domingo, 19 de julio de 2026

TAMBIÉN, ENTRE NOSOTROS, CRECE LA CIZAÑA

Mt 13, 24-43

Juan quería ser feliz. Eso es lo que entendía y para lo que estaba en el mundo. Sus padres buscaban su felicidad, y él deseaba ser feliz.

Pronto descubrió que ese mismo anhelo habitaba en todo ser humano. Todos luchaban por alcanzar la felicidad; parecía ser la meta de toda vida.

Con un rostro alegre, miró a Manuel y le dijo.

—Supongo que tú también quieres ser feliz. Es la aspiración de cualquiera.

Y dando tiempo a su respuesta, añadió.

—¿Estás de acuerdo?

Manuel, asintiendo con una suave sonrisa, respondió.

—Evidentemente, todos buscamos la felicidad. Hemos nacido para eso y, aunque en este camino carguemos con nuestras cruces y la cizaña crezca entre nosotros, nunca dejamos de caminar hacia esa felicidad…

Guardó un breve silencio y, sin dejar de mirarle, agregó.

—Pero, además, no nos conformamos con ser simplemente felices los días de vida en este mundo, sino que aspiramos a ser felices eternamente.

Juan, algo confuso y perplejo, fijó la mirada en él y comentó.

—¿Piensas que seremos eternos?

Manuel, seguro de lo que decía, afirmó.

—No lo pienso, lo creo. Dios no nos ha creado para una existencia pasajera, sino para compartir su Gloria… 

Le miró con decisión y concluyó.

—Y en eso debemos trabajar porque la cizaña también se mueve dentro de nosotros.

Hizo una pausa y, abriendo los brazos con la Biblia en ellos, dijo.

—En el evangelio de Mt 13, 24-43, Jesús nos invita a alinearnos con los sueños de Dios para este mundo, asegurándonos que el Reino de su Padre y la felicidad van de la mano.

Juan y los que le acompañaban se estremecieron. Cruzaron las miradas y experimentaron ese sentimiento de eternidad interiormente.

Con buena semilla y desde lo pequeño, la realidad se transforma.

Señor, que deje a un lado la prudencia excesiva y me atreva a soñar en grande, aun en medio de las dificultades y de los datos de la realidad que invitan al desaliento. 

Hoy me llamas a vivir en la esperanza.