| Mt 4, 12-23 |
Aparentemente se mostraba tranquilo, pero interiormente se sentía inquieto, descontento consigo mismo e insatisfecho. Trataba de disimularlo entre sus amigos y conocidos, pero en el silencio de la noche se hacía insoportable y duro resistirlo.
Un día, meditando estos estados de incertidumbre y desasosiego, dio un largo paseo. No estaba conforme con su vida. Sentía algo interiormente que le empujaba a cambiar de rumbo y a orientar su vida de otra forma. Sufría con su aparente conformismo y le dolía no tener fuerzas para dar ese paso que le liberara.
De repente oyó una voz que le pareció interpelarle. Se dio vuelta, miró a todos los lados y no acertaba a saber de dónde venía. Cuando se disponía a seguir, vislumbró a dos personas que reflexionaban sobre el evangelio de Mt 4, 12-23.
—No cabe duda —decía uno— de que la desaparición de Juan da el pistoletazo, por decirlo de alguna forma, para que Jesús empiece a proclamar la Buena Noticia. —¿Qué opinas tú?
—Estoy de acuerdo —respondió el otro—, Jesús entiende que ha llegado el momento de anunciar esa Buena Noticia que nos trae de parte de su Padre. Nos dice: Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos.
Ceferino sintió el peso de una mano en el hombro. Se volvió asustado y no vio a nadie. Miró hacia delante y las dos personas que creía haber visto también habían desaparecido.
Levantó sus ojos y mirando hacia el Cielo, pensó: «¿Eres Tú, Señor?».
Mientras regresaba, percibía tranquilidad, una sensación de gozo y de paz. Se decía que esa experiencia que había tenido era la respuesta a su inquietud de cambiar de rumbo. Y eso había decidido: «Desde hoy trataré de responder a esa llamada que siento interiormente. Espero contar con la fuerza del Espíritu Santo», se dijo con una agradable sonrisa.