| Mt 19, 3-12 |
Posiblemente, nadie quiere ser el malo. O dicho de otra forma, todos queremos ser el bueno, el que gana y tiene la razón.
Pero sucede que hay muchas razones, pero una sola verdad y, aunque se pueda llegar a ella por distintos caminos, si la buscan, tienden a converger; no pueden subsistir separadas.
—¿A qué viene esa historia ahora de malos, buenos, separados y unidos? —dijo Pedro.
—Viene —respondió Manuel— a que hay muchos matrimonios y familias enfrentados y al borde de la ruptura…
Le miró fijamente y replicó:
—Y las consecuencias las pagan otros, sobre todo los hijos.
Tras un breve silencio se oyó una voz:
—Doy fe de ello. Yo soy uno de esos hijos, y puedo certificar que somos los que en mayor medida pagamos las consecuencias.
El ambiente enmudeció a la espera de ver lo que pasaba.
Manuel encogió los hombros y con gran parsimonia comentó:
—Es un problema complejo y muy difícil de analizar. Cada caso tiene sus propias circunstancias y hay que tratarlo con mucho cuidado, desde el respeto y la libertad.
Hizo una pausa, tomó un respiro y, volviendo al tema, dijo:
—No es fácil, y menos realizar una lectura literal del texto, sin matices. Jesús señala «la dureza de corazón» de algunos y el plan de Dios, que tiene que ver con la plenitud y la complementariedad.
Había mucha atención, pues era un asunto que todos de alguna manera habían vivido en carne propia o en la de gente próxima.
Alguien se levantó y frunciendo el ceño, preguntó:
—¿Y qué se puede hacer cuando el matrimonio tiene problemas serios?
Manuel, con mucha paciencia y cara compasiva, añadió:
—No hay recetas. Cada caso presenta sus propias heridas, por las que cada cual, según sus circunstancias, toma sus propias decisiones; otros soportan mejor la situación a pesar del dolor, ofensas y abusos… pero es necesario encontrar el equilibrio que se sostenga desde el respeto y la libertad…
Manuel, con verdadera compasión, le miró y añadió:
—Lo verdaderamente importante es apoyarnos en el criterio de que estamos llamados a la plenitud.
Tomó la Biblia e indicó el pasaje evangélico (Mt 19, 3-12) dónde Jesús habla del repudio a la mujer, y tranquilamente dijo:
—El Señor busca la compasión y el deseo de aliviar el sufrimiento. Lo que toca es acoger, acompañar, animar, reconocer que la realidad es compleja y apoyar, hasta que la persona se sienta capaz de liberarse.
Todos asintieron manifestando su total acuerdo. Solo desde la buena intención, la verdad y la comprensión podemos entender y darles salida a estas situaciones.
Ponerse en el lugar del otro siempre ayuda a ver las consecuencias de nuestros propios actos: ¿me gustaría a mí que me hicieran esto?