domingo, 3 de mayo de 2026

UNA REFERENCIA PARA EL CAMINO

Jn 14, 1-12

Hay muchas cosas que persigo pensando que me darán lo que busco. 

Estoy deseoso de conseguir tal cosa, y cuando la consigo, tras unos momentos de gozo, todo se disipa y vuelvo al mismo estado de ansiedad. 

Apenas alcanzas una meta, ya estás corriendo tras la siguiente.

Ese estado de ansiedad por conseguir más y más no cesa y tu paz siempre está alterada por el anhelo de ser más.

El rostro de Pedro iba cambiando de semblante a medida que escuchaba las palabras de Manuel.

Sí, evidentemente, ahora se daba cuenta de que al imitar a Jesús, su vida daba un cambio trascendente.

Y esto no es solo para Pedro; es para todos nosotros. No tengamos miedo de lanzarnos a este mundo que tanto necesita del Señor para ser, estar y hacer como Él.

Y el mundo empezaría a cambiar… empezando por nosotros.

sábado, 2 de mayo de 2026

LLAMADOS A PARTICIPAR

Jn 14, 7-14

Hay momentos en que mis fuerzas fallan. Todo se me viene abajo y siento que estoy al borde de un precipicio.

No encuentro salida y la desesperanza hace presencia. Busco en quién confiar y no encuentro palabras de esperanza donde apoyar mis sentimientos en esos momentos.

Todo se desmorona y la vida se hace cuesta arriba hasta el extremo de preguntarte:

¿Qué hago aquí?...

¿A dónde voy?...

¿Qué me espera?...

Al llegar a la terraza, Manuel quedó sorprendido al ver a Pedro desfallecido.

Sin poder remediarlo, le preguntó.

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué esa cara depresiva?

Mirándole, casi sin darse cuenta de quién le hablaba, Pedro dio un suspiro y dijo:

—Estoy decepcionado y experimento que mi vida no tiene sentido.

Guardó un breve silencio y, levantando la cabeza, añadió:

—Me fallan las fuerzas para vivir y enderezar mi camino…

Hizo una pausa y continuó:

—No sé a quién acudir y en dónde recuperar mi energía.

Manuel, que se había mantenido en escucha, le puso la mano sobre la cabeza y, con ternura, le dijo:

—Estamos necesitados de una referencia que nos alumbre el camino…

 Y mirándole con compasión, le invitó a fijarse en Jesús.

—Quien le conoce, conoce también al Padre, que permanece en Él y hace las obras.

Se paró un instante, abrió la Biblia y dijo:

—En este evangelio de Juan 14, 7-14, Jesús se identifica con el Padre y nos revela que quien le conoce, también conoce al Padre.

Y pronunció en alta voz las últimas palabras:

—Y lo que pidan en mi nombre, Yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo…

Y mirando hacia el cielo, clamó:

—Si me piden algo en mi nombre, yo lo haré.

El rostro de Pedro parecía transfigurado. Era otro y su semblante transmitía paz. Ahora sabía en quién tenía que fijarse.

viernes, 1 de mayo de 2026

NOS PREPARA UN LUGAR

Jn 14, 1-6

Cuando era pequeño —pensaba Justino— deseaba intensamente ser mayor. En mi época, los niños usábamos pantalones cortos hasta que llegábamos a cierta edad, y una de las cosas que más anhelábamos era vestir pantalones largos, como los hombres.

Ahora, ya crecido, te das cuenta de que la mejor etapa de nuestra vida suele ser la infancia. Ignoramos muchas cosas y solo pensamos en vivir y jugar.

¿Por qué, entonces, ese deseo de crecer? Supongo que, como tantas otras, son etapas que vamos atravesando en el camino de la vida.

Con el paso de los años, experimentas que tu vida avanza hacia otro mundo. Este termina… y llegará otro.

—¿Es que piensas que detrás de esta vida hay otra? —preguntó Osvaldo.

—Sin lugar a duda —respondió Justino—. Es más, creo que esta es el camino que nos prepara para vivir felices en la otra.

Algo desconcertado, Osvaldo frunció el ceño y, mirándole con extrañeza, dijo:

—¿Realmente crees lo que dices o son solo suposiciones?

Manuel, que estaba al lado y había escuchado toda la conversación, intervino:

—Justino habla con sabiduría. Esta vida es un camino hacia la otra, pero no de cualquier manera…

Hizo una pausa. Sacó la Biblia, la abrió por el evangelio de Juan (14, 1-6) y proclamó:

—Jesús nos dice que en la casa de su Padre hay muchas moradas, y que va a prepararnos un lugar. Y cuando lo tenga preparado, vendrá y nos llevará con Él.

