viernes, 15 de mayo de 2026

CUANDO LA ESPERANZA YA NO HACE FALTA

Jn 16, 20-23a

La lucha era diaria. Cada mañana Gustavo se levantaba con la firme promesa de enfrentarse con la dura tarea que le esperaba.

Detrás del esfuerzo de cada día, estaba la esperanza de que llegara un día la alegría plena y eterna.

Sabía —o al menos esa era su esperanza— que ahora era tiempo de tristeza, de lucha y esfuerzo, pero mantenía la esperanza de que llegaría el cumplimiento de la promesa.

De camino hacia una de sus tareas, Gustavo, al pasar por la terraza, decidió tomarse un ligero descanso y saborear el buen café de Santiago.

La cara de Carlos cambió de expresión.

Él no tenía esa esperanza, pero ahora, conociendo el porqué de la alegría de Gustavo y la promesa que Manuel había citado, empezó a desear ese mundo pleno y feliz del que hablaban.