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domingo, 24 de mayo de 2026

EN Y CON EL ESPÍRITU SANTO

Jn 20, 19-23

No sabía qué decir, le faltaban palabras para expresarse y, cuando encontraba la forma, las palabras no lograban salir de su boca. Sentía miedo y eso paralizaba su voz.

Javier era incapaz de mostrar sus sentimientos cuando los experimentaba interiormente. El miedo le superaba y le impedía hablar.

«¿Por qué me siento sometido e incapaz de decir lo que siento?», pensó.

El miedo paraliza muchas gargantas que se vuelven mudas ante el desafío de exteriorizar lo que desean manifestar.

¡Cuántas verdades calladas están en el origen de muchas injusticias emergidas que causan el sufrimiento de muchos! Sobre todo de los más débiles y marginados.

Sucedió que esa mañana, Javier se encontró con su buen amigo Manuel y, tras el saludo, Manuel le invitó a tomar un café.

—Gracias —dijo Javier—, te lo agradezco grandemente, creo que lo necesito.

—Será un placer —respondió Manuel—, con una amable sonrisa.

Al verle el rostro, Manuel percibió su preocupación y le preguntó.

—¿Te sucede algo?, pareces preocupado.

—Sí, no estoy contento conmigo mismo. Siento cierta cobardía a la hora de expresar mi fe. El miedo paraliza mi lengua y experimento tristeza.

Manuel guardó un breve silencio, le puso la mano sobre el hombro y con ternura le dijo:

—No te preocupes, todos hemos sido cobardes en muchos momentos de nuestra vida. Y todavía hoy seguimos siéndolo.

Hizo una pausa, le miró con firmeza y añadió:

—Solos, el miedo nos supera, pero con el Espíritu Santo lo podemos todo y nuestros miedos desaparecen…

Abrió la Biblia y dijo:

—Precisamente, este domingo celebramos Pentecostés (Jn 20, 19-23), la venida del Espíritu Santo (Hch. 2, 1-11) que hace que los discípulos se lancen sin miedo a hablar de Jesús a la gente.

La alegría, como si hubiese recibido una renovada energía, volvió al rostro de Javier. Se sentía capaz de proclamar que Jesús vive y es nuestra salvación.

Nace en nosotros el deseo de reconstruir relaciones de amor, de justicia y de paz.

Y una misión, un sentido, un horizonte que adoptar… dejar como herencia otro mundo posible, urdidores de sueño aparentemente frágiles que hunden sus raíces en Dios.

Ser trovadores de perdón y reconciliación, de abrazos y nuevas oportunidades.

martes, 12 de mayo de 2026

CONVIENE QUE ME VAYA

Adolfo empezó, sin saber cómo, a darse cuenta de su propio engaño. Descubrió que se cerraba a cualquier atisbo de cambio por comodidad, por no complicarse y, fundamentalmente, porque se sentía bien como estaba.

Cerraba los ojos a los problemas que le pedían su concurso. No quería salir de su rutina establecida y omitía toda complicación.

Pero, pensó: «¿Creo que lo que hago está bien?».

Mientras muchos lo pasan mal, yo lo que trato es de vivir lo más feliz que puedo sin preocuparme por las necesidades de otros.

«¿Y si eso fueran malas acciones que algún día me pasarán factura?», pensó.

Esos pensamientos no le dejaban tranquilo y su conciencia comenzó a inquietarle.

Se acordó de la terraza: «Allí hay buenas tertulias y quizás encuentre luz para mis interrogantes», se dijo.

Y sin pensarlo se dirigió a ese lugar.

La tertulia estaba encendida. Manuel hablaba de la condena del mundo.

—Tengan cuidado porque el mundo está condenado. Su camino no tiene un final feliz. Quienes se entregan a este mundo deben saber que van al precipicio de la perdición eterna.

Adolfo se sintió señalado. Su corazón dio un sobresalto.

—Para eso —continuó Manuel— Jesús nos dice en Juan 16, 5-11, que conviene que se vaya para que en su lugar venga el Paráclito (Espíritu Santo), que dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena.

