Algo se nos escapa a nuestra mirada. No llegamos a entender por qué una semilla se seca y otra da fruto.
Es verdad que, según el terreno donde caiga, unas, abrazadas por el sol, por la poca profundidad de la tierra o los abrojos; otras, bendecidas por la tierra buena, darán o no fruto.
En nuestro mundo sucede algo parecido. Mientras unos miembros de la familia dan fruto, otros solo generan problemas. Y, sin embargo, todos pertenecen a la misma familia y a la misma generación.
—¿Qué está pasando? —se preguntó Hermes— con gesto de enfado consigo mismo.
Mirando a Manuel, no pudo resistir y, preocupado, le rogó una respuesta al respecto.
Manuel, sin apenas inmutarse, sosegadamente le dijo.
—Seguramente la cuestión está en nuestra manera de sentir y escuchar. La siembra ya está hecha y llega a todos. Ahora…
Hizo una pausa, miró con ternura a Hermes y puntualizó.
—¿Estás tú atento, abierto y dispuesto a esforzarte para recoger esa semilla —tus talentos— y ponerlos a producir?…
Se cruzaron las miradas y, tras un silencio que duró unos segundos, Manuel continuó.
—En el evangelio de Mateo 13, 1-23, Jesús nos presenta la parábola del sembrador y nos descubre cómo responde cada corazón a la siembra de su Palabra…
Cerrando la Biblia que mantenía en las manos, concluyó.
—Conviene leerla detenidamente y tratar de sentir y escuchar qué hacemos nosotros con esa semilla sembrada en nuestro corazón…
Dándose la vuelta y dejando la mirada fija en el horizonte, comentó.
—¿La dejamos al borde del camino para que se la coman los pájaros? ¿No le damos profundidad suficiente y permitimos que el sol la marchite? ¿O la cultivamos, con la Gracia de Dios, para que dé fruto abundante?
Las palabras de Manuel iban conmoviendo el corazón de Hermes y de los que le acompañaban.
Sí, verdaderamente, Dios siembra la semilla; pero el fruto dependerá de cómo cuidemos el terreno de nuestro corazón y cooperemos con su gracia.
La tierra nos la ha regalado Dios, y la ha dejado en nuestras manos para que seamos nosotros los que la preparemos para, tras ser sembrada la semilla, dé fruto.