sábado, 25 de julio de 2026

¿DÓNDE BUSCAMOS LA FELICIDAD?


Mt 20, 20-28

Es de sentido común buscar la felicidad, que se concreta en el bienestar y el gozo de vivir en paz. Pero la vida, quieras o no, te presentará problemas y preocupaciones. Intentarás evitarlos, aunque no siempre podrás hacerlo.

Nuestra experiencia nos descubre que, a pesar de nuestro esfuerzo, la tan ansiada felicidad que este mundo ofrece siempre resulta incompleta. Sin embargo, a pesar de ello, nosotros seguimos buscándola.

Fernando, desconcertado con lo que escuchaba de labios de Manuel, no pudo evitar preguntar.

—Entonces, ¿dónde buscamos? Porque dentro de nosotros hay un deseo, una chispa de eterna felicidad.

Manuel, con la sonrisa en su rostro, le miró con agrado y le dijo.

—Simplemente, buscarla donde está… aunque por el camino que se nos indica no nos apetece buscarla.

Fernando, frunciendo el ceño, comentó.

—¿De qué camino hablas? ¿Acaso hay algún camino por el que podemos encontrarla?

Manuel, abriendo la Biblia e indicando el evangelio de Mt 20, 20-28, respondió.

—Sí, hay un camino, una verdad y una vida que nos espera…

Fijó los ojos en el evangelio y leyó.

—… y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor y el que…

Cuando terminó de leer, añadió.

—Con estas palabras, Jesús concluye diciendo que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

Hizo una pausa y, sin dejar de mirarle, agregó.

—Él es ese Camino; esa Verdad y esa Vida por la que, siguiéndolo, encontraremos esa felicidad que buscamos.

A Fernando se le abrieron de par en par los ojos. Había comprendido que el camino, por él elegido, no era el correcto.

Sí, la felicidad está escondida allí donde nuestros ojos no alcanzan a verla sin la luz del Espíritu Santo. Es un camino contrario al que nuestra naturaleza desea: un camino de entrega, de olvido de sí mismo y de morir al propio ego.

Manuel, mirándolos con ternura, cerró la Biblia y dijo.

—Imposible de recorrerlo solo con nuestras fuerzas. Para eso recibimos al Espíritu Santo en la hora de nuestro bautismo.

En el ambiente se respiraba que esa felicidad que buscamos no es de este mundo, sino del que nos espera cuando partamos de él. Sin embargo, es este mundo el camino para que, injertados en el Señor y guiados y fortalecidos por el Espíritu, podamos alcanzarla.

viernes, 24 de julio de 2026

TIERRA FÉRTIL

Mt 13, 18-23

Tu vida dependerá del cuidado que prestes a tu corazón. De la misma forma que una buena tierra se estropea si no recibe la atención necesaria, también tu corazón puede deteriorarse si no se le presta la debida vigilancia.

Armando, que atendía con gran interés, levantó la mano y preguntó.

—¿A qué cuidado se refiere cuando habla de atender al corazón?

Manuel, fijando los ojos en él, respondió.

—A distinguir el mal del bien y a limpiarlo de esas malas hierbas que impiden crecer a las buenas.

Giró la cabeza y, mirando a todos, añadió.

—Todo dependerá de tu trabajo y esfuerzo. No esperes que Dios haga por ti lo que tú debes hacer

Hizo una pausa, elevó los brazos y, con voz firme, agregó.  

—Pon lo que se te ha dado y esmérate en mantener tu corazón limpio de esa mala cizaña que ahoga tus buenas intenciones.

Armando comprendió a lo que se refería Manuel y levantó el pulgar en señal de aprobación.

Somos de todo: veredas, pedregales, sin raíces, volubles, zarzales, apasionados, seducidos, deslumbrados… y hasta tierra buena y fértil.

Cada uno de nosotros tiene la capacidad de ser esa tierra fértil, de acoger la palabra con profundidad y permitir que germinen esas semillas buenas… sembradas abundantemente.

La clave está en nuestra disposición, disponibilidad y apertura a acoger la Palabra desde la profundidad del corazón y dar frutos que sirvan al bien del mundo.

Pero esos frutos no surgen de ciencia infusa; será ingenuo pensar que todo lo hace Dios y que a nosotros nos toca simplemente disfrutar.

Jesús nos invita a poner de nuestra parte, a trabajar nuestra pequeña parcela, a retirar las piedras de la inconstancia y las zarzas del egoísmo y del materialismo, para que la tierra buena del Reino vaya extendiéndose en nosotros y a través de nosotros.

jueves, 23 de julio de 2026

SARMIENTOS Y VIDES

Jn 15, 1-8

Hay momentos en la vida en que nos sentimos capaces de todo, hasta el extremo de creernos que el mundo está en nuestras manos. Llegamos incluso a pensar que nos bastamos por nosotros mismos.

—Esa fue la experiencia que Julián —dijo Manuel— experimentó en cierto momento de su vida.

