martes, 31 de marzo de 2026

¿SOY YO, SEÑOR?

Jn 13, 21-33.36-38

En la cabeza de Santiago permanecía una idea:

«¿Soy, quizás, culpable de muchas cosas que suceden en este mundo?»

Con mis actuaciones puedo estar colaborando, indirectamente —cuando no directamente—, a que ocurran hechos desagradables que perjudiquen a muchas personas.

Se sentía atormentado por esa cuestión y buscaba la manera de que alguien le ayudara a liberarse de esa inquietud.

«¿Será una obsesión o una verdad que no quiero ver?», pensó.

Eran aproximadamente las doce del mediodía y, atribulado por ese pensamiento, buscó la tertulia de la terraza con el deseo de aclarar lo que le angustiaba.

—Buenos días, amigos —dijo, encogido—. Tengo una pregunta que plantearles.

Miró buscando a Manuel y, al encontrarlo, fijó en él una mirada tímida:

—Me preocupa el sentimiento de culpabilidad que experimento cuando compruebo que mis actos no coinciden con lo que creo que debo hacer.

Y, sosteniendo su mirada, añadió:

—¿Alguien puede ayudarme?

Se hizo un silencio. Todos, algo confusos, miraron a Manuel.

Este, reclinado en su silla, enderezó la espalda y, levantándose, dijo:

—Hay momentos en los que nos creemos más de lo que realmente somos. Tendemos a medir mal nuestras fuerzas… y el tiempo se encarga de colocarnos en la verdad.

Hizo una pausa, tomó su Biblia —siempre a mano— y, mirando a Santiago, leyó:

—Del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33.36-38: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará…».

Al terminar, con voz templada, añadió:

—Jesús, profundamente conmovido, anuncia la traición de Judas y la negación de Pedro. Nos muestra la fragilidad humana ante la inminente pasión.

Guardó unos segundos de silencio, manteniendo la mirada en Santiago, y concluyó:

—A menudo, nuestra humanidad herida nos hace pensar que eso no va con nosotros… Pero cuesta reconocer que también nosotros podemos encarnar la traición.

En el ambiente quedó suspendida una idea inquietante:

Nos cuesta creer que pueda ser uno de nosotros… que pueda ser yo…
pero, si hago memoria, descubro que sí… que puedo ser yo.

lunes, 30 de marzo de 2026

MOVIDOS POR LA CURIOSIDAD

Jn 12, 1-11

Siempre me ha llamado la atención la reacción de quienes presenciaron la resurrección de Lázaro:

¿Creyeron o no?

Porque prueba mayor no hay. Devolver la vida a un muerto es la evidencia más grande de poder: Señor de la vida y de la muerte.

El reto que busca el mundo —y no logra—, vencer a la muerte y dar la vida, lo realizó Jesús con su amigo Lázaro.

El evangelio de Juan dice que muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en Él. Pero eso mismo deja entrever que otros muchos no creyeron.

«¿Acaso hay algo más grande?», me pregunté con asombro.

El amigo querido se convierte en motivo de discusión: ¿cómo es posible que haya vuelto a la vida, si ya olía mal?

Quizás porque lo que hace y dice el Nazareno es verdad…

Ojalá la curiosidad no se quede en la superficie, sino que nos lleve a lo hondo.

La suerte de Lázaro queda unida a la de Jesús: ambos están señalados. Conviene hacerlos desaparecer; no puede quedar rastro de lo ocurrido.

Y hoy, después de veintiún siglos, todo sigue igual.

Muchos creen sin ver; otros exigen ver… y aun viendo, cierran el corazón.

Entramos en una semana decisiva. Para muchos será tiempo de vacaciones; para otros, descanso o jolgorio. Para el creyente, en cambio, es una oportunidad para fortalecer la fe y crecer en conversión.

Mientras algunos se enredan en discusiones estériles —intereses, ideologías, dobles intenciones—, lo esencial sigue siendo lo mismo: estar.

