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sábado, 13 de junio de 2026

LA INQUIETUD DEL ENCUENTRO CON EL SEÑOR

Lc 2, 41-51

No entiendo, se decía Pedro, cómo muchos pasan la vida sin plantearse qué hay detrás de la muerte. Dan por seguro que todo se acaba ahí.

Pedro comprendió entonces que la fe necesita alimento y cercanía. Cuando nos alejamos de Dios, las preocupaciones del mundo nos distraen y acabamos instalándonos en la rutina cotidiana.

Custodiar la Palabra de Dios es recibirla en nuestro corazón, pero es necesario prepararlo para recibirla. Y eso exige meditarla, leerla a diario y tratar de escenificarla en nuestra vida.

Y María es referencia y ejemplo para nosotros, sus hijos.

viernes, 10 de abril de 2026

ECHAR LAS REDES

Jn 21, 1-14

Necesitamos aliento para afrontar nuestras tareas cotidianas. Sin un impulso que nos mueva y nos atraiga, corremos el riesgo de quedarnos paralizados, sin motivación para seguir el camino.

Esto ha sucedido siempre. Antes solía aparecer en la etapa de la jubilación, como una especie de parálisis laboral; hoy puede surgir en cualquier momento, cuando el corazón pierde la ilusión de vivir. La llamamos depresión.

Necesitamos tener sed para ponernos en movimiento, para buscar esa agua que nos calme y nos llene. Solo quien tiene sed se levanta y camina.

Eran las doce del mediodía cuando Manuel llegaba a la terraza de Santiago. Varios tertulianos conversaban sobre la inquietud de querer alcanzar algo en la vida.

En ese momento, Pedro tenía la palabra:

—Solo quien es constante, lucha, se esfuerza y persevera, consigue lo que se propone.

—Pero para eso hace falta deseo, tener sed de lo que se busca —replicó Gustavo.

—¡Claro! —respondió Pedro con convicción.

Se hizo un breve silencio. Pedro miró a Manuel y le preguntó:

—¿Tienes alguna opinión sobre esto?

Manuel, que había escuchado atentamente, respondió:

—La vida solo responde a quien busca. Quien se queda en las ideas y no da el paso, no encuentra ni obtiene respuesta.

Todos quedaron sorprendidos. No esperaban una intervención así.

Entonces, Manuel sacó su Biblia y, abriendo por el evangelio de San Juan (21, 1-14), dijo:

—Jesús, durante los días de Pascua, se aparece a los suyos. A aquellos que le esperan, que le echan de menos, que tienen sed de verlo.

Hizo una pausa. Se levantó ligeramente y añadió:

—Ellos saben que es Él, pero no se atreven a preguntarle. Están atentos, expectantes… y obedecen.

Se sentó de nuevo, apoyó la Biblia sobre la mesa y continuó:

—Cada uno estaba en su tarea. Deciden ir a pescar… y es ahí donde Jesús se les aparece.

Mirándolos con cierta intensidad, preguntó:

—¿No nos estará pasando lo mismo a nosotros? ¿No se nos hace presente Jesús en nuestro ambiente, en nuestro trabajo, en la rutina de cada día?

El silencio lo llenó todo. Los rostros reflejaban desconcierto… y también sorpresa.

Sí, el Señor se hace presente a quien le busca, a quien le llama, a quien desea encontrarse con Él.

Está esperando tu respuesta.

domingo, 25 de enero de 2026

CUANDO LA LLAMADA INQUIETA EL CORAZÓN

Mt 4, 12-23

Aparentemente se mostraba tranquilo, pero interiormente se sentía inquieto, descontento consigo mismo e insatisfecho. Trataba de disimularlo entre sus amigos y conocidos, pero en el silencio de la noche se hacía insoportable y duro resistirlo.

Un día, meditando estos estados de incertidumbre y desasosiego, dio un largo paseo. No estaba conforme con su vida. Sentía algo interiormente que le empujaba a cambiar de rumbo y a orientar su vida de otra forma. Sufría con su aparente conformismo y le dolía no tener fuerzas para dar ese paso que le liberara.

