viernes, 12 de junio de 2026

LA GRANDEZA DE LO PEQUEÑO

Mt 11, 25-30

No resulta nada fácil encontrar la paz y el gozo de sentirse feliz.  Muchos la han buscado en el poder, en el dinero y en todo lo que el mundo les ofrece, sin encontrarla.

Es verdad que los primeros pasos son engañosos y, tras la apariencia de un espejismo, la realidad vuelve al primer plano de la vida.

La felicidad no está en las cosas de este mundo, ni tampoco en aquellos que la buscan en la suficiencia.

El Evangelio nos dice, precisamente, que el Padre revela sus misterios a los pequeños (cf. Mt 11,25). No se entra en el Reino por la autosuficiencia, sino por la pequeñez recuperada del corazón creyente.

Aquellas palabras de Manuel hicieron bajar la cabeza a Samuel. Él se había jactado de ser poderoso y hasta prepotente. Presumía de no necesitar nada ni de nadie. Se bastaba a sí mismo.

Manuel había dejado marcado el camino. Ahora nos toca a nosotros encontrarlo tras los pasos de Jesús: Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

jueves, 11 de junio de 2026

ZONA DE CONFORT

Mt 5, 20-26

Sebastián no se atrevía a salir de su estado de confort. Allí se sentía bien y su instinto se resistía a atreverse a experimentar nuevas aventuras.

Consideraba que era una buena persona y eso le bastaba.

La cara de Pedro se había transformado. Ahora comprendía que no solo era posible avanzar en santidad, sino que era una realidad. Con el Espíritu Santo podemos convertir lo pequeño en grande.

Es evidente que nuestro ser cristiano nos exige avanzar. Y sin el concurso del Espíritu Santo no avanzamos. Está dentro de nosotros desde el instante de nuestro bautismo y en actitud de espera.

Dependerá de nosotros abrirnos a su acción y cooperar con su gracia.

Sin dejarnos conducir por Él, terminamos confiando demasiado en nuestras propias fuerzas; con Él, avanzamos y el corazón se transforma.

miércoles, 10 de junio de 2026

EL ESPÍRITU DE LA LEY

Mt 5, 17-19

Hay corrientes que consideran verdadero aquello que aprueban las mayorías o aquello a lo que los parlamentos dan luz verde 

Y, en consecuencia, se legislan leyes que normalizan la ilegalidad o autorizan la muerte.

En muchos lugares se presentan como derechos prácticas que atentan contra la vida humana, y los gobiernos las legitiman. Esa, al parecer, es la ley, pero no es lo correcto ni la verdad.

No son las reglas las que rigen la vida de los hombres, sino el espíritu de esas leyes que se sostienen en Dios.

Todos quedaron consternados y confusos. No sabían qué decir; mas no llegaban a entender la ley y la verdad.

Había quedado claro que la aprobación de una mayoría no convierte automáticamente una ley en verdadera ni en justa.

El sentido pleno de la ley no está en seguirla al pie de la letra, sino en comprender el espíritu que la anima y la orienta hacia el bien. 

La legitimidad de una ley no depende únicamente de su aprobación formal, sino de su conformidad con la verdad, la justicia y la dignidad humana. 

martes, 9 de junio de 2026

SAL Y LUZ

Mt 5, 13-16

Hay momentos en que percibo mis miserias y me parece imposible ser sal para dar sabor o luz para iluminar a los diferentes ambientes de este mundo.

Me sorprende leer en Mt 5, 13-16 cómo el Señor me considera luz y sal, obviando mi impotencia.

Confieso que no entiendo esa confianza que el Señor pone en cada uno de nosotros.

Pedro se dio cuenta de que el Señor confía en nosotros, y que no debemos contradecirle, pues si Él lo cree es porque podemos.

Otra cosa será que, por nuestra condición de ser libres, no queramos colaborar.

Señor, ayúdame a aceptar lo bueno, a dejarme llenar e impactar por tu Palabra, a mirarme como Tú me miras. A recibir el afecto de los demás no con desconfianza, sino con humildad y sencillez, y así, acercarme a ellos como Tú lo harías.

lunes, 8 de junio de 2026

BIENAVENTURADOS

Jorge pensaba que la felicidad la daba el dinero. Si no plenamente, sí se aproximaba bastante, pues con él se conseguía casi todo.

La clave estaba en acumular todo lo que se pudiera. No le importaba de qué manera, sino poseer cada vez más.

Concentró su vida en alcanzar ese objetivo y, después de mucho trabajo, se había convertido en un hombre rico.

