miércoles, 4 de febrero de 2026

FE Y CUMPLIMIENTO

Mc 6, 1-6

Santiago era un hombre cumplidor. Hombre recto y de palabra que se ajustaba a todo lo prescrito por la ley. No entendía la vida sin una ley que la regulara y todo lo discernía en torno a ella.

Un día se encontró con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Se saludaron y decidieron tomarse un café mientras se contaban cómo les iba.

Dionisio, que era el nombre de su amigo, habló largo y tendido de su historia personal. Contaba con entusiasmo a Santiago cómo vivía su fe, que había encontrado en un grupo donde se dialogaba en torno a la Palabra de Dios.

Por otra parte, Santiago también compartió parte de su vida. Se confesó religioso y muy cumplidor. Para él —decía— las prácticas eran el centro y la prioridad en su vida. No soportaba a quienes no las cumplieran.

En ese momento, Dionisio se quedó algo confuso. No le parecía bien lo que dijo Santiago. Y frunciendo el ceño, se atrevió a preguntarle.

—¿A qué te refieres cuando dices que las prácticas son el centro de tu vida?

—A que cumplir con lo establecido y prescrito por la ley, tanto civil como religiosa, es lo importante, y lo que hay que hacer.

Dionisio arrugó su frente y se quedó perplejo. Guardó silencio unos segundos, pero pronto un impulso interior le movió a responderle.

—¿Cómo dices que las prácticas son lo fundamental? No es así, lo relevante es nuestra adhesión a la persona de Jesús y su Palabra.

Santiago le miró extrañado sin entender lo que decía Dionisio. Pero no se atrevió a replicarle. Entonces, Dionisio, muy seguro de sí mismo y de lo que decía, como si fuese alumbrado por el Espíritu Santo, dijo:

—Cada cristiano está llamado a profundizar en esta pertenencia fundamental, tratando de testimoniarla con una conducta coherente de vida, cuyo hilo conductor será la caridad.

—Pero…

—No hay peros que valgan —respondió al instante Dionisio interrumpiéndole—, las prácticas son consecuencias de esa fe y obediencia a Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y nuestra referencia a seguir e imitar.

Se hizo un largo silencio. Todo parecía derrumbarse en la cabeza de Santiago. Hundió su cabeza entre sus brazos y permaneció unos segundos inmóvil. Mientras tanto, Dionisio le miraba pacientemente y con ternura.

Después de unos minutos, Santiago levantó su cabeza y, con su mirada firme en Dionisio, le dijo:

—Creo que tienes razón. Sin amor, todo lo que haga tiene poco o ningún valor. Las prácticas nos ayudan a eso: a que, por la Gracia del Señor, seamos capaces de amar, pero lo fundamental es el amor.

La familiaridad y los prejuicios nos juegan malas pasadas, impidiéndonos ver más allá de lo obvio. Por creer que ya sabemos quién está ante nosotros, nos perdemos grandes cosas.