desaparece.

Otro de los grandes peligros es quedarnos a media y no escuchar en silencio la Palabra. Sembrar no limpiamente sino en medio de mucho ruido y entre medias aguas. Es decir, querer estar aquí y allí, escuchar la Palabra, pero también al mundo. Terminarán los afanes y ambiciones de este mundo por vencernos y apartarnos de Dios. Consecuencia de sembrar entre abrojos.

Sólo, lo sembrado en tierra buena, capaz de dejar hundir las raíces de tu corazón y de que se adhieran a la Palabra de Dios, será capaz de dar frutos. Y esa será nuestra misión, aspiración y vigilancia, cuidar bien nuestra siembra de la Palabra de Dios, escuchándola y poniéndola en práctica en nuestras vidas asistidos por la acción del Espíritu Santo.

miércoles, 24 de julio de 2024

UN MUNDO DONDE LA VIDA ES OPORTUNIDAD PARA TODOS

Es bonito y deseado ser semilla que se esparce a boleo por todas partes y que tienes la oportunidad de crecer con libertad y dar frutos. Todo lo contrario en un mundo donde unos pocos quieren controlar a muchos, por no decir a todos. Un mundo donde la libertad está comprada, cautivada y sometida al capricho e interés de unos pocos. Un mundo donde se cierran las posibilidades y se piensa exclusivamente para unos cuantos.

Buscamos y queremos un mundo donde las posibilidades se multiplican y se las halla con facilidad. Un mundo donde la verdad y la justicia es aplicada de forma transparente y en igualdad para todos. Un mundo conforme a la Palabra de Dios, porque, precisamente, Jesús viene a eso, a conformar un mundo abierto, justo y con posibilidades al alcance de la mano para todos.

Un mundo donde la semilla es sembrada libremente y dependerá de la tierra donde caiga para que se hunda, eche raíces y dé frutos. Cada cual será libre para abrir sus oídos y ojos y acoger esa Palabra que, vivida, dé buenos frutos. Porque tienes esas posibilidades: orilla del camino, terreno pedregoso, tierra de abrojos o tierra buena. Tú decidirás, pero ten en cuenta que siempre tendrás a Dios Padre a tu lado.

domingo, 17 de marzo de 2024

LA CRUZ, CAMINO DE AMOR Y SERVICIO (Jn 12, 20-33)

No se trata de sacrificio, ni de interiorización, ni de tener bien atendida nuestra huerta interior. Se trata de hundirse en la tierra de tu corazón, morir y dar frutos para que otros los coman. Tal y como hace la semilla a ser sembrada. En otras palabras, se trata de salir de ti mismo para darte a los demás.

El panorama no es nada fácil. Es más, demasiado difícil. Diría imposible para uno mismo, lo que nos abre la necesidad de contar con el Espíritu Santo. Sin Él seremos reos y víctimas del mundo, demonio y carne. Solo esa unión en el Espíritu del Señor nos puede dar la fortaleza y sabiduría para poder vencernos.

Porque, se trata de una lucha interior contigo mismo. Eres tú contra tú, contra tu egoísmo, tu soberbia, tu suficiencia, tu envidia, tu satisfacción, tu venganza, tu avaricia, tu poder, tu riqueza, tu ser más que los demás, tu … Una lucha a muerte hasta que desapareciendo tú queden solo tus frutos y puedan servir para el bien de otros. Ese fue el resultado de la Vida de nuestro Señor Jesús: la Cruz lo resume todo. Su entrega fue tal que se dio íntegramente hasta el último suspiro.

Evidentemente, lo único que nos puede glorificar es dar la vida por amor para el bien del otro, incluso si es el enemigo. Y confieso que me siento muy lejos de todo eso, pero también sé que la Gracia de mi Padre Dios me puede transformar y cambiar mi vida, mi trayectoria y todo lo que me impide darme y morir como el grano de trigo.

Cada instante, momento, día o semana puede ser Semana Santa. Momento en el que tú eres capaz de morir a ti mismo y darte por amor a los demás. Eso fundamentalmente es el significado santo de esos días en el que Jesús nos dejo el resumen de su Vida crucificado en la Cruz. Por eso, la Cruz resume muy bien todo el camino que tengo que recorrer. Y es que si mi vida no termina en la cruz, posiblemente he equivocado el camino. Posiblemente, he sembrado y cultivado muchos frutos, pero se han quedado para mi provecho y beneficio. No han sido ofrecido con y por amor a los demás.

miércoles, 24 de enero de 2024

UNA SIEMBRA A VOLEO POR TODOS LOS LUGARES DE LA TIERRA.