Guardó un breve silencio y añadió:

—Porque Jesús ha sido rechazado por el mundo; porque ha resucitado, vive y está con el Padre; porque el príncipe de este mundo está condenado.

Hizo una pausa, miró para todos y agregó:

—El amor ha triunfado.

Recibimos el Espíritu, que es la presencia y actuación de Dios en el mundo, en nuestra historia y en nuestras vidas, un regalo de amor incesante. Motivo de contento, no de tristeza.

“Adolfo sonrió serenamente. Comprendió que no podía seguir viviendo encerrado en sus comodidades; necesitaba aprender a darse más a los demás.”
Y es que el Espíritu Santo no viene a dejarnos tranquilos en nuestras seguridades, sino a despertarnos para vivir en el amor verdadero.

lunes, 11 de mayo de 2026

INJERTADOS EN EL ESPÍRITU

Jn 15, 26-16,4a

Onésimo se sentía admirado de la forma en que Pedro, no solo con su palabra, sino con su vida, encarnaba lo que decía en los actos de su vida.

Le miró con gran estima y le dijo:

—Me asombra tu forma de hacer, Pedro —le dijo Onésimo. Veo que lo que dices, tratas luego de vivirlo.

Pedro, halagado por las palabras de Onésimo, trató de no vanagloriarse. Sabía que todas sus obras estaban impulsadas por el Paráclito (Espíritu Santo) que Jesús había prometido.

—Gracias —respondió Pedro—, pero cuando tienes fe y te abres a la acción del Espíritu Santo, experimentas que eres capaz de afrontar cosas que antes no te atrevías a enfrentar.

Hizo una pausa y, con una mirada confiada, añadió:

—Hay algo en tu interior de donde sacas fuerza que te mueve a atreverte, a dar testimonio de lo que crees, hasta el extremo de no poder resistirte.

Confundido y perplejo por la respuesta de Pedro, Onésimo preguntó:

—¿De qué Espíritu me hablas? No entiendo lo que me dices.

Pedro, con la mirada, invitó a Manuel, que hacía rato que estaba allí, a responderle a Onésimo.

Con mucha paciencia y sin alarmismos, Manuel sacó la Biblia y, mirando a Onésimo con ternura, le dijo:

—En Juan 15, 26-16. 4.ª, Jesús dice a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio…

Al terminar de leer, dejando la Biblia sobre la mesa, agregó:

—Nos invita a escuchar las voces de sus testigos, y a ser también nosotros testimonio vivo…

Hizo un silencio y, mirándole, concluyó:

—Nos promete el Espíritu de la Verdad, el Defensor, el que trae consuelo.

Se detuvo y, con una mirada consoladora, dijo:

—En momentos de tristeza y dificultad, escuchamos voces consoladoras que animan, levantan, dan paz y consuelan.

Onésimo empezaba a entender. Había algo interiormente de donde Pedro sacaba fuerzas para dar testimonio y sincronizar su palabra con su vida.

Jesús nos llama a dar testimonio, aunque implique rechazo, riesgo, conflictos… a hacernos presentes allí, donde otros callan o silencian.

Y un aliento interior impulsa, disipa los miedos y las dudas: «Adelante, no temas, atrévete, da testimonio.

lunes, 4 de mayo de 2026

UN DON NOS ASISTE

Jn 14, 21-26

Hay instantes en que me parece imposible mi existencia. Me tiento, y palpo que existo, que soy… no un sueño, sino una realidad.

Pero… ¿De dónde vengo?

¿Quién me ha creado?

¿A quién me parezco?

Son preguntas que emergen desde mi interior y que no encuentran respuesta.

Experimento que deseo hacer el bien, pero hago el mal; discierno lo que está bien y lo que está mal y, aun conociendo el bien, me inclino por el mal.

Sin embargo, cuando mis esfuerzos se dirigen al bien de otros, siento gozo; justo lo contrario que cuando hago el mal.

Y me pregunto: ¿a qué se debe esto, si me siento atraído por el mal?

Levantó la cabeza, apoyó los brazos sobre la mesa y mantuvo la mirada fija.

Pedro se había quedado en silencio. Empezaba a comprender de dónde venían aquellos interrogantes y dónde podían encontrarse las respuestas.

