viernes, 6 de febrero de 2026

LA VERDAD, POR ENCIMA DE TODO

Mc 6, 14-29

Cuando se dice la verdad, se corre cierto peligro. Hay quienes la escuchan y la aceptan aunque les hiera el corazón, pero hay otros que la rechazan y tratan de apagarla para que no se extienda como el fuego.

Celedonio era uno de esos hombres que, por donde quiera que iba, proclamaba la verdad y con su vida iba descubriendo la mentira. Porque, cuando tus actos están revestidos de justicia, desnudas al que los cubre con falsedad, y eso en muchas ocasiones amenaza tu vida.

Un día que paseaba tranquilamente por la marina de su pueblo, se vio amenazado por unos que trataban de taparle la boca. Y no solo eso, sino que le obligaban a inhibirse de muchas cosas con las que solía aconsejar a la gente que con él se relacionaba.

Cuando le dejaron, siguió su paseo decidido a no amedrentarse y a seguir dando testimonio como había hecho toda su vida.

«Seguiré mi camino, incluso hasta el extremo de que ponga en peligro mi vida», pensó.

Algo cansado y con deseos de tomar un poco de agua, se sentó en una terraza por la que pasó. Allí trató de descansar y poner en orden sus pensamientos. Había sido una mañana amenazadora y mostraba cierta tensión.

—¿Desea tomar algo, el señor? —le interrumpió la voz del camarero.

—Un poco de agua, por favor —respondió Celedonio.

—Enseguida —dijo amablemente el camarero.

Pasados unos breves minutos, oyó unas voces que hablaban en una mesa cercana.

—Cuando dices la verdad —hablaba Pedro—, a menudo tienes problemas con aquel que quiere sostener la mentira por intereses.

—Habitualmente pasa, y no solo ahora —comentó Manuel—, ha sido la constante en la historia. Por ejemplo, guillotinaron a Tomás Moro por defender la verdad; también a Juan el Bautista por denunciar a Herodes con Herodías, mujer de su hermano Filipo. En el Evangelio de Mc 6, 14-29 se narra cómo y por qué lo decapitaron.

Algo sonó dentro del corazón de Celedonio, como una sensación de fortaleza y valentía, y se dijo a sí mismo:

«También yo seguiré adelante con mi vida y mi verdad, aunque me cueste la vida».

Aquel diálogo entre Pedro y Manuel avivó el fuego en el interior de Celedonio. Fue como una llama que incendió su corazón y le señaló que su camino era el Camino; que su verdad era la Verdad, y que su vida se apoyaba en la Única y Verdadera Vida, la del Espíritu Santo, que nos alumbra el camino.