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jueves, 6 de noviembre de 2025

LA ALEGRÍA DE UN PADRE

Lc 15, 1-10

  Antonio era consciente de que su hijo, el que ocupaba el quinto lugar, necesitaba más atención y cuidado que los otros. No se trataba de medir el amor, sino de atender a la necesidad que pudiera tener cada uno.

   Julio era el penúltimo hijo del matrimonio de Antonio y Encarna y, aunque aparentemente no presentaba ninguna diferencia con sus hermanos, su comportamiento resultaba algo extraño. Daba la sensación de que no correspondía a la educación que sus padres trataban de darle.
 
    —¿A dónde vas? —le preguntó su madre, algo preocupada.
  —A dar una vuelta con los amigos —respondió Julio. Su mirada dibujó una extraña complicidad, como queriendo ocultar algo.
    —No vengas tarde —le dijo su madre—. Sabes que sobre las ocho cenamos todos.
    —De acuerdo, estaré a esa hora —contestó Julio.

    Era un día de fiesta. La tertulia estaba animada. Se había formado un careo sobre la educación y la obediencia de los hijos. En ese momento tenía la palabra Pedro.
    —Creo que se está perdiendo el respeto a los padres. Cada día se oyen más casos de desobediencia y abandono familiar.
     —No le echemos toda la culpa a los hijos —respondió otro—. También los padres, a veces, no saben estar a la altura de la situación. Quizás, sin darse cuenta, presionan demasiado a los hijos.
    —Nadie tiene toda la razón —intervino Manuel—. Unas veces son los padres y otras los hijos. Hay que buscar…
 
    En ese instante se oyó un ruido, casi un lamento. Unos padres, cansados de buscar y con expresión desesperada, se sentaron en la terraza. Pidieron agua, pues la señora estaba angustiada y con síntomas de fatiga.
Santiago, que había escuchado y presenciado la escena, acudió con prontitud con una botella de agua.

    —Tome, señora, beba y tranquilícese. ¿Qué le ocurre?
   —Son casi las nueve de la noche —dijo Encarna angustiada— y no tengo noticias de mi hijo. Hoy era un día especial de familia y le esperábamos a las ocho para cenar todos juntos. A estas horas no sabemos nada de él.
    —No se preocupe —intervino Manuel, tratando de calmar a los padres—. Quizás se haya entretenido o no haya encontrado cómo regresar.
    —No es eso lo que nos preocupa —respondió Antonio—. Lo que tememos es que Julio, que a veces actúa de forma extraña, haya hecho alguna locura de las suyas. Nos tiene acostumbrados a sus imprevistos.
    —Comprendo —admitió Manuel con cara de resignación, pero sugiriendo paciencia.
    —Eso explica nuestra desesperación y angustia, ¿comprenden?
   —Sí, claro, es normal —comentó Manuel—. Pero siempre debemos tener esperanza y confianza. Jesús nos lo enseña cuando, en Lc 15, 1-10, nos habla del celo de los padres por los hijos. Dispuestos a todo, los buscan, y cuando los encuentran, todo se convierte en fiesta y alegría.
 
    En ese momento sonó el móvil de Antonio. Era su hijo mayor: le avisaba de que Julio acababa de llegar a casa. Debido a unos atascos, se había atrasado.

     La tertulia se convirtió en una fiesta. Brindaron por el regreso de Julio, y las caras de alegría y regocijo inundaron la terraza. Hasta Santiago sonreía alegremente.

    De esta manera podemos entender el amor y el desvelo del Padre por los pobres y los pecadores, y su alegría desmedida cuando los alivia o los recupera.

     Dios se hace para nosotros verdaderamente grande y auténtico Padre

miércoles, 30 de julio de 2025

QUEMADOS POR UNA ACTITUD DE BÚSQUEDA

Mt 13, 44-46

        Aquel día, Pedro se sentía pletórico. Era uno de esos días hermosos que invitan a vivir intensamente y a gritar:
            —¡Viva la vida!

           Además, el clima acompañaba: el cielo parecía pintado, como en uno de esos paisajes de Vincent van Gogh. Pedro tenía un deseo profundo de buscar, de indagar, de preguntar… Una inquietud que incluso a él le resultaba extraña. Siempre había sentido cierto impulso interior, pero aquella mañana era diferente. ¡Se sentía tan bien!