De repente oyó una voz que le pareció interpelarle. Se dio vuelta, miró a todos los lados y no acertaba a saber de dónde venía. Cuando se disponía a seguir, vislumbró a dos personas que reflexionaban sobre el evangelio de Mt 4, 12-23.

—No cabe duda —decía uno— de que la desaparición de Juan da el pistoletazo, por decirlo de alguna forma, para que Jesús empiece a proclamar la Buena Noticia. —¿Qué opinas tú?

—Estoy de acuerdo —respondió el otro—, Jesús entiende que ha llegado el momento de anunciar esa Buena Noticia que nos trae de parte de su Padre. Nos dice: Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos. 

Ceferino sintió el peso de una mano en el hombro. Se volvió asustado y no vio a nadie. Miró hacia delante y las dos personas que creía haber visto también habían desaparecido.

Levantó sus ojos y mirando hacia el Cielo, pensó: «¿Eres Tú, Señor?».

Mientras regresaba, percibía tranquilidad, una sensación de gozo y de paz. Se decía que esa experiencia que había tenido era la respuesta a su inquietud de cambiar de rumbo. Y eso había decidido: «Desde hoy trataré de responder a esa llamada que siento interiormente. Espero contar con la fuerza del Espíritu Santo», se dijo con una agradable sonrisa.

sábado, 12 de junio de 2021

PREGUNTAS Y PORQUÉS

Lc 2,41-51

Nuestro corazón anda inquieto y, según san Agustín, permanecerá inquieto hasta descansar en el Señor. Porque, queramos o no, hemos sido creados por y para el Señor. En cada instante de nuestra vida surgen preguntas y porqués que, de intentar responder, nos mantendrán expectantes, inquietos y activos.

Supongo, a la vista del pasaje evangélico, que la Virgen - también san José - tuvo muchos porqués dentro de su corazón; supongo que tanto María como José , padres de Jesús, no entendía las cosas y actuaciones de su hijo, y menos dar respuestas a esos interrogantes y misterios que se les planteaban y nacían en sus expectantes e inquietos corazones.

Por tanto, la Virgen como su padre adoptivo José, no desesperaron y aguardaron con paciencia que la Gracia y Sabiduría de Dios les iluminara y fortaleciera. Quizás, ese sea también nuestro problema, aguardar con paciencia y sin desesperar que el Señor decida, cuando lo estime necesario, alumbrar nuestra mente y abrirnos nuestros corazones. Mientras, nosotros abrirnos y estar disponible como María para asumir y recibir la Voluntad de Dios.

lunes, 19 de agosto de 2019

INQUIETUD TRASCENDENTE

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Mt 19,16-22
El problema que presenta el mundo es la parsimonia de una quietud inquietante. Me explico, una indiferencia o mal resignación ante la muerte con la que el mundo nos marca. Sabemos que destino nos espera. No sabemos de qué manera o cómo y cuándo va a llegar, pero, si sabemos con certeza y plena seguridad que llegará. Y, ¿cuál es nuestra respuesta a esa certeza?  Con sorpresa y perplejidad, la indiferencia o la pasividad envuelta en papel de resignación.

¡Hermanos, estamos llamados a la vida eterna y plenitud de gozo y felicidad! Ese es nuestro verdadero destino y para eso hemos sido creados por nuestro Padre Dios. Luego, ¿qué esperamos? ¿Acaso estamos dormidos por las caducas, disparatadas opciones que el mundo nos ofrece? Pues, ¡despertemos! Ayer, nuestro Señor Jesús nos alertaba y advertía de ese pasotismo y tedio que pueda apoderarse de nuestros corazones. Pongámoslo a arder y activémoslo en correspondencia y sintonía con la Palabra de Dios.

Estemos pues inquietos y busquemos ese Reino de Dios que Jesús, el Hijo predilecto y amado del Padre, nos revela y nos promete en el nombre del Padre. Él ha venido a enseñarnos el Camino, porque, sólo Él es la Verdad y la Vida. Sólo Dios es Bueno y si Él lo es, es, valga la redundancia, porque también es Hombre y Dios a la vez. Muchos, de forma quizás inconsciente advertían en Él esa doble Naturaleza, la Humana y la Divina.

