| Jn 14, 1-12 |
Hay muchas cosas que persigo pensando que me darán lo que busco.
Estoy deseoso de conseguir tal cosa, y cuando la consigo, tras unos momentos de gozo, todo se disipa y vuelvo al mismo estado de ansiedad.
Apenas alcanzas una meta, ya estás corriendo tras la siguiente.
Ese estado de ansiedad por conseguir más y más no cesa y tu paz siempre está alterada por el anhelo de ser más.
—¿Cuándo va a acabar esto? —dijo Pedro llevándose la mano a la frente.
La exclamación sorprendió a Manuel, quien le miró preocupado.
—¿Qué te sucede, compañero? Te noto nervioso. ¿Puedo ayudarte en algo?
—Perdona, hay momentos —dijo Pedro— que pierdo el control y reacciono de forma violenta. Me siento estresado.
Manuel le miró con compasión y, acercándosele, añadió:
—A la vida hay que mirarla desde otro lugar. Necesitamos buscar un referente que nos señale el camino y la forma de recorrerlo.
Pedro, algo desconcertado, frunció el ceño y dijo:
—Pero, ¿de qué referencia me hablas? ¿Acaso hay alguien que pueda enseñarme el camino que busco?
Manuel guardó unos segundos de silencio. Tomó la Biblia y, colocándola sobre la mesa, le miró y añadió:
—Todos buscamos, aunque por distintos caminos, lo mismo. Y todos sufrimos esa ansiedad de la que tú padeces.
Hizo una pausa, y con una suave sonrisa le dijo:
—Jesús, en Juan 14, 1-12 nos habla de eso y nos revela que nos prepara un lugar a su lado y que no nos abandona…
Se detuvo un instante y continuó:
—Se trata de mirarle y hacer las cosas a su manera. Él nos muestra el rostro de Dios, cercano, tierno… como Padre y también con entrañas de Madre.
Permaneció unos segundos en silencio y, mirándole con ternura, agregó:
—Mirar a Jesús es darnos cuenta de su forma de hacer, de mirar, de reír, de hablar, de relacionarse… Son un espejo donde aprender a vivir.
El rostro de Pedro iba cambiando de semblante a medida que escuchaba las palabras de Manuel.
Sí, evidentemente, ahora se daba cuenta de que al imitar a Jesús, su vida daba un cambio trascendente.
Y esto no es solo para Pedro; es para todos nosotros. No tengamos miedo de lanzarnos a este mundo que tanto necesita del Señor para ser, estar y hacer como Él.
Y el mundo empezaría a cambiar… empezando por nosotros.