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sábado, 4 de julio de 2026

AMOR Y MISERICORDIA

Mt 9, 14-17

En muchas ocasiones nos apartamos de otros porque no entendemos su manera de actuar. Estamos cerrados a las nuestras y todo lo que se realice de otra forma nos choca.

—¿Entiendes, Manuel —dijo Pedro— el porqué a muchos no les interesa lo que dicen y hacen otros?

Algo extrañado y, encogiéndose de hombros, Manuel respondió:

—Supongo que porque esas diferencias cuestionan las suyas. Cuando te ves diferente a otros, tratas de darle más importancia a lo tuyo…

Hizo un breve silencio y, convencido de lo que decía, argumentó:

—Creo que les cuesta reconocer que Dios también puede actuar de una manera distinta a la que ellos esperan.

Pedro, algo molesto, arremetió con agresividad:

—Pero la Ley insiste en la necesidad del ayuno, y…

Manuel con suavidad y ternura salió al paso:

—No se dan cuenta de que cuando el Novio, nuestro Señor Jesús, está entre nosotros, ¿qué necesidad tenemos de ayunar?…

Entonces, con decisión y firmeza, puso los ojos en Pedro y dijo:

—Esa es la cuestión. Admitir que Jesús es el Hijo de Dios, el esperado, y mientras está con nosotros no tiene sentido ayunar…

Hizo una pausa y, abriendo los brazos, agregó:

—De lo que tenemos que ayunar es de todo aquello que nos aparta del Señor.

Guardo un breve silencio y, abriendo los ojos para llamar la atención, concluyó:

—Porque Él nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin del mundo. De modo que ayunemos de todo aquello que nos impide amar misericordiosamente.

Pedro y sus compañeros guardaron silencio. Habían comprendido que, más que las reglas y las costumbres, lo importante era permanecer con el Señor.

Y es que está entre nosotros.

martes, 8 de julio de 2025

COMPASIVO Y MISERICORDIOSO

Mt 9, 32-38

Hay momentos en los que me pregunto, lleno de asombro, por la gran suerte – no se me ocurre otro calificativo – del ser humano. Y digo suerte, por significar esa gran oportunidad. Nunca entenderé la gran posibilidad que tenemos – regalo de Dios – de ser perdonados y alcanzar la gloria junto al Padre – Hijo y Espíritu Santo en alabanza y plenitud eterna. No me cabe en mi pequeña y limitada cabeza ese gran ofrecimiento sin merecerlo. Todo gratuidad y regalo del Señor por su infinito amor y misericordia. Y por mucho que lo mire y lo piense no llego a entenderlo. Se escapa a mi entendimiento.

Paró sus pasos ensimismado en esos pensamientos. Alzó su mano a la derecha, por donde le acompañaba Manuel, lo detuvo y, mirándole perplejo, con cara de asombro y misterio le dijo.  
— Cada vez que pienso en esta oportunidad que tenemos me asombro más. ¿Eres consciente de la oportunidad que tienes de ser feliz toda la eternidad? ¿Te das cuenta del inmenso e infinito regalo que nos da nuestro Padre Dios? ¿Has pensado en eso? 
—¡Claro que he pensado! ¿Acaso crees que no me doy cuenta? Lo que ocurre es que, como te sucede a ti, yo también me quedo perplejo, sin palabras. Igual que tú, no lo entiendo ni lo podré entender. Dios no nos necesita, y sin embargo, envía a su Hijo, encarnado en naturaleza humana, para, entregando su vida por nosotros, salvar la nuestra sin pedirnos nada a cambio. ¿Entiendes eso?
—No, claro que no. ¿Cómo nos puede amar tanto hasta ese extremo? E incluso soportar insultos, desprecios, risas, rechazos, blasfemias, desplantes y … La verdad, no lo entiendo.

Los dos amigos estaban perplejos, asombrados, ensimismados en esos pensamientos llenos de impotencia, de no saber que decir, y temerosos de perder esa oportunidad, que la vida les daba, de desaprovechar esa indescifrable e incomprendida oportunidad de ser feliz para toda la eternidad. De cualquier manera, esa situación les invitaba a fiarse de la Palabra del Señor y a confiar ciegamente en Él. Pues, tal como les era dada sintonizaba con lo que sentían en su corazón: atendía a todos; curaba a todos sin condición social o moral; se da prioritariamente a los necesitados y a los que sufren; ve y se compadece del dolor ajeno. ¿Se puede pedir más? ¿Cómo podemos resistirnos a confiar en la Palabra del Señor y a colaborar con Él?

viernes, 4 de julio de 2025

LLAMADA A PECADORES

Mt 9, 9-13

  Pedro se quedó de piedra, no entendía eso de llamar a los pecadores. Menos aún eso de Misericordia quiero y no sacrificios. Estaba deliberando sobre eso cuando oyó una voz que le llamaba.

