| Mt 12, 38-42 |
Muchas veces no queremos ver lo que está delante de nuestros ojos. Preferimos no arriesgar nuestra situación y evitamos comprometernos.
En realidad, eso es prueba de nuestra poca fe.
Apostamos únicamente por lo que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos.
Fuera de eso, no nos comprometemos a nada que deteriore nuestro confort de vida.
Pedro, mirando apasionadamente a Manuel, le preguntó.
—No crees que vale la pena arriesgar. La resurrección es el fundamento de nuestra fe…
Y sin apenas dudar, agregó.
—No se impone mediante demostraciones, sino que se acoge por el testimonio de quienes encontraron al Resucitado y por la acción del Espíritu en la Iglesia. …
Sin dejar de mirarle, guardó unos segundos de silencio y añadió.
—Además, está el testimonio de aquellos que lo han visto antes de que ascendiera a los cielos.
Manuel, conforme con lo que decía Pedro y dibujando una suave y gozosa sonrisa en sus labios, comentó.
—Estoy de acuerdo con lo que has comentado. En realidad, el riesgo que asumimos es pequeño, porque vivir como Jesús nos propone no nos empobrece, sino que nos hace verdaderamente felices. …
Abrió la Biblia y dijo.
—En Mateo 12, 38-42, Jesús llama a su generación perversa y adúltera porque exige una señal para creer…
Tras terminar de leer todo el pasaje evangélico, agregó.
—Es evidente que el encuentro con Dios solo es posible en la fe. Nos movemos en el ámbito del misterio, el amor, la amistad, la confianza, lo relacional…
Hizo una breve pausa y, poniendo la mirada en ellos, concluyó.
—En la hora de nuestro bautismo ha venido a nosotros el Espíritu Santo. Abriéndonos a su acción, fortaleceremos la fe que nos ayudará a creer en la Resurrección y en la presencia del Señor en nuestra vida.
Son muchos los que han sentido la presencia del Señor en sus vidas. Quizá también nosotros debamos abrirle el corazón y dejarnos encontrar por Él, en lugar de exigir pruebas irrefutables.