miércoles, 13 de mayo de 2026

QUEDA MUCHO POR APRENDER

Jn 16, 12-15

En muchos momentos nos cuesta superar a quien se muestra suficiente y soberbio, presentándose como poseedor de la verdad absoluta.

No se trata de antipatía ni de empatía, sino de que la verdad no la posee nadie sino Dios. Solo Él es la Verdad Absoluta.

Y resulta de muy mal gusto encontrarse con alguien que presume de saberlo todo y de creerse en posesión de la verdad.

Cuando Francisco llegó a la terraza de Santiago, se encontró con algo inesperado. Pedro y Manuel reflexionaban precisamente sobre esos pensamientos que él trataba de discernir.

—No es cuestión de conocimientos —dijo Pedro—, sino de saber que la verdad te supera y está por encima de ti.

Manuel, que asintió afirmativamente a lo que decía Pedro, agregó:

—Y no solo eso; somos seres limitados y no tenemos la capacidad de abarcar la verdad en su totalidad.

—Digamos —intervino Pedro—, somos partes de un puzle que puede ir acercándose al conocimiento de la verdad.

Entonces, Manuel, aprovechando esas palabras de Pedro, se levantó y, abriendo la Biblia por Juan 16, 12-15, leyó:

—En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; …

Cuando terminó de leer el pasaje completo, mirando a Pedro, dijo:

—De ahí la gran importancia de recibir el bautismo, pues en él baja a nosotros el Espíritu Santo.

Hizo una pausa y agregó:

—Será el Espíritu de la Verdad quien nos vaya revelando el Camino, la Verdad y la Vida, en la medida que nos abramos a su acción.

Ahora todo se le había aclarado a Francisco. Su rostro manifestaba una gran complacencia.

Sí, se dijo: «Es cuestión de escuchar al Espíritu Santo».

¿Estamos nosotros en esa dinámica de búsqueda y de permanecer abiertos a la escucha del Espíritu Santo?

martes, 12 de mayo de 2026

CONVIENE QUE ME VAYA

Adolfo empezó, sin saber cómo, a darse cuenta de su propio engaño. Descubrió que se cerraba a cualquier atisbo de cambio por comodidad, por no complicarse y, fundamentalmente, porque se sentía bien como estaba.

Cerraba los ojos a los problemas que le pedían su concurso. No quería salir de su rutina establecida y omitía toda complicación.

Pero, pensó: «¿Creo que lo que hago está bien?».

Mientras muchos lo pasan mal, yo lo que trato es de vivir lo más feliz que puedo sin preocuparme por las necesidades de otros.

«¿Y si eso fueran malas acciones que algún día me pasarán factura?», pensó.

Esos pensamientos no le dejaban tranquilo y su conciencia comenzó a inquietarle.

Se acordó de la terraza: «Allí hay buenas tertulias y quizás encuentre luz para mis interrogantes», se dijo.

Y sin pensarlo se dirigió a ese lugar.

La tertulia estaba encendida. Manuel hablaba de la condena del mundo.

—Tengan cuidado porque el mundo está condenado. Su camino no tiene un final feliz. Quienes se entregan a este mundo deben saber que van al precipicio de la perdición eterna.

Adolfo se sintió señalado. Su corazón dio un sobresalto.

—Para eso —continuó Manuel— Jesús nos dice en Juan 16, 5-11, que conviene que se vaya para que en su lugar venga el Paráclito (Espíritu Santo), que dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena.

Guardó un breve silencio y añadió:

—Porque Jesús ha sido rechazado por el mundo; porque ha resucitado, vive y está con el Padre; porque el príncipe de este mundo está condenado.

Hizo una pausa, miró para todos y agregó:

—El amor ha triunfado.

Recibimos el Espíritu, que es la presencia y actuación de Dios en el mundo, en nuestra historia y en nuestras vidas, un regalo de amor incesante. Motivo de contento, no de tristeza.