Pero todo cambió repentinamente sin apenas advertirlo. Todo se hundió bajo sus propios pies y su vida se vino abajo.

—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntaron varios tertulianos.

Manuel, con voz templada y serena, dijo.

—Lo que normalmente suele ocurrir cuando uno vive de manera autosuficiente y confía únicamente en sus propias fuerzas. …

Los miró con dulzura y con una leve sonrisa, y añadió.

—Somos de barro y, por muy bien que nos vayan las cosas, cualquier circunstancia basta para derrumbar nuestros planes…

Guardó un breve silencio y, observando sus reacciones, agregó.

—Errores, enfermedad, accidente, traición, descuido, etc. Caminamos al filo de la navaja porque las tempestades, antes o después, llegan para todos; si no está apoyada sobre roca, se derrumbará.

Algunos agacharon la cabeza; otros fruncieron el ceño extrañados y uno se levantó y preguntó.

—¿A qué roca se refiere? No se puede luchar contra las tempestades de la vida y, hagas lo que hagas, sucumbes.

Manuel, sin pestañear y dejando los ojos fijos en él, respondió.

—Sí, la vida se hundirá ante la tempestad, pero no tu esperanza. Saber que tras los avatares y peligros de esta vida hay otra te llena de paz y fortaleza. Y ves lo que sucede a tu alrededor de otra manera…

Hizo una pausa, tomó la Biblia en las manos y comentó.

—Hay una gran diferencia entre caminar por este mundo con las cosas que te ofrece el propio mundo y otra al hacerlo injertado en el Señor…

Entonces, indicando el evangelio de Juan 15, 1-8, leyó:

—En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador». A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto…

Siguió leyendo y, al terminar, agregó.

—El Señor nos invita a sumergirnos en el misterio de cómo nos unimos a Él y al Padre: «Yo soy la verdadera Vid, y mi Padre es el labrador».

No se trata de producir mucho ni de presentar una buena cuenta de resultados. Se trata de alimentarnos de su savia, de permanecer unidos a Él en todo lo que la vida nos trae, tanto en la alegría como en la prueba. Solo así el fruto nace casi sin darnos cuenta.

miércoles, 22 de julio de 2026

CONSCIENTES DE SU RESURRECCIÓN

Jn 20, 1-2. 11-18

Hay personas a las que todo les viene regalado y su vida camina sin ningún obstáculo.  Mientras para uno todo son dificultades, otros encuentran el camino despejado.

El dolor complica la vida; sin embargo, tiene algo bueno, aunque no lo veamos así de entrada. Nos fortalece para afrontar las inclemencias de la vida, los obstáculos y la adversidad.  Despierta nuestra conciencia y nos ayuda a mirar la vida con más profundidad.

 A veces no nos damos cuenta de muchas cosas porque lo consideramos normal y que tiene que ser así, pero cuando las circunstancias son adversas, surgen las preguntas.

Las dificultades y las lágrimas nos ayudan a sobreponernos, a pensar y a hacernos preguntas que avivarán nuestra conciencia y nos motivarán a buscar la salida que nos alivie y nos dé paz.

Necesitamos experiencia de encuentro, de escuchar nuestro nombre, de vivir la cercanía de la salvación y de sabernos queridos y salvados por amor.

No se trata simplemente de conocer, sino de experimentar que Alguien ha entregado su vida por mí y ha vencido la muerte. Y está a nuestro lado, nos llama, camina con nosotros y nos invita a proclamar que vive y ha resucitado.

Sabemos que la muerte forma parte de nuestra condición humana, pero no pensamos en ello. Sin embargo, queramos o no, llegará. 

Pues bien, conviene vivir preparado, que no estar preocupado ni triste. Todo lo contrario, alegres y gozosos de que, cuando llegue ese momento, que llegará, sepamos que estamos con y en Él. 

Y eso nos basta, porque sabemos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

martes, 21 de julio de 2026

MÁS ALLÁ DEL VÍNCULO DE SANGRE

Mt 12, 46-50

Sebastián consideraba que la sociedad era el resultado de muchas familias y que, como consecuencia, surgían los pueblos.

—Somos seres en relación —dijo— con la mirada puesta en Manuel. No se concibe al ser humano individualmente…

Y sin dejar de mirarle, le preguntó.

—¿Qué piensas al respecto? ¿Crees que el hombre puede vivir sin relacionarse?

Manuel, sin apenas inmutarse y muy seguro de sí mismo, respondió.

—El hombre ha sido creado para amar. Y el amor implica relación. De ahí que su vida se inicie en una familia y durante muchos años dependa de ella…

Hizo una pausa, tomó la Biblia y dijo.

—Ese es el ámbito donde el ser humano se desarrolla, aprende a convivir y, sobre todo, a amar. Y a distinguir lo bueno de lo malo…

Entonces, abrió el evangelio de Mateo 12, 46-50, y leyó:

—En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo»

Al terminar de leerlo, comentó.

