jueves, 8 de octubre de 2026

NECESIDAD DE RELACIÓN

Lc 11, 5-13

Félix se jactaba de bastarse a sí mismo. Presumía orgullosamente de no necesitar nada y, satisfecho de sentirse independiente, se mofaba de aquellos que sentían la necesidad de pedir ayuda a los demás.

Hay momentos en la vida en que nos sentimos fuertes y suficientes. Llegamos incluso a pensar que nos bastamos por nosotros mismos. Craso error porque, al menor contratiempo, la verdad nos enseña que todos estamos relacionados y nos necesitamos.

—¿Alguien tiene algo que decir al respecto? —preguntó Manuel.

Se hizo un breve silencio. Y cuando se disponía a seguir Manuel, se oyó una voz:

—¿De qué relación hablas? —dijo Pedro. No llego a entender que pueda depender de otros… Es verdad —continuó— que dependemos al principio de nuestras familias. Pero después…

Manuel, sin darle tiempo a que siguiera, respondió:

—Después sucede que tu vida depende del panadero que hace pan para los demás… Del taxista, de piloto, de tendero…

Pedro quedó desconcertado. Agachó la cabeza y permaneció en silencio.

Manuel, tratando de romper el hielo, levantó la voz y añadió:

—A veces no nos damos cuenta de que todos dependemos de todos. Incluso hasta del que menos creemos. Por eso es necesario ayudarnos y servirnos.

Hizo una pausa, tomó la Biblia y leyó:

—Del santo evangelio según san Lucas 11, 5-13:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:

“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:

“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.

Al terminar de leer, comentó:

—La amistad es algo que se cultiva y va creciendo poco a poco. Algo que se construye lentamente, va ganando confianza y da paso a la insistencia.

Amistad con Dios, trato con Dios, encuentro con Dios… Esa insistencia también refleja una esperanza profunda, ese tener «más moral que el Alcoyano» que persiste a pesar de dificultades y derrotas.

Lo verdaderamente importante es preguntarnos:

—¿Cómo atiendo a quienes acuden a mí pidiéndome «tres panes»?

miércoles, 7 de octubre de 2026

¿ABIERTOS A UN SÍ COMO MARÍA?

Lc 1, 26-38

Sebastián había ganado un premio y estaba fuera de sí. Su entusiasmo era desmedido. No cabía en sí mismo.

Entró en la terraza y su cara expresaba esa gran alegría que no podía contener.

Sin poder remediarlo, dijo:

—Señores clientes y amigos tertulianos, hoy es un día grande para mí. Me han concedido un premio.

Enseguida se oyó una salva de aplausos. Todos le saludaron y festejaron con él su premio.

Manuel, que estaba entre ellos, después de saludarle y cuando todo se había calmado, comentó:

—Me impresiona la humildad de María cuando el ángel le anuncia que va a ser la Madre del Mesías.

Ante la mirada de los que estaban a su lado, abrió la Biblia y leyó:

—Del Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38:

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

Llama la atención la humildad de María ante el anuncio de que va a ser la Madre del Mesías. No se engrandece ni se atribuye méritos, sino que acoge con sencillez la voluntad de Dios y expresa su adhesión al proyecto del Señor.

María no presume. Es humilde y se pone en las manos de Dios. Son estas palabras las que debemos guardar en nuestro corazón y hacer también nuestras.

Debemos reconocer que somos pequeños delante de Dios y alegrarnos de que Él es nuestro Padre y Señor, que nos ama con un amor infinito y misericordioso.

martes, 6 de octubre de 2026

CONTEMPLACIÓN Y ACCIÓN

Lc 10, 38-42

Lo natural es buscar tranquilidad. Todos ansiamos la paz y luchamos para conseguirla. Pero puede ocurrirnos que ese esfuerzo por conseguirla nos traiga todavía más agitación e inquietud.

Es cuando advertimos que el remedio puede ser peor que la enfermedad. El ansia de paz nos trae más desasosiego.

