miércoles, 20 de mayo de 2026

SANTIFICADOS EN LA VERDAD

Jn 17, 11b-19

«Añoro», pensaba Ernesto, cuando la palabra tenía valor y cumplimiento.

Aquellos tiempos, recordaba, donde bastaba un apretón de manos para dejar sellado el trato acordado.

Parecían sueños lejanos o épocas que ya no volverían a verse.

Manuel, al observar que Ernesto tenía la mirada perdida y un estado pensativo, le dijo:

—¿En qué piensas?, querido amigo. ¿Tienes algún problema que no te deja dormir?

Ernesto, interesado en desentrañar la evolución de cómo la verdad se había convertido en algo ficticio y a lo que no se le daba ningún valor, expresó:

—El valor de la palabra dada parece algo desfasado en un contexto en el que los acuerdos a menudo vienen cargados de letra pequeña y trampas…

Se detuvo unos momentos y añadió:

—¿No te parece? —preguntó a Manuel.

Sospechando a lo que se refería Ernesto, Manuel respondió:

—Frente a la ingeniería legal y al miedo de que «nos la cuelen», nos vemos obligados a leer y releer, a estar siempre alerta antes de firmar…

Hizo una pausa, miró para Ernesto y, sonriendo, agregó:

—Jesús, en Juan 17, 11b-19, nos propone una forma distinta de compromiso: Él mismo es la Palabra entregada, la Alianza y el Pacto del lavatorio y la acción de gracias.

Guardó unos segundos de silencio y, fijando los ojos en Ernesto, agregó:

—Nos invita a transformar nuestra manera de relacionarnos: menos sospecha, más compasión…

Y levantando los brazos, concluyó:

—«Yo les he dado tu Palabra, Padre», nos dice el Señor, y nos desafía a recuperar el valor de una palabra auténtica y transformadora, que apuesta por el compromiso y la verdad. 

martes, 19 de mayo de 2026

UN DIOS QUE NOS CUIDA COMO PADRE Y MADRE

Jn 17, 1-11a

Sabía que, a pesar de que muchos no respetan las leyes establecidas, el mundo guardaba un equilibrio asombroso.

Todo seguía un orden y la vida parecía estar regulada de forma inteligente.

Ambrosio se admiraba de la maravilla con la que todo funcionaba y cómo tanto las leyes gravitatorias como las civiles eran cumplidas.

«¿Qué pasaría si algo dejase de ser cumplido? ¿Se vendría todo abajo?», pensó.

El hombre es débil y, sometido a sus propios pecados, incumple las leyes y delinque. Pero, así y todo, el mundo guarda un orden que no llego a entender.

Abrió los ojos y se dio cuenta de que se había quedado dormido.

¡Era un sueño!, se dijo. ¡Y qué bonito sueño!

Cuando se percató de dónde estaba, sintió algo de vergüenza. Santiago, el camarero, se le acercó y lo tranquilizó.

—Observé que se había dormido y le dejé el café para cuando se despertara. Aquí lo tiene, recién hecho.

—Muchas gracias. No sé lo que me ha sucedido, pero he quedado sumido en un profundo y hermoso sueño.

Manuel, que hacía rato que había llegado a la terraza, al verlo despierto, le dijo:

—Dormía placenteramente y su cara dibujaba una agradable sonrisa. Coincidí con Santiago en dejarlo gozar de ese buen sueño.

—Gracias —respondió Ambrosio. Un sueño revelador.

Manuel le miró, y algo extrañado no pudo evitar preguntarle:

—¿Cómo que revelador? ¿Podría explicarse?

Ambrosio se frotó los ojos y, complacido por la pregunta, dijo:

—Veía cómo el mundo, a pesar del pecado del hombre, está protegido por su Creador…

Guardó unos segundos de silencio y con gran gozo añadió:

—Reza por nosotros al Padre, y en Él nos sentimos protegidos y eternos.

Entonces, Manuel comprendió de qué hablaba y añadió:

—Hablas de lo que dijo Jesús en el Evangelio de Juan 17, 1-11ª, cuando pide al Padre para que dé la vida eterna a todos los que creen en Él.

El asombro de Ambrosio era manifiesto.

«¿Le habría mostrado el Señor en sueños aquella promesa? 