¿No te das cuenta del mensaje, de la advertencia? Nada está primero en el Reino de Dios que Dios mismos. Jesús nos enseña precisamente ese camino. Muchos, entregándose al servicio de los demás, y hacen bien, se olvidan de que Dios es lo primero y, a la menor tempestad el mástil que apuntala su fe se tambalea y, quizás sin darse cuenta, queda en las manos del príncipe de este mundo. Sí, hay que servir, pero sin dejar primero de servir a Dios. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él es el punto de apoyo para luego, en, con y por Él servir a los demás.

Tenemos que tener mucho cuidado porque tan malo o peligroso es servir sin estar agarrados al Señor, como agarrarse al Señor y no mirar para los que necesitan el servicio. Ahí está la clave, sin dejar al Señor tomar fuerza, fortaleza, sabiduría y capacidad para servir a los hermanos. Podríamos recordar el pasaje del encuentro del Señor en casa de su amigo Lázaro y reflexionar sobre lo que dijo Jesús a Marta con respecto a María. 

jueves, 27 de septiembre de 2018

INQUIETUD POR SABER Y CONOCER NUESTRO DESTINO

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Lc 9,7-9
Hay momentos que me dan ganas de gritar o de hacer una gran explosión que llame la atención, para que el mundo se sacuda y se mire; para que el mundo zozobre y despierte; para que el mundo se intranquilice y pregunte por su destino, por su futuro. Y, cuando digo el mundo digo por todos sus habitantes, desde el más insignificante al más notable o destacado.

Nuestro mundo parece dormido, dormido en la comodidad, en el consumo, en la pasividad y en el sentirse instalado. Un mundo adormecido por una vida fácil y sometida a las pasiones sensuales, auditivas, sensoriales y de toda clase. Un mundo que sólo mira y piensa como divertirse, como enriquecerse, como encontrar ocio y satisfacciones y como...etc.

Es digno de destacar que el mundo judío esperaba con inquietud al Mesías y mantenían un cierto estado de alerta por todo lo que sucedía a su derredor. La presencia de Jesús en aquella sociedad y en aquel momento despertaba inquietud y movía a las personas a preguntarse y plantearse muchos interrogantes. Jesús no pasaba desapercibido y hasta el mismo rey Herodes estaba inquieto y quería conocerlo.

Sin embargo, hoy pasamos de largo y observamos todo lo que pasa a nuestro derredor como si no ocurriera nada. ¿Qué nos ocurre? ¿Quizás el diablo se ha apoderado de la mayor parte del mundo? La gente se muere y nadie se pregunta nada al respecto. ¿Qué ocurrirá después? ¿A dónde vamos? ¿Nos encontramos con Dios?  Permanecemos pasivos e inmóviles y no reaccionamos. Sería bueno emprender la búsqueda y el encuentro con Dios, porque, Él nos espera y quiere abrazarnos para compartir con cada uno de nosotros la eternidad.

sábado, 10 de marzo de 2018

ACTITUD INQUIETANTE

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Lc 18,9-14
El hombre es un animal racional inquieto. Al menos así debe mostrarse y comportarse, porque su inquietud no debe parar hasta descansar en el Señor, su dueño y Dios, al que está destinado llegar. Siempre estaré inquieto, Señor, porque me sé pecador y débil ante el pecado. Me experimento vulnerable y pecador cada día, y necesito tu Mano para asirme y levantarme sobre mis miserias, que me hunden y separan de Ti.

Siempre me moveré entre la inquietud de fallarte, Señor, y de no responder a tu Amor. Hoy, me expones esta parábola del fariseo y publicano para descubrirme tu Voluntad. No quieres sacrificios ni cumplimientos, sino un corazón contrito y arrepentido del dolor de no corresponder a tu Amor y Misericordia. Mi conversión empieza por reconocerme lo que realmente soy; mi conversión empieza por saberme pobre, necesitado, pecador, enfermo e inquieto por limpiar todas mis malas acciones que perjudican a los demás.

