domingo, 21 de junio de 2026

NO TENGAN MIEDO

Mt 10, 26-33

Carlos andaba temeroso de no encontrar un buen ambiente donde la libertad y los valores fuesen respetados. Había oído que tenía que andar con cuidado y mantener la boca cerrada.

No sabía dónde meterse ni a qué atenerse. Decidió entrar en una terraza que, aparentemente, le pareció tranquila y de confianza.

—Buenas tardes, ¿me puede servir un café, por favor? —dijo con voz suave y algo tímida.

—Buenas tardes, señor —respondió inmediatamente Santiago con una sonrisa amable y acogedora.

Manuel, que permanecía sentado en la mesa contigua, le llamó la atención oír el saludo cohibido de Carlos. Levantó la cabeza y lo miró con compasión.

«Es verdad que el miedo se ha convertido en principio rector de la vida y de la convivencia», pensó.

«Vivir, se dijo, con esa mirada angustiada, huyendo hacia un futuro incierto, dibuja el mañana como un sinfín de presagios nefastos».

«Así no es posible vivir; la desconfianza se adueña de nuestra existencia, o nos defraudan las confianzas que habíamos depositado en realidades vanas». Fueron pensamientos que rápidamente pasaron por la cabeza de Manuel.

Mirándole con ternura, se volvió hacia él y, levantando la mano, le saludó:

—Buenos días, amigo, ¿disfrutando del buen café de la terraza de Santiago?

Carlos, algo extrañado y dejando al descubierto su timidez, respondió:

—Sí, he pasado por aquí y me ha parecido bien tomar un café… Y creo —dijo con cierta duda— que he acertado. Un muy buen café.

Manuel, afirmando su vacilación, añadió:

—La terraza de Santiago tiene fama de servir el mejor café del lugar.

Carlos comenzó a relajarse. Le pareció que había acertado al entrar en aquella terraza. 

Manuel, observando los movimientos de Carlos y viendo la inseguridad con la que se movía, se atrevió a preguntarle.

—¿Es usted de aquí o viene de otro lugar?

Algo tembloroso, respondió:

—Sí, soy de aquí, de la parte extrema, al norte…

Miró alrededor como si alguien le estuviese vigilando, y agregó:

—Hoy he decidido dar un paseo y, al llegar a este sitio, pensé hacer un descanso.

Guardó unos segundos y, con cierta timidez, añadió:

—Me pareció un buen lugar para pasar un rato y degustar un café.

Manuel había notado la inseguridad que reflejaban las palabras de Carlos.  Imaginaba que aquel miedo tenía su origen en haber puesto la esperanza donde no podía encontrarla.

Decidido a ayudarle, tomó la palabra y le dijo:

—En la vida nos topamos con muchas decepciones que nos invaden de miedo y nos hacen perder la confianza.

Abrió la Biblia y leyó brevemente en Mt 10, 26-33:  

—En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «No tengan miedo a los hombres. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo les digo en la oscuridad…

Al terminar de leer, lo miró con gran ternura y concluyó:

—Nuestra esperanza con mayúscula es la esperanza que se apoya en el Resucitado, que ha sido Crucificado, pero que ha dado sentido a nuestra vida con su Resurrección.

Le miró intensamente y con pasión y fe, agregó:

—Y en el que esperamos también nosotros, por su Gracia, resucitar y encontrar fortaleza para generar vida.

Se habían acercado varias personas atraídas por las palabras de Manuel.  En el ambiente flotaba una certeza: cuando la esperanza se apoya en Jesús, el Señor crucificado y resucitado, los miedos pierden fuerza y el corazón encuentra la paz.

sábado, 20 de junio de 2026

VIVIR EL PRESENTE

Mt 6, 24-34

No es fácil poner la confianza en Dios cuando la vida se pone cuesta arriba y la supervivencia del día a día se pone difícil y se convierte en la prioridad.

¿Qué hacer? Esa es la pregunta que muchos nos hacemos desde el punto de vista de la fe.

¿Nos instalamos en la angustia agobiados por el futuro y los «y si»: «y si no llego…», «y si no cumplo las expectativas…», «y si ocurre lo peor…»? Estos pensamientos nos impiden saborear el presente.

Se trata no de vivir ingenuamente, sino de reconocer quién es el Señor de nuestra vida: O el Señor o los ídolos fascinantes pero ilusorios.

Al terminar de leerlo, Pedro había comprendido que lo verdaderamente importante es buscar primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».

viernes, 19 de junio de 2026

¿DÓNDE ESTÁ TU TESORO?

Mt 6, 19-23

Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. Y todo a tu alrededor se moverá en ese sentido.

Marco empezaba a entender. Buscamos lo que interiormente deseamos.

Es evidente que lo que anida dentro de mí es lo que consume mi tiempo, enreda mis preocupaciones y devora mis ansias.

Según la respuesta que demos a lo que anida dentro de nosotros, se verá condicionada nuestra manera de vivir, nuestras inquietudes y nuestra forma de entender la realidad.

jueves, 18 de junio de 2026

PERDONA SI QUIERES SER PERDONADO

Mt 6, 7-15

Debía mucho y no tenía con qué pagar. Su jefe había ordenado que todos sus deudores le presentaran cuenta. La única posibilidad a la que se agarraba Jaime era la de pedir clemencia.

Cuando llegó el día señalado, Jaime se postró ante su jefe y, estremecido y tembloroso, le rogó que le diese tiempo para pagarle su deuda con su trabajo.