 —¿Qué tal, cómo andas? ¿Te veo pensativo, te ocurre algo? Había llegado Manuel y le sorprendía verlo tan ensimismado y reflexivo. 
 —No, nada en particular. Acababa de leer el Evangelio de hoy y estaba pensando en esto de «llamada a pecadores y misericordia quiero». —¿Se te ocurre algo a ti?
 —Yo entiendo que Jesús, el Hijo de Dios, ha venido a este mundo a ofrecer al hombre su salvación. Es decir, liberarlo de la esclavitud del pecado para vivir eternamente en plenitud de gozo y felicidad junto a su Padre.
  —¿Y lo de Misericordia quiero? 
      —¡Hombre!, si somos pecadores necesitaremos que nuestro Padre Dios nos dé la oportunidad de arrepentirnos y acogernos a su Misericordia.  De ahí que Jesús nos ofrece la Infinita Misericordia de su Padre Dios. 
         —Ahora lo tengo más claro. Gracias Manuel.

  El Señor Jesús ha venido a este mundo a anunciarnos el Infinito Amor de nuestro Padre Dios y su ofrecimiento misericordioso para que podamos, arrepentido de nuestros pecados, y purificados por su Gracia, compartir eternamente su Gloria en eterna alabanza. 

  Eso, al parecer, había quedado muy claro en el diálogo de Manuel y Pedro. Y eso es la Gracia que realmente nos salva: el Infinito Amor y Misericordia que Dios nos da y nos anuncia a través de la venida de su Hijo a este mundo.

domingo, 23 de febrero de 2025

UN FORMA DIFERENTE DE AMAR Y COMPORTARSE

Diríamos que hay muchas personas buenas, y posiblemente tendrán su premio. Sólo Dios, juez universal, sabrá dar a cada cual su recompensa. Y de forma gratuita, porque todo nos viene de regalo por amor. Sin embargo, un cristiano tiene, o mejor, debe de terne un actitud y forma de comportarse muy singular y diferente a todas las demás.

Un cristiano no puede quedarse en ayudar al amigo, al necesitado, sino también al enemigo y al que le rechaza o le odia. Un verdadero cristiano se distingue y se nota cuando es capaz de perdonar al que le hace mal, y a pesar de sus ofensas está siempre abierto al perdón. Y no por masoquismo ni nada parecido, simplemente porque así le ama su Padre Dios.

Cada uno de nosotros, hijos de Dios, somos perdonados – sin merecerlos – por nuestro Padre Dios. Perdonados a pesar de nuestras indiferencias, rechazos e insistencias en seguir erre que erre. Y si Dios, mi Padre, perdona así, ¿cómo no yo voy a perdonar al que me ofende y re rechaza? Precisamente, nos dice el Señor: "Misericordia quiero, y no sacrificios" - Mt 12, 1-8 -. El cristianos se diferencia en eso, en que perdona al enemigo. Y lo puede hacer, no por su propia capacidad, sino por la Gracia de Dios, pues, nuestra humanidad no nos permite hacerlo. Eso nos descubre la necesidad que tenemos de estar unidos al Señor.

sábado, 30 de noviembre de 2024

DESCUBRIR LA HUELLA DE AMOR QUE DIOS HA SEMBRADO EN TU CORAZÓN

Ese es el interrogante de nuestra vida: «descubrir el amor que hay dentro de nosotros». Un amor que se prolonga y se sostiene en nuestro Padre Dios. Un amor por el que hemos sido creados y, también, salvados. Un amor que nos invita cada día a amar como somos amados por nuestro Padre. Un amor fraterno que nos hace hermanos e iguales, e hijos de un mismo Padre.

Ante este hermoso horizonte, Jesús llama a sus discípulos, y entre ellos nos encontramos hoy, después de XXI siglos, también nosotros. Tú y yo, y de nuestra voluntad dependerá, por un lado, darnos cuenta. Y por otro lado, comprometernos a que ese amor que vive dentro de nosotros bulla y llegue hasta contagiar a los demás.