“Adolfo sonrió serenamente. Comprendió que no podía seguir viviendo encerrado en sus comodidades; necesitaba aprender a darse más a los demás.”
Y es que el Espíritu Santo no viene a dejarnos tranquilos en nuestras seguridades, sino a despertarnos para vivir en el amor verdadero.

lunes, 11 de mayo de 2026

INJERTADOS EN EL ESPÍRITU

Jn 15, 26-16,4a

Onésimo se sentía admirado de la forma en que Pedro, no solo con su palabra, sino con su vida, encarnaba lo que decía en los actos de su vida.

Le miró con gran estima y le dijo:

—Me asombra tu forma de hacer, Pedro —le dijo Onésimo. Veo que lo que dices, tratas luego de vivirlo.

Pedro, halagado por las palabras de Onésimo, trató de no vanagloriarse. Sabía que todas sus obras estaban impulsadas por el Paráclito (Espíritu Santo) que Jesús había prometido.

—Gracias —respondió Pedro—, pero cuando tienes fe y te abres a la acción del Espíritu Santo, experimentas que eres capaz de afrontar cosas que antes no te atrevías a enfrentar.

Hizo una pausa y, con una mirada confiada, añadió:

—Hay algo en tu interior de donde sacas fuerza que te mueve a atreverte, a dar testimonio de lo que crees, hasta el extremo de no poder resistirte.

Confundido y perplejo por la respuesta de Pedro, Onésimo preguntó:

—¿De qué Espíritu me hablas? No entiendo lo que me dices.

Pedro, con la mirada, invitó a Manuel, que hacía rato que estaba allí, a responderle a Onésimo.

Con mucha paciencia y sin alarmismos, Manuel sacó la Biblia y, mirando a Onésimo con ternura, le dijo:

—En Juan 15, 26-16. 4.ª, Jesús dice a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio…

Al terminar de leer, dejando la Biblia sobre la mesa, agregó:

—Nos invita a escuchar las voces de sus testigos, y a ser también nosotros testimonio vivo…

Hizo un silencio y, mirándole, concluyó:

—Nos promete el Espíritu de la Verdad, el Defensor, el que trae consuelo.

Se detuvo y, con una mirada consoladora, dijo:

—En momentos de tristeza y dificultad, escuchamos voces consoladoras que animan, levantan, dan paz y consuelan.

Onésimo empezaba a entender. Había algo interiormente de donde Pedro sacaba fuerzas para dar testimonio y sincronizar su palabra con su vida.

Jesús nos llama a dar testimonio, aunque implique rechazo, riesgo, conflictos… a hacernos presentes allí, donde otros callan o silencian.

Y un aliento interior impulsa, disipa los miedos y las dudas: «Adelante, no temas, atrévete, da testimonio.

domingo, 10 de mayo de 2026

JESÚS TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

Jn 14, 15-21

Estamos en el mundo, pero no por y para pertenecer al mundo, sino para, a través de nuestro recorrido por el mundo, ganar la vida eterna del “otro mundo” que ansiamos encontrar.

Agachó la cabeza y cerró los ojos.

Octavio meditaba en el silencio de aquella tarde apacible y tranquila en la terraza de Santiago.

Hacía una media hora que permanecía sentado y en silencio. De vez en cuando tomaba un poco de agua y, pacientemente, continuaba su meditación.

Es cierto que lo que buscamos no está aquí abajo. Ni nada de lo que este mundo nos ofrece sacia nuestra sed de felicidad.

Levantó la cabeza y, mirando hacia el cielo, pensó:

«Si lo que buscamos no está aquí, nuestra misión será buscar otro camino que nos lleve a lo que realmente queremos».

Guardó unos segundos en silencio y, algo indeciso, se dijo:

«¿Y qué camino buscamos para conseguir lo que queremos?

Mientras Octavio debatía interiormente su búsqueda, llegaba Manuel a la terraza.

—Buenos días, Octavio, ¿qué te ocurre? —le dijo Manuel, mirándole extrañado al verlo con los ojos cerrados y cara de meditación.

—¡Ah!, nada —respondió Octavio, algo sorprendido. Simplemente meditaba.

Tras unos segundos, y algo perplejo, le preguntó a Manuel.

