| Mc 6, 7-13 |
Un día, que andaba atareado en sus asuntos personales, pasó por un lugar donde había una persona algo descuidada, tumbada en un banco de aquel parque y con un semblante enfermo. Nadie se paraba a ver qué le ocurría. Todos, eso sí, miraban, pero seguían su camino.
Antonio se detuvo y, apartándose a un lado, observaba a aquella persona. No daba señales de vida y, por un momento, pensó que podía estar muerto. Sin embargo, no se atrevía a moverse ni a hacer nada.
Pasaron unos minutos y no parecía suceder nada hasta que acertó a pasar por allí una persona de aspecto humilde y algo desaliñado. Vio a la persona tendida en el banco y se acercó con mucho cuidado. Notando que no se movía, la tocó y, viendo que no respondía, la zarandeó un poco.
Fue entonces cuando la persona abrió sus ojos y dijo:
—Me siento mal, ¿puede ayudarme?
La persona que se había acercado quedó sorprendida y respondió:
—¿Qué puedo hacer por usted?
—Llame a alguien que pueda socorrerme, me siento muy débil y sin fuerzas.
Juan, que así se llamaba la persona que se había acercado, miró para todas partes y acertó a ver a Antonio. Con un gesto y grito, le llamó:
—Oiga, usted, venga, por favor. Si tiene a mano un móvil, llame a una ambulancia, por favor; esta persona está muy mal.
Antonio se acercó tímidamente y sin mucho interés por ayudar, pero al llegar, la persona tumbada en el banco se incorporó con naturalidad. Ambos se quedaron asombrados.
—Pero, ¿qué le ha pasado? —dijo el desaliñado—, ¿se encuentra ya bien?
Mirando a ambos, sobre todo de manera más tierna y directa a Antonio, dijo:
—No tengo nada. Simplemente se me ocurrió ver cómo responde la gente ante un caso de necesidad o de auxilio. Y la prueba ha sido reveladora. Son muy pocos los que viven su fe coherentemente.
Y mirando para Antonio, le susurró de forma indiscreta:
—Una fe sin obras es una fe muerta.
En ese momento, Antonio comprendió que su comportamiento dejaba mucho que desear. Sintió vergüenza y que estaba muy lejos de lo que él pensaba. Desde ese momento se prometió ir mejorando y tratar de que su fe fuese más acorde y coherente con su vida.