ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 21 de julio de 2019

UN ESPACIO DE ENCUENTRO CADA DÍA

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Lc 10,38-42
El motor, la vida, la fuerza y todo lo que te da energía, esperanza y fortaleza para vivir cada día en la presencia de Dios es su Palabra. Por tanto, encontrar un espacio diario para escuchar su Palabra es vital en el camino de nuestra vida. Sin su Palabra nuestras fuerzas se debilitarán y terminaremos en las manos del demonio. La escucha atenta y comprometida nos dará fuerza para servir mejor al prójimo y priorizar la asistencia a las personas, pero necesitamos esa fortaleza que nos da la Palabra de Dios.

Muchas veces priorizamos el trabajo y otras ocupaciones. En un principio nos pueden parecer importantes, y, posiblemente, lo sean, pero no lo más importante. La escucha de la Palabra de Dios es el fundamento y el motor de nuestra vida cristiana y de nuestro seguimiento al Señor. Sin ella nos perdemos y equivocamos el camino. Urge conocer al Señor, su Palabra y el Plan de Salvación que ha venido a anunciarnos, porque sin conocerlo no podremos encontrarnos con Él.

Es la opción que escogió María y que su hermana Marta le reprochó. Sin embargo, sin quitarle la debida importancia del servicio que realizaba Marta, Jesús le indicó que la escucha de su Palabra, que María había elegido, es vital para nuestra vida y para, incluso, darle sentido a nuestro servicio a los demás, para cargarnos de razones de amor para realizar todo el bien que podamos hacer para los demás. Porque, sin las fuerzas de la Palabra y del Espíritu de Dios caeremos en las garras del príncipe del mundo que nos apartará de Dios y nos llenará de trabajo que esconden egoísmos, intereses y conveniencias.

Sin el don de la gratuidad todo nuestro ser y obrar se convierte en basura. Y es que cuando buscas y persigues algo a la hora de servir, has dejado de abrirte a la Gracia y Misericordia del Señor, pues ya tienes tu premio en ese servicio que haces por interés. Lo que hemos recibido gratis, tenemos que darlo gratis , nos dice el Señor -Mt 10, 8.-.

sábado, 20 de julio de 2019

TODA PROFECÍA SE CUMPLE EN JESUS

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A lo largo del Plan de salvación de Dios observamos que todas las profecías van cumpliéndose en Jesús. Él es el Hijo de Dios y el Mesías anunciado que dará a conocer el mensaje de Salvación con el anuncio de la Buena Noticia. Él nos revelará el verdadero Rostro de Dios, porque, es Él precisamente, valga la redundancia, el verdadero Rostro de Dios.

Sin embargo, el anuncio de esa Buena Noticia no es bien recibida por el pueblo elegido y, los fariseos, le buscan para eliminarlo. El anuncio de un Dios misericordioso, que pone en jaque a la ley que ellos ponían en primer lugar, empieza a molestarle. Jesús, que sospecha para que le buscan se marcha y se retira de aquel lugar y, como es lógico, la gente le sigue. Él los atiende y les curas de sus dolencias advirtiéndoles que no le descubran para que así se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza».

Ahora, el interrogante que nos suscita este Evangelio y que nos interpela, nos lleva a preguntarnos: ¿También le seguimos nosotros quizás buscando algún interés de salud o de otros problemas? ¿O le seguimos por lo que supone encontrar en Él la Vida Eterna que está implícita en nuestros corazones?  Esa es la cuestión que tanto el hombre como la mujer de todos los tiempos se plantean. 

Jesús ha venido para eso, para mostrarnos el camino, porque, Él, es precisamente el Camino, la Verdad y la Vida. Y en Él se va realizando ese plan de Salvación que Dios ha pensado desde la Eternidad para cada uno de nosotros. Sin embargo, la tarea no se ha acabado y, por eso, el Señor cuenta con cada uno de nosotros de forma libre y voluntaria. En nuestro bautismo hemos recibido el compromiso de nuestra misión y hemos sido configurados como sacerdotes, profetas y reyes para alabar, anunciar y servir según la Palabra y el Plan de amor que Dios nos revela a través de su Hijo Jesús.

Cada día comenzamos un nuevo reto y una nueva lucha. Una batalla ya ganada de antemano, porque, el Señor ha vencido al mal y, en Él, tenemos garantizada la victoria.

viernes, 19 de julio de 2019

LA MISERICORDIA ESTÁ POR ENCIMA DE LA LEY

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Mt 12,1-8
Sin darnos cuenta vivimos sujetos a las leyes e incluso a las costumbres y tradiciones. Y lo hacemos hasta el punto de hacerlas criterio de nuestra vida a las cuales nos sometemos y supeditamos todo nuestro ser y obrar. Los judíos, por ejemplo, imponían el descanso del sábado anteponiéndolo a la misericordia con el prójimo. 