—¿Qué piensas sobre nuestro camino por este mundo? ¿Crees que debemos buscar en otro lugar?

Y tras quedarse algo pensativo… añadió: 

—¿Y qué o a quién debemos buscar?

Manuel, dándose cuenta por dónde iban sus pensamientos, tomó la Biblia y, abriéndola por Juan 14, 15-21, dijo:

—En este pasaje evangélico, Jesús nos dice: «Dentro de poco el mundo no me verá, pero ustedes me verán y vivirán, porque yo sigo viviendo.

Mantuvo la respiración, le miró y añadió:

—Está claro. Es a Él a quien hay que buscar, porque Vive, y será Él quien nos dará también a nosotros la vida. Esa vida plena y eterna que buscamos.

Hizo una pausa. Esperó unos segundos y agregó:

—Nos promete la asistencia y auxilio del Paráclito (Espíritu Santo) para que nos auxilie en nuestra búsqueda.

La cara de Octavio había cambiado. Ahora sabía dónde y a quién buscar.

Nuestro fin no es la oscuridad, sino la vida que Él nos ofrece, aquí y ahora. Busquémosle.

sábado, 9 de mayo de 2026

UN MUNDO CONTRARIO A LA VERDAD

Jn 15, 18-21

El mundo parecía convertirse en un obstáculo. Cuando alguien intentaba romper con la injusticia o la mentira, enseguida surgían voces que trataban de justificarlo todo y hacerlo convivir con la verdad y la justicia.

«¿Cómo se puede vivir en la verdad permitiendo la mentira? ¿Cómo se puede hacer justicia cuando se tolera la injusticia?», pensó Pedro.

El mundo odia a quienes buscan hacer el bien y poner orden entre los pueblos. Solo premia a los que luchan por ser más que los demás, incluso apartándolos o destruyéndolos.

No pudiendo resistir la tentación de compartir lo que pensaba, Pedro miró para Manuel y le dijo:

—¿Crees, Manuel, que se puede vivir de acuerdo con los criterios del mundo?

Manuel, que no esperaba esa pregunta, quedó sorprendido y, tras unos segundos, respondió:

—Creo que si quieres vivir de acuerdo con la verdad y la justicia, tendrás que enfrentarte con el mundo.

Se mantuvo en silencio unos segundos y dijo:

—Los criterios del mundo no son los de Jesús. Todo aquel que está con Él será odiado por el mundo.

Entonces tomó la Biblia con las manos y señaló:

—En el evangelio de Juan 15, 18-21, Jesús lo deja todo muy claro cuando advierte a los discípulos con estas palabras: «Si el mundo les odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes»…

Y, con gran decisión y firmeza, replicó:

—No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a ustedes les perseguirán.

La cosa le había quedado clara a Pedro. Sí, siempre iban a encontrar resistencia en el mundo cuando se trata de defender la verdad y la justicia.

Su cara se iluminó y dijo:

—«Por eso le crucificaron».

Alegrías, dolores, victorias y derrotas, Jesús ha recorrido esos caminos antes que nosotros y nos entiende.

Sin embargo, cuando vivimos con el «Yo más…», nos ponemos por encima de los demás, competimos, buscamos destacar y terminamos alejándonos unos de otros. Jesús, en cambio, elige la empatía y caminar a nuestro lado.

Ante estos dos caminos, ¿cuál eliges?

viernes, 8 de mayo de 2026

EL AMOR NO SE DICE, SE VIVE

La tertulia estaba muy animada hasta el extremo de llamar la atención de todos los que se acercaban.

La participación era intensa y el diálogo, fluido y atractivo.

—No entiendo cómo se puede predicar una cosa y hacer otra —defendía Hermelindo con vehemencia—. Eso tiene un nombre: hipocresía.

Pedro, en un tono más desenfadado, dijo:

—Lo que hagas con tu vida será lo que verdaderamente transmitas…

Hizo un breve silencio y concluyó:

—Porque las palabras, si no van de acuerdo con tus obras, quedan vacías y no llegan al corazón.