Continuó, con voz serena:

—Entonces Tomás le preguntó: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Guardó unos segundos, señaló el texto y añadió:

—Jesús le responde: «Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Levantando los brazos al cielo, lleno de gozo, proclamó:

—Nuestra referencia es Cristo. Él nos muestra el camino que conduce a la Casa del Padre. Su Verdad y su Vida marcan nuestras huellas y orientan cada paso.

A Osvaldo todo le había quedado claro. Ahora no solo conocía el camino, sino también a quién debía mirar para encontrarlo.

jueves, 30 de abril de 2026

LO QUE EL MUNDO NO ENTIENDE

Jn 13, 16-20

Federico era tomado por el bobo del grupo. Todos, cuando tenían algún problema, recurrían a él para que se lo solucionara. Y la mayoría de las veces lo lograba.

No era considerado bobo en el sentido léxico de la palabra, sino porque estaba disponible para todos, incluso para aquellos que luego le faltaban al respeto.

Federico, aun sin darse cuenta, expresaba su amor haciéndose disponible a todos, amigos o enemigos.

Y eso el mundo —ni siquiera sus propios amigos— lo entendía.

En la tertulia se había montado una discusión sobre eso.

Florencio, uno de los más activos, dijo:

—La vida es de aquellos que saben dar y recibir. Pero solo triunfan los que reciben más que lo que dan.

Rogelio, poniendo cara de disconformidad, se levantó y expuso:

—A eso le llamo yo aprovecharse. No es justo recibir más de lo que das. Lo justo sería equiparar ambas cosas.

Pedro, observando lo que se planteaba, introdujo otra visión del asunto.

—Desde esa visión de la que ustedes hablan, yo no logro entender cómo los padres dan todo, y gratuitamente, por sus hijos.

Todos se quedaron perplejos. Algunos fruncieron el ceño; otros quedaron extrañados, sin saber qué decir.

Entonces, Manuel, que había presenciado toda la discusión, levantó el brazo, pidió calma y dijo:

—Hay una palabra que explica todo lo que a ustedes les parece imposible de entender.

Hizo una pausa, bebió un poco de agua y, poniendo la Biblia sobre la mesa, dijo:

—El amor lo explica todo.

Abrió la Biblia por Juan 13, 16-20 y leyó:

—Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía.

Al terminar de leer todo el pasaje evangélico, y con una mirada compasiva y cariñosa, puso los ojos en todos y concluyó:

—Amar es ponerse a los pies. Amar es tratar con cuidado. Amar es servir, acoger, ponerse a la altura del otro…

Hizo una breve pausa y añadió:

—Incluso, si hace falta, literalmente a sus pies, para que el otro se sienta importante.

No hubo nadie que levantara la voz. Muchos, conscientes de sus actos, agacharon la cabeza; otros, avergonzados, escondieron su rosto.

Manuel, con suavidad y ternura, concluyó:

—Eso es lo que ha estado haciendo Federico. Cada uno de sus actos ha sido una verdadera obra de amor. Algo que este mundo todavía no ha entendido.

Levantó los ojos, como buscando algo más allá de todos, y susurró:

—Porque, si lo hubiera entendido… el mundo ya sería un remanso de paz.

miércoles, 29 de abril de 2026

EL VALOR DE LAS COSAS

Mt 11, 25-30

En ocasiones, los problemas nacen de nuestras propias apreciaciones y no de la realidad. Colocamos una dificultad donde no la hay y terminamos complicándonos la vida sin motivo aparente.

Aquella mañana, Enrique tenía mala cara. No parecía conforme con lo que le estaba pasando y, desesperado, dio un golpe con el puño sobre la mesa.

Santiago, el camarero, lo miró con extrañeza, sin aprobar aquel modo de reaccionar.

Manuel, sorprendido, se acercó y le preguntó:

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan nervioso?

Enrique escondió la cabeza entre los brazos, sin decir nada.

Manuel se sentó a su lado y, con calma, le dijo:

—Cuando tenemos que afrontar dificultades y preocupaciones, el cuerpo se nos descompone… y terminamos liándonos nosotros solos.

Le puso la mano sobre los hombros y añadió:

—Pero hay algo muy importante: saber mirar lo esencial. Dejar a un lado lo que hoy es… y mañana deja de ser.

Con ternura, continuó:

—Todo lo de aquí abajo tiene su tiempo y su medida. Haz silencio por dentro y por fuera. Mira a Jesús… y todo cobra otra perspectiva; relativizas… y llega el sosiego.

Sacó la Biblia y, señalando el Evangelio de Mateo (11, 25-30), dijo:

—Jesús nos dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».