           —Qué bien te veo, Pedro —exclamó Manuel al encontrarse con él en la terraza—. Tu cara refleja alegría, paz… Pero también una especie de inquietud. ¿Qué te pasa? 
        —No sé cómo explicarlo, pero sí, es verdad: me siento justo como dices. Siento algo dentro que me quema. Es como si estuviera buscando algo importante, como si se tratara del mayor tesoro de la vida. ¿Tú qué opinas?
        —Se me ocurre que podría ser una llamada a dar un paso más. Te lo digo desde la fe, porque no lo sé interpretar de otra manera. Hay momentos en los que uno siente un impulso interior, una llamada a ir más allá, a descubrir algo nuevo. Como si despertara una vocación escondida. 
        —Pues no lo sé con certeza, pero creo que no estás lejos de lo que siento. Tengo deseos de buscar y de pedir luz para esa búsqueda. Es como si estuviera yendo tras el tesoro más grande que uno pueda encontrar. Y mira, ahora que lo pienso, quizás todo esto tenga que ver con el Evangelio que leí hace unos días: la parábola del tesoro escondido (Mt 13, 44-46). Me tocó el corazón. 
        —Eso lo explica todo. Yo te entiendo, Pedro. Pero sabes que si lo contaras a alguien que no vive su fe, te tomaría por loco. 
        —Ni de broma se me ocurre compartir esto con alguien que no cree… o cuya fe esté, digamos, dormida. 
        —Eso es: dormida, no muerta. Muchos hoy solo obedecen a su razón, y creen que el verdadero tesoro está en el poder, el dinero, el éxito o en todo aquello que los haga importantes en este mundo. No se dan cuenta de que todo eso se queda aquí. 
        —Exacto. Al final, solo nos llevamos las obras de amor que hayamos hecho. 
        —Claro, hay cosas importantes en esta vida, pero la más esencial es la vida eterna, para la que hemos sido creados. Ese es el Tesoro que todos llevamos inscrito en el corazón: la impronta de Dios. Y es ese el tesoro que debemos descubrir.

Pedro y Manuel continuaron su conversación en esa misma dirección, sintiéndose ambos llamados a una búsqueda más profunda. Sus vidas, sus pasos, sus preguntas, eran parte del camino hacia ese Tesoro escondido del que habla el Evangelio. La vida, al final, es eso: una oportunidad y un examen que todos debemos afrontar con valentía para alcanzar lo único que no pasa: el Reino de Dios.

jueves, 7 de noviembre de 2024

NO MUCHOS SINO TODOS SON OBJETIVOS DEL AMOR

No hay nadie insignificante para el Padre. Es Padre de todos y ha todos quiere albergar, cuidar, proteger y hacer feliz. De tal manera que si hay alguno que se ha perdido, está en peligro de descarrilamiento o de precipitarse a los infiernos, el Padre sale a buscarlo, está pendiente de él y sostiene siempre sus brazos abiertos a su vuelta a casa, a su conversión.

Las cosas no suceden por que sí, todo tiene un finalidad para nuestro Padre Dios. En los peligros y enfermedades Dios está presente. Todo tiene un sentido de sanación, de contrición y arrepentimiento cuando se soportan con paciencia en íntima relación con Dios. Las enfermedades, dolores y adversidades son aprovechadas por Dios para que nos sirvan para la salud del alma. Él nos ha dado ejemplo con su Vida, y, sobre todo, en la Cruz.

Por tanto, nuestro Padre no quiere que nada se pierda. Buscar a la oveja descarriada; encontrar la moneda perdida, son parábolas que nos descubren esa intención de Dios de buscarnos hasta el extremo de entregar la Vida de su Hijo para que reaccionemos y nos demos cuenta de su Infinito Amor y Misericordia.