Porque, mi amor al Señor y cumplimiento de su Voluntad está en relación directa a mi comportamiento con mis hermanos. Mi amor y misericordia llegaran a oídos del Señor, por expresarlo gráficamente, en la medida que yo las practique con mi prójimo. Esa es la actitud inquieta que debo tener activa y encendida dentro de mi corazón y la que debe moverme a amar, impulsado por el Amor de Dios. De manera gratuita e incondicional.

Porque, Dios me ama tal y como soy, que es como me ha creado. Sin pedirme nada, sólo busca mi bien y mi salvación. Y, el sentido común, me dice y me empuja a dejarme llevar por su amor, porque en eso consiste mi felicidad y mi gozo eterno. Por eso, es bueno estar inquieto, expectante, atento y en constante movimiento interior, es decir, en actitud de búsqueda, para crecer en conversión según la Palabra y la Voluntad de Dios. 

Y eso debe, no relajarnos, sino abandonarnos en Manos de la acción del Espíritu Santo que nos modela, nos impulsa, nos dirige y va creando nuestra alma a imagen y semejanza de Dios. Pongámonos, pues, en sus Manos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

CURIOSIDAD Y PERPLEJIDAD

Muchas veces somos movidos por la curiosidad, y, por ella, descubrimos algo vital que cambia nuestra vida. Pero, también, puede ser un impulso que, saciado, o enfrentado a diversas dificultades, se desvanece y desaparece.En muchos momentos de nuestra vida no somos capaces de romper esa perplejidad a la que estamos sometidos, y dormimos nuestra vida en la duda y la confusión.

Herodes, nos dice hoy el Evangelio, quería ver a Jesús, pero le movía una simple curiosidad. Y cuando la causa no se apoya en otras razones que la curiosidad, suele ser débil y poco profunda. Se hablaba mucho de Jesús, y lo mismo ocurre hoy, pero esa fama, que al principio generó curiosidad para unos, hoy es motivo de persecución para otros.

El móvil debe ser otro. El encuentro con Jesús debe estar impulsado por una experiencia de salvación. Una experiencia de descubrirte pecador, necesitado de libertad y de romper las cadenas de la esclavitud donde experimentas que tu vida está encarcelada. Una actitud de superar tus buenos deseos de hacer el bien y experimentar que haces el mal. Un combate por amar y no amarte.

Es esa inquietud la que te lleva a encontrarte con Jesús. Un Jesús que pasa entre la gente haciendo el bien y curando todo tipo de dolencias. Un Jesús que habla de justicia, paz y amor. Un Jesús que promete la Vida Eterna. Un Jesús que responde a todos mis interrogantes, que subyacen dentro de mi corazón. Un Jesús, al que busco y le pido que me salve.

Esta reflexión debe plantearnos que actitudes me llevan a buscar a Jesús. Simple curiosidad o conveniencia que me deja en la mediocridad. Porque, si es así, mi relación con el Señor no trasciende ni echa raíces. Debe movernos una inquietud de reconocer en Él al Mesías que ha venido a liberarnos de la esclavitud del pecado.

miércoles, 4 de enero de 2017

LA INQUIETUD DE BUSCAR

(Jn 1,35-42)
Nadie que, antes no sienta inquietu por buscar, se pone a buscar. Nadie que no sientan deseos de conocer los interrogantes que anidan en su coarzón se ponen en camino de búsqueda y de encuentro. Al parecer los discípulos de Juan estaban buscando al Mesías. Y Juan se los señala quitándose él de en medio:  En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios».

Y al señalarle Juan al Mesías, no pudieron reprimir su inquietud de seguirle. Me parece, humildemente, que esa es la principal lección de este Evangelio. ¿Quiero yo seguir al Señor? ¿Estoy primeramente en actitud de búsqueda? Porque si no es así, ni sabes a dónde vas ni a quien buscas. 

Fue entonces cuando ambos discípulos experimentaron un encuentro personal con Jesús y decidieron quedarse con Él aquel día. Y ese encuentro deja huella y exulta de gozo y alegría hasta el punto de querer compartirlo. Claro, sólo te corresponderán aquellos que, como tú, están buscando, sienten inquietud por encontrar al que su corazón buscan ansiosamente. Así, Andrés, que era uno de aquellos discípulos, hermano de Simón Pedro, le encuentra y le comunica que al encontrado al Mesías. Y Pedro va con su hermano Andrés al encuentro del Señor.