 Porque, de eso se trata, de contagiar el mundo de amor. De verdadero amor fraterno, un amor que busca y trata a los demás como se trata a sí mismo. Un amor como el que nos enseña Jesús hasta el extremo de estar dispuestos a dar la vida por el bien de los demás. Una vida que no se entrega en un acto de heroísmo, sino en el día a día y con un servicio generoso, humilde, paciente y misericordioso.

jueves, 7 de noviembre de 2024

NO MUCHOS SINO TODOS SON OBJETIVOS DEL AMOR

No hay nadie insignificante para el Padre. Es Padre de todos y ha todos quiere albergar, cuidar, proteger y hacer feliz. De tal manera que si hay alguno que se ha perdido, está en peligro de descarrilamiento o de precipitarse a los infiernos, el Padre sale a buscarlo, está pendiente de él y sostiene siempre sus brazos abiertos a su vuelta a casa, a su conversión.

Las cosas no suceden por que sí, todo tiene un finalidad para nuestro Padre Dios. En los peligros y enfermedades Dios está presente. Todo tiene un sentido de sanación, de contrición y arrepentimiento cuando se soportan con paciencia en íntima relación con Dios. Las enfermedades, dolores y adversidades son aprovechadas por Dios para que nos sirvan para la salud del alma. Él nos ha dado ejemplo con su Vida, y, sobre todo, en la Cruz.

Por tanto, nuestro Padre no quiere que nada se pierda. Buscar a la oveja descarriada; encontrar la moneda perdida, son parábolas que nos descubren esa intención de Dios de buscarnos hasta el extremo de entregar la Vida de su Hijo para que reaccionemos y nos demos cuenta de su Infinito Amor y Misericordia.

Ten por seguro que Dios, aunque le des la espalda y tu mirada se desvíe para otro lado, Él está siempre pendiente de ti. Te busca, te llama y, pacientemente permanece a tu lado esperando que vuelvas su mirada hacia Él. Su Amor y Misericordia son Infinita, y te esperaran hasta el último día de tu vida, sin represalias ni reproches. Simplemente con amor y misericordia.

miércoles, 7 de agosto de 2024

UNA MISERICORDIA QUE ROMPE FRONTERAS

En principio nos parece adecuado el comportamiento de Jesús a la súplica de aquella mujer cananea. El pan es sólo para los ciudadanos de Israel. El Mesías ha sido enviado al pueblo de Israel. No está bien, tal como dice Jesús, tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros.

Posiblemente estemos de acuerdo y pensemos que así debe ser, pero, aquella mujer no se cierra a esa respuesta. Piensa que la Misericordia de Dios, un Padre Bueno, debe y puede llegar a todos, y en esa esperanza y creencia, responde: «Tienes razón, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos» Y Jesús responde: «Mujer, qué grande es tu fe; que se cumpla lo que deseas» En aquel momento quedó curada su hija. Una vez más queda demostrada que la Misericordia del Señor alcanza a todos, independiente de pueblos, razas, color o lugar de nacimiento.

Y ahora, ¿cuál es nuestra fe? ¿Creemos en la Misericordia Infinita de Dios, nuestro Padre? ¿Creemos que Jesús, el Hijo de Dios, ha venido a anunciar la Infinita Misericordia de su Padre a todos los hombres, sin distinción de raza, color, etnia o lugar? Pues, si así lo creemos, nuestra respuesta debe ser la de, en la medida de nuestra situación, capacidad o lugar, responder con nuestra vida y obras tratando de vivir en la Voluntad de nuestro Padre Dios.

martes, 26 de diciembre de 2023

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO (Mt 9, 12-13)

El camino está trazado desde el nacimiento del Niño Dios en el pesebre de Belén. Nace en el silencio de la noche y sin ruidos ni fuegos artificiales. Solo cantan los ángeles y se les anuncia a los pastores cuyas voces no tienen ni crédito ni capacidad para influir y llegar al mundo. Sin embargo, hay gozo y alegría entre todos aquellos que descubren que el Mesías esperado nace en Belén.

Y cada año se repite la celebración de ese Misterio que se renueva cada día en el corazón de los hombres que creen, esperan y empiezan cada día una nueva aventura de renovar sus corazones en la Palabra y el Amor Misericordioso de ese Dios hecho hombre.