Ahora —se dijo— podía empezar a entender muchas cosas.

jueves, 9 de abril de 2026

CÓMPLICES DEL ESPÍRITU

Lc 24, 35-48

—La consecuencia de la resurrección es la de convertirnos en cómplices del Espíritu —decía Manuel a varios tertulianos que se habían congregado en la terraza de Santiago esta mañana.

—¿Me quieres explicar qué es eso de “cómplices del Espíritu”? —dijo Ambrosio— con el ceño fruncido.

Entonces Manuel dio un paso adelante y, con una expresión serena y de gran firmeza, le dijo:

—Desde el momento de la Resurrección de Jesús, nuestra vida queda sustentada y apoyada en Él. Y será el Espíritu Santo quien nos iluminará y nos dará la fortaleza y valentía para dar testimonio de su Palabra.

Miró fijamente a todos y, con gran ternura, añadió:

—Desde ese momento, nuestra vida empieza a respirar mansedumbre y servicio. Es una paz que nace de la conciencia de haber actuado con justicia y amor, con los demás y uno mismo.

Entonces, mirando al cielo, clamó con voz gozosa:

—Y todo eso se hace posible porque nos abrimos a la acción del Espíritu Santo. De modo que sin Él, no podemos hacer la Voluntad de Dios.

El rostro de Ambrosio cambió de fruncido a plácido y gozoso. Reflejaba que ya había comprendido esa complicidad que ahora todos tendremos si nos abrimos a la acción del Espíritu Santo.

Y es que desde la hora de nuestro bautismo el Espíritu Santo habita en nosotros. A partir de ahí, dependerá de cada uno que le abramos la puerta de nuestro corazón para que pueda actuar y transformarnos.

domingo, 27 de julio de 2025

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

Lc 11, 1-13

—¿Crees, Manuel, que sabemos pedir lo que realmente necesitamos?
—Humildemente, creo que no. Nos vamos por los cerros de Úbeda y pedimos cosas que, aunque posiblemente necesitemos, no son tan necesarias ni imprescindibles. Y, posiblemente, no nos sirvan de mucho. Es más, nos perjudiquen.
—Yo lo noto cuando tenemos que hacer un viaje, nos cuesta hacer la maleta, y la mayoría de las veces la llenamos de cosas que luego no necesitamos. Siempre, al menos esa es mi experiencia, nos sobran camisas y más cosas.
—Tienes razón, llevamos la mochila de nuestra vida muy cargada, sobre todo, de cosas inservibles que nos impiden caminar y hasta ver. Incluso nos esclavizan y hasta nos someten.—Sí, estoy de acuerdo, creo que tendríamos que mirar y reflexionar sobre esa hermosa oración que nos dejó Jesús, el Señor. El Padrenuestro es una oración que, si nos fijamos bien, tiene el fundamento de lo que debemos pedir.
—¡Oye!, creo que estás en lo cierto. Al menos a mí me pasa, la rezo de forma rutinaria y casi sin darme cuenta de lo que digo, a qué me comprometo y qué significa cada palabra que digo.
—Me parece que esto es un toque que nos da el Espíritu Santo. Debemos meditar y tomar conciencia de lo que verdaderamente le decimos a nuestro Padre Dios, y a qué nos comprometemos. Y eso nos exigirá paciencia, concentración y hablar con el corazón. ¿No te parece, Manuel?
—Sí, el Padrenuestro es una oración completa y plena. Es la que nos enseña Jesús cuando los apóstoles le piden que les enseñe a orar. Y, a mi modo de ver, tiene tres partes muy significativas e importantes: 1.ª – Santifica el Nombre de Dios, y nos abrimos a su Reino y a su Voluntad; 2.ª – Pedimos el pan de cada día para todos. No solo para nosotros, sino para todo el Universo. Y el perdón de nuestros pecados, de la misma manera que Él nos perdona. De modo que, nosotros también debemos perdonar a los que nos ofenden. Y 3.ª – Por último, le pedimos que nos fortalezca en nuestras tentaciones para no caer en ellas, y superarlas. Y, por supuesto, que nos libre del mal.
—Y mirándolo bien, Manuel, creo que eso es lo que realmente necesitamos. Todo lo demás vendrá por añadidura. Al final, sobresale el compartir con amor con el que carece de lo necesario. 
Ahí debemos poner todo nuestro esfuerzo y nuestro empeño. Sin olvidar que, Jesús nos ha recomendado que pidamos, busquemos y llamemos. Nuestro Padre del Cielo nos oye y nos dará lo que realmente necesitamos para crecer, para caminar y para superar todos los obstáculos que se nos puedan presentar a lo largo de nuestra vida.

