viernes, 3 de abril de 2026

SILENCIO COMO RESPUESTA

Jn 18, 1-19, 42

Era Viernes Santo. Manuel reflexionaba con los tertulianos sobre el momento litúrgico que se vivía en esos días.

Tomando la palabra, comentó:

—En estos momentos hay muchas personas que temen por sus vidas en algunos lugares del planeta. Gente que es amenazada y torturada; gente que da su vida por la fe en Jesús de Nazaret.

Se puso de pie y, mostrando la Biblia, dijo:

—La historia está llena de mártires que han derramado su sangre por la fe en Jesús. Y hoy sigue ocurriendo lo mismo que aquellos días, hace ya más de dos mil años…

Hizo una pausa y señalando con el dedo índice el Evangelio de Juan (18, 1-19,42), añadió:

—Cuando Jesús se revela como hijo de Dios y nos anuncia el Amor y la Misericordia de su Padre… fue condenado a una muerte de cruz.

Aguardó unos segundos. Se hizo un silencio y, con una voz suave y tierna, continuó:

—Podía, y de muchas maneras, evitar su crucifixión, pero optó por permanecer en silencio y no oponer resistencia. 

Y dejarse maniatar: por las garras de la muerte, por los prejuicios, por la intolerancia… por nuestras ideologías llevadas al extremo.

El mal se cierne sobre Jesús.

La gente que le escuchaba, sobre todo los tertulianos, permanecía en silencio. Se respiraba una atmósfera de respeto, de tristeza, pero también de fe y esperanza.

—La vida de Jesús ha sido expresión de cómo es Dios Padre y Madre, y en la Pasión, se convierte en entrega silenciosa, dejándose llevar, con el silencio como respuesta…

Detuvo sus palabras y, tras una breve pausa, siguió:

—Jesús no reniega en el último momento, no huye, no busca atajos, sigue siendo obediente y coherente. El amor hasta el extremo es fidelidad a Dios y a la humanidad.

Cerrando la Biblia y tomando asiento, Manuel concluyó:

—¿Y nosotros? ¿Rechazamos el Plan de Dios porque no coincide con el nuestro, como hizo Judas, o, sin entenderlo, como María, confiamos en Dios?

El silencio delataba que las palabras de Manuel no habían caído en balde. La semilla había sido sembrada.

jueves, 2 de abril de 2026

GESTO SIMBÓLICO

Jn 13, 1-15

Sufría cada vez que intentaba dar un paso. Sus movimientos eran lentos y temblorosos. Juliana, que era su nombre, apenas podía moverse.

Por otro lado, su vieja casa estaba necesitada de muchas cosas. No tenía agua corriente ni luz. Había muchas carencias que le hacían penosa su vida.

Nada más amanecer, abría su ventanuco para que la casa se aireara y entrara algo de sol. Luego se sentaba a la entrada sobre algunas piedras para tomar algo de sol que la calentara.

Allí mitigaba sus penas y trataba de consolarse.

«Al menos tengo donde guarecerme y poder descansar», pensó.

Su despensa, por llamarla de alguna forma, estaba casi vacía. Un poco de pan, unas botellas de agua, dos huevos y algunos paquetes de legumbres.

Había algunos momentos en que sus mejillas se bañaban de lágrimas que utilizaba para limpiar su envejecido rostro.

Todo parecía repetirse. Le costaba mucho hacer ese recorrido, pero necesitaba llegar a la Beneficencia de Cáritas para conseguir algo de alimentos.

Y, resignada, empezaba a hacer el recorrido cuando sintió un toque en su hombro.

Al darse la vuelta, vio la figura de un hombre que le dijo:

—Buenos días, señora, ¿a dónde se dirige de esa forma?

Sorprendida por esa pregunta, y extrañada de que alguien se interesara por ella, respondió:

—Necesito comer y tengo que acercarme a la Beneficencia por alimentos.

—Pero así no puede usted ir —replicó Onésimo—. ¡Apenas puede moverse! ¿Y cómo traerá lo que le den?

Sollozando y escondiendo su cara, dijo:

—¿Qué puedo hacer? No me queda otro remedio.

Onésimo, compadecido de aquella mujer y sin apenas titubear, tomó a la mujer por su brazo y la llevó de nuevo a su sitio.

