lunes, 11 de abril de 2022

DAR SIN ESPERAR RECIBIR


Hoy, como ayer, hay también muchos ladrones. Ladrones que roban la verdad vistiéndola de mentira; ladrones que se apoderan del trabajo y dinero de otros empobreciéndolos; ladrones del pensamiento que imponen el suyo hasta el punto de disfrazarlo de verdad – ideologías – en apariencias escondidas en falsedades y mentiras. Siempre habrá pobres, porque, también siempre está el pecado y el mal presente. Precisamente, la vida es el recorrido y la prueba de la lucha del bien contra el mal, y, por supuesto, con la asistencia y auxilio del Espíritu Santo, recibido en nuestro bautismo, podemos salir vencedores.

Hay muchas ONG que, al final, viven de eso, de la limosna de los que, compadecidos, dan para auxiliar a los más pobres y carentes de lo imprescindible para vivir dignamente. Pero ¿qué sucede al final?, pues, terminan en empresas que se acomodan y donde muchos se enchufan y viven cómodamente. La pregunta que nos hacemos es: ¿No es eso también robarle a los pobres? La caridad empieza y, así debe ser, por ser gratuita y sin esperar recompensa. ¿Cómo entonces se termina en ser una fábrica de enchufes? Sí, conviene tener un mínimo para poder dedicarse a ella, pero, nunca un lugar para, quizás, enchufar al amigo. Y no se trata de criticar a ninguna ONG, sino, simplemente, poner el problema sobre la mesa. Cada cual sabrá que es lo que hace.

Jesús, nuestra referencia y modelo, se dio totalmente gratis y sin condiciones. Entregó su Vida plenamente y no se guardó nada. Él es el ejemplo, y así, con nuestras limitaciones y problemas, debemos actuar nosotros en lo que respecta y se refiere a la caridad. Pensar en los pobres y dar lo que tienes a los pobres. Dar de tu tiempo; de tu trabajo; de tus habilidades; de tus conocimientos…etc. Dar de esa mochila – tus talentos – que has recibido gratuitamente. Y dar desde tu libertad y tu amor. Siempre gratuitamente y sin esperar recompensa.