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| Jn 14, 1-6 |
—En los momentos de desesperación, escuchar una palabra de aliento y esperanza reaviva y fortalece el ánimo —dijo Manuel con entusiasmo.
Todos mostraron buena actitud y el optimismo pareció adueñarse del ambiente. Por unos momentos parecía que el desánimo y la tristeza habían desaparecido.
—La muerte no tiene la última palabra —añadió Pedro—, y levantando la voz, agregó: Hay otra vida y confiamos en un mundo mejor.
Manuel, que observaba un cierto decaimiento, comentó:
—Nuestra esperanza tiene un fundamento mucho más firme cuando escuchamos lo que Jesús, el Hijo de Dios, nos ha prometido.
Entonces, abrió la Biblia por Juan 14, 1-6, y leyó:
—En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».
Al terminar, Manuel levantó los brazos para llamar la atención de todos y dijo:
—Jesús nos prepara un lugar y no solo nos lo promete, sino que nos asegura que volverá a buscarnos y a llevarnos con Él.
Hizo una pausa y continuó:
—Sabemos que su Palabra siempre se cumple. Así que la muerte no es el final, sino el paso de este mundo a la vida verdadera y plena junto al Padre… Y eso debe llenarnos de gozo y esperanza.
El ambiente había cambiado. La desesperanza había dado paso a una paz interior llena de esperanza y gozo.
Sí, nos lo había dicho. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y siguiéndole, encontraremos la Casa del Padre.