Quizás a muchos de nosotros nos han hablado de Jesús, pero, ¿hemos ido a buscarle y conocerle? Quizás nosotros hemos oído a otros hablar de Jesús, pero, ¿eso nos ha inquietado para también nosotros ponernos en marcha y en actitud de conocerle? 

Posiblemente, Jesús tenga también algo para nosotros. Nos mira y nos habla, pero eso necesita una correspondencia por nuestra parte. Jesús sabe lo que hay en nuestro corazón, y seguramente no nos hablará hasta que nuestro corazón esté abierto y disponible. Por eso, dispongamos nuestros corazones abiertos a la escucha y Palabra del Señor, y pidámosle estar disponibles a dejarnos llenar de Espíritu Santo. Amén.

sábado, 5 de enero de 2013

¡ESTAMOS SACIADOS?

(Jn 1,43-51)
Quizás ocurra eso, porque los hombres de nuestra generación no están hambrientos de Dios. Sólo donde permanece el hambre material y las necesidades primarias si siente necesidad y se implora auxilio. Es en esas situaciones donde puede descubrirse la necesidad de un Salvador, de un Dios que satisfaga nuestra hambre material y espiritual.

Es verdad que aquellos que queremos presentar a Jesús a los demás, no lo conocemos bien. Ni lo conocemos ni lo experimentamos como el Salvador y Mesías en nuestra vida. Sí, lo confesamos de palabra, y tratamos de vivirlo, pero nuestros esfuerzos no son proporcionales a nuestras palabras y hechos. Nos quedamos en la mediocridad y en la resignación.

Y lo que no se tiene no se puede dar. O se da mal, a medias tintas y sin convencimiento. Así no se transmite ni se recibe. Me siento impotente y necesitado de que el Señor transforme todo mi ser para responderle como Él espera.

Y si no experimentamos el encuentro con el Señor, tampoco podemos presentarlo a los demás. Quizás haya mucho de esto, porque el Señor es el mayor tesoro que todo hombre quiere encontrar, pero la satisfacción y la carencia de necesidades básicas te impiden ver y descubrir. De eso saben mucho los pobres, aunque el hecho de ser pobre y necesitado no te mueve sino a satisfacerte, y muchos se quedan en eso.

Felipe y Natanael eran personas inquietas que buscaban la libertad, y el encuentro con Jesús les abrió el camino de una libertad nueva, no sólo física sino interior y espiritual. La libertad de buscar y vivir en la verdad y la justicia. Un justicia que busca la paz y el amor.

Es eso lo que debemos buscar y pedir en el Espíritu Santo. La sabiduría y fortaleza de ser libres para desde esa libertad construir un mundo más solidario, más justo, en paz y compartido en el amor. Amén.


martes, 20 de noviembre de 2012

LA INQUIETUD DE LA BÚSQUEDA...

 Comentario al evangelio de Lucas 19, 1-10


es la primera condición para entrar en esa dinámica de respuesta a la llamada. Todos somos llamados, porque al ser creados nadie es abandonado. El Padre quiere a todos sus hijos y los llama a gozar de su presencia eterna.

Pero esa llamada necesita estar atento y presto a oírla y responder. Es la actitud de Zaqueo. Se puso en camino y ante la dificultad de no ver no dudó en buscar altura para ver. No le importaba el qué dirán ni la opinión del público, estaba decidido a ver y buscar la Luz.

Y la Luz vino a su casa y le manifestó su Palabra. Y Zaqueo abrió su corazón como era de esperar, porque cuando se busca, se encuentra. La lección del Evangelio de hoy nos enseña a que a la evangelización le precede la inquietud de ser evangelizado.

Al menos tener el corazón abierto, disponible y entregado a recibir la Verdad. Y en esa actitud la Verdad se hará presente sin lugar a duda. Es la experiencia de Zaqueo, que nos anima a estar receptivos, esperanzados a dejarnos guiar por el Espíritu Santo que, si le dejamos, nos guía hacia la Verdad. Amén.