lunes, 21 de septiembre de 2026

MISERICORDIA QUIERO, Y NO SACRIFICIO

Mt 9, 9-13

Mientras caminaba, Santiago no dejaba de pensar en lo que había visto. No entendía cómo aquella persona podía fiarse de alguien cuya reputación hacía sospechar de él.

Se detuvo y, frunciendo el ceño, pensó: «¿Cómo se puede actuar de esa manera con alguien de dudoso comportamiento?»

Después de hablar con Santiago, Manuel permaneció unos instantes en silencio.

—La razón humana no siempre lo puede entender —dijo finalmente—. Pero suele pasar que el ser humano responde cuando se siente tratado con misericordia.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Santiago—. ¿Se puede tener confianza en una persona con ese historial?

Manuel se encogió de hombros.

—No lo sé, ni tampoco lo entiendo del todo. Pero las cosas de Dios nos superan. Precisamente por eso es Dios.

Entonces se dio la vuelta, tomó la Biblia y, abriéndola por Mt 9, 9-13, leyó:

—Del santo Evangelio según san Mateo:

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».

Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».

Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores».

Manuel cerró lentamente la Biblia.

—De eso se trata: de sanar a los enfermos. Y cuando hablamos de enfermedad, hablamos también de la enfermedad del pecado, de aquello que nos aleja de Dios y necesita ser sanado por su misericordia.

Hizo una breve pausa y añadió:

—Para eso ha venido Jesús, el Hijo de Dios: para buscar al pecador, llamarlo, perdonarlo y ofrecerle una vida nueva.

Santiago permaneció en silencio. Quizá empezaba a comprender que la misericordia de Dios no se parece demasiado a la nuestra.

Y quizá también comprendió que, ante Dios, todos necesitamos ser sanados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.