domingo, 12 de julio de 2026

UNA SEMILLA A CULTIVAR

Algo se nos escapa a nuestra mirada. No llegamos a entender por qué una semilla se seca y otra da fruto.

Es verdad que, según el terreno donde caiga, unas, abrazadas por el sol, por la poca profundidad de la tierra o los abrojos; otras, bendecidas por la tierra buena, darán o no fruto.

En nuestro mundo sucede algo parecido. Mientras unos miembros de la familia dan fruto, otros solo generan problemas. Y, sin embargo, todos pertenecen a la misma familia y a la misma generación.

—¿Qué está pasando? —se preguntó Hermes— con gesto de enfado consigo mismo.

Mirando a Manuel, no pudo resistir y, preocupado, le rogó una respuesta al respecto.

Manuel, sin apenas inmutarse, sosegadamente le dijo.

—Seguramente la cuestión está en nuestra manera de sentir y escuchar. La siembra ya está hecha y llega a todos. Ahora…

Hizo una pausa, miró con ternura a Hermes y puntualizó.

—¿Estás tú atento, abierto y dispuesto a esforzarte para recoger esa semilla —tus talentos— y ponerlos a producir?…

Se cruzaron las miradas y, tras un silencio que duró unos segundos, Manuel continuó.
—En el evangelio de Mateo 13, 1-23, Jesús nos presenta la parábola del sembrador y nos descubre cómo responde cada corazón a la siembra de su Palabra…

Cerrando la Biblia que mantenía en las manos, concluyó.

—Conviene leerla detenidamente y tratar de sentir y escuchar qué hacemos nosotros con esa semilla sembrada en nuestro corazón…

Dándose la vuelta y dejando la mirada fija en el horizonte, comentó.

—¿La dejamos al borde del camino para que se la coman los pájaros? ¿No le damos profundidad suficiente y permitimos que el sol la marchite? ¿O la cultivamos, con la Gracia de Dios, para que dé fruto abundante? 

Las palabras de Manuel iban conmoviendo el corazón de Hermes y de los que le acompañaban.

Sí, verdaderamente, Dios siembra la semilla; pero el fruto dependerá de cómo cuidemos el terreno de nuestro corazón y cooperemos con su gracia.

La tierra nos la ha regalado Dios, y la ha dejado en nuestras manos para que seamos nosotros los que la preparemos para, tras ser sembrada la semilla, dé fruto.

sábado, 11 de julio de 2026

MEJOR DAR QUE RECIBIR

Mt 19, 27-29

La realidad es que nos cuesta darnos gratuitamente a los demás. Casi siempre esperamos que detrás de nuestra generosidad haya alguna recompensa o beneficio. Ese deseo está profundamente arraigado en nuestro corazón.

Sin embargo, el hombre tiene capacidad para oponerse a eso y ofrecerse gratuitamente sin búsqueda de interés. Y eso, contrariamente a dejarnos tristes, nos llena de gozo.

Al escuchar estas palabras, Pedro no pudo quedarse callado. Levantando la cabeza y mirando fijamente a Manuel, le dijo.

—¿Piensas que el hombre es capaz de ir contra sus propios intereses?…

Hizo un breve silencio y, sin dejar de mirarle, añadió.

—¿Acaso crees que puede vencerse a sí mismo y darse a los demás sin pedir nada a cambio?

Manuel, sin apenas inmutarse, le miró complacido y respondió.

—Si lo intenta desde su propia naturaleza y sin contar con el Señor, seguramente quedará atrapado por el egoísmo y la codicia con la que nos seduce este mundo…

Fijándose en su reacción y, con ternura, agregó.

—Pero, si se pone en manos de Dios y, con perseverancia, le pide que le ayude a despojarse de toda vanidad mundana, lo conseguirá con el tiempo…

Observando sus caras con el ceño fruncido, comentó.

—Jesús nos dice en Mateo 19, 27-29: Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna…

Y sin dar tiempo a réplica, concluyó.

—A nosotros nos toca ahora, tal como dice san Benito: «orar y trabajar»; la vida eterna se recibirá más adelante.