Con gran respeto pero de manera firme, añadió:

—Usted quédese aquí y descanse. Yo iré por alimentos y se los traeré. No se preocupe.

La alegría de Onésimo era patente. Su corazón latía de gozo. Ahora tenía la ocasión de amar.

«Y lo haré todos los días», se dijo. «Además, miraré qué otras cosas necesita». Igual puedo arreglarle la casa un poco.

“Onésimo, sin saberlo, comenzó a lavar los pies de Juliana con su entrega.”

En el Evangelio de Juan (13, 1-15), Jesús nos enseña —con el gesto del lavatorio de los pies— diferentes formas de amar, a preocuparnos unos por otros y a preguntarnos cómo estamos amando.”

Jueves Santo, pan partido, acción de gracias, amor fraterno, la cena del Señor.

Quizás sobren las palabras y lo más adecuado sea contemplar y experimentar cómo tus manos se acercan a nuestros pies …

 Cómo los tomas con cuidado entre tus manos y viertes un poco de agua templada, sentir el escalofrío que produce el tacto de tus dedos sobre los tobillos …

El cuidado con que poco a poco nos lavas, es decir, nos amas…

Nos deja un gesto simbólico que evoca servicio, donación y entrega. Comunión y comunicación, cuidado y atención…

Y una invitación: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? También ustedes deben lavarse los pies unos a otros.

Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan con los otros.

miércoles, 1 de abril de 2026

TRAICIÓN Y PERDÓN

Mt 26, 14-25

La idea era entablar conversaciones de paz con los enemigos del barrio. Hacía bastante tiempo que no había seguridad y las calles, sobre todo al atardecer, se convertían en una amenaza de saqueo y hasta violaciones. No se podía vivir así.

Gustavo, el líder del grupo de la asociación de vecinos, propuso tener una reunión de paz con los saqueadores del barrio.

Algunos se opusieron y presentaron sus iniciativas.

—Creo que esa no es la solución —dijo Jorge— con cara de furia.

Entonces, convencido de que esa era la mejor opción, afirmó:

—Debemos hacerles frente y vencerles. Somos más numerosos que ellos.

Muchos levantaron el brazo mostrando su acuerdo con Jorge.

Gustavo, con mucha paciencia y levantando las manos con las palmas abiertas, dijo:

—El enfrentamiento no es solución. Incluso siendo más fuerte que ellos. La violencia engendra violencia.

Se paró unos instantes y continuó:

—En la paz está la solución. Una paz que no humille a nadie, que establezca acuerdos de convivencia y principios de justicia para todos.

Sonaron aplausos, incluso entre quienes se oponían. La mayoría estaba de acuerdo. La paz se construye en el diálogo, la verdad y la justicia.

—A veces nos cuesta asumir el giro de los acontecimientos —dijo Gustavo— dirigiéndose a todos.

Hizo una pausa y añadió:

—En el Evangelio de San Mateo (26, 14-25), Judas traiciona a Jesús, delatándolo a los principales sacerdotes, creyendo que esa es la mejor solución.

Se hizo un silencio, añadido a miradas cruzadas hacia Jorge, que dejaban suspendido en el aire que la paz era verdaderamente la mejor solución.

Treinta monedas en el precio de las complejas relaciones humanas cuando tratamos de imponer nuestros ritmos, tiempos y modos de proceder. 

Cuando no respetamos los tiempos y motivaciones ajenas.

 Cuando no somos obedientes a la realidad que nos toca vivir.

Unas veces Judas, otras Pedro… 

Ambos reconocen el error y se duelen por el daño causado. 

Pero mientras uno toma el camino del perdón, el otro se sumerge en la destrucción.

martes, 31 de marzo de 2026

¿SOY YO, SEÑOR?

Jn 13, 21-33.36-38

En la cabeza de Santiago permanecía una idea:

«¿Soy, quizás, culpable de muchas cosas que suceden en este mundo?»

Con mis actuaciones puedo estar colaborando, indirectamente —cuando no directamente—, a que ocurran hechos desagradables que perjudiquen a muchas personas.

Se sentía atormentado por esa cuestión y buscaba la manera de que alguien le ayudara a liberarse de esa inquietud.