—Jesús amplía el concepto de familia hacia la fraternidad: «Estos son mi madre y mis hermanos».

Vino a la memoria de muchos la llamada a la relación con los demás que nace en la familia y en todos los que la rodean.

Todos los presentes entendieron que la relación fraternal va más allá de los vínculos de sangre.

Es evidente que la solución que el mundo busca no depende únicamente de pactos y acuerdos, sino, sobre todo, de la conciencia de que estamos unidos por un vínculo de amor que trasciende razas, culturas y fronteras.

lunes, 20 de julio de 2026

UN SIGNO DE RESURRECCIÓN

Mt 12, 38-42

Muchas veces no queremos ver lo que está delante de nuestros ojos. Preferimos no arriesgar nuestra situación y evitamos comprometernos.

En realidad, eso es prueba de nuestra poca fe.

Apostamos únicamente por lo que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos.

Fuera de eso, no nos comprometemos a nada que deteriore nuestro confort de vida.

Pedro, mirando apasionadamente a Manuel, le preguntó.

—No crees que vale la pena arriesgar. La resurrección es el fundamento de nuestra fe…

Y sin apenas dudar, agregó.

—No se impone mediante demostraciones, sino que se acoge por el testimonio de quienes encontraron al Resucitado y por la acción del Espíritu en la Iglesia. …

Sin dejar de mirarle, guardó unos segundos de silencio y añadió.

—Además, está el testimonio de aquellos que lo han visto antes de que ascendiera a los cielos.

Manuel, conforme con lo que decía Pedro y dibujando una suave y gozosa sonrisa en sus labios, comentó.

—Estoy de acuerdo con lo que has comentado. En realidad, el riesgo que asumimos es pequeño, porque vivir como Jesús nos propone no nos empobrece, sino que nos hace verdaderamente felices. …

Abrió la Biblia y dijo.

—En Mateo 12, 38-42, Jesús llama a su generación perversa y adúltera porque exige una señal para creer…

Tras terminar de leer todo el pasaje evangélico, agregó.

—Es evidente que el encuentro con Dios solo es posible en la fe. Nos movemos en el ámbito del misterio, el amor, la amistad, la confianza, lo relacional…

Hizo una breve pausa y, poniendo la mirada en ellos, concluyó.

—En la hora de nuestro bautismo ha venido a nosotros el Espíritu Santo. Abriéndonos a su acción, fortaleceremos la fe que nos ayudará a creer en la Resurrección y en la presencia del Señor en nuestra vida. 

Son muchos los que han sentido la presencia del Señor en sus vidas.  Quizá también nosotros debamos abrirle el corazón y dejarnos encontrar por Él, en lugar de exigir pruebas irrefutables.

domingo, 19 de julio de 2026

TAMBIÉN, ENTRE NOSOTROS, CRECE LA CIZAÑA

Mt 13, 24-43

Juan quería ser feliz. Eso es lo que entendía y para lo que estaba en el mundo. Sus padres buscaban su felicidad, y él deseaba ser feliz.

Pronto descubrió que ese mismo anhelo habitaba en todo ser humano. Todos luchaban por alcanzar la felicidad; parecía ser la meta de toda vida.

Con un rostro alegre, miró a Manuel y le dijo.

—Supongo que tú también quieres ser feliz. Es la aspiración de cualquiera.

Y dando tiempo a su respuesta, añadió.

—¿Estás de acuerdo?

Manuel, asintiendo con una suave sonrisa, respondió.

—Evidentemente, todos buscamos la felicidad. Hemos nacido para eso y, aunque en este camino carguemos con nuestras cruces y la cizaña crezca entre nosotros, nunca dejamos de caminar hacia esa felicidad…

Guardó un breve silencio y, sin dejar de mirarle, agregó.

—Pero, además, no nos conformamos con ser simplemente felices los días de vida en este mundo, sino que aspiramos a ser felices eternamente.

Juan, algo confuso y perplejo, fijó la mirada en él y comentó.

—¿Piensas que seremos eternos?

Manuel, seguro de lo que decía, afirmó.

—No lo pienso, lo creo. Dios no nos ha creado para una existencia pasajera, sino para compartir su Gloria… 

Le miró con decisión y concluyó.

—Y en eso debemos trabajar porque la cizaña también se mueve dentro de nosotros.

Hizo una pausa y, abriendo los brazos con la Biblia en ellos, dijo.

—En el evangelio de Mt 13, 24-43, Jesús nos invita a alinearnos con los sueños de Dios para este mundo, asegurándonos que el Reino de su Padre y la felicidad van de la mano.

Juan y los que le acompañaban se estremecieron. Cruzaron las miradas y experimentaron ese sentimiento de eternidad interiormente.

Con buena semilla y desde lo pequeño, la realidad se transforma.

Señor, que deje a un lado la prudencia excesiva y me atreva a soñar en grande, aun en medio de las dificultades y de los datos de la realidad que invitan al desaliento. 

Hoy me llamas a vivir en la esperanza.