Tras esa venida se esconde un camino de gozo pero también de sacrificio. Amar y vivir en una actitud misericordiosa exige, y causa en muchos momentos, dolor y sufrimiento. Es el camino de Pasión que ese Niño Dios al que hoy cantan en Belén, mañana será causa y motivo de confrontación, luchas, divisiones, guerras y muertes. Camino de cruz al que la Iglesia da su punto de partida con el martirio de san Esteban.

Hoy esta pasando algo parecido, si no más fuerte e intenso. Muchos cristianos son perseguidos y amenazados de muerte. Desde todos los ambitos sociales (familia, amigos, trabajos...etc.) hasta los políticos, razas, pueblos, ideologías...etc.). Los medios, sobre todos algunos de los más importantes, no parece prestarle mucha atención. Igual no les interesa que se sepa o quieren que la Iglesia sea perseguida y borrada del mundo. El cristiano tiene que saber que será perseguido e incluso martirizado, pero dentro de su fe está esa posibilidad de entregar la vida como lo hizo su fundador, nuestro Señor Jesús, ese Niño del que hace unos días celebrábamos su nacimiento.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

ERES, POR SU VOLUNTAD, NECESIDAD PARA LA OBRA DE DIOS

No sobras, eres parte de la obra de Dios y te necesita para darle cumplimiento a su obra de salvación. Quizás sea esa la razón de haberte creado libre, libre para decidir entre el amor o desamor; ente la generosidad y solidaridad o el egoísmo y la avaricia. Tú eres uno de esos panes que se necesitan para que el Señor, por su Gracia y Amor Misericordioso, te convierta en esa semilla que dé frutos de amor y misericordia para salvar al mundo.

Precisamente el Adviento es ese tiempo en el que Dios nos recuerda que ha venido con el propósito de hacerse salvación para nosotros, pero no sin nosotros. Necesita que tú abras tu corazón y dejes entrar esa Palabra de Dios que te cambia, te convierte y te hace pan compartido y fraterno para que otros puedan alimentarse y, simultáneamente, revertir ese amor recibido en otros.

La multiplicación de los panes, de la que hoy nos habla el Evangelio, nos presenta la comunidad de seguidores que experimentan hambre y sed y son saciados por el Señor. Así sucederá con todos los que seguimos al Señor. En Él encontraremos cobijo, alimento y el Amor y Misericordia que nos salva. Pero, necesitamos estar a su lado, seguirle y abrir nuestro corazón para recoger su Palabra y la Gracia de su Alimento espiritual: su Cuerpo y Sangre.

Es verdad, y esto está a simple vista, que nuestra aportación – panes y peces – no son suficiente para alimentar al mundo, y menos de la Gracia del Señor, pero es el Señor quien, por su Amor Misericordioso recoge nuestro pequeño esfuerzo para transformarlo en bien de todos hasta el infinito.

jueves, 30 de noviembre de 2023

CONSECUENCIAS DEL AMOR

Todos hemos experimentado alguna o muchas veces la compasión, el deseo de ayudar y la motivación de darnos gratuitamente al bien y servicio del otro. Abuelos, padres e hijos y familias unidas por vínculos de sangre lo han experimentado muchas veces. Sin embargo, hay un vínculo, por llamarlo de alguna manera, que une más que el propio vínculo, valga la redundancia, de la sangre. Hablo del Amor, ese amor por el que Pedro, Andrés, del que celebramos hoy su fiesta, Santiago y Juan se sintieron atraídos irresistiblemente por la Palabra de Jesús. Jesús que les mostró con su vida y obras el verdadero rostro del verdadero amor.

No podemos negar, y quien lo hace se miente a sí mismo, que dentro de nosotros arde un fuego irresistible de amar. Si bien, también es verdad, que ese fuego amoroso, contaminado por el pecado nos debilita, nos tienta y nos enfría ese deseo de amar transformándolo en deseo de amarnos a nosotros mismos olvidándonos de los demás. Es decir, nos convierte en egoístas hasta el punto de someter y matar por satisfacer nuestros deseos.

Jesús ha venido para eso, para liberarnos de la esclavitud del pecado y hacer que nuestro corazón dañado por el pecado se libere y ame, ame como realmente lo sentimos llenándonos de gozo y alegría. Porque, es ahí precisamente donde encontramos ese deseo de gozo y felicidad que tanto buscamos. Realmente, Pedro, Andrés, Santiago y Juan lo encontraron y, no solo eso, sino que nos lo han transmitido con sus vidas a nosotros. Hoy podemos darle gracias a Dios porque ellos, asistidos en el Espíritu Santo, respondieron a su llamada y nos han transmitido la Buena Noticia de salvación.

martes, 20 de junio de 2023

SEMEJANTES A NUESTRO PADRE DIOS PARA AMAR COMO ÉL NOS AMA

Si Dios, nuestro Padre, nos ama a pesar de nuestros desplantes y rechazos, ¿cómo no vamos nosotros a amar también a aquellos – enemigos – que nos dan desplantes y rechazos y hasta nos perjudican. El amor no sabe ni entiende de desplantes o rechazos. El Amor es siempre Amor porque Dios es Amor y siempre ha existido. Su Misericordia es inmutable y eterna.