El ambiente estaba encendido y los aplausos sonaban con facilidad cuando la intervención de algún tertuliano era notable y sintonizaba con el sentir general.

En ese momento, Manuel, que dirimía también en la tertulia, dijo:

—Todo se reduce a amar. Porque el amor tiene que ver con dar y darse, con vida compartida y con sincronía entre palabra y vida.

Sonaron aplausos y Manuel, levantándose y alzando los brazos, agregó:

—En el capítulo 15 de Juan, del 12 al 17, Jesús nos lo dice con claridad: «Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado…

Al terminar de leer, mirando para todos, dijo:

—Es evidente que, si actuamos de esta manera, nuestras relaciones son sinceras, verdaderas y destierran la hipocresía y el engaño…

Permaneció unos segundos en silencio y, al final, dijo:

—Porque las palabras convencen… pero la vida es la que habla al corazón.

Sonó un estruendo de aplausos. Todos los tertulianos se levantaron y aplaudían a rabiar.

Estaba claro: donde hay amor, brotan verdad, justicia y paz.

jueves, 7 de mayo de 2026

AMAR Y SER AMADO

Jn 15, 9-11

Tengo de todo y, sin embargo, me falta lo más grande: la alegría de sentirme feliz.

Con esas palabras, Rogelio confirmaba que la felicidad no consiste en tener, sino en ser. No se trata de poseer todo lo que desees, sino de compartir lo que tienes con los demás.

Aquel día se sentía por primera vez verdaderamente feliz. Había sido capaz de compartir con aquellas personas que encontró en su camino lo que llevaba para pasar un buen día al aire libre.

—Ha sido usted muy amable, señor —le dijo uno de aquellos del grupo.

—Nada de eso —respondió Rogelio—, el afortunado he sido yo, por haber pasado un rato con ustedes.

—Sí, y nos alegramos de eso —dijo otro del grupo—, pero no es frecuente encontrar personas que compartan sus cosas con nosotros.

—Supongo que no saben lo que se pierden —respondió Rogelio—; la felicidad se esconde en el dar más que en el recibir.

Y así es, descubrimos lo que tanto buscamos cuando somos capaces de darnos y compartir.

De regreso a casa, Rogelio decidió pasar por la terraza de Santiago. Su semblante irradiaba alegría por todas partes.

—Buenas tardes, Rogelio —le saludó Manuel—, ¿de dónde vienes tan alegre?

—No lo sé… He pasado un rato con unas personas que me encontré en el camino y me siento muy bien. Me brota una alegría interior.

Manuel, que conocía a esas personas de las que hablaba Rogelio, se percató de lo que posiblemente había sucedido.

—¿Hablas de un grupo de personas que andan al borde del parque? —le preguntó Manuel.

—Sí, ¿las conoces?

—He pasado largos ratos con ellos también —respondió Manuel—, y tienes razón, se pasa muy bien.

Hizo un breve silencio, le miró y dijo:

—Sobre todo cuando te abres y compartes. Algo sucede en tu interior que te llena de gozo.

Rogelio asintió con una encendida sonrisa y elevando sus hombros. 

Sí, estaba de acuerdo. El corazón salta de alegría.

Entonces Manuel sacó la Biblia e, indicándole que escuchara, leyó:

—Evangelio según San Juan, capítulo 15, versículos del 9 al 11: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Cuando terminó de leer, dirigió los ojos a Rogelio y añadió:

—Ese es el secreto: cuando amamos como nos ama el Señor, la verdadera alegría nos inunda. Y se nota.

Rogelio comprendía ahora de dónde podía venirle ese gran gozo y alegría.

Se trata de amar y ser amados, de compartir vida, de relacionarnos desde la gratuidad, sin reserva… Porque, si Jesús nos sueña de alguna manera, es ciertamente felices.

Nos invita a una existencia donde el amor y la alegría se entrelazan en una danza que nos lleva a dar y recibir vida en su máxima expresión.

Hoy el Señor nos recuerda que permanecer en su amor es la fuente de la verdadera alegría.