lunes, 3 de agosto de 2026

LA BARCA DE NUESTRA VIDA

Mt 14, 22-36

La vida da muchas vueltas. Es una frase que hemos oído muchas veces, pero que, aun comprendiéndola y creyendo que sucede, no le prestamos mucha atención. Igual pensamos que con nosotros no va a ocurrir.

Sin embargo, cuando menos lo esperamos, nos vemos inmersos en esas circunstancias y somos protagonistas de algo inesperado.

No me refiero a algo concreto, sino a ocasiones en que la vida nos pone entre la espada y la pared. Entonces nos toca elegir. Aparecen las dudas, los miedos, las indecisiones… ¿Qué hacer?

—Sí, es verdad —dijo Pedro—, estoy de acuerdo. La vida es una ruleta que, tras muchas vueltas, puede llevarnos a situaciones con las que nunca habíamos soñado.

Manuel, en la misma línea de lo que había dicho Pedro, añadió:

—Y sucede más de lo que pensamos. Muchos han vivido circunstancias que los han vuelto a unir o los han enfrentado…

Con la mirada fija puesta en Pedro, agregó:

—Por eso conviene dejar siempre las puertas abiertas para que la fuerza del encuentro sea siempre mayor que la de la confrontación.

Pedro levantó su dedo pulgar asintiendo que estaba de acuerdo y comentó:

—Sí, ocurre que a veces nos apresuramos y nos oponemos radicalmente al pensamiento del otro, abriendo heridas que luego cuesta mucho cerrar

Manuel, que estaba muy atento a la reacción de Pedro, confesó:

—Entonces me doy cuenta, quiero dar el paso cuando barrunto que algo interior me impulsa, pero no soy capaz. Me vence el miedo, la duda…

Lentamente y lleno de paciencia, Manuel abrió la Biblia y citando el evangelio de Mt 14, 22-36, dijo:

—Pedro camina un poco sobre el agua hacia Jesús, pero luego se asusta, se hunde y grita: ¡Señor, sálvame!…

Guardó silencio y añadió:

—Esta es una hermosa oración que nos descubre que, cuando nos sorprende la tempestad, levantamos nuestra mirada y buscamos al Señor en la certeza de que es el único que puede salvarnos.

Hoy nos está sucediendo lo mismo. Hay momentos en que las tempestades de la vida nos asedian. Es entonces cuando encendemos una vela o alargamos nuestra mano esperando que nos sostenga y nos salve.

Es evidente que todos navegamos en la barca de nuestra vida. Antes o después llegará la tormenta y, como Pedro, tendremos que dar el paso de confiar. 

La pregunta es sencilla: ¿mantendremos la mirada fija en Jesús o dejaremos que el miedo nos hunda?

domingo, 2 de agosto de 2026

COMPARTIR Y CONFIAR

Mt 14, 13-21

Los contratiempos nos obligan a veces a retirarnos y en la serenidad buscar alternativas a la adversidad. Recuperarnos del desaliento ya es alentador y encontrar las fuerzas para volver a la vida nos levanta el ánimo.

A menudo no nos damos cuenta de que, por poco que cada uno pueda aportar, la abundancia nace de la participación de todos.

—Coincido con lo que dices —intervino Julio—, la solución está en que todos echen una mano. No es cosa de uno, sino de todos.

Manuel, levantando el pulgar en señal de estar de acuerdo, dijo:

—Así es, al compartir lo que tenemos, por insignificante que parezca, podemos ser instrumentos de esa multiplicación de vida que Dios realiza. …

Guardó un breve silencio y, mostrando en la Biblia el evangelio de Mt 14, 13-21, añadió:

—Él puede hacer mucho con poco. Se trata de atreverse, superar dudas y temores, abrir el corazón y las manos, compartir y confiar…

Y mirándolos con ternura y gozo, agregó:

—El resto ya lo hace el Señor.

Alguno podría objetar que esta es una grande e irrealizable utopía. Sin embargo, la enseñanza y la acción social de la Iglesia demuestra lo contrario: allí donde los hombres se convierten al Evangelio, tal proyecto de participación y solidaridad se hace una extraordinaria realidad. (San Juan Pablo II). 

