| Jn 16, 29-33 |
No cabe ninguna duda, estamos en el mundo, pero no pertenecemos a él. La muerte, que llegará a su hora, nos separa de este mundo y nos descubre el verdadero mundo al que pertenecemos.
Se trata, pues, de encontrar el camino que, permaneciendo en este mundo, nos lleve al que realmente pertenecemos.
En esas tribulaciones estaba Genaro cuando se encontró con Manuel en la terraza.
—Buenos días, Manuel —le saludó con gran regocijo. Tengo algo que consultarte…
Manuel tomó asiento en su propia mesa y, con una suave sonrisa, se dispuso a escucharle.
Genaro le miró con esperanza y le preguntó:
—¿Qué piensas de nuestra pertenencia a este mundo en el que vivimos?
Manuel tenía ya la Biblia sobre la mesa; mientras escuchaba la pregunta de Genaro, la abrió. Entonces, mirándole, añadió:
—Estamos llamados al mundo que Dios nos prepara. Jesús nos ha dicho que se va a prepararnos una morada (Jn 14, 2-3) y volverá para llevarnos con Él.
Le miró con alegría y le dijo:
—Su Palabra tiene siempre cumplimiento.
Guardó un breve silencio; señaló la Biblia y agregó:
—Es verdad que en este camino mundano tendremos luchas, pero Jesús nos anima y nos dice: «Tengan valor: Yo he vencido al mundo.
Genaro se había transfigurado. Su rostro mostraba serenidad y paz.
Sí, a pesar de la lucha y tristeza de este mundo, tenemos la esperanza puesta en ese otro mundo del que el Señor nos habla.