Por tanto, para nuestro bien, ese Misterio de Amor sin condiciones que tu Padre Dios ha dejado a tu elección mientras dure tu vida en este mundo. Luego, una vez hayas tenido esa inconmensurable oportunidad de decir vida o muerte libremente, tu existencia será eterna en plenitud de gozo y felicidad o de remordimiento, angustia e infelicidad según hayas decidido escoger.

Tu decisión pasa por vivir amando al estilo de Jesús o al estilo del hombre. Un hombre que ama, sometido y herido por el pecado, desde un corazón egocentrista y cerrado al interés compensatoria; un hombre que hace diferencia entre amigos y enemigos; un hombre que tiene un corazón amoroso y misericordioso esclavizado a condiciones. Un hombre que ama dependiendo de condiciones y recompensas. Esa clase de amor humano no puede entrar en el Corazón de Dios.

Dios ama a buenos y malos; a justos e injustos. Su Misericordia alcanza a todos sin condiciones y, pacientemente, espera a que el hombre se dé cuenta que solo el amor como Dios ama es el que le hace eternamente feliz.

martes, 14 de marzo de 2023

UNA MISERICORDIA INFINITA

La solución del mundo no pasa por el cumplimiento de las reglas, códigos y preceptos de la Ley. Es evidente que son necesarias y que el mundo se guarda de que, por ellas, se mantiene algo ordenado. Pero no es la solución para que en el mundo reine la paz, la justicia y la verdad. La experiencia nos dice que nuestro mundo está lleno de mentiras, injusticias y abusos que siempre recaen en los más débiles y pobres.

El mundo se salva por la misericordia. Por tanto, la misericordia es la receta y la solución. Y lo es porque nuestro Padre Dios es Infinitamente Misericordioso. La parábola que nos relata hoy nos habla de esa infinita misericordia que un rey quiso aplicar con sus criados y como procedió con uno que, recibiendo misericordia, de una deuda imposible de pagar, no correspondió de la misma manera con otro que le debía una deuda pagable.

Nos retrata de forma perfecta. Hemos recibido de Dios todo: La vida, los talentos, los bienes y la oportunidad de vivir con la esperanza de, pasado esta vida mundana, mal o bien, encontrar la Vida con mayúscula del gozo eterno junto a Él. Recordemos la parábola del rico epulón y Lázaro de hace días, o la del hijo pródigo. Todas guardan un denominador común:  el amor y la misericordia. Porque, quienes aman son misericordiosos. Y quien vive y práctica la misericordia será también recibido misericordiosamente.

Vivimos en la esperanza de ser felices eternamente por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Y la recibimos gratuitamente sin merecerla. ¿Cómo podemos ser tan ilusos e idiotas de no darla gratuitamente también nosotros?

viernes, 8 de abril de 2022

JESÚS ES EL DIOS ENCARNADO


No se dan cuenta pero sus corazones endurecidos permanecen cerrado a la Verdad. No escuchan a Jesús. Diga lo que diga y, haga lo que haga, no aceptan que Jesús, el Hijo de Dios, se proclame el Dios encarnado. Es evidente que sus corazones endurecidos les impiden ver la Verdad. Se instalan y quedan anclados en la mentira y la hipocresía. Está sumidos en las tinieblas, opacos y ciegos a las obras y palabras de Jesús. Solo quieren matarlo porque no aceptan que sea proclame Hijo de Dios igualándose con el Padre. Ellos se han fabricado una imagen de su Mesías, y no aceptan otros. Menos a un Jesús que se presenta humilde, pobre y conocido, uno más entre todos.

Es evidente que las obras que hace Jesús vienen dadas por su Padre. Es, precisamente, el Padre quien le envía – no viene Jesús por su propia cuenta – y quien da testimonio de su Hijo presentándole como el Predilecto e invitándonos a escucharle. Pero, ni por esto ni por nada, sus corazones se ablandan. No escuchan a Jesús. Tienen una idea asumida de como tiene que ser su Mesías y no admiten otra. Están atados a sus leyes y a su forma de ver. No se les pasa por la cabeza que el Plan de Dios sea otro.

