| Mt 17, 14-20 |
Las situaciones límites nos sorprenden y nos mueven a hacer cosas insospechadas o que nunca habíamos imaginado. Incluso, descubrimos cosas que jamás habíamos pensado realizar.
De esta manera, Manuel hablaba a sus amigos tertulianos en la terraza de Santiago.
—Hay gente que, independientemente de lo que crea, busca la ayuda de alguien del que espera recibir la solución de su problema.
Abrió la Biblia y, aludiendo al evangelio de Mateo 17, 14-20, comentó:
—Se acercó un hombre a Jesús, pidiéndole de rodillas que tuviera compasión de su hijo. Se lo había traído a sus discípulos y no habían sido capaces de curarlo.
Cerró la Biblia y con firmeza dijo:
—Jesús les reprocha su poca fe. Y les dice que si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría.
Hizo una pausa y añadió:
—Nada nos sería imposible con Él.
Hay mucha gente buena, generosa, de buenos sentimientos y solidaridad. Pero eso no significa que sea cristiana, incluso aun estando bautizada y siendo religiosa.
Porque ser cristiano no es ante todo aceptar una cultura, con los valores que la acompañan, sino acoger y custodiar un vínculo: un vínculo entre Dios y cada uno de nosotros, entre mi persona y el rostro amable de Jesús.
La fe no consiste principalmente en tener mucha fuerza o muchos valores, sino en vivir unidos a Cristo.
Este vínculo es el que nos hace ser cristianos (Papa Francisco 01/05/2024).
La experiencia nos descubre nuestra incapacidad y nos ayuda a reconocer que nuestra fe es todavía incipiente.
También, por otro lado, eso debe ayudarnos a mirarnos con humildad y a situarnos en nuestro lugar de pequeñez y pecadores. Y a sostenernos en la esperanza de que con Él nada nos será imposible.