martes, 21 de julio de 2026

MÁS ALLÁ DEL VÍNCULO DE SANGRE

Mt 12, 46-50

Sebastián consideraba que la sociedad era el resultado de muchas familias y que, como consecuencia, surgían los pueblos.

—Somos seres en relación —dijo— con la mirada puesta en Manuel. No se concibe al ser humano individualmente…

Y sin dejar de mirarle, le preguntó.

—¿Qué piensas al respecto? ¿Crees que el hombre puede vivir sin relacionarse?

Manuel, sin apenas inmutarse y muy seguro de sí mismo, respondió.

—El hombre ha sido creado para amar. Y el amor implica relación. De ahí que su vida se inicie en una familia y durante muchos años dependa de ella…

Hizo una pausa, tomó la Biblia y dijo.

—Ese es el ámbito donde el ser humano se desarrolla, aprende a convivir y, sobre todo, a amar. Y a distinguir lo bueno de lo malo…

Entonces, abrió el evangelio de Mateo 12, 46-50, y leyó:

—En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo»

Al terminar de leerlo, comentó.

—Jesús amplía el concepto de familia hacia la fraternidad: «Estos son mi madre y mis hermanos».

Vino a la memoria de muchos la llamada a la relación con los demás que nace en la familia y en todos los que la rodean.

Todos los presentes entendieron que la relación fraternal va más allá de los vínculos de sangre.

Es evidente que la solución que el mundo busca no depende únicamente de pactos y acuerdos, sino, sobre todo, de la conciencia de que estamos unidos por un vínculo de amor que trasciende razas, culturas y fronteras.

lunes, 20 de julio de 2026

UN SIGNO DE RESURRECCIÓN

Mt 12, 38-42

Muchas veces no queremos ver lo que está delante de nuestros ojos. Preferimos no arriesgar nuestra situación y evitamos comprometernos.

En realidad, eso es prueba de nuestra poca fe.

Apostamos únicamente por lo que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos.

Fuera de eso, no nos comprometemos a nada que deteriore nuestro confort de vida.

Pedro, mirando apasionadamente a Manuel, le preguntó.

—No crees que vale la pena arriesgar. La resurrección es el fundamento de nuestra fe…

Y sin apenas dudar, agregó.

—No se impone mediante demostraciones, sino que se acoge por el testimonio de quienes encontraron al Resucitado y por la acción del Espíritu en la Iglesia. …

Sin dejar de mirarle, guardó unos segundos de silencio y añadió.

—Además, está el testimonio de aquellos que lo han visto antes de que ascendiera a los cielos.

Manuel, conforme con lo que decía Pedro y dibujando una suave y gozosa sonrisa en sus labios, comentó.

—Estoy de acuerdo con lo que has comentado. En realidad, el riesgo que asumimos es pequeño, porque vivir como Jesús nos propone no nos empobrece, sino que nos hace verdaderamente felices. …

Abrió la Biblia y dijo.

—En Mateo 12, 38-42, Jesús llama a su generación perversa y adúltera porque exige una señal para creer…

Tras terminar de leer todo el pasaje evangélico, agregó.

—Es evidente que el encuentro con Dios solo es posible en la fe. Nos movemos en el ámbito del misterio, el amor, la amistad, la confianza, lo relacional…

Hizo una breve pausa y, poniendo la mirada en ellos, concluyó.

—En la hora de nuestro bautismo ha venido a nosotros el Espíritu Santo. Abriéndonos a su acción, fortaleceremos la fe que nos ayudará a creer en la Resurrección y en la presencia del Señor en nuestra vida. 

Son muchos los que han sentido la presencia del Señor en sus vidas.  Quizá también nosotros debamos abrirle el corazón y dejarnos encontrar por Él, en lugar de exigir pruebas irrefutables.

domingo, 19 de julio de 2026

TAMBIÉN, ENTRE NOSOTROS, CRECE LA CIZAÑA

Mt 13, 24-43

Juan quería ser feliz. Eso es lo que entendía y para lo que estaba en el mundo. Sus padres buscaban su felicidad, y él deseaba ser feliz.

Pronto descubrió que ese mismo anhelo habitaba en todo ser humano. Todos luchaban por alcanzar la felicidad; parecía ser la meta de toda vida.

Con un rostro alegre, miró a Manuel y le dijo.

—Supongo que tú también quieres ser feliz. Es la aspiración de cualquiera.

Y dando tiempo a su respuesta, añadió.

—¿Estás de acuerdo?

Manuel, asintiendo con una suave sonrisa, respondió.

—Evidentemente, todos buscamos la felicidad. Hemos nacido para eso y, aunque en este camino carguemos con nuestras cruces y la cizaña crezca entre nosotros, nunca dejamos de caminar hacia esa felicidad…

Guardó un breve silencio y, sin dejar de mirarle, agregó.

—Pero, además, no nos conformamos con ser simplemente felices los días de vida en este mundo, sino que aspiramos a ser felices eternamente.