Esa controversia nos lleva a preguntarnos: ¿Está la ley antes que la urgente necesidad al prójimo? ¿Se puede postergar la asistencia urgente a una persona por el descanso del sábado?  ¿Qué piensas tú a este respecto? Porque, esa cuestión nos puede llevar a más consecuencias dependiendo de cómo lo valoremos. ¿Podía el buen samaritano dejar a aquella persona herida, por el hecho de ser sábado, a su suerte y no asistirla? ¿Cúal sería según tú la actitud correcta?

Supongo que estarás pensando lo mismo que yo. La Misericordia, dependiendo de su necesidad y urgencia, es lo primero. Y eso, aparte de que lo sentimos y experimentamos en nuestros corazones, es lo que también nos ha dejado claro el Señor: Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.

Porque, la misericordia es la máxima expresión del amor. Estamos salvados y llamados a la Vida Eterna por la Misericordia de nuestro Padre Dios, y no porque lo merezcamos, sino por pura gratuidad y misericordia de Dios. No merecemos nada, y menos el perdón y la salvación eterna, pero, por la Misericordia de Dios, misterio indescifrable para nosotros, alcanzamos el perdón de nuestros pecados y el regalo inmerecido de la Vida Eterna.

jueves, 18 de julio de 2019

QUIERO, SEÑOR, ACEPTARME TAL CUAL TÚ ME HAS CREADO Y DESCANSAR EN TI

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Me voy dando cuenta, Señor, y por eso te doy las gracias, que no son mis esfuerzos ni mis empeños los que me transforman ni me dan la paz, sino, simplemente, tu Gracia. Y en eso estoy, en estos momentos de Gracia y lucidez recibida por el Espíritu Santo, después de seguirte tanto tiempo en actitud de colaborar contigo cuando en realidad eres Tú quien haces todo. Perdona, Señor, mi gran disparate, porque lo que me toca a mí es seguirte y dejarme modelar por tus Manos.

Seguirte, Señor, y ponerme en tus Manos. Hoy me lo recuerdas y me lo dices claramente con tu Palabra: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Gracias, Señor, por encender mi corazón y abrirme los ojos para ver que sólo Tú eres mi descanso, mi alivio y mi paz. Llevo mucho tiempo buscándote, Señor, pero, quizás en lugares equivocados. Sin darme cuenta he puesto mi paz en mis obras cuando la realidad es que sólo está en Ti. Me lo has advertido muchas veces: buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas Mt 6,33. y, erre que erre no me enteraba.

Sí, Señor, primero Tú y siempre Tú, pues todo lo demás son sólo apariencias y mentiras. Nadie da la vida por mí como lo haces Tú cada día, y de forma real y presente en cada Eucaristía. Te me entregas, Señor, y te conviertes en mi alimento, mi descanso y mi paz. Gracias de nuevo, Señor, por esa luz con la que me has iluminado para que deje de buscarte en las obras y pueda encontrarte en mí corazón. Porque, lo demás, Señor, confío que correrá de tu cuenta.

miércoles, 17 de julio de 2019

SENCILLOS DE CORAZÓN

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Mt 11,25-27
La sencillez no admite doblez. Lo sencillo es simple, tiene una sola cara y no presenta complejidad. De modo que no se resiste a la verdad ni presenta dificultades ni complicaciones. Se abre a la verdad porque, de hecho, están en su búsqueda. La sencillez no tiene lugar para la mentira ni para el engaño. No es compleja y sólo presenta la cara de la verdad. Por eso, Jesús da gracia a Dios por la gente sencilla que pone su confianza en Dios.

Y es que sucede que los sabios y entendidos tienen mil razones para resistirse y para poner en duda el anuncio de la Buena Noticia. Su complejidad les inclina a cerrar sus corazones y a dudar de la Palabra de Dios. Siempre encuentran excusas para sortear y rechazar la Palabra de Dios. Se cierran a la fe y se agarran a su razón, pues, lo que no son capaces de entender ni cabe en sus mentes no lo aceptan.

¿Acaso puede el ser humano entender el misterio y la grandeza de su Creador? ¿Es él más grande o igual que el Creador de todo lo visible e invisible? Sin lugar a duda el sencillo no se hace esas preguntas ni se complica buscando razones, simplemente cree y se abandona en las Manos del Señor y escucha su Palabra. Porque, a Dios se llega desde el corazón y desde el amor y no por la inteligencia.

Dios se da a conocer y se revela a la gente sencilla, a los que son capaces de esforzarse en amar y buscar el bien. A aquellos que, experimentando en sus corazones el deseo de amar son capaces de entregarse y confiar en su Palabra. Así ocurrió con Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Juan el Bautista... hasta llegar a María. Quizás estemos ahora nosotros experimentando esa llamada y nos corresponderá responder y abrir nuestros corazones mostrándonos sencillos y humildes a la escucha de la Palabra de Dios. Es cuestión de experimentarnos sencillos y humildes y dejar que el Espíritu de Dios nos transforme.