miércoles, 28 de mayo de 2025

MUCHO TENGO QUE DECIRLES

Estuvieron tres años con el Señor. Tres años escuchándole, viendo su manera de actuar y de desenvolverse con la gente. Y, sobre todo, sus obras milagrosas. Sin embargo, no fue suficiente para que, tras la Ascensión del Señor, se sintieran preparados. Es más, estaban confusos, incrédulos y llenos de miedo.

Es evidente que necesitaban algo más, y de eso se encargará el Espíritu Santo. El Señor se los dice muy claro: (Jn 16,12-15): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta …

Y exactamente igual nos sucede a nosotros. El Espíritu, el mismo Espíritu, que recibimos el día de nuestro bautismo es quien se encargará de dirigir nuestra vida, fortalecerla, enseñarla y orientarla hacia el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora, eso sí, tendremos que abrirle nuestro corazón y dejar que Él actúe. De lo contrario, nada podrá hacer, porque le es indispensable – somos enteramente libres – nuestro permiso. A nosotros nos corresponde dárselo.

domingo, 25 de mayo de 2025

VEN ESPÍRITU SANTO Y LLENA MI CORAZÓN DE TU AMOR.

Es el gran regalo de Dios, el Espíritu Santo. Nos lo dice Jesús antes de ir al Padre: (Jn 14,23-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que … Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. …

Y en la hora de nuestro bautismo, de ahí la gran importancia de recibirlo, el Espíritu Santo entra en nosotros y esperará hasta que le abramos, ya en uso de razón, las puertas de nuestro corazón para actuar en nosotros. Es decir, enseñarnos y recordarnos todo lo que Jesús, el Señor, nos ha dicho. Son palabras de Jesús en el Evangelio de hoy. Por tanto, abramos nuestro corazón al Espíritu Santo y llamémoslo como nos ha sugerido el fallecido Papa Francisco que ya está en su presencia.

Y en el Espíritu Santo encontraremos el Camino, la Verdad y la Vida, y la paz estará con nosotros.

domingo, 27 de abril de 2025

ENCERRADOS POR MIEDO

Estaban todos los apóstoles encerrados por miedo. No se sentían con fuerza ni con capacidad para anunciar la Palabra del Señor. Mantenían las puertas cerradas por miedo a los judíos y sin apenas esperanza de anunciar que Jesús había resucitado. Supongo que a nosotros nos sucede algo parecido. Creemos, pero no somos capaces de confesar nuestra fe según el ambiente donde estemos. ¿Qué nos pasa?

Posiblemente sea lo mismo que les ocurrió a los apóstoles. La diferencia fue que en esos momentos, los apóstoles recibieron al Señor, y éste les infundió el Espíritu Santo. Así lo dice este pasaje evangélico: (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» …

No hay justificación, porque también nosotros, los bautizados, hemos recibido al Espíritu Santo en la hora de nuestro bautizo. Y, abiertos a Él podemos hacer lo mismo que los apóstoles, pues así nos lo ha dicho el Señor – Jn 14, 12-17 –. Lo que ocurre que nos falta fe igual que le ocurrió a Tomás. Necesitamos ver para creer. Pidamos que seamos capaces de fiarnos de la Palabra de nuestro Señor.

lunes, 27 de enero de 2025

CELOS DE HACER EL BIEN

De alguna manera, los tiempos de hoy se parecen a los de ayer. Los valores no cambian, y el mal sigue perdurando en los corazones de aquellos que se cierran al Espíritu del bien, del amor y la misericordia. Esa es la realidad que evidentemente han padecido los de ayer, y también padecemos los de hoy.