«¿Será una obsesión o una verdad que no quiero ver?», pensó.

Eran aproximadamente las doce del mediodía y, atribulado por ese pensamiento, buscó la tertulia de la terraza con el deseo de aclarar lo que le angustiaba.

—Buenos días, amigos —dijo, encogido—. Tengo una pregunta que plantearles.

Miró buscando a Manuel y, al encontrarlo, fijó en él una mirada tímida:

—Me preocupa el sentimiento de culpabilidad que experimento cuando compruebo que mis actos no coinciden con lo que creo que debo hacer.

Y, sosteniendo su mirada, añadió:

—¿Alguien puede ayudarme?

Se hizo un silencio. Todos, algo confusos, miraron a Manuel.

Este, reclinado en su silla, enderezó la espalda y, levantándose, dijo:

—Hay momentos en los que nos creemos más de lo que realmente somos. Tendemos a medir mal nuestras fuerzas… y el tiempo se encarga de colocarnos en la verdad.

Hizo una pausa, tomó su Biblia —siempre a mano— y, mirando a Santiago, leyó:

—Del santo Evangelio según san Juan 13, 21-33.36-38: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará…».

Al terminar, con voz templada, añadió:

—Jesús, profundamente conmovido, anuncia la traición de Judas y la negación de Pedro. Nos muestra la fragilidad humana ante la inminente pasión.

Guardó unos segundos de silencio, manteniendo la mirada en Santiago, y concluyó:

—A menudo, nuestra humanidad herida nos hace pensar que eso no va con nosotros… Pero cuesta reconocer que también nosotros podemos encarnar la traición.

En el ambiente quedó suspendida una idea inquietante:

Nos cuesta creer que pueda ser uno de nosotros… que pueda ser yo…
pero, si hago memoria, descubro que sí… que puedo ser yo.

lunes, 30 de marzo de 2026

MOVIDOS POR LA CURIOSIDAD

Jn 12, 1-11

Siempre me ha llamado la atención la reacción de quienes presenciaron la resurrección de Lázaro:

¿Creyeron o no?

Porque prueba mayor no hay. Devolver la vida a un muerto es la evidencia más grande de poder: Señor de la vida y de la muerte.

El reto que busca el mundo —y no logra—, vencer a la muerte y dar la vida, lo realizó Jesús con su amigo Lázaro.

El evangelio de Juan dice que muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en Él. Pero eso mismo deja entrever que otros muchos no creyeron.

«¿Acaso hay algo más grande?», me pregunté con asombro.

El amigo querido se convierte en motivo de discusión: ¿cómo es posible que haya vuelto a la vida, si ya olía mal?

Quizás porque lo que hace y dice el Nazareno es verdad…

Ojalá la curiosidad no se quede en la superficie, sino que nos lleve a lo hondo.

La suerte de Lázaro queda unida a la de Jesús: ambos están señalados. Conviene hacerlos desaparecer; no puede quedar rastro de lo ocurrido.

Y hoy, después de veintiún siglos, todo sigue igual.

Muchos creen sin ver; otros exigen ver… y aun viendo, cierran el corazón.

Entramos en una semana decisiva. Para muchos será tiempo de vacaciones; para otros, descanso o jolgorio. Para el creyente, en cambio, es una oportunidad para fortalecer la fe y crecer en conversión.

Mientras algunos se enredan en discusiones estériles —intereses, ideologías, dobles intenciones—, lo esencial sigue siendo lo mismo: estar.

“Hoy, Señor, no quiero quedarme en la curiosidad. Quiero creer… y estar.”

domingo, 29 de marzo de 2026

EMOCIONES SUPERFICIALES

Mt 27, 11-54

Esperaban un rey todopoderoso, capaz de liberarlos del yugo romano. Creen que ha llegado… y sus emociones se desbordan.

Su entrada en Jerusalén es aclamada con cantos y palmas. Todo es júbilo en torno a Jesús. Pero en pocas horas, el paisaje cambia. Aparece la vulnerabilidad humana, la mentira —propia y ajena— y el desconcierto.

Llega el desencanto. Ya no parece ser aquel que esperaban… o, al menos, no coincide con la imagen que se habían forjado. Y de las aclamaciones se pasa, casi sin transición, a la condena.

