sábado, 18 de julio de 2026

UNA RETIRADA A TIEMPO VIENE BIEN

Mt 12, 14-21

Javier se sentía juzgado hasta el extremo de que pensaba que todas las miradas estaban puestas en él. Estaba tensionado y se mostraba reactivo. Su preocupación había llegado a tal punto que pensaba que iban a por él.

Cuando Manuel llegó a la terraza, le sorprendió ver a Javier con cara de enfado, serio y nervioso.

Tratando de disimular, le dijo.

—Buenos días, compañero, ¿cómo va la vida?

No hubo respuesta por parte de Javier. Mantenía su mirada perdida y parecía que ni había oído el saludo de Manuel.

Algo más preocupado, Manuel insistió.

—¿Te pasa algo, amigo? Y acercándose, le tocó el hombro.

Javier, levantando la cabeza y con una mirada tensa, respondió.

—Me siento mal y no encuentro la paz. Me preocupa lo que algunos piensan de mí y eso me desestabiliza y rompe mi vida.

Manuel, lleno de serenidad, le miró con compasión y le dijo.

—A veces las preocupaciones nos las fabricamos nosotros mismos. Es posible que otros no nos entiendan y hasta se atrevan a juzgarnos, pero eso no debe desequilibrarnos…

Hizo una pausa, le puso la mano en la espalda y, dándole ánimo, añadió.

—Ante los conflictos, adversidades y tensiones, es mejor retirarse y buscar espacios de serenidad, silencio y compasión. La violencia engendra violencia y…

Guardó un breve silencio, le miró con ojos de esperanza y añadió.

—Nos guste o no, hemos sido creados para vivir reconciliados y en paz… No toda retirada es una derrota. Hay retiradas que permiten seguir haciendo el bien.

Tomó en la mano la Biblia, y abriéndola por Mateo 12, 14-21, leyó:

—En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró y se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó…

Al terminar de leer, mirándole con ternura, comentó.

—Jesús evita el enfrentamiento y se retira para poder seguir haciendo lo que considera importante: ocuparse de las cosas del Padre, aliviar el sufrimiento, curar cuerpos y almas.

La cara de Javier había cambiado en el transcurso de las palabras de Manuel. Ahora, mirándose en Jesús, entendía cuál debía ser su camino y su preocupación.

viernes, 17 de julio de 2026

LA MISERICORDIA POR ENCIMA DE LA LEY

Mt 12, 1-8

«Se hacen leyes con el fin de proteger el derecho del hombre», pensaba Hermenegildo. De no ser así, no tendrían sentido.

Miró para Manuel y con interés le dijo.

—¿Qué opinión tienes —preguntó Hermenegildo— sobre el sentido de la ley?

Manuel, arrugando la frente y con seguridad, respondió con firmeza.

—La ley está para regular la convivencia y ayudar a la persona a vivir en la verdad y en el bien…

 Hizo una pausa y, con una mirada persuasiva, añadió.

—Cuando una ley deja de buscar la verdad y el bien de la persona, deja de ser auténtica ley para convertirse en una imposición al servicio de quienes desean imponer su voluntad. …

Entonces, expresando con cara de desprecio, agregó.

—Eso ya no es ley; es una forma de dictadura que oprime y desfigura la ley natural…

Todos escuchaban con gran atención y asentían, confirmando estar de acuerdo con lo que decía Manuel.

Este, después de guardar unos breves segundos de silencio, prosiguió.

—Sin embargo, cuando la ley pierde la misericordia, terminamos utilizándola para justificar nuestras propias elecciones.

Con el ceño fruncido, Hermenegildo levantó la mano y dijo.

—¿A qué te refieres con eso de que terminamos utilizándola? ¿Puedes explicarte mejor?

Manuel, con entusiasmo y ternura, tomó la Biblia e, indicando el evangelio de Mt 12, 1-8, respondió.

—A veces utilizamos las normas como pretexto para justificar actitudes que no reflejan los modos de hacer de Jesús…

Y con una mirada paciente, agregó.

—Jesús nos invita a valorar a la persona antes que cualquier regla.

Se hizo un silencio, y muchos expresaban con la mirada la necesidad de misericordia y justicia que todos anhelamos profundamente.

Es evidente que este mensaje nos obliga a examinar nuestras relaciones y cómo, en ocasiones, transformamos los medios en fines absolutos.

La aplicación estricta de la ley puede terminar siendo injusta cuando no tiene en cuenta las circunstancias concretas de cada persona.

Ahí es donde la misericordia actúa como verdadera equidad, evitando que una norma justa produzca un daño injusto.

jueves, 16 de julio de 2026

UNA CARGA LLEVADERA EN EL SEÑOR

Mt 11, 28-30

Poco a poco, instante a instante, Constantino se fue cansando. Los años, casi sin notarlo, le iban pesando cada vez más. Todos sus afanes iban perdiendo sentido y casi ya no tenía fuerzas para seguir.

