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| Lc 15, 1-10 |
Aquella persona se encontraba desorientada hasta el extremo de que había perdido toda esperanza. Llegó a pensar que su vida ya no tenía sentido y, arriesgándola, no le importaba ponerla en peligro.
Son precisamente esos momentos cuando descubres a quién le importas de verdad. O dicho de otra forma, sabes quién realmente te quiere.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Pedro—. ¿Cuándo dices que descubres quién realmente te quiere?
—Lo que verdaderamente significa —respondió Manuel. Cuando tu vida está en peligro, solo a quien le importas se preocupa por ti.
Hizo una pausa y continuó:
—Los pobres, los marginados, los enfermos, los cojos y los ciegos… muchas veces no son valorados e incluso son excluidos… Precisamente de eso habla el evangelio de hoy (Lc 15, 1-10).
Con paciencia y ternura se dispuso a leerlo:
—En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:
“Alegraos conmigo, ¡he encontrado la moneda que se me había perdido!
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Cerró la Biblia y, mirándolos, añadió:
—Suele ocurrir que, quizás de forma inconsciente, consideramos a los pobres, enfermos, marginados… inferiores y sin derechos. Al menos como nosotros.
Guardó un breve silencio y, fijándose en los que le escuchaban, comentó:
—Incluso criticamos a quienes les prestan atención. Es precisamente lo que hicieron con Jesús, y que también hoy hacen con los más necesitados.
Todavía no entendemos que Jesús se acercaba especialmente a quienes se sentían rechazados, a los pecadores y marginados, porque también ellos estaban llamados a formar parte del Reino de Dios. Por eso le despreciaban diciendo: “Ése acoge a pecadores y come con ellos”.
Pero Jesús tiene un corazón misericordioso y no solo con los “marginados”, también con los que se creían “cumplidores de la ley”, y por eso les responde con estas parábolas tan entrañables que nos revelan algo del corazón del Padre.
Se hizo un largo silencio. Muchos no se atrevían a levantar la cabeza. Es lo que nos puede estar pasando también a nosotros.
A veces estamos tan convencidos de estar dentro del redil que no nos damos cuenta de que nuestro corazón se ha alejado de los demás.