Es contradictorio escuchar como aquellos que se creen justo critican a quien hace el bien. No es lógico criticar a quien pasa haciendo el bien, expulsando demonios y curando a todo el que se le acerca y le pide que le cure. No se entiende como se puede criticar, rechazar y expulsar alegando como que se busca a sí mismo haciendo solo su interés particular. Todo está y queda fuera de lugar.

Pero, la realidad es esa. Y lo es porque lo observamos con nuestros propios ojos ahora también en nuestro tiempo. Muchos dicen mentiras poniéndolas en lugar de la verdad, y critican al justo y que busca el bien aduciendo mentiras y culpándolos de todo el mal que ellos mismos ejecutan.

Sin embargo, Jesús abre sus brazos misericordiosos para todos, pero deja claro que aquellos que cierran sus corazones al Espíritu de la Verdad no podrán ser perdonados. Son ellos mismos los que se inculpan y se niegan la salvación misericordiosa que Dios les regala.

domingo, 12 de enero de 2025

TAMBIEN BAJÓ SOBE NOSOTROS EN LA HORA DE NUESTRO BAUTISMO

Es el mismo Espíritu que bajó en el Jordán sobre Jesús, el que también bajó sobre ti en la hora de tu bautismo. Por lo tanto, no podemos justificarnos alegando falta de capacidad o de fortaleza, porque en el Espíritu podemos todo. Otra cosa es que tu misión sea la que sea. 

No todos estamos llamados a hacer lo que hizo Juan el Bautista u otros. Cada cual tendrá su misión y sus talentos – la parábola de los talentos lo deja bien claro – por tanto no hay que volverse loco. El Espíritu Santo sabe lo que puedes dar y lo que has recibido para dar. A ti, como a mí, nos pertenece ponernos a su disposición y en sus manos.

Es la hora de la presentación de Jesús a su pueblo, y al mundo entero: Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido». Y también, en el momento de nuestro bautismo, la nuestra al mundo que nos ha tocado vivir.

sábado, 21 de diciembre de 2024

LO QUE HA DICHO EL SEÑOR SE CUMPLIRÁ

Nadie pudo decirle a Isabel, salvo el Espíritu Santo, que su prima María había sido la elegida para ser la Madre del Mesías prometido, nuestro Señor Jesús. Y ese Mesías ya estaba gestándose en el seno de María.

De modo que en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Y llena de Espíritu Santo y levantando su voz exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

¿Cómo pudo Isabel descubrir que María llevaba en su seno al Hijo de Dios, al Mesías prometido? ¿No es esto un milagro? Cada vez que reflexiono sobre este pasaje evangélico me sorprendo con este acontecimiento del saludo de Isabel a María. Y no dejo de comprobar la acción del Espíritu que actúa en cada uno de nosotros desde la hora de nuestro bautismo. ¡Abrámonos a su acción!

sábado, 19 de octubre de 2024

UNA VIDA HECHA A IMAGEN DE SU PALABRA

No hay confusión, vivir de acuerdo con la Palabra de Jesús es la mejor forma de transmitir su mensaje, su Buena Noticia. No se trata tanto de prepararnos cuanto, sí, ponernos en su presencia y abandonarnos a su Espíritu.

La mejor imagen, nuestra vida. Con ella declaramos nuestra fe en Jesús de Nazaret; con ella decimos que Jesús es el Hijo de Dios Vivo; con ella vamos dejando ver, a través de nuestros actos, que vivir en el amor misericordioso con el que Dios, nuestro Padre, nos ama y, Jesús, su Hijo, nos enseña y demuestra con su Vida y Obras, es la mejor manera de defendernos y transmitir nuestra fe y seguimiento a su Palabra.

Y, con ella, dejamos ver que y mostramos nuestra firme decisión de declarar nuestra fe y nuestra convicción de que Dios es nuestro Padre y Jesús, nuestro Mesías, enviado por Dios para, por los méritos de su Pasión y muerte, rescatarnos de la esclavitud del pecado y darnos, con su Resurrección, también a nosotros vida eterna.

domingo, 29 de septiembre de 2024

¿ACASO TENEMOS NOSOTROS LA EXCLUSIVA DE LA BUENA NOTICIA?

