| Mt 12, 14-21 |
Javier se sentía juzgado hasta el extremo de que pensaba que todas las miradas estaban puestas en él. Estaba tensionado y se mostraba reactivo. Su preocupación había llegado a tal punto que pensaba que iban a por él.
Cuando Manuel llegó a la terraza, le sorprendió ver a Javier con cara de enfado, serio y nervioso.
Tratando de disimular, le dijo.
—Buenos días, compañero, ¿cómo va la vida?
No hubo respuesta por parte de Javier. Mantenía su mirada perdida y parecía que ni había oído el saludo de Manuel.
Algo más preocupado, Manuel insistió.
—¿Te pasa algo, amigo? Y acercándose, le tocó el hombro.
Javier, levantando la cabeza y con una mirada tensa, respondió.
—Me siento mal y no encuentro la paz. Me preocupa lo que algunos piensan de mí y eso me desestabiliza y rompe mi vida.
Manuel, lleno de serenidad, le miró con compasión y le dijo.
—A veces las preocupaciones nos las fabricamos nosotros mismos. Es posible que otros no nos entiendan y hasta se atrevan a juzgarnos, pero eso no debe desequilibrarnos…
Hizo una pausa, le puso la mano en la espalda y, dándole ánimo, añadió.
—Ante los conflictos, adversidades y tensiones, es mejor retirarse y buscar espacios de serenidad, silencio y compasión. La violencia engendra violencia y…
Guardó un breve silencio, le miró con ojos de esperanza y añadió.
—Nos guste o no, hemos sido creados para vivir reconciliados y en paz… No toda retirada es una derrota. Hay retiradas que permiten seguir haciendo el bien.
Tomó en la mano la Biblia, y abriéndola por Mateo 12, 14-21, leyó:
—En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró y se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó…
Al terminar de leer, mirándole con ternura, comentó.
—Jesús evita el enfrentamiento y se retira para poder seguir haciendo lo que considera importante: ocuparse de las cosas del Padre, aliviar el sufrimiento, curar cuerpos y almas.
La cara de Javier había cambiado en el transcurso de las palabras de Manuel. Ahora, mirándose en Jesús, entendía cuál debía ser su camino y su preocupación.