viernes, 10 de julio de 2026

LA VERDAD TRAE COMPLICACIONES

Mt 10, 16-23

Sabido es que quienes tratan de vivir en la verdad y la justicia suelen ser perseguidos por quienes anteponen la mentira o sus propios intereses.

La historia nos enseña que los hombres de bien son apartados del poder y de la toma de decisiones. No interesa su buen quehacer y se les margina o se les relega y, cuando estorban demasiado, se les quita del medio.   

—¿Estás de acuerdo, Manuel —dijo Pedro—, con que aquellos que tratan de defender la verdad y practicar el bien son maltratados o excluidos de los puestos desde donde se toman las decisiones?

Poniendo cara de circunstancias, Manuel corroboró lo que le preguntó Pedro.

—Sin lugar a duda, los hombres de bien son relegados a segundos puestos donde su voz no llegue a oírse ni pueda influir en los demás.

Pedro, con cara de pocos amigos, respondió.

—¿Y qué hay que hacer? ¿Acaso tenemos que soportar esos malos tratos y no defendernos?

Manuel esbozó una sonrisa y, pacientemente y sereno, abrió la Biblia y comentó.

—Jesús, en Mt 10, 16-23, nos indica el camino a seguir con toda claridad… Nos envía como ovejas entre lobos…

Al terminar de leerlo, concluyó.

—Resistir sin perder la paciencia, la paz ni la decisión de permanecer en la verdad…

Hizo una pausa, miró con cierta sonrisa a Pedro y agregó.

—Aunque a veces sea complicado moverse entre esos polos: sagaces, astutos, sabios, sencillos, sinceros… hasta ingenuos si es por el Reino.

Guardó un breve silencio y, encogiéndose de hombros, dijo.

—Y muchas veces tocará hacerse el tonto para pasar por la adversidad, sin perder la integridad, que no es lo mismo que ser tonto.

Todo había quedado claro: el camino no es de rosas. Al contrario, es camino de injusticias, violencias y de ser odiado por seguir a Jesús.

La historia, en cada época, nos lo descubre claramente. También nuestro tiempo sigue cobrándose la vida de muchos cristianos que permanecen fieles al Señor.

jueves, 9 de julio de 2026

COMPARTIR DESDE LO QUE TENEMOS

Mt 10. 7-15

La situación en muchos momentos nos lleva a desesperar. Es obvio que todos buscamos la paz y el bienestar, pero muchos lo hacen por caminos que no son correctos.

Nada se debe imponer porque la verdad se acepta sin más. Reconocer y reconocernos es parte de nuestro bien y gozo. Cuando eres capaz de reconocerte, eres capaz de vivir en paz y aceptar tus cualidades y, también, defectos y limitaciones.

Entonces se hace la paz, porque dejamos de vivir comparándonos con los demás y aceptamos nuestra realidad.

—¿Piensas que ahí está la respuesta? —preguntó Pedro a Manuel.

Levantando la cabeza y mirándole con un gesto afirmativo, le dijo.

—Indudablemente, ese es el camino. La felicidad no está en el poder ni en la riqueza, sino en la verdad, el servicio y la justicia…

Guardó un breve silencio sin desviar la mirada y añadió.

—Existe el peligro de rodearnos de comodidades que terminan adormeciendo el corazón y haciéndonos confiar únicamente en la seguridad que proporciona la abundancia…

Entonces, con firmeza y elevando la voz, agregó.

—Jesús nos propone, en el evangelio de Mateo (10, 7-15), caminar despojados de oro, plata o cobre; sin alforja para el camino, sin dos túnicas, sin sandalias ni bastón, porque «el obrero merece su sustento»…

Al terminar de leerlo, comentó.

—Y si la respuesta es negativa, no pasa nada, a seguir caminando, sin revanchas ni victimismos, pues el rechazo no es sinónimo de fracaso…

Extendió las manos, dibujó una suave sonrisa en su rostro y con gran gozo concluyó.

—No se trata de enseñar ni decir mucho, se trata de compartir lo que se nos ha regalado. Somos afortunados de poder hacerlo. Vale la pena. Vale la vida.

