| Lc 8, 1-3 |
Nuestra civilización, dominada por la técnica, tiene necesidad de un corazón para que el hombre pueda sobrevivir en ella, sin deshumanizarse totalmente. Debemos dar más espacio a las razones del corazón, si queremos evitar que nuestro planeta se desplome espiritualmente en una era glacial.
No es difícil entender por qué estamos tan ansiosos de aumentar nuestros conocimientos y tan poco de aumentar nuestra capacidad de amar: el conocimiento se traduce automáticamente en poder, el amor en servicio. «La ciencia hincha, el amor edifica» (1 Cor 8,1).
Y es patente que aquel grupo de mujeres, curadas por Jesús, le seguían al sentirse amadas y sanadas. El perdón y la sanación son consecuencia del amor. Mujeres que aman y, como el sanador, se dedican a amar —sirviendo y ayudando— entre otras cosas con sus bienes.
—No cabe ninguna duda de que el servicio del acompañamiento es muy importante —comentó Pedro—, aludiendo al papel de las mujeres que acompañaban a Jesús.
—Evidentemente —respondió Manuel—, fueron seguidoras, discípulas, estuvieron al pie de la cruz… y, por supuesto, acompañando.
Y aprovechando una breve pausa, abrió la Biblia y en Lucas 8, 1-3, leyó:
—En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades:
María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
El grupo de mujeres había desempeñado un gran papel en el servicio y la ayuda a la misión de Jesús.
Y es que acompañar es una de las actitudes que más bien puedes hacer en este mundo desquiciado: acompañar y ayudar, pero también permitir que te ayuden y acompañen.
Moniciones publicaciones viernes 180926
¿Estoy yo en esa actitud de acompañar, de servicio y amor? ¿O más bien me sitúo distante y receloso?
Monición oración viernes 180926
En un mundo donde todo se mide por retribución y nada se da gratuitamente. ¿Es mi actitud de servicio y amor gratuito?