Fueron unos días felices y de gran alegría, pero a medida que pasaba el tiempo, el entusiasmo, poco a poco, fue decayendo. Jorge empezó a descubrir que, a pesar de conseguir muchas cosas con el dinero, no era del todo feliz.

Ocurrió que un día tropezó con un indigente que, acurrucado en una esquina, tiritaba de frío. Le miró con cierto desprecio, pero, tras unos pasos, se volvió y sintió compasión.

No sabía explicar, contaría más tarde, qué le impulsó, ni cómo se desprendió de su abrigo, y menos lo que le movió a ponérselo en la espalda de aquel indigente.

Pero lo que sí experimentó y nunca pudo olvidar fue esa sensación de gozo que le inundó todo su ser hasta lo más profundo de su corazón.

Todos estaban asombrados por el cambio que había dado aquel Jorge que ellos conocían y el que estaba delante de ellos ahora.

No hablaba de lo que le habían dicho, sino de su propia experiencia. Había encontrado la felicidad no en el dinero, como él pensaba, sino en el dar y darse.

Ahora, no solo era feliz, sino que se sabía «bienaventurado».

domingo, 7 de junio de 2026

¿NOS CONSIDERAMOS TAMBIÉN NOSOTROS IGLESIA?

Jn 6, 51-58

 Después de un fuerte ejercicio, una buena comida nos ayuda a recuperar la energía perdida.

El alimento es la gasolina que pone a tu cuerpo en movimiento y, sin él, la vida se paraliza.

—Tienes mucha razón —dijo Manuel— cuando hablas de la necesidad que tenemos de estar bien alimentados. ¿Qué sería de nosotros sin alimentos?

Al oír a Manuel, Pedro, mirándole con firmeza, comentó:

—Eso ya está pasando en muchos lugares. Hay pueblos que pasan hambre y muchos mueren al no estar bien alimentados.

—Sí —respondió Manuel—, es algo que no se entiende. Mientras unos tienen gran abundancia, otros lugares padecen todo tipo de necesidades…

Hizo una pausa y, alzando los brazos en alto, añadió:

—Se hace necesario tomar conciencia de ese problema y tratar de ponerle solución entre todos.

Pedro miró a Manuel y, frunciendo el ceño, dijo:

—¿Y por qué no se hace eso? ¿No se dan cuenta de que hay mucha gente en peligro de muerte?

Manuel, mirándole con benevolencia y ternura, le puso la mano en el hombro y, pacientemente, respondió:

—Se dan cuenta, perola ambición, el egoísmo y los intereses de sus dirigentes lo impiden.

Entonces, elevando la voz con decisión, agregó:

—Sus mismos gobiernos los oprimen, los explotan y, enriqueciéndose ellos, no les importa que sus gobernados pasen miserias.

—Pero… —comenzó a decir Pedro con gesto de asombro, antes de que Manuel lo interrumpiera.

—Hay un alimento que sacia plenamente y nos da vida eterna. Un alimento que nos mueve a compartir con otros nuestras necesidades tanto materiales como espirituales.

Hizo una breve pausa, tomó la Biblia en la mano y señalando el evangelio de Juan 6, 51-58, leyó:

—En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Así como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos sea de utilidad—, tiene que ser asimilado; así también el Cuerpo del Señor será fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros mismos.

Como recuerda León XIV, «la participación en la liturgia no termina en el templo, sino que transforma la vida cotidiana».

Pedro había comprendido que nuestra comunión con el Señor no termina al recibir la Sagrada Eucaristía. El Corpus Christi será verdaderamente eficaz en nosotros en la medida en que nuestra vida se convierta en signo creíble para los demás. 

Entonces también ellos descubrirán a Cristo y aprenderán a compartir con quienes más lo necesitan.

sábado, 6 de junio de 2026

APARIENCIAS

Mc 12, 38-44

Humberto se afanaba en demostrar que era una buena persona. Se paseaba por las calles más importantes luciendo su buena presencia y su generosidad.

Le gustaba destacar, ser tenido en cuenta y ocupar los primeros puestos en los lugares significativos. Para ello aprovechaba las ocasiones para hacer visibles sus obras de generosidad donde más gente pudiera contemplarlas. 

Humberto, avergonzado por su actitud, sostenía la cara agachada, incapaz de levantar la mirada.

Viudas invisibles, ignoradas por quienes viven pendientes del prestigio y del aplauso; mujeres espléndidas que lo dan todo y se entregan por completo.

Descubrir la grandeza en lo nimio, enseñar a ver de verdad, porque «solo en el corazón se puede ver bien», para que deje de ser invisible lo esencial.