La abundancia comienza cuando nadie se guarda su pequeño pan.

sábado, 1 de agosto de 2026

LA BUENA NOTICIA

La Buena Noticia no consiste en contar que ha ocurrido algo agradable. Es Buena porque, incluso en medio del sufrimiento, despierta la esperanza y llena el corazón de bondad.

Cuando buscas el bien, te sobrepones a todo aquello que impacta, que duele por lo absurdo e incomprensible, muertes resultantes de la banalidad y el capricho.

Con frecuencia dejamos que nuestra vida esté gobernada por el deseo de agradar, por el orgullo o por el miedo al qué dirán.  Sin embargo, sorprendentemente, afirmamos que en cristiano, incluso en medio del dolor y la tragedia, brota una Buena Nueva.

Pedro no quedó muy convencido de las palabras que con tanta dulzura y esperanza decía Manuel.  Lleno de dudas, inquietudes e interrogantes, y con cara de desafío, dijo:

—¿Cómo reconocer Buena Noticia en circunstancias que desalientan y abruman?…

Hizo una pausa, le miró con desconfianza y añadió:

—Me pregunto cómo afrontar esos momentos desde ti. ¿Cómo te haces presente en realidades que duelen tan profundamente?

Manuel, mostrando una serenidad notable, respondió:

—La Buena Noticia contiene siempre buena intención. Siempre hay unas manos dispuestas a acoger, a aliviar, a ocuparse de los despojos desde el respeto…

Y lleno de paz, con una voz suave y gozosa, agregó:

—La vida solo tiene valor al donarla en el amor, en la verdad, a los demás en la vida de cada día, en la familia.

Abrió la Biblia y, mostrando el evangelio de Mt 14, 1-12, dijo:

—Eso fue lo que sucedió cuando el rey, Herodes, seducido por la danza de la hija de Herodías, mandó matar a Juan el Bautista…

Al terminar de leer el pasaje evangélico, comentó:

—Si alguien toma la vida para sí mismo, para custodiarla, como el rey en su corrupción, o la señora con el odio, o la joven, arrastrada por la vanidad y manipulada por el odio de su madre, la vida muere, deja de ser un don y termina destruyéndose.

En el ambiente flotaba la conciencia de que Juan el Bautista había donado su vida: «Yo, en cambio, debo disminuir para que Él sea escuchado, sea visto, para que el Señor se manifieste». (Papa Francisco 08/02/2019).

viernes, 31 de julio de 2026

EL VALOR DE LO CONOCIDO

Mt 13, 54-58

Nos cuesta descubrir el valor de las cosas cercanas, de aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana.  Pocas veces valoramos un vaso de agua cuando siempre está al alcance de la mano.

Nuestro comportamiento es diferente cuando entramos en contacto con algo que nos es extraño, que no conocemos y que nos sorprende. Quedamos deslumbrados y valoramos su presencia.

—Hasta el extremo —dijo Pedro—, con cierto escepticismo, de mostrarnos indiferentes a las palabras de alguien de nuestro propio pueblo.

Manuel, corroborando lo que afirmaba Pedro, añadió.

—Así es, a lo nuestro no le damos importancia; en cambio, magnificamos lo que viene de afuera…

Guardó unos segundos y agregó.

—Al parecer esa es la mala costumbre o la simpleza que nos acompaña. Lo nuestro tiene poca importancia y hace realidad la frase de que nadie es profeta en su tierra.

No hubo ninguna respuesta. Todos parecían estar de acuerdo: con frecuencia miramos con desdén lo que nos resulta conocido.

Manuel se levantó, adelantó unos pasos y con una mirada no muy agradable, como dando a conocer que no se resignaba a tal forma de pensar, comentó:

—Jesús vivió esa experiencia. Se escandalizaron en su propia tierra de sus obras y palabras. Fue Él mismo quien dijo: «Solo en su tierra (Mt 13, 54-58) y en su casa desprecian a un profeta»…

Hizo una pausa y aclaró.