Esa es la intención que haya simientes evangélicas en todo lugar y en toda circunstancia. El fruto dependerá de la calidad del terreno. De la misma forma, el Evangelio ha de ser proclamado sin más intención. Se convertirán aquellos que sean capaz de dejar enraizar en la profundidad de sus corazones la semilla evangélica hasta el punto de dar frutos. Poque, de no haber frutos será señal de que la semilla no habrá hundido sus raíces en lo más profundo de su corazón.

Les hablaba en parábolas y la del sembrador concretamente viene a descubrirnos esa siembra de la Palabra de Dios. Una siembra donde la semilla cae en todas partes y donde lo que menos importa es el lugar o la tierra ya sea camino, pedregal o entre zarza. Lo que verdaderamente importa es la acogida, el hacerla vida en tu vida y en darle voz con tu vida y palabra que resuene en tu corazón y salga de él hacia los demás.

No importa ni la cosecha ni el fruto a la hora de sembrar porque eso dependerá de aquel que la reciba. Incluso a pesar de ser en la orilla del camino, en tierra poco profunda, en el pedregal o entre zarza. Solo dependerá de tu capacidad para creer en ella y acogerla aunque esté a expensa de los pájaros que te amenazan, la poca tierra que te angosta, el pedregal o la zarza. Quizás la vida de muchos mártires puede alumbrar lo que quiero significar, tal puede ser el caso de Carlos de Foucauld u otros muchos.

Ahora, preguntarnos por la calidad de nuestra tierra y tratar de abonarla y mejorarla para que la semilla de la Palabra enraíce y dé frutos será nuestra misión, nuestra obra y nuestra fe, en la esperanza de injertados en el Espíritu Santo – recibido en el instante de nuestro bautismo – podamos por su Gracia lograrlo.

domingo, 16 de julio de 2023

NOS TOCA SER TIERRA FERTIL PARA QUE MUERA LA SEMILLA Y DÉ BUENOS FRUTOS .

No te fijes en los resultados porque te desanimarás. No nos corresponde calcularlos ni cosecharlo. Los frutos los recogerá nuestro Padre Dios, Señor de la Creación. A ti y a mí nos toca ser tierra buena para que la semilla sembrada por el Sembrador muera y dé los frutos esperados desde la gratuidad y la perseverancia, desde el esfuerzo sincero y humilde entregado plenamente. Lo demás será cuestión del Señor.

El Sembrador sabe que la semilla corre peligro: tierra de camino, pájaros, calor, vientos, abrojos, terrenos pedregosos, zarzas y otras dificultades amenazan con no dejar que la semilla germine, muera y dé frutos. Así y todo el Sembrador sale a sembrar en todo terreno sea de la condición que sea. A pesar de todo sale a sembrar y esparce la semilla independiente de que pueda tocarle alguna de esas tierras u orillas del camino donde sea presa del peligro que la amenaza.

Evidentemente, los frutos dependerán del Sembrador que quien esparce y siembra la semilla. A nosotros nos toca ser tierra y dependiendo de la condición que sea esforzarnos en limpiarla y prepararla para que sea tierra buena, tierra limpia de durezas, de abrojos y piedras para que fertilizada y abonada dé buenos frutos.

Es evidente que el Sembrador no se fija en su rentabilidad, acepta de antemano el fracaso de que muchas queden ahogadas o engullidas por tierra de camino, pájaros, abrojos, pedregales, zarzas, vientos, calor, profundidad…etc. Sin embargo sigue adelante sin mirar el resultado ni los frutos. Observamos que su Misericordia es Infinita.

Algo parecido nos ocurre también a nosotros. Nosotros, la tierra a la que es echada la semilla necesita prepararse, limpiarse, dejarse abonar – Sacramentos – y estar siempre abierta y disponible a, recibida la semilla – Palabra de Dios -, a dejarse empapar como la lluvia y nieve hasta germinar y dar frutos.