Juan, algo confuso y perplejo, fijó la mirada en él y comentó.

—¿Piensas que seremos eternos?

Manuel, seguro de lo que decía, afirmó.

—No lo pienso, lo creo. Dios no nos ha creado para una existencia pasajera, sino para compartir su Gloria… 

Le miró con decisión y concluyó.

—Y en eso debemos trabajar porque la cizaña también se mueve dentro de nosotros.

Hizo una pausa y, abriendo los brazos con la Biblia en ellos, dijo.

—En el evangelio de Mt 13, 24-43, Jesús nos invita a alinearnos con los sueños de Dios para este mundo, asegurándonos que el Reino de su Padre y la felicidad van de la mano.

Juan y los que le acompañaban se estremecieron. Cruzaron las miradas y experimentaron ese sentimiento de eternidad interiormente.

Con buena semilla y desde lo pequeño, la realidad se transforma.

Señor, que deje a un lado la prudencia excesiva y me atreva a soñar en grande, aun en medio de las dificultades y de los datos de la realidad que invitan al desaliento. 

Hoy me llamas a vivir en la esperanza.

sábado, 18 de julio de 2026

UNA RETIRADA A TIEMPO VIENE BIEN

Mt 12, 14-21

Javier se sentía juzgado hasta el extremo de que pensaba que todas las miradas estaban puestas en él. Estaba tensionado y se mostraba reactivo. Su preocupación había llegado a tal punto que pensaba que iban a por él.

Cuando Manuel llegó a la terraza, le sorprendió ver a Javier con cara de enfado, serio y nervioso.

Tratando de disimular, le dijo.

—Buenos días, compañero, ¿cómo va la vida?

No hubo respuesta por parte de Javier. Mantenía su mirada perdida y parecía que ni había oído el saludo de Manuel.

Algo más preocupado, Manuel insistió.

—¿Te pasa algo, amigo? Y acercándose, le tocó el hombro.

Javier, levantando la cabeza y con una mirada tensa, respondió.

—Me siento mal y no encuentro la paz. Me preocupa lo que algunos piensan de mí y eso me desestabiliza y rompe mi vida.

Manuel, lleno de serenidad, le miró con compasión y le dijo.

—A veces las preocupaciones nos las fabricamos nosotros mismos. Es posible que otros no nos entiendan y hasta se atrevan a juzgarnos, pero eso no debe desequilibrarnos…

Hizo una pausa, le puso la mano en la espalda y, dándole ánimo, añadió.

—Ante los conflictos, adversidades y tensiones, es mejor retirarse y buscar espacios de serenidad, silencio y compasión. La violencia engendra violencia y…

Guardó un breve silencio, le miró con ojos de esperanza y añadió.

—Nos guste o no, hemos sido creados para vivir reconciliados y en paz… No toda retirada es una derrota. Hay retiradas que permiten seguir haciendo el bien.

Tomó en la mano la Biblia, y abriéndola por Mateo 12, 14-21, leyó:

—En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró y se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó…

Al terminar de leer, mirándole con ternura, comentó.

—Jesús evita el enfrentamiento y se retira para poder seguir haciendo lo que considera importante: ocuparse de las cosas del Padre, aliviar el sufrimiento, curar cuerpos y almas.

La cara de Javier había cambiado en el transcurso de las palabras de Manuel. Ahora, mirándose en Jesús, entendía cuál debía ser su camino y su preocupación.

viernes, 17 de julio de 2026

LA MISERICORDIA POR ENCIMA DE LA LEY

Mt 12, 1-8

«Se hacen leyes con el fin de proteger el derecho del hombre», pensaba Hermenegildo. De no ser así, no tendrían sentido.

Miró para Manuel y con interés le dijo.

—¿Qué opinión tienes —preguntó Hermenegildo— sobre el sentido de la ley?

Manuel, arrugando la frente y con seguridad, respondió con firmeza.

—La ley está para regular la convivencia y ayudar a la persona a vivir en la verdad y en el bien…

 Hizo una pausa y, con una mirada persuasiva, añadió.

—Cuando una ley deja de buscar la verdad y el bien de la persona, deja de ser auténtica ley para convertirse en una imposición al servicio de quienes desean imponer su voluntad. …

Entonces, expresando con cara de desprecio, agregó.

—Eso ya no es ley; es una forma de dictadura que oprime y desfigura la ley natural…

Todos escuchaban con gran atención y asentían, confirmando estar de acuerdo con lo que decía Manuel.

Este, después de guardar unos breves segundos de silencio, prosiguió.

—Sin embargo, cuando la ley pierde la misericordia, terminamos utilizándola para justificar nuestras propias elecciones.

Con el ceño fruncido, Hermenegildo levantó la mano y dijo.

—¿A qué te refieres con eso de que terminamos utilizándola? ¿Puedes explicarte mejor?