Podemos caer en la trampa de pensar que somos los llamados a hacer el bien y a proclamar la Palabra de Dios. Podemos, incluso, llegar a pensar que tenemos la exclusiva de ser los elegidos para predicar, enseñar y hacer el bien. Y eso sería fatal y un gran error. Sólo el Espíritu de Dios, recibido en nuestro bautismo, nos dará la sabiduría, la fortaleza y la capacidad para vivir y anunciar la Buena Noticia.

Y el Espíritu Santo sopla donde quiere y mueve a quienes quiere. Tanto estén dentro o afuera de la Iglesia. Sólo Él sabe lo que mora dentro del corazón de cada cual, y sus verdaderas intenciones. Por otro lado, es lógico y de sentido común que quienes obran y actúan en nombre de Dios, no podrán estar en su contra, sino todo lo contrario, a su favor. 

Por tanto, tengamos la suficiente humildad para sabernos instrumentos inútiles en manos del Señor, y dejar que sólo Él mueva nuestros corazones en aras de actuar siguiendo la Voluntad de nuestro Padre Dios. Sus palabras fueron estas: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» 

jueves, 12 de septiembre de 2024

UN AMOR HASTA EL EXTREMO DE AMAR A QUIEN TE HACE MAL

Esa es la cruz – el amor – con la que tenemos que cargar aquellos que queremos seguir a Jesús de Nazaret. Una cruz demasiado pesada para nuestros hombros, pero posible cargarla si nos dejamos ayudar por el Espíritu Santo. Ese Espíritu que ha venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo.

Amar no resulta difícil cuando se trata de amar a tu esposa, hijos, hermanos, familiares, amigos…etc. Normalmente eso lo hacen todas las personas de bien. Será extraño y anormal comportarse de otra manera. Y esa forma de amar no distingue a nadie de nadie, valga la redundancia.

Sin embargo, cuando se trata de amar a quien no se porta bien contigo; a quien incluso llega a odiarte y hacerte mal; a quien quiere estar por encima de ti, superarte y someterte; a quien trata de engañarte, e incluso está dispuesto a perseguirte hasta el punto de herirte o matarte. Cuando, digo, se trata de amar a esos otros, la cosa se pone más difícil. Incluso diría, imposible.

No estamos hecho para esa clase de amor por nuestra cuenta. Ni tampoco por nuestra naturaleza. Necesitamos inevitablemente la Gracia de Dios para poder superar todas esas barreras y dificultades que el mundo, y nuestra propia naturaleza nos pone. Y, precisamente, para eso ha venido el Espíritu Santo en el día de nuestro bautismo. Con Él si podemos superar todos esos contratiempos y amar como nos ama nuestro Padre Dios y nos enseñó con su Vida y Obras nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios Vivo.

Por tanto, sepamos que solos, no haremos nada ni podremos amar a nuestros enemigos. Sepamos que tenemos que estar unidos a nuestro Señor, y dejarnos invadir por la acción del Espíritu Santo, que nos auxiliará, nos iluminará y nos fortalecerá para amar por encima de nuestros egoísmos y razones; para amar con un amor misericordioso como nos Ama nuestro Padre Dios. Sólo así, unidos e injertados en Xto. Jesús, podemos amar como Él nos ama.

domingo, 9 de junio de 2024

UNIDOS POR EL VÍNCULO DEL AMOR

Un día te paras, te relajas, te pones en presencia del Señor y observar que las diferencias vienen más por tus propias convicciones y ficciones que de la propia realidad. El mundo se divide porque el hombre imagina cosas que corresponden más a la ficción que a la realidad. Dios, no lo quiso ni pensó así, y sembró en el hombre la semilla del amor. Un amor que sabe distinguir el bien del mal, y que busca la felicidad de todos. Pero, también dio libertad a esa semilla de amor para que eligiera que frutos quería dar: buenos o malos.

Y en nuestra conciencia se dirime el conflicto del bien y del mal. Adán se dio cuenta de que estaba desnudo cuando infringió la orden de Dios y comió el fruto del árbol prohibido. A nosotros nos pasa lo mismo, nos damos cuenta de que hemos actuado mal cuando hacemos lo contrario a nuestra conciencia y dejamos que los frutos de nuestra siembra de amor sean malos. Es decir, nos damos cuenta de que también estamos desnudos, avergonzados, con remordimientos de pecados.