Ten por seguro que Dios, aunque le des la espalda y tu mirada se desvíe para otro lado, Él está siempre pendiente de ti. Te busca, te llama y, pacientemente permanece a tu lado esperando que vuelvas su mirada hacia Él. Su Amor y Misericordia son Infinita, y te esperaran hasta el último día de tu vida, sin represalias ni reproches. Simplemente con amor y misericordia.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

UN DIOS ENCONTRADIZO

Esa es la diferencia, nuestro Dios es un Dios que sale a nuestro encuentro. No se queda esperándote, es él el que sale a buscarte. Te ha creado sin tu permiso, pero quiere contar contigo para que tu vida eterna sea plena de gozo y felicidad.  Y, como te ha creado libre, con capacidad de elegir, te busca para proponerte su Plan de felicidad eterna.

Porque, el Señor, tu Dios, quiere que seas feliz y, para eso, te busca. Es más, ha enviado a su Hijo para decírtelo, para enseñarte el Camino, la Verdad y la Vida. Quiere que le escuche y que pongas atención a sus Palabras. De ahí que Jesús, nuestro Señor, el Hijo de Dios Vivo, no se quede en un lugar, sino que recorra los caminos para anunciar esa Buena Notica de salvación eterna.

Su anuncio va dirigido a todos aquellos que sienten necesidad, que sufren  enfermedad, tanto material como espiritual, y a todos los que buscan ser sanados. Porque, solos los que escuchan podrán conocerle y, en Él, salvarse. Ahora, ¿dónde te encuentras tú? Eres de los que se dejan encontrar en el Señor, o de los que huyen de su presencia? ¿Eres de los que abren su corazón a su palabra, o de los que lo cierran y se muestran indiferente a ella?

Serás tú quien decidirás donde te encuentras y que camino tomar. Serás tú quien decidirá provocar un encuentro con el Señor, o evitarlo y huir de la escucha de su Palabra. Simplemente, nuestro Dios es un Dios que nos espera y que, no solo nos aguarda sino que sale en nuestra búsqueda. Sobre todo, preferentemente, a aquellos que van descarriado y por caminos de perdición.

jueves, 18 de enero de 2024

Y TODO SIGUE IGUAL, LA GENTE LE BUSCA

Quizás no te hayas dado cuenta y pases desapercibido, pero sucede que todo sigue igual en cuanto a la búsqueda de Jesús. Es evidente que hay algunos que no les importa y son indiferentes a su Palabra, pero la mayoría le conocen y, al menos, en caso de apuro, son muchos los que le buscan y acuden a Él para que les alivie y les dé soluciones a sus problemas.

Se le reconoce como un taumaturgo excepcional y todos esperan de Él ser curados al menor contacto. Se apiñan a su alrededor y tratan de tocarlo. Muchos han experimentado su poder y su reconocida magia de la que es acreditado por el pueblo. Sin embargo, la sensación y la experiencia es que están presente ante alguien bien distinto. Alguien que cautiva con sus palabras y da coherencia a las mismas con su vida y sus obras. Alguien que está por encima de un ser humano común, Alguien que basta su cercanía para que caigamos en la cuenta de que quien está tocando la precariedad humana es más que un curandero. Es Dios mismo quien merodea por entre nuestros dolores, se sitúa junto a ellos y se enfrenta a su oscuridad (tomado del Evangelio Diario en la compañía de Jesús – comentarios de Francisco José Ruiz, SJ).

Sin embargo ante esta experiencia o conocimiento son muchos los que no responden y otros los que se muestran indiferentes. La parábola del sembrador nos retrata a todos y son pocos los que abren sus entrañas para que su corazón, abonado por la Gracia de Dios, acoja esa tierra buena que dé frutos. Sin embargo, siempre que hay camino hay esperanza a salir de la oscuridad en la que te envuelve el mundo y descubrir la luz y el sentido bueno de la vida que viene de lo alto y te llena de esperanza y del gozo eterno.

sábado, 6 de enero de 2024

CAMINOS DE BUSQUEDA DE VERDAD Y DE VIDA

La necesidad de anunciar lo bueno nace de que no todos lo descubren y lo conocen, sino de la exigencia de que ese bien llegue a todos. Precisamente porque ha sido dado a todos, sobre todo a los más pobres y vulnerables.

 Me refiero a que hay muchos que no sienten la inquietud por preguntarse de donde han venido y a donde van. La lección que nos dejan esos magos de oriente es su inquietud por buscar el sentido de sus vidas. Solo así pueden descubrir el signo de la estrella que les indica el camino.