Ahora, tengamos en cuenta que nuestra no es tanto dar frutos como poner las condiciones para que los frutos se den. Si, nosotros, la tierra, posibilitamos que la semilla muera, los frutos nacerán por la Gracia de Dios. Porque es Él, el Sembrador, quien recogerá los frutos derivados de la siembra de su Palabra.

miércoles, 28 de junio de 2023

¿QUE OBRAS VA DEJANDO TU ACTUAR EN EL CAMINO DE TU VIDA?: ¿TE LO HAS PREGUNTADO?

Por sus frutos los conoceréis. Esa es la realidad, conocemos a las personas por el rastro que va dejando sus frutos. Sin embargo, los frutos en muchas ocasiones no se ven, o, al menos, no todos. Hay muchas veces que el trabajo constante, perseverante y bueno no, aparentemente, parece dar frutos, sin embargo, los frutos están. Aparecerán cuando Dios quiera. Los frutos son de Dios y es Él quien los recogerá cuando lo crea oportuno.

La realidad es que hay mucha apariencia y mucha mala intención escondida en la mentira vestida de verdad. Y eso hay que saber distinguirlo muy bien para no caer en la trampa ni dejarnos embaucar por esos que aparentando decir la verdad nos están mintiendo. ¡A propósito, mucho de eso estamos viviendo estos últimos años sobre todo en el mundo de la política!

Todo se ve mucho más claro cuando miramos la cosecha de resultados que van dejando la obra con aquellos que nos relacionamos y que creemos conocer. Serán sus frutos los que nos dirán quienes son y como viven. Y de la misma manera discerniremos nuestra actuar y vivir cristiano observando los frutos que nuestra vida va dejando en el paso a paso de nuestro vivir de cada día.

Y no se nos puede esconder donde y cuales son nuestros frutos: ¿Dónde y en qué gastamos nuestro tiempo? ¿Quién ocupa el centro de nuestra vida? ¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿Con quienes nos relacionamos? ¿En qué lugar están los débiles y pequeños en nuestra vida? ¿Cuán es nuestra relación con Dios? Porque según todos esos aspectos de nuestras vida serán así también nuestros frutos.

lunes, 5 de junio de 2023

¿NOS INTERPELA ESTA PARÁBOLA?

Es la pregunta que hoy nos hacemos: ¿Nos sentimos también nosotros interpelados por esta parábola? Es evidente que si nos fijamos bien y escrudiñamos un poco nos vemos retratados. Se nos ha dado la vida, los medios para caminar y vivir en este mundo y la gran posibilidad de recoger los frutos que con nuestras cualidades recibidas podemos cosechar y recoger.

Frutos de verdadero amor que el Padre, que nos ama infinita y misericordiosamente, nos ha regalado gratuitamente para que también nosotros los entreguemos amorosamente y con misericordia a aquellos que lo necesitan. Y eso para demostrarnos que tal como nos ama nuestro Padre también amamos nosotros. Porque es evidente que si nadie necesita no se hace necesario dar o regalar gratuitamente.

Sin embargo, la historia, nuestra propia historia, nos revela que no ha sido así. Ha venido el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús, y lo hemos crucificado en una muerte de cruz. No hemos querido escucharle ni reconocer la Buena Noticia que nos ha anunciado. No aceptamos su Palabra ni le reconocemos como el Hijo de Dios. Nos hemos adueñado del mundo, su creación, y queremos administrarlo como a nosotros no parece.

Y en ese parecer siempre salen perdedores los más débiles, los pobres e inocentes. Se repite lo mismo de siempre: El fuerte quiere adueñarse de todo y ser el que manda. Desea hacer y deshacer a su antojo y que los demás se sometan a sus intereses y caprichos. 

¿No nos resulta esa actitud de actualidad? Al parecer a pesar de tanta distancia en el tiempo nada ha cambiado en la actitud de los empleados de la Viña. Porque se nos ha dado el mundo y mira como lo administramos. No queresmo entregar al Creador los frutos que se nos pide: buenos actos de amor. Todo sigue, a pesar de los adelantos y avances tecnológicos igual. Muchos mantienen su corazón endurecido como ya sucedió en Masah y Meriba -Ex 17,7 -. 