¿Estamos nosotros en ese camino?

 Quizá sea esa la pregunta que nos toca a nosotros responder. ¿Qué buscamos y en dónde lo buscamos?

miércoles, 8 de julio de 2026

LO BUENO SE COMPARTE

Mt 10, 1-7

Hay cosas ocultas dentro de nosotros que no ven la luz si algo no las empuja al exterior. La vida avanza por contagio. Las personas crecen cuando el ejemplo de unos impulsa a otros.

Los que adelantan retan a otros a hacer lo mismo.  Incluso la envidia, aunque sea un sentimiento dañino, puede despertar en algunos el deseo de mejorar.

Lo bueno, lo que salva, no se puede guardar. Se experimenta la necesidad de darlo a conocer, de transparentarlo y que otros lo conozcan y se puedan beneficiar de ello.

La tertulia guardó silencio. En la atmósfera se respiraba un ambiente de compromiso y de fraternidad. El bien es patrimonio de la humanidad.

No cabe duda de que desde la hora de nuestro bautismo estamos comprometidos, llegado el tiempo de nuestra madurez, a dar testimonio de la Buena Noticia.

martes, 7 de julio de 2026

ADMIRACIÓN Y RECHAZO

Mt 9, 32-38

Después de una gran experiencia, muchos nos admiramos y hasta, por unos días, nos interrogamos y nos proponemos cambiar. Pero, luego, en el trajín diario de cada día, todo pasa y solo queda el recuerdo de habernos emocionado.

Recuerdo que decía un amigo que muchas personas, tras un viaje a los lugares santos o vivir una convivencia religiosa, se cuestionaban su manera de vivir o su forma de pensar de otra manera.

Incluso llegaban a proponerse algún compromiso.  Pero todo quedaba en eso; pasado un tiempo, la fruta no maduraba; seguía verde.

Nadie dijo nada. El silencio hablaba por sí solo.

lunes, 6 de julio de 2026

¿DÓNDE PONEMOS NUESTRA ESPERANZA?

Mt 9, 18-26

En algunos momentos la vida es hermosa, pero en otros se torna dura, incomprensible y hasta difícil de seguir. Todo se viene abajo como un castillo de naipes; solo queda la esperanza.

—¿La esperanza?… —Y mirando a los demás, dijo Agustín—, ¿qué esperanza?

Nadie se atrevió a responderle y se hizo un largo silencio.

Cuando parecía que la cosa se iba a quedar ahí, Manuel levantó la voz y replicó:

—¿No hay nadie que tenga esperanza? ¿Todos los presentes se resignan a que la muerte tenga la última palabra?…

Mantuvo los ojos fijos en los que le escuchaban, muchos con la mirada hacia abajo, y comentó:

—No es así. Siempre, como aquel hombre del que habla el evangelio (Mt 9, 18-26), hay esperanza. Eso demuestra que aquel hombre creía en Alguien que podía devolvérsela. Para él, la muerte no tenía la última palabra…

E invitando a que leyeran la cita evangélica indicada, agregó:

—Se puso de rodillas ante el Señor y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá» …

Sin pestañear y de inmediato, añadió:

—La esperanza, a pesar de la dureza de las situaciones del padre que ha perdido a su hija y de la mujer marcada por su enfermedad, no los paraliza ni los lleva a la desesperación…

Los miró con ojos de fe y de confianza y, animándolos, concluyó:

—Los moviliza, los pone en marcha y les hace acercarse a Jesús. Y la esperanza renace, se hace realidad…

Regresando a su lugar, terminó con estas palabras:

—¿Estamos nosotros convencidos de que Dios nos escucha y, aunque su Voluntad no coincida con la nuestra, siempre nos dará la esperanza para seguir adelante?

El silencio que reinaba y las cabezas inclinadas hablaban por sí solas.

domingo, 5 de julio de 2026

IDEALES DE PERFECCIÓN

Cuando, serenamente, tratamos de contemplar la trayectoria de nuestra vida, descubrimos muchos momentos en los que hemos sido presa de nuestras responsabilidades, obligaciones y expectativas, hasta el punto de llegar a asfixiarnos y perder la paz.