Manuel, con entusiasmo y ternura, tomó la Biblia e, indicando el evangelio de Mt 12, 1-8, respondió.

—A veces utilizamos las normas como pretexto para justificar actitudes que no reflejan los modos de hacer de Jesús…

Y con una mirada paciente, agregó.

—Jesús nos invita a valorar a la persona antes que cualquier regla.

Se hizo un silencio, y muchos expresaban con la mirada la necesidad de misericordia y justicia que todos anhelamos profundamente.

Es evidente que este mensaje nos obliga a examinar nuestras relaciones y cómo, en ocasiones, transformamos los medios en fines absolutos.

La aplicación estricta de la ley puede terminar siendo injusta cuando no tiene en cuenta las circunstancias concretas de cada persona.

Ahí es donde la misericordia actúa como verdadera equidad, evitando que una norma justa produzca un daño injusto.

jueves, 16 de julio de 2026

UNA CARGA LLEVADERA EN EL SEÑOR

Mt 11, 28-30

Poco a poco, instante a instante, Constantino se fue cansando. Los años, casi sin notarlo, le iban pesando cada vez más. Todos sus afanes iban perdiendo sentido y casi ya no tenía fuerzas para seguir.

La vida se vuelve pesada si pierde su objetivo. Aquellos primeros ideales — el juego, competir, querer ser el primero, ganar — marcan las primeras etapas de la vida; pero llega un momento en que dejan de bastar.

—Sí —dijo Manuel, mirando a Constantino—.  Cuando la vida no sabe a dónde va, se desorienta y su carga se vuelve más pesada e insoportable.

Constantino agachó la cabeza en señal de aprobación. Ahora cada día le parecía una enorme montaña que subir. En algunos momentos sentía el deseo de rendirse y quedarse al pie de la cima.

Manuel experimentó compasión y, deseando darle ánimo, le dijo.

—No pierda la esperanza. El final de este mundo marca el comienzo del otro en el que seremos eternamente jóvenes y plenamente felices.

Constantino levantó bruscamente la cabeza. Abrió los ojos como lámparas luminosas y, mirándole esperanzado, le preguntó.

—¿Crees lo que dices? ¿Acaso el final de nuestra vida significa el comienzo de la otra, esa que todos deseamos?

Manuel, sin apenas inmutarse y complacido con lo que decía, añadió.

—No importa tanto lo que yo crea; lo importante es creer en la Palabra de Jesús…

Hizo una pausa, abrió la Biblia y leyó:

—En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen…

Al terminar de leerlo, agregó.

—Puede que la realidad no cambie, que los problemas sigan siendo los mismos…

Le miró plácidamente y continuó.

—Pero con el Señor se pueden afrontar de otra manera…

Y cerrando la Biblia, agregó con gran esperanza.

 —Pongamos todos nuestros problemas y cansancios en sus manos.

Sin apenas notarlo, Constantino fue experimentando una sensación de alivio, como si la perspectiva hubiera cambiado y renaciera un rayito de esperanza.

miércoles, 15 de julio de 2026

EN SEGUNDO PLANO

Mt 11, 25-27

Alfonso observaba con cierta admiración que las grandes cosas estaban contenidas en pequeñas partes.

Miraba el mar e imaginaba cómo una simple gota, arrojada por las olas sobre las piedras, desaparecía rápidamente al recibir el calor del sol.

Sin embargo, ¿no está el inmenso mar formado por incontables gotas?

Lo pequeño es el comienzo de lo grande. Hay semillas diminutas que llegan a desarrollarse y alcanzar grandes alturas. De la misma forma, una gotita de amor puede hacer mucho bien.

—¿Te parece —dijo Alfonso—, mirando a Manuel, que en lo pequeño se esconde lo verdaderamente importante?

Con una expresión de aprobación, Manuel respondió.

—¡Hombre!, todo tiene su comienzo, y lo grande empieza por lo pequeño. De ahí que convenga no olvidar que todos empezamos por ser pequeños…

Sin dejar de mirarle, tomó la Biblia en su mano y dijo.

—Jesús, en Mateo 11, 25-27, dice: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…

Hizo una pausa y, al terminar de leer toda la cita, continuó.

—La sencillez como actitud de honestidad, autenticidad y transparencia nos lleva a valorar lo que realmente es importante…

Guardó silencio unos breves segundos y, observando el rostro de Alfonso, agregó.

—Y a poner el corazón en esas cosas pequeñas que nos hablan de Dios y de la vida…

Cerrando la Biblia y con una suave sonrisa, concluyó.

—No nos compliquemos tanto la vida; Jesús nos da la receta: sencillez, confianza y cercanía como ventanas que nos abren a Dios.

Sin lugar a dudas, la verdad se esconde en el corazón de los pequeños y sencillos, de quienes no buscan destacar, de quienes prefieren permanecer en segundo plano…

En el ambiente flotaba aquella frase que dijo Jesú: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).