Vino el Hijo del Padre y Creador del Mundo y nuestra respuesta fue la de quitárnoslo de encima: condenado a muerte de cruz, Nos preguntamos, ¿estamos nosotros en esos muchos?

viernes, 2 de junio de 2023

SE NO VAS EL TIEMPO, ¿NO LO HAS PENSADO?

Casi sin darme cuenta caigo en la cuenta, valga la redundancia, de que la vida, mi propia vida, está dando los últimos pasos. Soy consciente de que mi camino se me ha hecho corto. Recuerdo cuando observaba la vejez de mi madre y experimentaba cierta pena por sus limitaciones. Ahora lo estoy experimentando en mí mismo.

Hay momentos que la nostalgia se apodera de mí. Experimento sensaciones de que estoy en otro mundo. Todo a mi derredor está cambiando y pocas cosas quedan de lo vivido en mi camino. Incluso muchos de mis amigos, compañeros y gente de mi tiempo ya no están. Experimento la sensación de que estoy solo y de que me muevo por un mundo al que ya no pertenezco o no es de mi tiempo.

En esas conjeturas se establece mi lucha de cada día. Sin embargo, descanso y me lleno de esperanza porque creo plenamente en mi Dios, Padre, en mi Señor, el Hijo, y en el Espíritu Santo que me acompaña, me fortalece, me ilumina y me da sabiduría para aceptar y entender todo esto que bulle dentro de mí. Incluso hay momentos que no temo a la muerte. Es más la deseo, cuando el Señor disponga, como el momento más glorioso de mi vida. Es la cita con mi Dios Padre y, por su Infinita Misericordia, la llegada a un mundo hermoso, placido, de paz y felicidad. No me lo puedo imaginar pero confío en la Palabra de mi Señor. Me ha dicho que ha ido a prepararme una morada. ¡Dios mío, cómo será esa morada preparada por el Señor!

Lo único verdaderamente importante que me preocupa ahora es dar frutos. No secarme como esa higuera por esperar a la época o tiempo de los frutos. Se trata de darlos ahora, aunque mi mundo actual esté lejos del mundo que a mi me gustaría. Todavía, por la Gracia de Dios, y con la asistencia de su Espíritu, mi vida puede y debe dar frutos. Al menos esforzarme en labrar esa huerta que vive y late dentro de mi corazón. Y es que no soy yo, sino el Espíritu de Dios que vive en mí. Él hará que mis frutos sean buenos frutos.

miércoles, 10 de agosto de 2022

COMO UNA SEMILLA

Si miramos sobre nosotros mismos observaremos que nuestra vida viene a ser como si de una semilla se tratara.  Nacemos y nos desarrollamos, pero, si nuestro corazón se cierra a toda llamada de amor y se vuelve sobre sí mismo de manera egoísta, tu vida – cerrada al amor – queda vacía y estéril.  Lo mismo ocurre en la semilla que, tirada sobre la tierra, no se abre y muere, queda baldía y no da frutos. Porque, para que tu vida, como la de la semilla, dé frutos necesita abrirse y perderse a sí misma para, muriendo, dar frutos.

Levantemos la mirada hacia nuestro Señor Jesucristo. Se hizo hombre, despojándose de su gloria celeste ha venido a este mundo y, abierto a todos por amor ha entregado su Vida para rescate de nuestra dignidad de hijos de Dios y liberación de la esclavitud del pecado. Jesús es la Semilla que, sembrada en la tierra de nuestro corazón, nos invita a despojarnos de nuestra vida para entregarla en servicio y por amor a los demás.

Simplemente, la solución de este mundo no pasa por las ideologías y propuestas de los hombres, sino por la entrega – por amor – de cada hombre a su prójimo. Es lo que nos transmite Jesús cada día en y con su Palabra y su Vida. Pero, al parecer, este mundo, sobre todo los poderosos, como los de su tiempo, siguen ciegos y endurecidos su corazones.

 

—La solución —dijo Manuel— es tan sencilla y clara que no verla supone estar sometido al pecado. Se experimenta muy palpablemente que no somos libres. Estamos sometidos y esclavizados a nuestra propia naturaleza herida por el pecado.

—Sencilla pero difícil de hacer vida en la propia vida —respondió Pedro.

—Sí, difícil será siempre. Es esa cruz de la que se habla muchas veces. Pero, no imposible de vivir. ¡Claro, nunca solos sino injertados en Jesús!