¿Y nosotros? ¿Qué pensamos al respecto? ¿Nos creemos mejores que ellos? Sería bueno que reflexionáramos al respecto y, humildemente, aceptáramos nuestra ignorancia, nuestros errores y la Misericordia Infinita y Paciente que Dios, nuestro Padre, tiene con nosotros. Sin lugar a duda. Jesús, es el Señor, y Él nos indica con su Vida y sus Obras el Camino a seguir, la Verdad a proclamar y la Vida a ofrecer.

lunes, 22 de marzo de 2021

AMOR Y MISERICORDIA

 

Exigimos que se cumpla la ley, pero, ¿la cumplimos nosotros? Esa es la pregunta que se nos hace y que exige también una respuesta. Es indudable que experimentamos la necesidad de amar, pero un amor misericordioso, porque, evidentemente también experimentamos que nosotros pecamos y, en consecuencia, necesitamos perdón. Esa necesidad nos descubre que igual que necesitamos ser perdonados, también tenemos que ofrecer ese perdón.

Hoy, el Evangelio nos habla de la mujer sorprendida en adulterio y como aquellos escribas y fariseo se le presenta al Señor con el objetivo de que diga qué hacer con ella. La ley de Moisés la condenaba a morir lapidada y ponían en aprieto a Jesús de no seguir la ley de Moisés. Fue un trampa muy bien pensada para tener de que acusarle y condenarle.

Sin embargo, no esperaban la respuesta de Jesús, que les sorprenden y les desarma. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

Queda patente la sorpresa que se llevaron. Posiblemente, algunos de los que estaban allí habrían pecado de adulterio con aquella mujer, y, ¿quiénes estaban libres de pecado? Todos somos pecadores y todos estamos necesitados de misericordia, por tanto - lo rezamos en el Padrenuestro - en la medida que perdonemos seremos también nosotros perdonados. Misericordia quiero y no sacrificio - Mt 12, 1-8 - nos dice el Señor.

lunes, 21 de septiembre de 2020

¿LIBERTAD O ESCLAVITUD'

(Mt 9,9-13

En el fondo, aunque sabemos que no somos libres, seguimos pensando que los somos, porque podemos elegir y hacer lo que, aparentemente, nos venga en ganas. Sin embargo, la experiencia nos dice que esa no es la realidad y que no hacemos lo que pensamos que debemos hacer y de la manera que debemos actuar. En el fondo conocemos lo que está bien y lo que no lo está. Es decir, sabemos cuando estamos en pecado porque nuestra conciencia nos lo descubre.

En muchos momentos hemos experimentados situaciones que nos descubren lo débil de nuestra voluntad y, reconociendo que debemos actuar en verdad y justicia, actuamos de forma diferente y bajo la mentira y la injusticia. Es decir, miramos por nuestro propio interés y egoísmo. Nos viene al corazón una pregunta: ¿En realidad somos libres o esclavos? Porque, nos damos cuenta que, no queriendo, experimentamos que no podemos resistirnos a nuestras propias apetencias y egoísmos.

Y, abundando en esta experiencia concluimos que solo la Verdad nos hará libres. Libres para decidir hacer el bien, vivir en la verdad y ser generosos, honrados y misericordiosos, resistiéndonos a la maldad, la mentira y las injusticias que buscan y persiguen someternos y alejarnos del Señor.

sábado, 22 de agosto de 2020

PALABRA Y VIDA

Mateo 23, 1-12 | Mateo 23, Evangelio del dia, Fariseos
El mensaje llega cuando la palabra hablada se traduce en vida vivida. Y, sucede todo lo contrario, se dice una palabra que luego no tiene prolongación en la vida y con lo que realmente se vive. Y, Jesús, el Señor, advirtiendo esas actitudes en los escribas y fariseos de su tiempo, los descubre y los denuncia señalándolos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas».

Conviene mirar para adentro y reflexionar respecto a lo que sucede también ahora en nuestras parroquias, comunidades, grupos, movimientos u otras asociaciones laicas evangelizadoras.  Preguntarnos, ¿es nuestra actitud, tanto eclesiásticos como seglares, como la de aquellos escribas y fariseos del tiempo de Jesús? , se hace necesario y vital. Rezamos, hablamos, practicamos actos piadosos y ponemos pesadas cargas en la conciencia de los demás hasta doblarles sus espaldas, mientras nosotros nos quedamos al margen eludiendo todo compromiso y escondiéndonos de todo esfuerzo.

