| Jn 6, 22-29 |
—¿Estás de acuerdo, Manuel? —preguntó Pedro.
—Desde nuestra humanidad, claro que sí —respondió Manuel—. El hombre tiende a buscar su propio interés…
Guardó unos segundos y, con tono más reflexivo, añadió:
—…Sin embargo, experimenta que eso no le llena plenamente. Intuye que hay algo más sublime.
Pedro, algo desorientado, dijo:
—¿A qué te refieres con eso de “más sublime”? No termino de entenderlo.
—Buscamos satisfacer nuestras necesidades materiales, pero, igual que llegan, se van. No permanecen.
Entonces, abriendo la Biblia, continuó:
—En Jn 6, 22-29, Jesús dice: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis…
Miró a Pedro con benevolencia y concluyó:
—…no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado».
Y, queriendo aclarar del todo la inquietud de Pedro, añadió:
—«Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; porque a este es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».
El rostro de Pedro reflejaba ahora comprensión. Había captado a qué se refería Manuel.
Sí, es verdad: tanto ayer como hoy, el ser humano busca lo divino porque descubre en sí mismo una sed profunda. Pero no pocos intentan someter lo divino a sus propias necesidades.
Y eso es precisamente lo que Jesús desenmascara, concluyendo:
—«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».