La vida se vuelve pesada si pierde su objetivo. Aquellos primeros ideales — el juego, competir, querer ser el primero, ganar — marcan las primeras etapas de la vida; pero llega un momento en que dejan de bastar.

—Sí —dijo Manuel, mirando a Constantino—.  Cuando la vida no sabe a dónde va, se desorienta y su carga se vuelve más pesada e insoportable.

Constantino agachó la cabeza en señal de aprobación. Ahora cada día le parecía una enorme montaña que subir. En algunos momentos sentía el deseo de rendirse y quedarse al pie de la cima.

Manuel experimentó compasión y, deseando darle ánimo, le dijo.

—No pierda la esperanza. El final de este mundo marca el comienzo del otro en el que seremos eternamente jóvenes y plenamente felices.

Constantino levantó bruscamente la cabeza. Abrió los ojos como lámparas luminosas y, mirándole esperanzado, le preguntó.

—¿Crees lo que dices? ¿Acaso el final de nuestra vida significa el comienzo de la otra, esa que todos deseamos?

Manuel, sin apenas inmutarse y complacido con lo que decía, añadió.

—No importa tanto lo que yo crea; lo importante es creer en la Palabra de Jesús…

Hizo una pausa, abrió la Biblia y leyó:

—En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen…

Al terminar de leerlo, agregó.

—Puede que la realidad no cambie, que los problemas sigan siendo los mismos…

Le miró plácidamente y continuó.

—Pero con el Señor se pueden afrontar de otra manera…

Y cerrando la Biblia, agregó con gran esperanza.

 —Pongamos todos nuestros problemas y cansancios en sus manos.

Sin apenas notarlo, Constantino fue experimentando una sensación de alivio, como si la perspectiva hubiera cambiado y renaciera un rayito de esperanza.

miércoles, 15 de julio de 2026

EN SEGUNDO PLANO

Mt 11, 25-27

Alfonso observaba con cierta admiración que las grandes cosas estaban contenidas en pequeñas partes.

Miraba el mar e imaginaba cómo una simple gota, arrojada por las olas sobre las piedras, desaparecía rápidamente al recibir el calor del sol.

Sin embargo, ¿no está el inmenso mar formado por incontables gotas?

Lo pequeño es el comienzo de lo grande. Hay semillas diminutas que llegan a desarrollarse y alcanzar grandes alturas. De la misma forma, una gotita de amor puede hacer mucho bien.

—¿Te parece —dijo Alfonso—, mirando a Manuel, que en lo pequeño se esconde lo verdaderamente importante?

Con una expresión de aprobación, Manuel respondió.

—¡Hombre!, todo tiene su comienzo, y lo grande empieza por lo pequeño. De ahí que convenga no olvidar que todos empezamos por ser pequeños…

Sin dejar de mirarle, tomó la Biblia en su mano y dijo.

—Jesús, en Mateo 11, 25-27, dice: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…

Hizo una pausa y, al terminar de leer toda la cita, continuó.

—La sencillez como actitud de honestidad, autenticidad y transparencia nos lleva a valorar lo que realmente es importante…

Guardó silencio unos breves segundos y, observando el rostro de Alfonso, agregó.

—Y a poner el corazón en esas cosas pequeñas que nos hablan de Dios y de la vida…

Cerrando la Biblia y con una suave sonrisa, concluyó.

—No nos compliquemos tanto la vida; Jesús nos da la receta: sencillez, confianza y cercanía como ventanas que nos abren a Dios.

Sin lugar a dudas, la verdad se esconde en el corazón de los pequeños y sencillos, de quienes no buscan destacar, de quienes prefieren permanecer en segundo plano…

En el ambiente flotaba aquella frase que dijo Jesú: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3).

martes, 14 de julio de 2026

LA INDIFERENCIA TRAE MALAS CONSECUENCIAS

Mt 11, 20-24

Manuel pensaba que hay personas tan obstinadas que se aferran a sus ideas y no están dispuestas a cambiar.  Permanecen cerradas a todo razonamiento, como la tierra endurecida del camino donde la semilla no puede echar raíces.

Cuando alguien se cierra a la verdad, no solo se perjudica a sí mismo; también priva a otros del bien que podría transmitir.

Todo lo que tú ignores repercute en los demás. O dicho de otra forma, tu indiferencia puede ser un peligro o un mal para otros.  Todo lo verdadero y bueno que descubras puede ayudar a quien aún no lo conoce.

El silencio de los allí presentes daba testimonio de que la indiferencia respecto a lo bueno perjudica a los demás.

Y es que, cuando dejamos de acoger el bien y de transmitirlo, empobrecemos también a quienes viven a nuestro lado. 

Vivimos según aprendemos de lo que vemos y hacemos. 

lunes, 13 de julio de 2026

LA VERDAD INCÓMODA

Los problemas empiezan cuando se inicia la convivencia. El tiempo de noviazgo y la luna de miel son etapas donde los conflictos permanecen escondidos.