Decimos y hablamos según la Palabra de Dios, pero, luego, vivimos y hacemos según nos viene en gana y nos apetece. Actuamos según nuestros sentimientos y nuestras apetencias. Pero, ¿acaso el amor son sentimientos? El amor son actitudes capaces de ser amable, generoso, atento, escuchante, justo, sincero y auténtico; capaces de perdonar, soportar, incluso al enemigo, y de actuar con misericordia. 

Si es así como hablamos, y me pongo en primera persona, así debemos intentar de vivir y actuar. Porque, de hablarlo y vivir con otras actitudes es engañar y mentir. Pero, sobre todo, mentir a nuestro Padre Dios diciendo que le amamos y dándoles la espalda a nuestros hermanos. Si, por tanto, decimos amar a Dios, ese amor debe quedar reflejado en nuestro estilo de vida, que no puede ser otro sino el de estar abierto a todos los demás para amar tal y como nos ama el Señor.

miércoles, 19 de agosto de 2020

TODO ES MISERICORDIA

Pin de Rosario Viviente Puerto Rico en La Santa Madre Iglesia | No ...
Cuando las cosas las pasamos por nuestra razón, encontramos una correspondencia entre lo trabajado y el tiempo. O entre el rendimiento y el trabajo. El hombre establece una relación trabajo - tiempo como causa de su salario. De modo que, a más tiempo trabajado, corresponde más salario; a más rendimiento, más retribución. Sin embargo, los criterios de Dios son otros.

Dios no mira el tiempo ni tampoco el trabajo. Primero, porque, por mucho trabajo, el hombre no puede alcanzar lo necesario para, ni siquiera acercarse a satisfacer la deuda con su Padre Dios. Si así fuera, el hombre nunca alcanzaría merecer compartir la Gloria de Dios. Y, segundo, porque la Bondad de Padre Dios es tan grande e infinita que, sin merecer nada el hombre y la mujer, Dios les da paga de Gloria y Vida Eterna.

Jesús, el Señor, nos muestra en esta parábola la grandeza del Amor de su Padre y su Infinita Misericordia. El quiere nuestro bien y solo le importa nuestra fe, obediencia, que descubre y hace visible la fe, y la limpieza y buena intención de nuestro corazón. Nuestra salvación no va a depender de nuestro tiempo de relación con Dios, ni de nuestras oraciones y buenas obras, aunque estas son necesarias y descubren y muestran nuestra buena actitud y empeño por estar y seguir al Señor.

Simplemente, porque por mucho que hagamos n mereceremos nunca nada. Todo es Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios.

jueves, 13 de agosto de 2020

UNA ACTITUD MISERICORDIOSA

70 veces 7 (con imágenes) | Dios, Santos
Somos, me atrevo a decir, hijos de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios, porque, por su Misericordia, valga la redundancia, somos perdonados y salvados, y, consecuentemente, hijos de Dios. Esa dignidad la habíamos perdido por el pecado. Ya vinimos a este mundo con ella perdida por el pecado original, pero, por la Gracia de Dios, la rescatamos a la hora de nuestro bautismo.

Y por el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios hemos sido rescatados, en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, que enviado por el Padre y encarnado en Naturaleza Humana, ha entregado su Vida para devolvernos y rescatarnos nuestra dignidad de hijos de Dios perdida por nuestros pecados. Y, ahora, podemos preguntarnos, ¿cuántas veces hemos sido perdonados por nuestro Padre Dios? Y descubrimos que por la Infinita Misericordia de Dios somos perdonados siempre. Una y otra vez hasta el fin de nuestros días en este mundo. Esa es nuestra esperanza y el aliento que nos impulsa a levantarnos y continuar el camino.

Claro, todos sabemos que ese perdón, por la Misericordia de Dios, se fragua en la medida que nuestro arrepentimiento es sincero. Es decir, hay una condición innegociable, ese acto de contrición necesario para que el perdón se realice. Porque, sin contrición esa petición de perdón es falsa e hipócrita. Y de esa misma forma que somos perdonados, nos preguntamos, ¿También nosotros perdonamos así?

