Los problemas empiezan cuando se inicia la convivencia. El tiempo de noviazgo y la luna de miel son etapas donde los conflictos permanecen escondidos.
Todo queda encubierto por la emoción, lo nuevo, el deseo de agradar y el gozo de la pasión.
Pero, irremediablemente, todo consume su tiempo y llega el día a día, donde aparecen las virtudes, pero también los defectos.
Si no se ha hecho, ahora aparecen las sorpresas, los malos entendidos. Y es precisamente ahí donde, desde la etapa del noviazgo, debía comenzar el aprendizaje de conocerse, aceptarse y armonizar las diferencias y…
—¡Eso yo no lo sabía! —exclamó Pedro con cierta ironía.
Miró a Manuel con una burlona sonrisa y dijo.
—¿Estás de acuerdo con lo que he expuesto? Cuando la casa no se empieza a construir por los cimientos, todo se viene abajo ante cualquier dificultad.
Manuel, moviendo las cejas hacia arriba, puso cara de circunstancia y, sin darse un momento de respiro, respondió.
—Toda relación humana trae conflictos, incluso en la familia…
Hizo una pausa, dio un vistazo alrededor y, abriendo los brazos, continuó.
—En ocasiones priorizamos creencias, ideas y opiniones que pueden generar enfrentamientos. Jesús (Mt 10, 34-11, 1) nos reta a poner a Dios en el platillo que incline la balanza al tomar decisiones…
Dejó los ojos fijos en Pedro y, con firmeza, añadió.
—Y eso puede ser incómodo. No se trata de una invitación a la discordia, sino de situar a Dios en el lugar que le corresponde,
Pedro y otros arrugaron la frente. No parecían muy de acuerdo con lo que decía Manuel.
Manuel, sin desviar la mirada, agregó.
—Es cierto que no siempre es fácil y que el Señor propone un nuevo tipo de relaciones que trascienden los vínculos de sangre y se centran en seguir la Voluntad de Dios…
Guardó un breve silencio y concluyó.
—Pero esto no resta importancia a la familia de sangre ni la devalúa.
El silencio reinante manifestaba que, a pesar de ser una apuesta difícil, ese, aunque duro de afrontar, era el camino… Pero cuando una familia pone a Dios en el centro, no pierde el amor; aprende a amar mejor.
Existen muchos vínculos más allá de la sangre, lazos afectivos que trascienden lo biológico o el ADN, pero los lazos familiares son importantes y pueden reflejar el amor y la unidad que Dios desea para toda la humanidad.
Muchos comenzaron a darse cuenta de que, si eran capaces de crear lazos con personas sin ningún vínculo de sangre, también estaban llamados a fortalecer los que Dios les había regalado en su propia familia.