“Hoy, Señor, no quiero quedarme en la curiosidad. Quiero creer… y estar.”

domingo, 29 de marzo de 2026

EMOCIONES SUPERFICIALES

Mt 27, 11-54

Esperaban un rey todopoderoso, capaz de liberarlos del yugo romano. Creen que ha llegado… y sus emociones se desbordan.

Su entrada en Jerusalén es aclamada con cantos y palmas. Todo es júbilo en torno a Jesús. Pero en pocas horas, el paisaje cambia. Aparece la vulnerabilidad humana, la mentira —propia y ajena— y el desconcierto.

Llega el desencanto. Ya no parece ser aquel que esperaban… o, al menos, no coincide con la imagen que se habían forjado. Y de las aclamaciones se pasa, casi sin transición, a la condena.

El silencio de la Pasión se vuelve elocuente. Resuenan acusaciones y ultrajes. Jesús carga con las heridas del cuerpo… y con otras más profundas. Surgen los cirineos, rostros de ayuda inesperada; la compasión se abre paso en medio de la barbarie. Conviven la burla y la ternura, la fe y el abandono.

Y todo parece terminar. Llega la muerte. Se cuida un cuerpo, se deposita en el sepulcro… mientras, en lo escondido, comienza a latir la promesa.

Domingo de Ramos: emociones superficiales, sin hondura donde sostenerse. Todo se derrite como nieve al sol.

Pero será el amor —mostrado en la Cruz— el que avive la raíz; y, si encuentra tierra buena, dará fruto.

sábado, 28 de marzo de 2026

CONVIENE QUE UNO MUERA

Jn 11, 45-57

Se encontraba atrapado. Decidiera lo que decidiera, alguien saldría perdiendo.
Si no hacía nada, se ponía del lado de la rebelión; si intervenía, declaraba la guerra a los rebeldes.

«¿Qué hacer?», se preguntaba.

Eligió acercarse a la terraza y pedir opinión. Allí tenía buenos amigos que solían ayudarle a ver con más claridad.

Se acordó de Manuel. Siempre le había dado buenos consejos. Ahora los necesitaba más que nunca.

—Buenos días, amigos —saludó con la esperanza de encontrar alguna luz.

—Buenos días —respondieron—. ¿Cómo andas, Rogelio? —preguntó uno del grupo.

—Con un problema que no me deja tranquilo —respondió—. Y vengo buscando alguna pista… algo que me ayude a salir de esta situación.

Mientras hablaba, buscaba con la mirada a Manuel.

—¿No está Manuel? —preguntó, con un deje de inquietud.

—Ahora mismo no, pero no tardará —respondió Basilio—. Mira, ahí viene.

Al entrar Manuel en la terraza, todos lo miraron con expectación.

—Buenos días —dijo, sorprendido—. Veo que hay buena tertulia.

—Buenos días —respondieron—. Rogelio te buscaba —añadió Basilio.

—Pues aquí estoy —dijo Manuel, tomando asiento—. Cuéntame.

Rogelio dudó unos segundos. No sabía cómo plantear lo que llevaba dentro. Finalmente, se sentó frente a él y habló:

—La gente de mi barrio está dividida. Unos quieren encontrar a alguien que pague por lo ocurrido. Otros piensan que nadie debe ser señalado, que todos debemos asumir lo que ha pasado.

Hizo una pausa, respiró hondo y continuó:

—Y yo estoy en medio… No sé qué hacer. ¿Qué me aconsejas?

Manuel escuchaba en silencio. Luego tomó su Biblia, la puso sobre la mesa, entrelazó las manos y dijo:

—Toda discusión esconde intereses encontrados. Pero lo importante es descubrir dónde está la verdad…

Levantó la mirada y recorrió con ella a los presentes.

—La verdad es la que busca el bien de todos, no el de unos pocos. Esa es la opción que merece la pena.

Se levantó, abrió la Biblia y leyó:

—Evangelio según san Juan 11, 45-56

Al terminar, cerró el libro con calma y añadió:

—Hay momentos en los que elegir implica renunciar. Y no sin dolor. Porque detrás de cada decisión hay personas, consecuencias… heridas.

Hizo una breve pausa.