Jesús cumplió su misión: manifestarnos el nombre de Dios. Y a quienes vivimos en medio del mundo, ayer y hoy, se nos sigue pidiendo guardar su palabra.

lunes, 18 de mayo de 2026

UN MUNDO VENCIDO

Jn 16, 29-33

No cabe ninguna duda, estamos en el mundo, pero no pertenecemos a él.  La muerte, que llegará a su hora, nos separa de este mundo y nos descubre el verdadero mundo al que pertenecemos.

Se trata, pues, de encontrar el camino que, permaneciendo en este mundo, nos lleve al que realmente pertenecemos.

En esas tribulaciones estaba Genaro cuando se encontró con Manuel en la terraza.

—Buenos días, Manuel —le saludó con gran regocijo. Tengo algo que consultarte…

Manuel tomó asiento en su propia mesa y, con una suave sonrisa, se dispuso a escucharle.

Genaro le miró con esperanza y le preguntó:

—¿Qué piensas de nuestra pertenencia a este mundo en el que vivimos?

Manuel tenía ya la Biblia sobre la mesa; mientras escuchaba la pregunta de Genaro, la abrió. Entonces, mirándole, añadió:

—Estamos llamados al mundo que Dios nos prepara. Jesús nos ha dicho que se va a prepararnos una morada (Jn 14, 2-3) y volverá para llevarnos con Él.

Le miró con alegría y le dijo:

—Su Palabra tiene siempre cumplimiento.

Guardó un breve silencio; señaló la Biblia y agregó:

—Es verdad que en este camino mundano tendremos luchas, pero Jesús nos anima y nos dice: «Tengan valor: Yo he vencido al mundo.

Genaro se había transfigurado. Su rostro mostraba serenidad y paz. 

Sí, a pesar de la lucha y tristeza de este mundo, tenemos la esperanza puesta en ese otro mundo del que el Señor nos habla.

domingo, 17 de mayo de 2026

LLAMADOS A ANUNCIAR LA GLORIA DE DIOS

Mt 28, 16-20

A pesar de vivir en un mundo donde las noticias abundan las veinticuatro horas del día, Sebastián no se sentía informado.

No porque no llegaran las noticias, sino porque había muchas dudas de la veracidad de estas.

Estar conectado a tantas fuentes de información no siempre significa acceder a una comunicación verdadera.

Nos enfrentamos a múltiples desafíos y dilemas éticos: la privacidad, la desinformación, el exhibicionismo, la sobreexposición, la manipulación, el impacto en nuestras vidas cotidianas…

No estaba seguro de sí mismo, e incluso llegó a sentir dudas, como los apóstoles, del mismo Jesús en el monte de Galilea.

A la hora de la verdad, nuestro corazón vacila y es Jesús el que nos invita a decidirnos y actuar con determinación, a comunicar de verdad, con el tacto, gestos, pero también con palabras…

Pensativo y desorientado, Sebastián tomó un sorbo de café. Llevaba un buen rato sentado en la terraza de Santiago, y no encontraba la paz que da fuerza para anunciar esa Palabra a la que Jesús le animaba.

—¿Qué te ocurre, amigo Sebastián? —le dijo Manuel—, que llegaba en esos momentos a la terraza.

Le miró con cierta complacencia y añadió:

—¡Qué alegría verte, Manuel!, precisamente estaba reflexionando sobre nuestro compromiso de anunciar la Palabra del Señor…

Guardó un breve silencio y, mirándole con ansiedad, le preguntó.

—¿Qué piensas, Manuel, de ese mandato del Señor?

Con paciencia y cariño, Manuel tomó la Biblia y, apoyándola sobre la mesa, agregó:

—En el momento de su ascensión (Mt 28, 16-20), Jesús nos dice: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado.

Levantó la cabeza y, mirando a Sebastián, le dijo:

—Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Tras una pausa breve, concluyó diciendo:

—Nos invita a ser portadores de la Buena Noticia, pero sobre todo de esperanza y consuelo en este tiempo que tanto necesita de ánimo y de Dios para enfrentarnos a la vida de otra manera…

Observando el gesto de asombro y satisfacción que iluminaba el rostro de Sebastián, dijo:

—Sabiendo que «estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

La tarea nos sobrepasa, pero todo cambia cuando descubrimos que Jesús camina siempre con nosotros.

sábado, 16 de mayo de 2026

APRENDER A PEDIR

Jn 16, 23b - 28

La experiencia de Amadeo no era del todo positiva. Sabía que lo que deseara tenía que ganárselo con su trabajo. Eso de pedir y recibir no entraba dentro de sus cálculos.

