domingo, 25 de octubre de 2026

DIOS ES AMOR

Mt 22, 34-40

Es costumbre hacer balance cuando termina un ciclo, un año o una etapa de nuestra vida. Al comenzar algo nuevo, nos planteamos metas, proyectos y compromisos. Pero hay un balance que, tarde o temprano, todos tendremos que hacer: el de nuestra propia vida».

Es conocida, al menos por los que entienden que el amor será el tema de nuestro balance al final de la vida, esta frase de San Juan de la Cruz:

“Al final de la vida se nos examinará en el amor”.

Es decir, se nos examinará en nuestras relaciones: cómo hemos construido nuestros vínculos con Dios, con nosotros mismos y, por consiguiente, con los demás.

Es evidente que igual que en nuestras familias, sobre todo en los brazos y calor de nuestros padres, aprendemos a amar, a darnos y sacrificarnos unos por otros, en nuestra vida debemos proceder de la misma forma.

Pronto nos damos cuenta de que lo principal en nuestra vida es el amor. Sentirnos amados nos impulsa también a amar. Es lo justo y razonable: el amor recibido nos ayuda a amar y el amor de Dios siempre nos ofrece un punto de partida.

Y la referencia absoluta de ese amor nos viene de Dios. Un Dios que envía a su Hijo para que nos enseñe el Camino, la Verdad y la Vida por donde debemos conducirnos para, como Él, amar también nosotros. La medida de nuestra vida, por tanto, no será cuánto hemos conseguido, sino cuánto hemos amado.

En el evangelio de este día Jesús nos lo deja bien claro:

Del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».

Él le dijo:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente».

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».