—De ahí la gran importancia —dijo Pedro— de nuestro bautizo. En él recibimos al Espíritu Santo que nos fortalecerá y auxiliará para llevar a cabo esa lucha de cada día.

 

Animados y fortalecidos en el Espíritu, Manuel y Pedro, siguieron su camino en la esperanza de, en el Espíritu Santo, ir ganando la batalla de cada día en esa guerra de su propia vida hasta el día, la hora y el instante de presentarse ante el Señor.

sábado, 23 de julio de 2022

INJERTADOS EN JESÚS: CAMINO, VERDAD Y VIDA

Solos, el diablo nos puede y nos lleva a su mundo. Tiene mucha ventaja respecto a nosotros. Nuestra naturaleza está tocada – herida por el pecado – y nada podemos hacer ante él. Tiene a su favor todas nuestras apetencias, deseos carnales, pasiones y egoísmos que nos traicionan y nos arrastran al pecado. De ahí, descubrir la necesidad de bautizarnos y recibir al Espíritu Santo. ¡Qué sería de nosotros sin su asistencia y auxilio?

Ahora, nuestro Padre Dios ha querido contar con nuestra colaboración. No ha dispuesto salvarnos solo con su Gracia, que basta y sobra, sino que ha dejado una parte para que también nosotros actuemos y colaboremos. En la parábola del sembrador del otro día nos explicaba la necesidad que tenemos de esforzarnos, de arar nuestra tierra, de abonarla y prepararla para que no sea tierra de camino, de pedregales o de zarzas. Es decir, convertirla en tierra buena. Luego, todo lo demás corre por su cuenta. Él hará que la tierra, una vez trabajada con el sudor de nuestra fuente, dé esos buenos frutos.

Pero, nunca debemos trabajar solos sino injertados en el Señor. Él es la vid que nos sostiene y nos da fuerzas para preparar nuestra tierra: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más frutos. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en Mí»

―Queda claro ―dijo Manuel. Solo permaneciendo en el Señor seremos capaces de vencer al diablo.

―Estoy de acuerdo ―respondió Pedro. Estamos en desventaja y, sin la savia – Gracia del Señor – que nos viene de la Vid – el Señor – estaremos perdidos ante el poder del Maligno.

―Así es. Necesitamos permanecer en el Señor para, fortalecidos por su Gracia, resistir el embate de nuestras propias pasiones y superar toda tentación.

―Ese es el camino, seguir al Señor y caminar a su lado. Nos lo ha dicho: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

miércoles, 18 de mayo de 2022

PERMANECER ES LA CLAVE



Todo fruto exige una permanencia y constancia. Nada es fruto de un día. Amar exige permanecer en el Amor. Dios, nuestro Padre, es Amor y, en la medida que permanecemos en Él, permanecemos en el Amor. Junto a Él nos alimentaremos de su Cuerpo y su Sangre, y esa savia nos dará fortaleza y misericordia para amar como Él nos ama. De esa manera permaneceremos en Él.

Permanecer injertados a la Vid tendremos siempre vida. De ahí la importancia y la insistencia del grito de «permanencia» En el Evangelio de hoy se repite siete veces el verbo permanecer señalando la importancia fundamental que tiene. Nuestros frutos vendrán dependiendo de nuestra permanencia en el Señor. Es de vital importancia estar unido, injertado al Señor. Es de suma importancia alimentarnos, al ser posible, cada día del Alimento que nos da la Vida Eterna y transforma nuestro corazón, nuestra mirada y nuestro ser y obrar en este mundo.

Porque, los frutos, no son obras concretas que podamos realizar. No se trata de eso, sino de mirar a los demás, al hombre y a la mujer, con los mismos ojos que mira Jesús, el Señor. Una mirada con ojos llenos de amor, de comprensión, de humildad, de bondad, de servicio y suavidad. Una mirada abierta a la misericordia como Misericordiosamente es Jesús con nosotros. De eso se trata, de vivir esa permanencia de amor misericordioso cada día de nuestra vida. Entonces podemos decir que, al menos, tratamos y nos esforzamos en permanecer en el Señor. Y, Él, el Señor, permanecerá en nosotros.

domingo, 20 de marzo de 2022

¿Y TU HIGUERA? ¿ESTÁ SECA?