Esa era la obsesión de Rodolfo: hacerlo todo bien, incluso de manera perfecta y, sin darse cuenta, se proponía metas imposibles. Somos seres humanos que, queramos o no, llevamos el sello de la imperfección como parte de nuestra condición humana.

Abrumado por ese desgaste, añadido a la angustia por el futuro, Rodolfo puso la mirada en Manuel y, buscando una salida de alivio, le preguntó:

—Manuel, ¿qué piensas sobre el deseo de alcanzar la perfección? ¿Te parece eso posible?

Manuel se dio la vuelta y, con una mirada extrañada, le miró con esperanza. Entonces, con dulzura le dijo:

—Nadie es perfecto, aunque muchos quieran aparentarlo. El hombre nace desnudo y toda su vida consiste en avanzar, con esfuerzo constante, hacia la perfección.

Hizo un silencio, levantó sus ojos y, con una expresión de gozo, añadió:

—Y aunque sabe que es de barro y le será imposible lograrlo, su ruta está marcada hacia ese objetivo…

Entonces, poniendo fuerzas en sus palabras, agregó:

—Porque ese es su destino…

Guardó un breve silencio y siguió.

—No lo digo yo, lo dijo Jesús: «Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48)

Volvió a pararse. Hizo una breve pausa y, con mucha serenidad y sin dejar de mirarle, comentó:

—No se trata de hacer todo bien, sino de amar todo lo que puedas sin límites. Esa es la perfección a la que estamos llamados a alcanzar…

Y bajando su mirada, susurró

—Y todos sabemos que tendremos muchos fallos, errores y debilidades. Solos, imposible, pero con Jesús encontraremos descanso y perseverancia para avanzar en ese camino a pesar de nuestros tropiezos.

Abrió la Biblia y concluyó:

—En Mateo 11, 25-30 pueden encontrar ese pasaje evangélico donde Jesús termina diciéndonos:  

Y elevando la voz dijo:

—Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

La cara de Rodolfo mostraba que había recogido el mensaje que Manuel le había dado.

sábado, 4 de julio de 2026

AMOR Y MISERICORDIA

Mt 9, 14-17

En muchas ocasiones nos apartamos de otros porque no entendemos su manera de actuar. Estamos cerrados a las nuestras y todo lo que se realice de otra forma nos choca.

—¿Entiendes, Manuel —dijo Pedro— el porqué a muchos no les interesa lo que dicen y hacen otros?

Algo extrañado y, encogiéndose de hombros, Manuel respondió:

—Supongo que porque esas diferencias cuestionan las suyas. Cuando te ves diferente a otros, tratas de darle más importancia a lo tuyo…

Hizo un breve silencio y, convencido de lo que decía, argumentó:

—Creo que les cuesta reconocer que Dios también puede actuar de una manera distinta a la que ellos esperan.

Pedro, algo molesto, arremetió con agresividad:

—Pero la Ley insiste en la necesidad del ayuno, y…

Manuel con suavidad y ternura salió al paso:

—No se dan cuenta de que cuando el Novio, nuestro Señor Jesús, está entre nosotros, ¿qué necesidad tenemos de ayunar?…

Entonces, con decisión y firmeza, puso los ojos en Pedro y dijo:

—Esa es la cuestión. Admitir que Jesús es el Hijo de Dios, el esperado, y mientras está con nosotros no tiene sentido ayunar…

Hizo una pausa y, abriendo los brazos, agregó:

—De lo que tenemos que ayunar es de todo aquello que nos aparta del Señor.

Guardo un breve silencio y, abriendo los ojos para llamar la atención, concluyó:

—Porque Él nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin del mundo. De modo que ayunemos de todo aquello que nos impide amar misericordiosamente.

Pedro y sus compañeros guardaron silencio. Habían comprendido que, más que las reglas y las costumbres, lo importante era permanecer con el Señor.

Y es que está entre nosotros.