Pues nos toca a nosotros ahora reflexionar sobre esas tantas oportunidades que tenemos cada día de ser misericordiosos en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra comunidad y ambientes sociales. Pero, no lo hagamos solo, sino abiertos a la acción del Espíritu Santo después de pedirle su asistencia y auxilio.

miércoles, 8 de abril de 2020

SOMOS CARNE DE PECADO

Miércoles Santo Evangelio según San Mateo 26,14-25. Comentarios de ...
Mt 26,14-25
Nuestra naturaleza es pecadora y, como consecuencia, estamos inclinados a pecar. Por lo tanto, tengamos muy en cuenta que nuestro camino es de misericordia. Necesitamos la Misericordia de Dios para poder sostenernos en el camino. Para eso y por eso, Jesús, nuestro Señor, entrega su vida por amor, para alcanzar, por sus méritos, la Gracia y la Misericordia de Dios Padre y rescatar nuestra dignidad de hijos.

Así de sencillo, pero, también, así de difícil, porque, no podemos perder de vista la Misericordia de Dios. Quizás fue eso lo que le ocurrió a Judas, perder de vista y en su memoria que la Misericordia de Dios alcanza todo y llega a todos. Precisamente, la Cruz es la máxima expresión de esa Infinita Misericordia. Porque, Judás se arrepintió de su pecado y renegó de las treinta monedas de plata, pero, posiblemente, no tuvo la esperanza de creer en la Infinita Misericordia de Dios.

Por eso, empezaba esta humilde reflexión hablando y reconociendo nuestra condición pecadora. Somos frágiles y débiles y propensos al pecado. Pero, junto a eso, tenemos que saber que Dios ha enviado a su Hijo a dar su Vida para alcanzar nuestro perdón. Y ese perdón nos incluye también a nosotros pecadores. Por eso, nunca podemos perder la esperanza a pesar de nuestra condición pecadora y siempre estar prestos a levantarnos por la Gracia de Dios.

Y creer y esperar que con la Gracia de Dios iremos creciendo en perfección y firmeza para sostenernos en su Gracia y alejados del pecado. Ejemplos son muchos, pero, ahora, en estas fiestas tenemos el ejemplo de Pedro, que negó al Señor tres veces pero, sostenido y agarrado a la mirada compasiva, dulce y amorosa de Jesús supo tener paciencia y fe para sostenerse firme en su Misericordia.

martes, 17 de marzo de 2020

LA EXPERIENCIA DE SER PERDONADOS TE EXIGE TAMBIÉN PERDONAR

Resultado de imagen de Mt 18,21-35
Mt 18,21-35
No se trata de una correspondencia equitativa de perdonar porque eres perdonado. Nade puede merecer ni pagar la Misericordia Infinita de Dios. No nos perdona nuestro Padre Dios porque nosotros perdonemos, pues nuestro perdón no alcanza a merecer la Misericordia de nuestro Padre. Somos perdonados de forma gratuita y amorosa porque Dios así lo ha querido, y porque, su Amor, es Infinito. Nada de merecimientos ni de méritos. Somos seres finitos que no alcanzamos el Infinito Amor de Dios.

Ahora, si es verdad que ese Infinito Amor de Dios nos pone en disponibilidad de hacer también nosotros lo mismos con aquellos que nos adeudan o nos ofenden. Tal y como nosotros somos perdonados por Dios, nuestro Padre. Es de sentido común que si somos perdonados, también nosotros perdonemos. No entra en la lógica humana ser perdonados y, luego, nosotros no perdonar. Parece que lo natural y normal es también perdonar nosotros. Por eso, también nosotros debemos perdonar.

Pero, la pregunta se cae por su propio peso. ¿Tenemos nosotros fuerza y voluntad para perdonar a los que nos deben y nos ofenden? La experiencia y nuestra propia naturaleza nos descubren que no. Somos limitados, pecadores y nuestros criterios se ajustan más al diente por diente y ojo por ojo que al perdón a los enemigos y deudores. De ahí la oración del Padrenuestro: ... y perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...

Necesitamos pedir la Gracia de Dios para perdonar y así poder recibir su Perdón. Porque, nuestro Padre Dios, no condiciona su perdón, sino que según tú perdonas, Él también te perdona a ti. Es decir, serás perdonado en la medida que tú seas capaz de perdonar también. Parece que eso es lógico y natural. No cabe en nuestra cabeza y consideraríamos injusto que no fuera así. ¿Acaso crees que mereces perdón cuando tú no perdonas a otros? A la luz del Espíritu Santo reflexiónalo.