Y ante esta toma de conciencia experimentamos arrepentimiento y queremos salir de esa desnudez y revestirnos de la Gracia y Santidad que nos da la unión con el Señor y el Sacramento de la reconciliación. Y esa bien intencionada acción nos descubre de que estando en el Señor expulsamos al demonio de nuestro corazón.

Sería absurdo expulsar al demonio en nombre del demonio. Eso no tiene pies ni cabeza. Jesús lo deja muy claro: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin».

De cualquier manera, quien nos hará fuerte y vencedores será la Fuerza y el Poder del Espíritu Santo. Él, que está en nosotros desde el instante de nuestro bautismo, será nuestro defensor. Y solo aquellos que le cierren las puertas de sus corazones quedarán a merced del poder del demonio. O dicho de otra forma, cargarán con su pecado y condenación para siempre.

Y es ese mismo Espíritu, de abrirle las puertas de nuestro corazón, quien nos alentará a sentirnos hermanados fraternalmente e injertados todos en Xto. Jesús. De tal manera que todos seremos hermanos en Xto. Jesús si cumplimos la Voluntad de Dios.

domingo, 19 de mayo de 2024

LA HORA DEL ESPÍRITU

Es el momento de sentirnos llamados y fortalecidos para dejar salir todo lo que sentimos y descubrimos dentro de nosotros. La fuerza del Espíritu que nos invade nos lanza, nos vigoriza y nos ilumina. Es la hora del Espíritu, ese mismo Espíritu que ha entrado en nosotros a la hora den nuestro bautizo. Un Espíritu que nos abre nuestro entendimiento, que nos descubre a nosotros mismos, que nos identifica con el sentimiento de filiación con nuestro Padre Dios por su Infinita Misericordia, que pone en nuestras bocas las palabras del anuncio, que nos abre el corazón y nos mueve a dar testimonio de lo que sentimos y creemos.

Jesús es el Hijo de Dios, de modo que su Palabra, su Vida y su propuesta no es una suposición, ni una fantasía y menos una ideología o una historia edificante. Su Palabra es Palabra de Vida Eterna que nos transforma ahora en el presente y cambia el rumbo de nuestra vida. Nos lanza a la misión de darle a conocer, de decirle al mundo que Jesús Vive porque, muerto en la cruz, ha Resucitado.

Experimentamos que el sentido de nuestra vida cambia. Descubrimos que solo el amor nos hace felices y que la necesidad de darnos, de entregarnos al servicio gratuito por amor es lo que realmente da sentido a nuestra vida. Todo es diferente porque Jesús, el Señor, el Hijo de Dios Vivo es el gozo y la felicidad eterna que todos buscamos. Y en eso y a eso dedicamos nuestra vida.

miércoles, 8 de mayo de 2024

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Jesús vive y está presente en el día a día de nuestra existencia y en la del mundo. Desde la hora de Pentecostés el Espíritu de Dios se hace presente en nosotros y nos acompañará durante todo el recorrido de nuestra vida hasta nuestro último día. Un Espíritu que recibe del Hijo y del Padre, pues todo lo del Padre está también en el Hijo y lo derramará sobre aquellos que creen en Él.

Un Espíritu de la Verdad que nos anuncia el Camino, la Verdad y la Vida y que nos irá fortaleciendo en la fe y alumbrándonos el camino a seguir. Un Espíritu que nos recuerda de dónde venimos, se hace presente en el hoy para construir el mañana paso a paso. Un Espíritu que se nos hace presente en todo tiempo y en todo lugar y que nos recuerda en cada momento que Jesús Vive, ha Resucitado y nos espera en su Gloria para vivir en plenitud de gozo y felicidad junto a Él.

Un Espíritu que nos transforma y nos hace sentirnos hijos del Padre, amados y en la presencia de Dios. Un Espíritu que nos une a la historia de la Iglesia que camina triunfante en comunión con los que están purgando y en estado activo de camino hacia la Casa del Padre. Un Espíritu que nos fortalece para que podamos soportar el camino de cruz que nos lleva al encuentro con Jesús, abrazar su cruz y a Resucitar en Él para gloria de Dios Padre.

