| Mc 6, 53-56 |
La enfermedad mueve a buscar soluciones. Quedarte quieto es rendirte, bajar los brazos y aceptar la muerte. Son esos momentos, cuando la ciencia no tiene respuestas, en que muchos elevan su mirada al Cielo y piden la sanación.
El hombre busca siempre una respuesta a su dolencia. Muchos que nunca se han planteado la fe, llegado el momento del peligro, se la plantean. Pero no todos reaccionan así; también hay muchos que aceptan la situación y su corazón endurecido no tiene otra salida.
Es evidente que la fe es un don de Dios, y un regalo para aquellos que la buscan y se abren a ella. Porque quien no quiere la impide entrar en él. Somos libres y tenemos esa opción. Por lo tanto, la única manera de recibirla es abriendo tu corazón, creyendo como un niño cree lo que le dice su padre, dejando que entre dentro de sí.
Cada día hay muchos milagros que no vemos o no queremos ver. Sé de personas que se han curado milagrosamente sin que los médicos puedan dar alguna explicación. Y eso ocurre con más frecuencia de la que pensamos. Son los milagros de cada día que ocultamos a nuestros ojos.
Olegario, después de meditar sobre las curaciones de Jesús, abrió su Biblia y, buscando en Mc 6, 53-56, leyó: En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos hubieron terminado la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
Hizo una pausa, elevó su mirada al cielo y dio gracias a Dios por su fe. Luego, con un rostro agradecido y gozoso de verse salvado en el Señor, continuó la lectura:
Apenas desembarcaron, le reconocieron enseguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que Él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.
Con gran regocijo, Olegario pensó: “Eso mismo ocurría entonces… y sigue ocurriendo hoy”,
Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Y eso a menudo llena de consuelo y genera confianza y fe.