| Mc 6, 45-52 |
Federico presumía de
valiente y se vanagloriaba de hacer lo que otros, paralizados por el miedo, no
se atrevían. Se jactaba entre sus amigos de ser el más fuerte y osado y
alimentaba esa fama que le daban sus hechos de valor.
Era un día de esos que
pasan rutinariamente. Nada extraordinario sucedía; sin embargo, algo, a lo
lejos, se movía con cierta majestuosidad. En principio no parecía nada
temeroso, pero, a medida que se iba acercando, muchos empezaron a sospechar de
algo extraño que no llegaban a conocer.
Rápidamente cundió el
pánico y, temiendo que podía suceder algo, se empezaron a retirar. Muchos
corrían para ponerse a salvo y otros se escondían para no ser descubiertos.
Todos miraron para Federico con la esperanza de que se enfrentara a ese
aparente monstruo que se acercaba con paso firme e intimidatorio.
Sin embargo, ante el
asombro de todos, Federico fue uno de los primeros que corrió despavorido a
refugiarse. Muchos le miraron con disimulo, pero con cierta ironía.
Algunos pensaron: «¡Vaya valentía la de este!».
Inesperadamente, hubo
alguien que se quedó como escudo, con la idea de dar tiempo a los demás a
refugiarse, y enfrentarse, con riesgo de su propia vida, a aquello que avanzaba
y que, al parecer, ponía en peligro al pueblo.
Pedro se parapetó detrás
de una roca y, vigilando, observaba los movimientos de aquel trasto
enorme.
No tanto por valentía,
sino por responsabilidad.
Cuando pudo
distinguir su imponente silueta, empezó a darse cuenta de que no era sino la
figura de un enorme tractor engalanado como un gigante. Su cara dibujó una
enorme sonrisa al comprobar que posiblemente se trataba de alguna broma.
Alguien había ideado la
forma de probar esa valentía supuesta de la que presumía Federico.
MORALEJA:
Hay muchos valientes que
se esconden en la mentira, pero que huyen en la verdad. El miedo es una actitud
que nos hace mal, nos debilita, nos empobrece e incluso paraliza. En tal medida
que «una persona con temor no hace nada, no sabe qué
hacer: es medrosa, miedosa, concentrada en sí misma para que no le suceda algo
malo, algo feo». Por lo tanto, el miedo lleva a un egocentrismo
egoísta y paraliza.
Papa Francisco
(reflexión sobre Evangelio Marcos 6, 45-52).