El jefe, compadecido al ver a Jaime con deseos de pagar su deuda, no solo reparó en concederle tiempo para pagarla, sino que se la perdonó íntegramente.

La alegría de Jaime era incontenible. Sentía que le habían quitado una pesada losa de encima y su agradecimiento no tenía límites.

Sintió un gran alivio y, camino de su casa, se cruzó con un amigo que le debía una pequeña cantidad.

Todos se dieron cuenta de la gran importancia de perdonar. Además, comprendieron que, al rezar el Padrenuestro, están prometiendo perdonar de la misma manera que son perdonados por Dios Padre.

Nos preguntamos: ¿Estamos nosotros en esa actitud de perdonar como nos perdona nuestro Padre Dios?

miércoles, 17 de junio de 2026

APARIENCIAS E IMAGENES

Mt 6, 1-6.16-18

Armando se movía con verdadero entusiasmo. Gozaba al verse rodeado de gente que admiraba su generosidad y su forma de relacionarse.

A veces, advertimos que lo que nos impulsa a hacer algo bueno es el lucimiento y los aplausos. Son apariencias que ocultan nuestra verdadera realidad, una realidad que nos traiciona y nos seduce.

—En muchos momentos —dijo Pedro—, me pregunto si hago las cosas porque las siento o, simplemente, para que me vean.

Manuel le miró con recriminación y añadió:

—Todo depende de tu intención…

Guardó unos breves segundos en silencio, bajó la voz y dijo:

—Si lo haces para que te vean, mala señal. Eso no tiene ningún valor delante de Dios…

Hizo una pausa y, mirándole con ternura, agregó:

—Pero, si tu intención es desinteresada y procuras pasar lo más inadvertido que puedas, llegando incluso a ocultar tu acción, la cosa cambia.

Pedro, algo confuso, comentó:

—¿Cómo que la cosa cambia? ¿A qué te refieres?

Manuel, con una suave sonrisa, le miró agradablemente y le dijo:

—No es cosa mía, lo dice Jesús en Mt 6, 1-6. 16-18, cuando habla de que nos cuidemos de no practicar nuestra justicia delante de los hombres para ser vistos…

Abrió la Biblia y, leyendo, concluyó:

—Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno no lo noten los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido…

Cerró la Biblia y elevando la voz, proclamó:

—Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.

Armando permanecía mudo, y Pedro reconocía que sus actos no eran consecuencia de su buena intención, sino de su deseo de honores y reconocimientos.

Cuando se ama de verdad, no se busca el reconocimiento; se procura poner buena cara ante la adversidad, mudando el rostro en sonrisa y contento.

martes, 16 de junio de 2026

NECESITADOS DE MISERICORDIA

Mt 5, 43-48

Nuestra propia naturaleza descubre la impotencia de alcanzar la perfección. Somos un conglomerado de miserias que impiden que podamos entenderte, Señor.

La idea de amar a aquellos que nos han causado daño parece desafiar nuestros propios impulsos. Y no todo queda en eso, sino que también nos llamas a ser perfectos.

¡Señor!, ¡cómo podemos aspirar a ello si estamos llenos de imperfecciones que nos llevan al pecado?

Pedro levantó la cabeza, irguió su cuerpo y, con la mirada puesta en Manuel, dijo:

—No encuentro fuerzas para perdonar a quien me ha ofendido. Y menos amarlo…

Guardó unos segundos de silencio y, mirando a Manuel, añadió:

—¿Cómo es posible que el Señor me pida eso?

Manuel permaneció unos segundos impávido. Luego se levantó pacientemente y comentó:

—Se trata de ser misericordiosos y perdonar como somos también nosotros perdonados…

Puso la mano en el hombro de Pedro y agregó:

—No se trata de perfeccionismo, sino de aprender a vivir la misericordia, incluso con quienes nos han herido.

Pedro se estremeció interiormente. Experimentó el perdón de sus errores y pecados y, de la misma manera, comprendió que debía perdonar a los que le habían ofendido.

Es un proceso lento de aprendizaje, de ensayo y error, donde cada paso hacia el perdón y la compasión nos recuerda cómo es nuestro Padre y cómo somos nosotros…

No es perfección, sino aprender a reflejar la generosidad y la misericordia de nuestro Padre Dios.

lunes, 15 de junio de 2026

RESISTENCIA PACÍFICA

Mt 5, 38-42

Julio se resistía a permanecer pasivo. No entendía eso de responder sin violencia cuando se encontraba en medio de un conflicto.

«Si me agreden, respondo aun con más agresividad», se dijo interiormente.

El camino cristiano no consiste en responder con violencia, sino en relacionarse desde la mansedumbre.

Julio y los que le acompañaban agacharon la cabeza. No tenían palabras para responder. Sabían que el amor que no solo proclama Jesús, sino que nos lo demostró con su vida, nos llama a eso.  

Nos puede invadir el desaliento ante semejante propuesta, pero lo que hace es abrirnos horizontes y plantearnos otras opciones posibles en este baile que es la vida.

Sabemos —la experiencia nos lo confirma— que la violencia genera más violencia. Solo el amor hace posible la paz.

Y puestos a bailar, haznos, Señor, crecer en compasión, a desdeñar la competencia, a descubrirnos acompañando a otros hasta dos o tres millas…

A fijarnos en las personas, a saber perder el tiempo con ellas, a ser cuidadores y, si se tercia, hasta a dar prestado… aunque parezca que no lo vaya a recuperar.

Todos se miraban en silencio. Sus rostros reflejaban que aquel era el camino.