jueves, 26 de marzo de 2026

TODO ES CUESTIÓN DE FIARTE

Jn 8, 51-59

Cuando la mente se cierra, se hace imposible el diálogo y la escucha. Todo se vuelve conflicto, agresividad y no hay manera de entenderse.

«Si conviertes tu pensamiento en tu verdad —pensaba Fernando—, te será imposible abrirte al pensamiento del otro y dejar que la posibilidad del cambio pueda producirse».

 Nace así la pelea, el rechazo e incredulidad.

Tomó un sorbo de café, bebió un poco de agua y, apoyando su espalda en el respaldo de la silla, con los ojos cerrados, dejó que su mente siguiera desgranando todas las consecuencias del encuentro con mentes que se cierran a la razón y el sentido común:

Puentes rotos que impiden la comunicación, incluso entre generaciones. 

Conflictos, creencias encontradas, animadversión ante lo desconocido, repulsión desde los propios prejuicios, dificultad para entenderse, agresividad que surge ante la opinión contraria. 

 Ideas como absolutos que presentan al otro como un adversario y no como alguien con quien dialogar. 

Sentirse amenazado, resistencias que crecen, miedo a lo diferente, inquietud ante lo desconocido…

Visualizó esa imagen tantas veces en actitud de defensa, de ataque a priori o de agresividad como respuesta y reacción frente a otra forma de entender el mundo y la realidad.

Abrió los ojos, enderezó su espalda y, convencido de que debía cambiar, pensó:

«Quizás la respuesta tenga que ser otra».

Algo más relajado, dejó caer su cuerpo en la silla. Tomó la Biblia en sus manos y leyó (Jn 8, 51-59): Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás». …

Cuando terminó de leerlo, pensó«Toda tu vida está llena de actos de fe. Te has fiado de tus padres, de un buen amigo, del taxista, del piloto, del que te sirve un café, del cocinero…».
¿Y de Jesús? Solo Él te ofrece lo que realmente buscas: vida eterna en plenitud.

Y es que, aunque parezca que estamos en un diálogo, la realidad es que contemplamos un conflicto en el que una parte se niega rotundamente a escuchar porque ya ha decidido que no puede ser verdad. 

Acto tan humano en el que me puedo reconocer fácilmente, porque generas incredulidad y rechazo.