—Ante sus palabras surge el asombro, pero también el escepticismo…

Los miró con firmeza y agregó.

—Los vecinos se maravillan de su sabiduría, pero lo rechazan al recordar sus humildes orígenes familiares, provocando que Jesús señale que un profeta no es estimado en su propia tierra y que no obre muchos milagros allí debido a la falta de fe de la gente.

El ambiente, aparentemente resignado, despertó. Muchos movieron la cabeza; otros rodaron sus sillas, y la mayoría mostraba cara de culpabilidad.

Sí, ¿cuántas veces juzgamos a personas por sus orígenes, a realidades por nuestros prejuicios? ¿Cuántas veces nuestra familiaridad con algo nos impide ver su profundidad y verdad?

Cuando reducimos lo divino a lo meramente humano o nos dejamos llevar por los prejuicios, dejamos de reconocer la gracia de Dios actuando en lo cotidiano.

jueves, 30 de julio de 2026

UNA RED DE BUENOS Y MALOS

Mt 13, 47-53

Su cuerpo se estremeció mientras leía el evangelio del día: El Reino de los cielos se parece también a la red que se echa al mar y recoge a toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran. Aquel pasaje siempre le impresionaba.

El colmo fue cuando leyó lo que está escrito (Mt 13, 47-53) que sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Acaso no conviene que la gente conozca estas verdades y que decidan por su cuenta? Creo que es un derecho que todo ser humano debe tener: conocer lo bueno y lo malo para poder elegir libremente.

El hombre ha sido creado para el bien, aunque lleva también dentro de sí la mala hierba que le hace vacilar y, a veces, elegir el mal. Mas su corazón está inclinado a buscar siempre lo bueno, lo bello, la verdad, lo justo y el amor.

Me resulta muy extraño vivir sin explorar dónde estoy, por dónde voy y qué caminos me presenta este mundo por el que, de manera irrevocable, transito.

 Y más extraño me resulta advertir cómo muchos no se plantean nada y viven sin hacerse preguntas, dejándose llevar por la rutina.

En realidad, a veces me pregunto si son cosas que solo me pasan a mí o si solo las pienso yo.

La conclusión —pensó Manuel— es que me siento diferente y casi raro al estar rodeado de tanta indiferencia y superficialidad.

No sé si mi reacción se parece a la del escriba (Mt 13, 47-53), instruido en el Reino de los cielos, que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo.

Conviene sacar del tesoro tanto lo antiguo como lo nuevo, reconociendo lo mucho bueno recibido de la tradición y también lo que Cristo nos ha regalado en la novedad del Evangelio.

El Reino de los cielos no viene a destruir el pasado, sino a darle su verdadero y completo sentido. Sin embargo, muchos viven de espaldas a esta realidad.

miércoles, 29 de julio de 2026

AMISTAD, ESPERANZA Y VIDA

Jn 11, 19-27
Hay momentos en la vida en que nuestra tranquilidad se ve interrumpida por todo aquello que sabe a muerte.

Hay muchas clases de muerte que, apenas sin darnos cuenta, van matando nuestra paz. Estamos llamados a quitar esas piedras que minan nuestra paciencia y saben a muerte.

Hablamos de la hipocresía, de la crítica destructiva, de la ofensa y de la calumnia, que van sembrando muerte en las relaciones. También la enfermedad, que puede aparecer en cualquier momento de nuestra vida, nos enfrenta a nuestra fragilidad.

Son momentos difíciles de vivir y donde la verdadera amistad desempeña un papel decisivo. Necesitas encontrar dónde agarrarte y despejar el camino que se llena de obstáculos que te impiden ver con claridad y esperanza.

Sin dejar de mirarlos, Manuel comprobó que todos asintieron mostrando estar de acuerdo. De repente, alguien alzó la mano y, levantándose, dijo.

—Esa es la realidad, pero hay esperanza. Las piedras que aparecen en nuestro camino no tienen la última palabra…

Y dando un giro con la cabeza, movió los brazos y añadió.