Todo queda encubierto por la emoción, lo nuevo, el deseo de agradar y el gozo de la pasión.

Pero, irremediablemente, todo consume su tiempo y llega el día a día, donde aparecen las virtudes, pero también los defectos.

 Si no se ha hecho, ahora aparecen las sorpresas, los malos entendidos. Y es precisamente ahí donde, desde la etapa del noviazgo, debía comenzar el aprendizaje de conocerse, aceptarse y armonizar las diferencias y…

—¡Eso yo no lo sabía! —exclamó Pedro con cierta ironía.

Miró a Manuel con una burlona sonrisa y dijo.

—¿Estás de acuerdo con lo que he expuesto? Cuando la casa no se empieza a construir por los cimientos, todo se viene abajo ante cualquier dificultad.

Manuel, moviendo las cejas hacia arriba, puso cara de circunstancia y, sin darse un momento de respiro, respondió.

—Toda relación humana trae conflictos, incluso en la familia…

Hizo una pausa, dio un vistazo alrededor y, abriendo los brazos, continuó.
—En ocasiones priorizamos creencias, ideas y opiniones que pueden generar enfrentamientos. Jesús (Mt 10, 34-11, 1) nos reta a poner a Dios en el platillo que incline la balanza al tomar decisiones…

Dejó los ojos fijos en Pedro y, con firmeza, añadió.

—Y eso puede ser incómodo. No se trata de una invitación a la discordia, sino de situar a Dios en el lugar que le corresponde,

Pedro y otros arrugaron la frente. No parecían muy de acuerdo con lo que decía Manuel.

Manuel, sin desviar la mirada, agregó.

—Es cierto que no siempre es fácil y que el Señor propone un nuevo tipo de relaciones que trascienden los vínculos de sangre y se centran en seguir la Voluntad de Dios…

Guardó un breve silencio y concluyó.

—Pero esto no resta importancia a la familia de sangre ni la devalúa.

El silencio reinante manifestaba que, a pesar de ser una apuesta difícil, ese, aunque duro de afrontar, era el camino… Pero cuando una familia pone a Dios en el centro, no pierde el amor; aprende a amar mejor.

Existen muchos vínculos más allá de la sangre, lazos afectivos que trascienden lo biológico o el ADN, pero los lazos familiares son importantes y pueden reflejar el amor y la unidad que Dios desea para toda la humanidad.

Muchos comenzaron a darse cuenta de que, si eran capaces de crear lazos con personas sin ningún vínculo de sangre, también estaban llamados a fortalecer los que Dios les había regalado en su propia familia.

domingo, 12 de julio de 2026

UNA SEMILLA A CULTIVAR

Algo se nos escapa a nuestra mirada. No llegamos a entender por qué una semilla se seca y otra da fruto.

Es verdad que, según el terreno donde caiga, unas, abrazadas por el sol, por la poca profundidad de la tierra o los abrojos; otras, bendecidas por la tierra buena, darán o no fruto.

En nuestro mundo sucede algo parecido. Mientras unos miembros de la familia dan fruto, otros solo generan problemas. Y, sin embargo, todos pertenecen a la misma familia y a la misma generación.

—¿Qué está pasando? —se preguntó Hermes— con gesto de enfado consigo mismo.

Mirando a Manuel, no pudo resistir y, preocupado, le rogó una respuesta al respecto.

Manuel, sin apenas inmutarse, sosegadamente le dijo.

—Seguramente la cuestión está en nuestra manera de sentir y escuchar. La siembra ya está hecha y llega a todos. Ahora…

Hizo una pausa, miró con ternura a Hermes y puntualizó.

—¿Estás tú atento, abierto y dispuesto a esforzarte para recoger esa semilla —tus talentos— y ponerlos a producir?…

Se cruzaron las miradas y, tras un silencio que duró unos segundos, Manuel continuó.
—En el evangelio de Mateo 13, 1-23, Jesús nos presenta la parábola del sembrador y nos descubre cómo responde cada corazón a la siembra de su Palabra…

Cerrando la Biblia que mantenía en las manos, concluyó.

—Conviene leerla detenidamente y tratar de sentir y escuchar qué hacemos nosotros con esa semilla sembrada en nuestro corazón…

Dándose la vuelta y dejando la mirada fija en el horizonte, comentó.

—¿La dejamos al borde del camino para que se la coman los pájaros? ¿No le damos profundidad suficiente y permitimos que el sol la marchite? ¿O la cultivamos, con la Gracia de Dios, para que dé fruto abundante? 

Las palabras de Manuel iban conmoviendo el corazón de Hermes y de los que le acompañaban.

Sí, verdaderamente, Dios siembra la semilla; pero el fruto dependerá de cómo cuidemos el terreno de nuestro corazón y cooperemos con su gracia.

La tierra nos la ha regalado Dios, y la ha dejado en nuestras manos para que seamos nosotros los que la preparemos para, tras ser sembrada la semilla, dé fruto.