Hay algo que palpita dentro de nosotros que nos mueve a buscar caminos de verdad y de vida. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a donde me dirijo?, son preguntas que laten dentro de nosotros. Sin embargo, y esa es mi experiencia, hay mucha gente que no se pregunta nada, o en su defecto miran para otro lado para no complicarse su vida. De cualquier forma, mirar para otro lado descubre muy poco interés, indiferencia o una ceguera muy grande.

Simplemente, preguntarnos por qué celebramos este día de reyes, y el por qué de los regalos nos daría una respuesta a nuestra inquietud de búsqueda. ¿Quién fue ese Niño Dios que nació en Belén? ¿Por qué los magos venidos de muy lejos buscan respuestas a sus vidas, a sus propios interrogantes y presienten ese nacimiento del Niño Dios?

Y ante todo esto, ¿yo que me pregunto y respondo? ¿Estoy en esa dinámica, como los reyes magos, de buscar, de indagar donde está ese Niño Dios que ha nacido? ¿Y lo descubro dentro de mí y que, por la acción del Espíritu Santo, va haciéndome, y yo dejándome, hacer mejor persona, más misericordioso y generoso? ¿Celebro así esta festividad de la Epifanía del Señor o me quedo simplemente en los regalos?

¡FELICES REYES!

sábado, 30 de diciembre de 2023

QUÍEN BUSCA ENCUENTRA

El refrán lo descubre claramente: «Quién busca encuentra» Y la experiencia lo confirma. Todos hemos experimentado que cuando nos empeñamos en algo terminamos por conseguirlo. Sobre todo si ese algo es algo – valga la redundancia – que está a nuestro alcance. Pues bien, el Reino de Dios está al alcance de todos porque Jesús, el Mesías prometido, ha venido a eso, a enseñarnos el camino para alcanzar el Reino de Dios.

El testimonio y vida de búsqueda que hoy nos pone el Evangelio – sobre la profetiza Ana – nos puede servir de ejemplo para fortalecer nuestro empeño por encontrarnos con el señor. Su vida fue una búsqueda incesante del Señor sirviéndose de todos los medios que tuvo a su alcance. ¿Y nosotros, utilizamos los medios – Sacramentos, oraciones, la Palabra y otros -  que están a nuestro alcance para ayudarnos a encontrarnos con el Señor? ¿Estamos empeñados en discernir, meditar, reflexionar y orar a fin de Señor?

No esperemos que cruzados de brazo y vamos a encontrarnos con el Señor. Ni tampoco que las cosas se nos aclaren tal y como deseamos sin poner todo lo que está a nuestro alcance. El camino de conversión nos exige esfuerzo, riesgo, confianza, fiarnos y creer en el Señor.

Y, sobre todo, estar atentos y expectante a los signos que, a lo largo del año, tanto el que termina como el que viene, se nos han ido regalando a través de los acontecimientos, de las personas o sucesos que han tocado nuestra vida. Estar en esa actitud expectante y en espera nos aviva y despierta nuestro corazón para poder ir aclarando el rostro, el amor y la misericordia de Dios nuestro Padre.

domingo, 13 de agosto de 2023

NI NUESTRA PROPIA OBSTINACIÓN NI LA FALTA DE FE IMPEDIRÁN QUE JESÚS SALGA A NUESTRO ENCUENTRO.

Es evidente que no vemos al Señor, más todavía cuando nos metemos en nuestras propias cuevas que originan nuestros miedos, nuestras desconfianzas, nuestras dudas. Y, por supuesto, quedamos cegados por las tormentas y tempestades que originan nuestros propios miedos, dudas y desconfianzas. Quizás permanecemos en nuestras cuevas y no nos atrevemos a salir. Desconfiamos y pensamos que el Señor no está, se ha ido y nos ha abandonado.

¿Qué hacemos? ¿Es el mundo nuestra solución y esperanza? Sabemos ciertamente que no. Al final del camino conocemos muy bien, por mucho que queramos mirar para otro lado, el destino que nos espera. Y eso no es nada bueno ni esperanzador. La muerte, si no está aceptada y fundamentada en Xto. Jesús, Resucitado, no es Vida. El Señor nos lo ha dicho – Jn 11, 19-27 – quien cree en Él vivirá eternamente.