—Lo de Lázaro no fue solo un milagro. Fue el momento en que todo cambió. Algunos creyeron. Otros empezaron a tener miedo… y decidieron que alguien debía pagar.

El ambiente quedó en silencio.

Manuel continuó:

—Y, sin embargo, ahí se revela algo más profundo. Solo desde la fe en el Crucificado —en Aquel que se despoja de todo poder— nace una forma nueva de vivir, una comunidad distinta.

Miró a Rogelio con serenidad.

—Como explica Benedicto XVI, incluso decisiones tomadas por motivos equivocados pueden quedar dentro de un designio mayor que Dios conduce… aunque eso no justifique la intención de quien actúa.

Rogelio guardó silencio. Pero su rostro había cambiado. La confusión había dado paso a una decisión.

viernes, 27 de marzo de 2026

UN CAMINO DE LUCHA

Jn 10, 31-42

La desconfianza era total. Juan no entendía lo que allí se estaba diciendo. Estaba dispuesto a la confrontación, a la hostilidad y al rechazo. Sin embargo, había indicios que invitaban a pensar de otra manera, a aceptar que lo escrito tenía sentido y era razonable.

«¿Por qué la gente es tan testaruda e incrédula?», pensó.

Y, mirando a los tertulianos que estaban a su lado, dijo:

—El mal siempre está presente. Muchas veces se disfraza de verdad para confundirnos y, bajo esa apariencia, sufrimos ataques y nos convertimos en blanco de quienes se oponen a la verdad y a la justicia.

Manuel lo miró con ojos de benevolencia y, con ternura, le respondió:

—Así es, la vida es un camino de lucha: camino de verdad y camino de mentira.

Y, levantándose con los brazos abiertos, se dirigió a todos los presentes:

—Hay quienes viven centrados únicamente en su propio interés. Su lucha consiste en alcanzar lo que desean, incluso a costa de quien se interponga en su camino.

Hizo una pausa, tomó la Biblia entre sus manos y, con serenidad, leyó:

—Del santo Evangelio según san Juan (10, 31-42): «En aquel tiempo, los judíos tomaron de nuevo piedras para apedrearlo…».

Al terminar el pasaje, levantó la cabeza y, mirándolos fijamente, añadió:

—Jesús también afronta, a lo largo de su vida, la hostilidad, la confrontación y el rechazo. Y nos invita a ir más allá de las apariencias.

El Señor, al citar las Escrituras, nos recuerda que somos portadores de una chispa divina, incluso cuando nuestros actos se alejan de Dios.

Reconoce nuestra dignidad como hijos del Padre y como receptores de su Palabra. Nuestra naturaleza es contradictoria: deseamos acogerle, pero también le damos la espalda; le buscamos y, a veces, le evitamos.

Sin embargo, Él, incansable, no deja de atraernos:

«Crean en las obras de mi Padre; miren a su alrededor y descubran motivos para la esperanza».

jueves, 26 de marzo de 2026

TODO ES CUESTIÓN DE FIARTE

Jn 8, 51-59

Cuando la mente se cierra, se hace imposible el diálogo y la escucha. Todo se vuelve conflicto, agresividad y no hay manera de entenderse.

«Si conviertes tu pensamiento en tu verdad —pensaba Fernando—, te será imposible abrirte al pensamiento del otro y dejar que la posibilidad del cambio pueda producirse».

 Nace así la pelea, el rechazo e incredulidad.

Tomó un sorbo de café, bebió un poco de agua y, apoyando su espalda en el respaldo de la silla, con los ojos cerrados, dejó que su mente siguiera desgranando todas las consecuencias del encuentro con mentes que se cierran a la razón y el sentido común:

Puentes rotos que impiden la comunicación, incluso entre generaciones. 

Conflictos, creencias encontradas, animadversión ante lo desconocido, repulsión desde los propios prejuicios, dificultad para entenderse, agresividad que surge ante la opinión contraria. 

 Ideas como absolutos que presentan al otro como un adversario y no como alguien con quien dialogar. 

