martes, 2 de marzo de 2021

LA LEY COMO ESCUDO

 

El poder corrompe y aquellos que se apoderan de la ley con el propósito de mandar y ser servidos están ya inmersos en la corrupción. Sin lugar a dudas, la experiencia nos descubre el poder del poder- valga la redundancia - para corromper. Sucede que muchos se acercan al poder con buenas intenciones pero, llegados a él se dejan seducir por la ambición, la comodidad y el afán de riqueza y pasan a ser servidos en lugar de servir. Porque, precisamente, la fuerza del poder es el servicio.

Así lo ha dicho Jesús: He venido a servir, no a ser servido - Mt 20, 28 - y así debe actuar todo aquel que quiera seguir a Jesús. El Evangelio de hoy nos presenta esa estampa de la vida y de la corrupción del poder. Los escribas y fariseos, asentados ya en el poder religioso se aprovechan para sus intereses y para ser servidos en lugar de servir. Dicen pero no hacen. Es decir, mandan lo que ellos luego no hacen.

Jesús a ese respecto dice: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".» 

Queda, pues, claro que la cuestión no está en tener poder, sino que el mayor poder es el servicio. Por tanto, lo cuestionable e importante es servir y el poder debe usarse para eso, para servir, de manera preferente a los más necesitados. Y ese es el estilo que Jesús nos ha transmitido con su Vida y Obras. Y, evidentemente, el estilo que nosotros, si le seguimos, debemos realizar y vivir.