Cuando somos capaces de detenernos y mirar atrás, vemos que nuestra vida ha tenido muchos fallos. Es evidente que no ha dado todos los frutos que nosotras hayamos deseados. Nuestra naturaleza herida por el pecado nos ha vencido en muchos momentos. Y, debilitados, hemos caído en el pecado desoyendo tu Palabra y tus consejos. Sí, tomamos conciencia de nuestras debilidades y flaquezas. Aceptamos, Señor, que nuestra particular higuera no da los frutos esperados. Posiblemente no la cultivemos bien; posiblemente no la abonemos lo suficiente y no la rodeemos del estiércol y la tierra necesaria para que dé esos hermosos frutos que espera de nosotros nuestro Padre Dios.

¿Qué hacemos con nuestra vida? ¿La cuidamos y la preparamos para responder a lo que Dios espera y quiere de nosotros? ¿Sabemos cuál es la Voluntad de Dios? Posiblemente, ponemos nosotros nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, pero, eso simplemente no basta. Dios quiere fundamentalmente que creamos en Él. Si nos fijamos, eso es lo que han hecho todos los santos. Precisamente, su padre, san José. Dado ese paso, todo lo demás viene por añadidura. Un corazón entregado y abierto a la acción del Espíritu Santo, que para eso lo hemos recibido en el día de nuestro bautismo, hará, por la Gracia del Espíritu, lo que Dios le tenga asignado.

A veces esperamos cosas extraordinarias o grandes ante la vista de los demás. Y, posiblemente, nos equivocamos.  Miremos a María, su madre, y, recientemente, hemos celebrado su día, su padre José. Más humildes y sencillos no pudieron ser. Solo su fe y obediencia fueron relevantes, y la Gracia de Dios hizo todo lo demás. Eso nos ayuda a mirarnos a nosotros mismos y ser humildes. Nada de lo que podamos hacer tiene mérito, pues nos ha sido dado por la Gracia de Dios. De ahí que, respondiendo a su Gracia, debemos compartirlo con los demás, sobre todo con los más pobres. Necesitamos, pues, abrirnos a la Gracia de Dios para que, abonando nuestro corazón con esa Agua de la Gracia, valga la redundancia, demos esos frutos de amor.

viernes, 28 de mayo de 2021

NECESIDAD DE RENOVACIÓN

 

Es indudable que si la raíz se seca, la higuera queda infértil y no da frutos. Luego, salta la pregunta, ¿para qué sirve? Evidentemente, su destino será ser arrojada al fuego. De igual manera, sucede lo mismo en y con el templo. Si se les utiliza como lugares de reunión, de encuentro de amigos, de mercadería, negocios u otros intereses como cumplimientos y actos de piedad, nuestra raíz espiritual queda expuesta a la sequedad espiritual y al contacto íntimo con nuestro Padre Dios. También, aquí nos surge la misma pregunta, ¿para qué sirven los templos?

Estos signos que sucedieron y continúan sucediendo en la actualidad son las enfermedades que, quizás en muchas ocasiones, sin darnos cuenta, sequen nuestra raíz - corazón - e interrumpen nuestra relación directa con Dios. Podíamos preguntarnos, ¿qué tenemos nosotros de cambistas, mercaderes e higuera hoy en nuestro tiempo? Porque, de la misma manera estamos dejando secar nuestra línea directa con Dios y conectando más con las banalidades que el mundo nos presenta.

Posiblemente, nuestra relación con Dios sea bastante superficial y no llega esa agua de Gracia a nuestro corazón - raíz - endureciéndose y secándose hasta el punto de no dar esos frutos que el Señor espera de nosotros. Posiblemente, hayamos enterrado esos talentos que hemos recibido y los hayamos puesto, en lugar de hacerlo al servicio de los hombres y, por tanto, de Dios, al servicio de nuestro egoísmo e intereses.

Y, nos preguntamos, ¿De y para qué nos sirve esto? ¿Para mirarnos en el espejo del tiempo y descubrir que nos sucede a nosotros también hoy? ¿Cómo es nuestra relación con el Señor? ¿Distante, seca, superficial? Y, ¿estamos dispuestos a mejorarle, a bien regarla y abonarla para que dé frutos? La oración y los sacramentos pueden darnos la respuesta.