Sentirse amenazado, resistencias que crecen, miedo a lo diferente, inquietud ante lo desconocido…

Visualizó esa imagen tantas veces en actitud de defensa, de ataque a priori o de agresividad como respuesta y reacción frente a otra forma de entender el mundo y la realidad.

Abrió los ojos, enderezó su espalda y, convencido de que debía cambiar, pensó:

«Quizás la respuesta tenga que ser otra».

Algo más relajado, dejó caer su cuerpo en la silla. Tomó la Biblia en sus manos y leyó (Jn 8, 51-59): Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás». …

Cuando terminó de leerlo, pensó«Toda tu vida está llena de actos de fe. Te has fiado de tus padres, de un buen amigo, del taxista, del piloto, del que te sirve un café, del cocinero…».
¿Y de Jesús? Solo Él te ofrece lo que realmente buscas: vida eterna en plenitud.

Y es que, aunque parezca que estamos en un diálogo, la realidad es que contemplamos un conflicto en el que una parte se niega rotundamente a escuchar porque ya ha decidido que no puede ser verdad. 

Acto tan humano en el que me puedo reconocer fácilmente, porque generas incredulidad y rechazo.

miércoles, 25 de marzo de 2026

ENCARNADO EN NATURALEZA HUMANA

Lc 1, 26-38

Todo lo filtraba por su razón. No daba crédito a nada que no pudiese ser filtrado por su intelecto.

 Joaquín se resistía a creer en aquello que no veía. Me recordaba a Tomás (Jn 20,25) cuando dijo a sus compañeros: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no creeré”.

Muchas tertulias estaban animadas por la negativa de Joaquín a creer. Decía que lo que no entraba en su entendimiento no lo aceptaba.

Levantándose Manuel, se le acercó y le dijo.

—¿Me estás diciendo que no crees sino en lo que ves? —le interpeló Manuel con cara de asombro.

—Tú lo has dicho —respondió Joaquín—: si no veo, no lo creo. 

Entonces, Manuel, como queriendo atrapar aire entre sus manos, le miró y dijo.

—¿Puedes ver este poco de aire que tengo en mi mano?

La cara de Joaquín cambió de color. No supo qué responder.

Después de unos segundos se le ocurrió decir.

—El aire no se puede ver, pero se sabe que está ahí.

—Pero, ¿cuándo sabes que está o que no está? Porque dependerá de que haya o no aire; tus pulmones te dirán que no pueden respirar.

Joaquín se quedó sin palabras. Se daba cuenta de que estaba cogido. Creía en el aire, pero no lo podía ver.

Manuel, en pie y con afabilidad, le dijo.

—Creer es confiar en lo que no vemos… pero que sabemos que está. Sin embargo, como el aire, se puede sentir. Hay muchas cosas que no las vemos, pero creemos en ellas porque vemos sus efectos.

Le miró fijamente a los ojos y añadió.

—También a Dios lo sentimos y vemos la acción de su mano en los misterios de este mundo. Ha tomado nuestra naturaleza humana y se ha hecho hombre como tú y yo.

Hizo una pausa, levantó la Biblia que tenía en la mano y dijo.

—Eso nunca lo podremos entender, pero nuestra propia existencia nos dice que está entre nosotros.
Y con voz suave y clara, leyó: Evangelio según San Lucas (Lc 1, 26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María…

Al terminar de leer, con los ojos clavados en Joaquín, dijo:

—Dios no se queda lejos… decide entrar en nuestra historia. «Hagamos redención del género humano. Vamos a involucrarnos íntimamente en su realidad; démosle redención y esperanza.

Y así llega la plenitud de los tiempos con el sí de una joven.

El silencio descubría el convencimiento de Joaquín. No necesitamos ver para creer, porque Dios está ya dentro de nosotros mismos.

Para salvarnos, Dios cuenta con María, y cuenta con nosotros. Nos sigue invitando a una misión que no nace de nosotros, pero que nos apasiona: la suya.

La de continuar encontrando a los perdidos, animando a los abatidos, alentando a los que se ahogan, levantando a los caídos, desde un quitar miedos y llevar la alegría.

Que no nos abrume el desafío; lo que se nos pide es una disposición, la del sí.