Pedro, frunciendo el ceño, dijo:

Hizo una breve pausa y añadió:

Pedro, poniendo cara de enfado, dijo:

Manuel, sentándose tranquilamente, comentó:

Y abriendo la Biblia por Lucas 10, 38-42, leyó:

El rostro de Pedro reflejaba ahora serenidad. Sí, necesitamos acción, pero también oración. Ambas cosas son necesarias, usadas con sabiduría y equilibrio.

Pero siempre unidos al Señor, porque es de Él de donde nos viene todo: tanto la paz como la fortaleza para actuar.

lunes, 5 de octubre de 2026

PEDID Y SE OS DARÁ

Mt 7, 7-11

«Es de bien nacido ser agradecido». Así nos lo recuerda el refrán, y así debería ser en nuestra vida diaria. Los hijos agradecen a sus padres todo lo que han hecho por ellos y, de la misma manera, ellos corresponden con sus respectivos hijos.

Sin embargo, también sabemos que hay hijos y padres que no se corresponden de esa manera. Son la excepción de la vida que en muchas ocasiones no llegamos a entender.

Pedro, que escuchaba atentamente, levantó la mano y dijo:

—¿Tienes idea de por qué ocurren estas cosas?

—¿A qué te refieres? —preguntó Manuel.

—A que algunos padres, como los hijos, no actúen como se espera de ellos.

Manuel, encogiéndose de hombros, comentó:

—Las personas no somos perfectas y cometemos muchos errores. La soberbia y el egoísmo le hacen mucho daño y…

—Sí, lo entiendo —le interrumpió Pedro. Hay familias que sufren las consecuencias.

Manuel, aprovechando la ocasión que le brindaba Pedro, tomó la Biblia y leyó:

—Del santo evangelio según san Mateo 7, 7-11:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.

Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».

Dios es un Padre bueno y podemos estar seguros de que responderá. La única incertidumbre se debe a los tiempos. Es indudable que los de Dios no son los nuestros. Pero nunca dudemos de que Él responderá.

Tal vez tengamos que insistir. Nos lo dice muy claro, y no un solo tiempo, sino toda la vida. Pero seguro que Él responderá. Nos lo prometió.

Un día se cumplirá el deseo de felicidad que todos llevamos en nuestros corazones (Papa Francisco. 09/01/2019).

domingo, 4 de octubre de 2026

¿SOY BUEN ADMINISTRADOR DE TODO LO QUE DIOS ME HA REGALADO?

Mt 21, 33-43

Cuando veo la situación de muchas personas con las que me tropiezo cada día, experimento que he tenido una vida privilegiada.

Sin entrar en comparaciones, experimento que mi vida ha tenido un camino, a veces no exento de dificultades, pero también con posibilidades de mejorar.

Las preguntas que me hago ahora son las mismas que me sugiere el evangelio del día:

¿Hasta qué punto he sido yo responsable con los dones que he recibido? ¿He experimentado que mi vida me pertenece hasta el extremo de considerar todo lo que he recibido, soy y tengo mío?

—¿Cómo y por qué llegas a esas conclusiones? —preguntó Pedro.

Manuel, levantando la mirada, se fijó en él y respondió:

—Cuando veo a personas que sufren, que tienen una situación paupérrima, experimento todo lo que el Señor, que es Padre de todos, me ha regalado.

Hizo una pausa, bajó la mirada y añadió:

—Me pregunto si en la realidad me lo merezco. ¿O soy un privilegiado del Señor?

Entonces, Pedro, comentó con firmeza:

—Yo te conozco hace tiempo y sé de tus sacrificios, de tus días oscuros, de tus luchas, de tus dolores, vacilaciones y momentos difíciles… Y eso exige esfuerzo y voluntad.

Guardó un breve silencio y continuó:

—Es verdad que, normalmente, uno, a veces, se desvalora, y no sabe apreciar sus méritos. Nuestro esfuerzo es real, pero tampoco deja de ser gracia la capacidad para esforzarnos, perseverar y responder.

Manuel se encogió de hombros y, con mucha humildad, dijo:

—Es verdad que nuestra vanidad nos tienta, pero todo nos ha sido dado y regalado por nuestro Padre Dios. Así que…

Abrió la Biblia y, pacientemente, leyó:

—Del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43:

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Al terminar de leer todo el pasaje evangélico, comentó:

Y es que en muchas ocasiones adoptamos en nuestra vida el agradecimiento o la arrogancia de creernos los dueños de la viña, olvidando que somos criaturas referidas a Dios.