Somos consciente de todo lo que sucede a nuestro derredor. Incluso dentro de nuestra propia Iglesia. Hay muchas tormentas, huracanes, decepciones, escándalos, injusticias y un largo etcétera que nos invitan a permanecer pasivos en nuestras cuevas sin atrevernos a salir. Sin embargo, el Señor nos espera afuera, en la brisa suave de nuestra esperanza, de nuestra confianza y de nuestro paso al frente confiado y puesto en sus manos.

Experimentamos muchas dificultades en nuestras propias relaciones y afectos y nos sentimos impotentes, pequeños, incapaces de descubrir la presencia del Señor. Buscamos la bonanza y no nos damos cuenta de que Dios se nos presenta en las propias tormentas de nuestras vidas. Porque, precisamente, es ahí donde necesariamente tenemos que desempolvar nuestro corazón y sacar todo el amor del que somos capaz. Porque, solo amando descubriremos la presencia de Dios que nos espera en el otro. ¿Es que no recuerdas que el primer mandamiento que nos puso Jesús fue amar a Dios y al prójimo?

sábado, 13 de mayo de 2023

UN MUNDO HOSTIL A NUESTRA MANERA DE VER, PENSAR Y ACTUAR.

Por experiencia sabemos que en el mundo que vivimos hay muchas cosas que no nos gustan o, dicho de otra manera, con las que no estamos de acuerdo. Experimentamos acciones que no deseamos y que nos vemos obligados y forzados a aceptar, e incluso a realizar. Sin embargo, nuestra conciencia y en lo más profundo de nuestro corazón descubrimos que no estamos de acuerdo con esa forma de ver y actuar.

¿Qué nos ocurre? ¿Qué hay dentro de nosotros que nos empuja a hacer las cosas de otra forma a la que el mundo nos las propone? ¿Por qué, cuando aparentemente estamos en este mundo, pensamos y sentimos de otra forma? Son preguntas que están dentro de nosotros y que en muchas circunstancias y en muchos pasan desapercibidas o indiferentes. Son aceptadas y asumidas sin más cómo si se tratara de algo que sucede así y no hay nada que hacer. Esa frase tantas veces oídas: “¡Qué vamos a hacer!, resume muy bien lo que queremos significar y expresar.

Sin embargo, vino Alguien a descubrirnos y a anunciarnos que no somos de este mundo. Que eso que sentimos dentro de nosotros no es algo accidental ni casual. Es la Voz del Amor del Padre que nos llama, que nos despierta y que nos señala que nuestro mundo está en otra parte, junto a Él y para la eternidad.

Leer detenidamente el Evangelios de hoy sábado nos puede poner en camino de entender qué mundo es el que debemos buscar. Pero, no leerlos como se lee una noticia, sino leerlo de la mano del Espíritu Santo y abiertos a creer y entender que nuestra meta no está en este mundo sino en aquel para el que hemos sido creados y llamados. Y, ¡si es cierto!, el camino no es fácil. Como le ocurrió al Maestro, nuestro Señor, también nos ocurrirá a nosotros. Caminamos por un mundo hostil, llenos de insultos, rechazos, peligros y amenazas de muerte. No hay que argumentarlo, está a la vista y cada día muchos sufren, son perseguidos y dan su vida por y en el nombre de nuestro Señor Jesús. Pero la experiencia es gozosa, plena de felicidad y de esperanza de Vida Eterna. Ese es el misterio que muchos no entienden y empeñados en acabar con Él pierden el tiempo. Sus intentos son vanos eternamente también.

martes, 11 de abril de 2023

TRAS EL DOLOR DE LA AUSENCIA Y EL SUFRIMIENTO SE ESCONDE EL ENCUENTRO CON EL RESUCITADO

El dolor es inevitable. ¿Hay alguien que no ha sufrido en algún momento de su vida? Todos, en más o menos medida, hemos sufrido en nuestra propia carne, o sentido ausencias tan deseadas que nos han desgarrado el corazón., Posiblemente unos más que otros. Es de sentido común qué quienes más sufren tengan luego sus compensaciones. Así sucedió con Lázaro, el pobre de la parábola del rico epulón.