Ahora se entendía todo. No se trata de esperar resultados aquí abajo. 
Nuestro paso por esta vida es la oportunidad para demostrar cuánto somos capaces de amar, de dar y de darnos.

Y sobre la base de eso…

viernes, 10 de julio de 2026

LA VERDAD TRAE COMPLICACIONES

Mt 10, 16-23

Sabido es que quienes tratan de vivir en la verdad y la justicia suelen ser perseguidos por quienes anteponen la mentira o sus propios intereses.

La historia nos enseña que los hombres de bien son apartados del poder y de la toma de decisiones. No interesa su buen quehacer y se les margina o se les relega y, cuando estorban demasiado, se les quita del medio.   

—¿Estás de acuerdo, Manuel —dijo Pedro—, con que aquellos que tratan de defender la verdad y practicar el bien son maltratados o excluidos de los puestos desde donde se toman las decisiones?

Poniendo cara de circunstancias, Manuel corroboró lo que le preguntó Pedro.

—Sin lugar a duda, los hombres de bien son relegados a segundos puestos donde su voz no llegue a oírse ni pueda influir en los demás.

Pedro, con cara de pocos amigos, respondió.

—¿Y qué hay que hacer? ¿Acaso tenemos que soportar esos malos tratos y no defendernos?

Manuel esbozó una sonrisa y, pacientemente y sereno, abrió la Biblia y comentó.

—Jesús, en Mt 10, 16-23, nos indica el camino a seguir con toda claridad… Nos envía como ovejas entre lobos…

Al terminar de leerlo, concluyó.

—Resistir sin perder la paciencia, la paz ni la decisión de permanecer en la verdad…

Hizo una pausa, miró con cierta sonrisa a Pedro y agregó.

—Aunque a veces sea complicado moverse entre esos polos: sagaces, astutos, sabios, sencillos, sinceros… hasta ingenuos si es por el Reino.

Guardó un breve silencio y, encogiéndose de hombros, dijo.

—Y muchas veces tocará hacerse el tonto para pasar por la adversidad, sin perder la integridad, que no es lo mismo que ser tonto.

Todo había quedado claro: el camino no es de rosas. Al contrario, es camino de injusticias, violencias y de ser odiado por seguir a Jesús.

La historia, en cada época, nos lo descubre claramente. También nuestro tiempo sigue cobrándose la vida de muchos cristianos que permanecen fieles al Señor.

jueves, 9 de julio de 2026

COMPARTIR DESDE LO QUE TENEMOS

Mt 10. 7-15

La situación en muchos momentos nos lleva a desesperar. Es obvio que todos buscamos la paz y el bienestar, pero muchos lo hacen por caminos que no son correctos.

Nada se debe imponer porque la verdad se acepta sin más. Reconocer y reconocernos es parte de nuestro bien y gozo. Cuando eres capaz de reconocerte, eres capaz de vivir en paz y aceptar tus cualidades y, también, defectos y limitaciones.

Entonces se hace la paz, porque dejamos de vivir comparándonos con los demás y aceptamos nuestra realidad.

—¿Piensas que ahí está la respuesta? —preguntó Pedro a Manuel.

Levantando la cabeza y mirándole con un gesto afirmativo, le dijo.

—Indudablemente, ese es el camino. La felicidad no está en el poder ni en la riqueza, sino en la verdad, el servicio y la justicia…

Guardó un breve silencio sin desviar la mirada y añadió.

—Existe el peligro de rodearnos de comodidades que terminan adormeciendo el corazón y haciéndonos confiar únicamente en la seguridad que proporciona la abundancia…

Entonces, con firmeza y elevando la voz, agregó.

—Jesús nos propone, en el evangelio de Mateo (10, 7-15), caminar despojados de oro, plata o cobre; sin alforja para el camino, sin dos túnicas, sin sandalias ni bastón, porque «el obrero merece su sustento»…

Al terminar de leerlo, comentó.

—Y si la respuesta es negativa, no pasa nada, a seguir caminando, sin revanchas ni victimismos, pues el rechazo no es sinónimo de fracaso…

Extendió las manos, dibujó una suave sonrisa en su rostro y con gran gozo concluyó.

