| Mt 11, 20-24 |
Manuel pensaba que hay personas tan obstinadas que se aferran a sus ideas y no están dispuestas a cambiar. Permanecen cerradas a todo razonamiento, como la tierra endurecida del camino donde la semilla no puede echar raíces.
Cuando alguien se cierra a la verdad, no solo se perjudica a sí mismo; también priva a otros del bien que podría transmitir.
Todo lo que tú ignores repercute en los demás. O dicho de otra forma, tu indiferencia puede ser un peligro o un mal para otros. Todo lo verdadero y bueno que descubras puede ayudar a quien aún no lo conoce.
Pedro, que estaba atento a lo que exponía Manuel, intervino.
—¿Por qué dices que la indiferencia es mala para otros? ¿Puedes explicarte con más claridad?
Manuel, mirándole con delicadeza, respondió.
—Está claro que todo lo que conozca te ayudará a ser mejor o a evitar el error. Es de sentido común, ¿no?…
Y moviendo los brazos, añadió.
—Cuando compartes lo que sabes con otros, les da la posibilidad de aprender, de conocer lo que está bien o no, o, al menos, tenerlo en cuenta y examinar sus pros y contras.
Pedro y los demás comprendieron que callar ante el bien no suele ser una buena opción, porque puede mantener a otros en la ignorancia de aquello que podría ayudarles a crecer.
Mientras, Manuel, enseñando la Biblia, dijo.
—En Mateo 11, 20-24, Jesús recrimina a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido…
Al terminar de leer, cerró la Biblia y agregó.
—Determinadas actitudes nos hieren a nosotros y también a quienes nos rodean. Vivir centrados en nosotros e ignorar a los demás multiplica la violencia y el dolor, y termina por pasarnos factura ya en esta vida…
Y elevando su mirada hacia el cielo, concluyó.
—Además, la falta de gratitud menosprecia, distancia, desmotiva, excluye y perpetúa el ciclo de ingratitud.
El silencio de los allí presentes daba testimonio de que la indiferencia respecto a lo bueno perjudica a los demás.
Y es que, cuando dejamos de acoger el bien y de transmitirlo, empobrecemos también a quienes viven a nuestro lado.
Vivimos según aprendemos de lo que vemos y hacemos.