Nuestra misión como cristianos es mantener vivo el fuego que Jesús trajo a la tierra, es decir, el amor de Dios. Sin ese fuego del Espíritu la tristeza reemplaza a la alegría, el servicio se convierte en esclavitud y la rutina sustituye al amor (Papa Francisco 170321).

martes, 7 de mayo de 2024

UN PRÍNCIPE YA JUZGADO

Sí, aunque las apariencias nos engañen, el príncipe de este mundo está derrotado. Esa debe ser nuestra alegría de cada día. Tenemos un Padre que nos quiere con locura, envía a su Hijo en nuestro rescate y nos salva del peligro y amenaza de este mundo, de su príncipe – el demonio – y de las pasiones y tentaciones impuras de nuestra propia carne.

Esa es la evidencia que tenemos que tener los creyentes siguiendo y fiándonos de la Palabra de nuestro Señor Jesús. Es verdad que muchos no lo creen y se dejan llevar por la apariencia de lo que realmente está sucediendo en muchas partes del mundo. Parece – como si de espejismo se tratara – y realmente lo son desde nuestra fe en la Palabra del Señor, que el mal vence y que el príncipe piensa y cree que vencerá. Algunos se mofan de nuestras oraciones porque no se ve resultados inmediatos, pero todo llegará a su tiempo, cuando lo decida el Señor.

Caminamos apoyados en y por la fe que alimenta cada día nuestra esperanza. Jesús nos lo ha dicho y prometido, el Espíritu, que ha enviado su Padre, en la ausencia del Hijo, no de su presencia espiritual sino de la física de este mundo, está en nosotros y camina con nosotros, nos fortalece y en y por Él somos los vencedores.

Nos conforta y llena de esperanza sus últimas Palabras de este Evangelio: (Jn 16,5-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Pero ahora me voy a Aquel que me… en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado».

viernes, 22 de marzo de 2024

QUERÍAN APREDREARLE PORQUE DECÍAN QUE BLASFEMABA

Ellos nunca quisieron entender lo que Jesús les decía. Consideraban blasfemia que Él siendo hombre se hiciera Dios. No les molestaban sus obras ni siquiera sus milagros. Lo que no podían admitir era su confesión de ser Hijo de Dios y de que sus obras eran las de su Padre. Tanto que llega a decir: (Jn 10,31-42) «¿No está escrito en vuestra Ley: ‘Yo he dicho: dioses sois’? Si llama dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios —y no puede fallar la Escritura— a aquel a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿cómo le decís que blasfema por haber dicho: ‘Yo soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mí y yo en el Padre».  

La cuestión, que hoy también sucede, es que tienen el corazón cerrado a la acción del Espíritu Santo. La fe, don de Dios, no puede entrar si mantenemos el corazón cerrado y no permitimos entrar al Espíritu Santo. Eso sucedió ayer y también sucede hoy. Se hace imprescindible abrir nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo para que la fe pueda asentarse en nuestro corazón. Sin Él nos será imposible creer.

Dios, nuestro Padre, nos ama con locura y quiere, por medio y a través de su Hijo, el predilecto, anunciarnos y revelarnos su Amor. Pero nos deja libre elección. No quiere forzarnos ni seducirnos para que le amemos y abramos nuestros corazones. Quiere simplemente que seamos libre para optar por creer en su Palabra y seguirle. Así que la elección nos corresponde a nosotros.

Y eso es peligroso y de gran responsabilidad porque nuestra naturaleza está debilitada por el pecado. Para el mundo, demonio y carne – enemigos del alma – les es muy fácil seducirnos y engañarnos y, en consecuencia, apartarnos del camino del bien y del amor misericordioso. Por eso necesitamos el auxilio, el acompañamiento y la acción del Espíritu Santo, para que, fortalecidos en Él, podamos ser fuerte y salir victoriosos de esa lucha a muerte de cada día. Y eso exige como primer paso abrir nuestro corazón.