—Conozco a personas que han ido quitando esas piedras de sus corazones; la vida ha vuelto a florecer a su alrededor…

Hizo una breve pausa. Trató de controlar la emoción y añadió.

—Han descubierto el verdadero sentido de la vida y la esperanza de que esta realidad no es el final, sino un camino hacia la felicidad eterna.

Manuel, impresionado por lo que acababa de oír, se levantó y comentó.

—Estoy de acuerdo. Y voy más allá sin temor a equivocarme: Cristo vive, y quien lo acoge y se adhiere a Él entra en contacto con la vida…

Tomó la Biblia entre las manos y la abrió por Jn 11, 19-27, y comentó:

—Este pasaje aborda el encuentro entre Jesús y Marta, marcado por el duelo de la muerte de su hermano Lázaro y una profunda confesión de fe…

Guardó unos segundos de silencio y, mirándolos con ternura, agregó.

—Marta sale al encuentro de Jesús, expresando su dolor con la frase: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”…

Hizo una breve pausa y añadió

—Entonces Jesús proclama: “Yo soy la resurrección y la vida”, subrayando que quien cree en él, aunque muera, vivirá.

El ambiente permanecía en silencio. Se respiraba la certeza de que, tras los avatares que presenta la vida, permanece siempre la esperanza del triunfo de la amistad, la vida y el amor.

martes, 28 de julio de 2026

TRIGO Y CIZAÑA

Mt 13, 36-43

Hay momentos en que una experiencia negativa nos desanima porque no encontramos sentido a lo que estamos viviendo. Se nos viene el mundo abajo.

Sabemos que nuestra realidad es ambigua; en nuestro corazón conviven el trigo y la cizaña. Nuestro ADN lleva de todo: trigo y cizaña a la vez. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestro fin es brillar como el sol y no acabar en un horno encendido.

La vida, nuestro paso por este mundo, es la gran oportunidad que Dios nos ha dado para llegar a ser ese trigo que un día brillará como el sol. Conviene despertar y no desaprovecharlo.

Las palabras de Manuel llamaron la atención de Eusebio, que, inclinándose hacia delante y con gran interés, le preguntó.

—¿Nos estás diciendo que nuestro recorrido por este mundo es un camino de luchas y enfrentamientos?

Manuel, sin dejar de mirarle, respondió.

—Sí, estoy diciendo lo que parece que has entendido. Pero la lucha más importante no suele ser contra los demás, sino contra aquello que dentro de nosotros nos aparta del bien…

Se dio la vuelta, tomó la Biblia en las manos, la abrió y añadió.

—En este evangelio, Mateo 13, 36-43, que te invito a leer, Jesús les explica a los discípulos la parábola de la cizaña en el campo. Y nos muestra cómo es el camino.

Hizo una pausa, cerró la Biblia y, con una mirada persuasiva, agregó.

—En el campo, la cizaña no se convierte en trigo, pero en el corazón del hombre, Dios sí puede transformar lo que parecía perdido. La cizaña se puede convertir en trigo… Incluso lo negativo puede ser transformado si nos abrimos a Dios.

Tras guardar un breve silencio, continuó.

—Todos llevamos dentro algo de trigo y también cizaña. Poco a poco, con nuestro esfuerzo y, sobre todo, con la gracia de Dios, esa cizaña puede ir dejando paso al trigo.

Eusebio, algo confuso, frunció el ceño y dijo.

—Pero, ¿se puede soportar una vida de constantes luchas y enfrentamientos?

Manuel le miró con ternura y, poniendo la mano sobre el hombro, comentó.

—No se trata de eso, se trata de ser trigo y que haya menos cizaña. Buscar y proclamar el bien, la verdad y la justicia —esa es la lucha— y tratar de contagiar para que otros también lo hagan.

La verdadera lucha consiste en dejar que el trigo crezca dentro de nosotros y anunciar, con el testimonio de una vida llena de amor y misericordia, que estamos llamados a brillar como el sol.