Todo lo que había conseguido en la vida era consecuencia de su esfuerzo, y nada le había sido regalado.

Cuando se proponía algo, se preparaba y luchaba hasta conseguirlo. Y si no podía, se resignaba y aprendía que todo no se puede conseguir.

En ocasiones, había llegado a la conclusión de que el esfuerzo por lograr algo le conducía a reconocer que, ante la incapacidad de lograrlo, se derivaba en otras acciones que le resultaban sumamente beneficiosas.

Llevaba un buen rato sentado y reflexionando sobre todo lo conseguido en su vida. Se sentía satisfecho de todo su esfuerzo y trabajo.

viernes, 15 de mayo de 2026

CUANDO LA ESPERANZA YA NO HACE FALTA

Jn 16, 20-23a

La lucha era diaria. Cada mañana Gustavo se levantaba con la firme promesa de enfrentarse con la dura tarea que le esperaba.

Detrás del esfuerzo de cada día, estaba la esperanza de que llegara un día la alegría plena y eterna.

Sabía —o al menos esa era su esperanza— que ahora era tiempo de tristeza, de lucha y esfuerzo, pero mantenía la esperanza de que llegaría el cumplimiento de la promesa.

De camino hacia una de sus tareas, Gustavo, al pasar por la terraza, decidió tomarse un ligero descanso y saborear el buen café de Santiago.

La cara de Carlos cambió de expresión.

Él no tenía esa esperanza, pero ahora, conociendo el porqué de la alegría de Gustavo y la promesa que Manuel había citado, empezó a desear ese mundo pleno y feliz del que hablaban.

jueves, 14 de mayo de 2026

VÍNCULOS DE AMOR

Jn 15, 9-17

Rodolfo se sentía orgulloso de los éxitos que la vida le había dado. Era el dueño de importantes negocios de aquella ciudad. Dominaba la opinión con su periódico y nadie se atrevía a levantarle la voz.

Hay circunstancias en las que los poderosos se creen con derechos sobre los demás, y sus éxitos los hacen cada vez más narcisistas y prepotentes.

Había llegado a la terraza de Santiago y, con cierto aire de superioridad, se sentó. Levantó la mano y, como si de un rey se tratara, pidió un café con la arrogancia de quien se cree superior.

—Un café de inmediato —dijo con una voz autoritaria.

Santiago, al oírlo, hizo el servicio, pero no por la orden intimidatoria de Rodolfo, sino por prestar el mejor servicio que podía.

—Aquí tiene usted su café, señor —dijo Santiago— con la naturalidad con la que atendía a cualquiera.

—Sabe usted —respondió Rodolfo— a quién le está sirviendo el café.

Santiago, mirándole pacientemente, replicó:

—A un cliente que me lo ha pedido, y al que atiendo como creo que debo hacer y hago con todos.

—Sepa usted que este que está aquí sentado puede beneficiarle o perjudicarle según le parezca.

Serio y con firmeza, Santiago respondió:

—No tiene usted derecho a hablar así, ni tampoco autoridad para creerse el dueño del pueblo.

Manuel, sentado a pocos metros de allí, levantó la cabeza y, mirando a Rodolfo, dijo:

—Está usted cometiendo el mismo error que todos los que, a lo largo de la historia, se han creído grandes.

Le miró con un semblante serio y decidido y dijo:

—Solo hay uno grande y, precisamente, nos dice lo siguiente: Como el Padre me ha amado, así los he amado yo; permanezcan en mi amor.

Hizo una pausa y añadió:

—Puede leerlo en Juan 15, 9-17. Jesús nos llama amigos y más tarde, tras la resurrección, se referirá a nosotros como hermanos.

Guardó unos segundos de silencio y, mirándole con ternura, agregó:

—Entre hermanos debe haber amor, justicia y paz. Nada de amenazas ni de desafíos.

Rodolfo no supo qué decir. Algo en su interior le revelaba que estaba equivocado y que su prepotencia le había traicionado.

Agachó la cabeza. No dijo nada, pero guardó silencio.

En el ambiente flotaba un deseo de humildad.

La prepotencia conduce a una degeneración del amor, a abusar de los demás, a hacer sufrir a la persona amada (Papa Francisco 09-05-2021).