El silencio de la Pasión se vuelve elocuente. Resuenan acusaciones y ultrajes. Jesús carga con las heridas del cuerpo… y con otras más profundas. Surgen los cirineos, rostros de ayuda inesperada; la compasión se abre paso en medio de la barbarie. Conviven la burla y la ternura, la fe y el abandono.

Y todo parece terminar. Llega la muerte. Se cuida un cuerpo, se deposita en el sepulcro… mientras, en lo escondido, comienza a latir la promesa.

Domingo de Ramos: emociones superficiales, sin hondura donde sostenerse. Todo se derrite como nieve al sol.

Pero será el amor —mostrado en la Cruz— el que avive la raíz; y, si encuentra tierra buena, dará fruto.

sábado, 28 de marzo de 2026

CONVIENE QUE UNO MUERA

Jn 11, 45-57

Se encontraba atrapado. Decidiera lo que decidiera, alguien saldría perdiendo.
Si no hacía nada, se ponía del lado de la rebelión; si intervenía, declaraba la guerra a los rebeldes.

«¿Qué hacer?», se preguntaba.

Eligió acercarse a la terraza y pedir opinión. Allí tenía buenos amigos que solían ayudarle a ver con más claridad.

Se acordó de Manuel. Siempre le había dado buenos consejos. Ahora los necesitaba más que nunca.

—Buenos días, amigos —saludó con la esperanza de encontrar alguna luz.

—Buenos días —respondieron—. ¿Cómo andas, Rogelio? —preguntó uno del grupo.

—Con un problema que no me deja tranquilo —respondió—. Y vengo buscando alguna pista… algo que me ayude a salir de esta situación.

Mientras hablaba, buscaba con la mirada a Manuel.

—¿No está Manuel? —preguntó, con un deje de inquietud.

—Ahora mismo no, pero no tardará —respondió Basilio—. Mira, ahí viene.

Al entrar Manuel en la terraza, todos lo miraron con expectación.

—Buenos días —dijo, sorprendido—. Veo que hay buena tertulia.

—Buenos días —respondieron—. Rogelio te buscaba —añadió Basilio.

—Pues aquí estoy —dijo Manuel, tomando asiento—. Cuéntame.

Rogelio dudó unos segundos. No sabía cómo plantear lo que llevaba dentro. Finalmente, se sentó frente a él y habló:

—La gente de mi barrio está dividida. Unos quieren encontrar a alguien que pague por lo ocurrido. Otros piensan que nadie debe ser señalado, que todos debemos asumir lo que ha pasado.

Hizo una pausa, respiró hondo y continuó:

—Y yo estoy en medio… No sé qué hacer. ¿Qué me aconsejas?

Manuel escuchaba en silencio. Luego tomó su Biblia, la puso sobre la mesa, entrelazó las manos y dijo:

—Toda discusión esconde intereses encontrados. Pero lo importante es descubrir dónde está la verdad…

Levantó la mirada y recorrió con ella a los presentes.

—La verdad es la que busca el bien de todos, no el de unos pocos. Esa es la opción que merece la pena.

Se levantó, abrió la Biblia y leyó:

—Evangelio según san Juan 11, 45-56

Al terminar, cerró el libro con calma y añadió:

—Hay momentos en los que elegir implica renunciar. Y no sin dolor. Porque detrás de cada decisión hay personas, consecuencias… heridas.

Hizo una breve pausa.

—Lo de Lázaro no fue solo un milagro. Fue el momento en que todo cambió. Algunos creyeron. Otros empezaron a tener miedo… y decidieron que alguien debía pagar.

El ambiente quedó en silencio.

Manuel continuó:

—Y, sin embargo, ahí se revela algo más profundo. Solo desde la fe en el Crucificado —en Aquel que se despoja de todo poder— nace una forma nueva de vivir, una comunidad distinta.

Miró a Rogelio con serenidad.

—Como explica Benedicto XVI, incluso decisiones tomadas por motivos equivocados pueden quedar dentro de un designio mayor que Dios conduce… aunque eso no justifique la intención de quien actúa.

Rogelio guardó silencio. Pero su rostro había cambiado. La confusión había dado paso a una decisión.