—No se trata de enseñar ni decir mucho, se trata de compartir lo que se nos ha regalado. Somos afortunados de poder hacerlo. Vale la pena. Vale la vida.

¿Estamos nosotros en ese camino?

 Quizá sea esa la pregunta que nos toca a nosotros responder. ¿Qué buscamos y en dónde lo buscamos?

miércoles, 8 de julio de 2026

LO BUENO SE COMPARTE

Mt 10, 1-7

Hay cosas ocultas dentro de nosotros que no ven la luz si algo no las empuja al exterior. La vida avanza por contagio. Las personas crecen cuando el ejemplo de unos impulsa a otros.

Los que adelantan retan a otros a hacer lo mismo.  Incluso la envidia, aunque sea un sentimiento dañino, puede despertar en algunos el deseo de mejorar.

Lo bueno, lo que salva, no se puede guardar. Se experimenta la necesidad de darlo a conocer, de transparentarlo y que otros lo conozcan y se puedan beneficiar de ello.

La tertulia guardó silencio. En la atmósfera se respiraba un ambiente de compromiso y de fraternidad. El bien es patrimonio de la humanidad.

No cabe duda de que desde la hora de nuestro bautismo estamos comprometidos, llegado el tiempo de nuestra madurez, a dar testimonio de la Buena Noticia.

martes, 7 de julio de 2026

ADMIRACIÓN Y RECHAZO

Mt 9, 32-38

Después de una gran experiencia, muchos nos admiramos y hasta, por unos días, nos interrogamos y nos proponemos cambiar. Pero, luego, en el trajín diario de cada día, todo pasa y solo queda el recuerdo de habernos emocionado.

Recuerdo que decía un amigo que muchas personas, tras un viaje a los lugares santos o vivir una convivencia religiosa, se cuestionaban su manera de vivir o su forma de pensar de otra manera.

Incluso llegaban a proponerse algún compromiso.  Pero todo quedaba en eso; pasado un tiempo, la fruta no maduraba; seguía verde.

Nadie dijo nada. El silencio hablaba por sí solo.

lunes, 6 de julio de 2026

¿DÓNDE PONEMOS NUESTRA ESPERANZA?

Mt 9, 18-26

En algunos momentos la vida es hermosa, pero en otros se torna dura, incomprensible y hasta difícil de seguir. Todo se viene abajo como un castillo de naipes; solo queda la esperanza.

—¿La esperanza?… —Y mirando a los demás, dijo Agustín—, ¿qué esperanza?

Nadie se atrevió a responderle y se hizo un largo silencio.

Cuando parecía que la cosa se iba a quedar ahí, Manuel levantó la voz y replicó:

—¿No hay nadie que tenga esperanza? ¿Todos los presentes se resignan a que la muerte tenga la última palabra?…

Mantuvo los ojos fijos en los que le escuchaban, muchos con la mirada hacia abajo, y comentó:

—No es así. Siempre, como aquel hombre del que habla el evangelio (Mt 9, 18-26), hay esperanza. Eso demuestra que aquel hombre creía en Alguien que podía devolvérsela. Para él, la muerte no tenía la última palabra…

E invitando a que leyeran la cita evangélica indicada, agregó:

—Se puso de rodillas ante el Señor y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá» …

Sin pestañear y de inmediato, añadió:

—La esperanza, a pesar de la dureza de las situaciones del padre que ha perdido a su hija y de la mujer marcada por su enfermedad, no los paraliza ni los lleva a la desesperación…

Los miró con ojos de fe y de confianza y, animándolos, concluyó:

—Los moviliza, los pone en marcha y les hace acercarse a Jesús. Y la esperanza renace, se hace realidad…

Regresando a su lugar, terminó con estas palabras:

—¿Estamos nosotros convencidos de que Dios nos escucha y, aunque su Voluntad no coincida con la nuestra, siempre nos dará la esperanza para seguir adelante?

El silencio que reinaba y las cabezas inclinadas hablaban por sí solas.