Hizo una pausa y continuó:

—«Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas».

Poco a poco, Enrique se fue calmando. Los problemas seguían ahí, pero la vida ya no se veía igual. Porque lo verdaderamente importante no son las cosas de aquí abajo, sino los bienes de arriba.

martes, 28 de abril de 2026

RAZONES SOBRAN… PERO FALTA ESCUCHAR.

Jn 10, 22-30

Muchas veces no es que no entendamos… es que no queremos entender. Unas veces por nuestras propias distracciones y otras porque nos cerramos a lo que nos revelan.

Cuando priorizamos nuestras ideas, dejamos de lado las demás, incluso aunque sean verdaderas. No queremos entender ni escuchar sino lo que nos gustaría oír.

Con esas actitudes, el diálogo se vuelve imposible para llegar a entenderse. De esa manera se frustran muchos acuerdos de paz y de concordia.

Juan, que buscaba dar respuesta a sus interrogantes, no comprendía cómo se podía estar tan ciego y cerrarse a sus convicciones.

—Pedro —preguntó Juan con decisión—, ¿crees que esto pasa?

Algo extrañado por la pregunta, Pedro, algo pensativo, dijo:

—Los hechos lo demuestran. En el fondo hay muchos desacuerdos porque solo se piensa en lo que tú llevas como verdad, y se desestiman las demás.

—Sí, creo que tienes razón —añadió Juan—. Muchas veces hay suficientes razones para zanjar las dudas y creer en lo que se debate, pero…

Sin darle tiempo a seguir, Pedro le interrumpió:

—Nadie quiere dar el brazo a torcer y, aunque haya razones para hacerlo, continúan en sus treces.

Manuel, que escuchaba pacientemente, los miró con una suave sonrisa y, levantando el brazo para intervenir, dijo:

—Solemos formar grupos y quienes no están en ellos los excluimos. No admitimos que nos saquen de nuestras ideas y comodidades. Y así a la verdad le cerramos la puerta.

—Quieres decir —comentó Juan— que por nuestra terquedad no damos el paso que debemos dar.

Mirándole fijamente a los ojos, Manuel le dijo:

—Quiero decir que nuestra soberbia no nos deja reconocer la verdad.

Sacó la Biblia y abriéndola delante de ellos, dijo:

—En el evangelio de Juan 10, 22-30, Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí…

Dejó pasar unos segundos y concluyó:

—Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.

Aguardó unos segundos y, observando sus miradas extrañas, continuó:

—Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.

Esto ha pasado siempre. La gente se cierra a la verdad cuando piensa y cree que su verdad es mejor.

Los contemporáneos de Jesús como los nuestros ahora presentan los mismos síntomas. Admitimos lo que nos interesa, lo inmediato, el gozo rápido, y nos equivocamos.

Algo había quedado claro: cuando no se quiere escuchar y se cierra el corazón, la verdad no entra por mucho que se oiga.

Y reconocer su voz no es cuestión de oír… sino de querer escuchar.

lunes, 27 de abril de 2026

AMOR INCONDICIONAL

Jn 10, 11-18

—¿Crees que hay personas capaces de darse incondicionalmente por los demás? —preguntó Pedro a Manuel.

—Por sí solas, creo que no —respondió Manuel—. La naturaleza humana tiende al egocentrismo y difícilmente escapa a esa inclinación…

Hizo una pausa, quedó pensativo y añadió:

—Es verdad que no todos somos iguales. Hay personas más desprendidas, más dispuestas a servir, pero…

Con cierta firmeza concluyó:

—Solo unidos a Aquel que ama sin condiciones y entrega su vida por todos, podemos llegar a darnos así a los demás.

Pedro, algo confuso, preguntó:

—¿De quién me hablas? ¿Quién es Aquel al que te refieres?

Frunciendo el ceño, añadió:

—¿Tiene ese poder para vencer nuestro egoísmo?

Manuel, que esperaba con paciencia esas preguntas, tomó su Biblia y buscó en el Evangelio de Juan 10,11-18.

—En este pasaje, Jesús nos dice que es el Buen Pastor, y que cada uno de nosotros es importante para Él, incluso cuando nos perdemos o dudamos de nuestro propio valor.

Le tocó el brazo para llamar su atención y, mirándolo con insistencia, añadió:

—Él no deja de llamarnos ni de buscarnos. Quiere que vivamos bajo su cuidado.

Hizo una breve pausa, lo miró fijamente a los ojos y concluyó:

—Eso es amor incondicional.

Podemos entregar nuestra vida cuando vivimos unidos al Padre, por medio del Hijo.

Es su gracia la que nos hace libres para amar y servir sin condiciones a los demás.