Muchos interiorizaron aquellas palabras de Manuel. Quizás también nosotros debemos preguntarnos si estamos construyendo nuestra vida sobre Cristo, la piedra angular, para que los dones recibidos puedan dar fruto.

sábado, 3 de octubre de 2026

PERSEVERAR EN LA ALEGRÍA

Lc 10, 17-24

Hay circunstancias en las que, a pesar de que nos suceda algo que no deseamos, perseveramos en la alegría. Y eso es así porque nuestra vida no está apoyada en las cosas de este mundo, sino en sabernos en la presencia del Señor.

Y eso se nota hasta el extremo de que otros lo perciben cuando, en momentos de tristeza o dificultad, prevalece en nosotros la paz.

En ese momento, Juan, uno de los tertulianos, levantó la mano y dijo:

Manuel, al oír estas palabras de Juan, tomó la Biblia y, en Lc 10, 17-24, leyó:

Cuando terminó de leer todo el pasaje evangélico, comentó:

—Nuestra alegría no viene del éxito que tengamos ni de que las cosas nos salgan bien, sino de sabernos enviados en nombre del Señor y de que Él está con nosotros.

Hizo una pausa y añadió:

Todos asentían con gestos de conformidad. Es verdad, cuando se está con el Señor, las cosas, ya sean buenas o malas, se viven de otra manera y se aceptan sabiendo que Dios está siempre presente y que su Amor y su Misericordia son infinitos.

viernes, 2 de octubre de 2026

EL DÉBIL, EL MÁS FUERTE

Mt 18, 1-5. 10

¿Quién siente necesidad de protegerse? El fuerte se siente seguro y piensa que puede bastarse a sí mismo. El débil, en cambio, experimenta la necesidad de ser protegido.

La seguridad ha sido siempre algo consustancial al ser humano. Sentirnos seguros y protegidos nos hace sentir mejor. Sin embargo, el verdadero poder no se encuentra en el dominio de los fuertes, sino en la capacidad de cuidar de los más débiles.

Lo descubrimos también en quienes tienen como misión proteger y cuidar a los demás: policías, guardias civiles y tantas personas que trabajan por la seguridad de los ciudadanos. No es casualidad que la Iglesia celebre el 2 de octubre la fiesta de los Santos Ángeles Custodios.

Manuel, que hablaba a los tertulianos, alzó los brazos y dijo:

Abrió la Biblia y, en Mt 18, 1-5.10, leyó:

Todos estaban sorprendidos, pero también asentían con la cabeza en señal de acuerdo.

El niño no tiene poder: el niño tiene necesidad.

Cuando cuidamos al ser humano, reconocemos que siempre necesitamos de los demás. Todos nosotros estamos vivos porque hemos sido acogidos, cuidados y protegidos. Sin embargo, el poder puede hacernos olvidar esta verdad.

Los discípulos están imbuidos de la lógica del mundo de su época, donde el estatus y el honor lo eran todo. Por eso buscan asegurar sus puestos de poder en ese «Reino» que imaginan como algo terrenal y político.

El niño representa todo lo contrario: vulnerabilidad, dependencia, necesidad de defensa y protección.

Pero «los pequeños» no son solamente los niños. También son los pobres y excluidos, los discípulos más débiles, quienes flaquean en la fe o carecen de influencia. Y cuando acogemos y cuidamos a uno de esos pequeños, estamos acogiendo y cuidando al mismo Jesús.

Jesús nos invita así a pasar de la lógica del poder y de la autorreferencialidad a la lógica del servicio y del cuidado. El gran peligro que acecha a la comunidad no viene solamente de fuera, de las persecuciones, sino también de dentro: la ambición, el orgullo, la soberbia y el desprecio mutuo.

La grandeza, para Jesús, no consiste en estar por encima de los demás, sino en hacerse pequeño para ponerse al servicio de los demás.