Pero es evidente que tras ese dolor y sufrimiento se esconde ese deseo inevitable de búsqueda de renacer de nuevo, quedar nuevo y resurgir a una vida nueva y feliz. Es la esperanza de la Resurrección que se descubre tras la experiencia del dolor y sufrimiento. Por eso tiene sentido la cruz que cargamos en nuestra vida, la cruz del dolor, del trabajo y de los avatares dolorosos que el camino de nuestra vida nos impone. Tras de ella buscamos la Resurrección.

Y hoy descubrimos tras nuestro desesperado llanto y desesperación, valga la redundancia, la esperanza de que Jesús, a quien buscamos como razón y fin de nuestra vida, ha Resucitado.¡ Ha vencido a la muerte! ¡Ya no hay tristeza a pesar del dolor, la muerte ha sido vencida y la Resurrección nos llena de gozo y felicidad! Cristo, el Señor, ha Resucitado y en y con Él también resucitaremos nosotros.

Ahora la vida cambia de rumbo completamente y su mirada se eleva hacia arriba. Las cosas de abajo no tienen valor de eternidad, solo son camino para alcanzarla en la medida que las compartas y las dé en servicio por amor a los más pobres y necesitados. El mundo se hace camino para, por medio de él, llegar al encuentro con ese Xto. Resucitado. Escuchemos a las mujeres que descubrieron la tumba vacía y se encontraron con Jesús Resucitado.

lunes, 12 de diciembre de 2022

POSIBLEMENTE TÚ, TAMBIÉN YO, TENGAMOS MUCHAS PREGUNTAS QUE HACERLE A JESÚS.

A lo largo de nuestra vida tenemos la oportunidad de responder a muchas preguntas que se nos presenta en nuestro vivir de cada día. Es posible también que no las adviertas ni lleguen a inquietarte. En ese caso tu vida pasará de forma superficial sin quizás preguntarte quién eres y de dónde has venido. Incluso no llegues a darte cuenta de nada y vivir de manera superficial, ajena a todo y como un ser viviente más de este planeta llamado tierra que, eso sí, busca sus propias satisfacciones y felicidad.

Pero, lo lógico y característico de la persona humana es advertir los interrogantes que viven y palpitan dentro de ti. Hacerle frente tiene mucho sentido porque detrás de ello se encuentra lo que precisamente buscas, quizás sin haberlo advertido. Es notorio y destacado que el hombre busca ser feliz. Pero una felicidad plena que le dure y que sea eterna. Pero se da cuenta que eso no es posible hasta el momento que Alguien le plantea esa posibilidad.

Y ahí vienen las preguntas: ¿Quién es ese que habla con esa autoridad y promete tan inalcanzable objetivo? ¿De dónde viene y qué credenciales le acreditan a Anunciar esa Buena Noticia? El Evangelio de hoy nos habla de eso, de como los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, en tiempo de Jesús, se le acercaron para preguntarle. Si quieres puedes leerlo en Mt 21,23-27. Pero lo importante es reflexionar sobre si tú, también yo, tenemos respuesta a eso que responde Jesús a los que le preguntan.

La cuestión es preguntarme si realmente creo en ese Mesías que anuncia Juan y del que está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti». Crees o no crees. No hay más asunto. Si crees, ¿cómo es que no vives de acuerdo con tu compromiso de bautismo? Y si no crees, tu respuesta será como la de aquellos sumos sacerdotes y ancianos. En consecuencia actuarás como ellos. Así de sencillo y de profundo, porque esa felicidad que buscas no la encontrarás fuera de Jesús. Él es el único Camino, Verdad y Vida.

domingo, 30 de octubre de 2022

EL ENCUENTRO EXIGE BÚSQUEDA

No hay alternativa, quien busca encuentra, y quien no lo hace, lo lógico es que no encuentre. Por tanto, el encuentro demanda inquietud y perseverancia de búsqueda. Comprenderemos que sin búsqueda no hay encuentro.

El encuentro de Zaqueo con Jesús puede iluminarnos mucho en este sentido. Zaqueo ha oído hablar de Jesús, y eso que oye le mueve a buscarle, a conocerle y a acercarse para ver quien es. ¿Sientes tú lo mismo? ¿O te acercas a Él simplemente por cumplir y descargar tu conciencia? ¿Cuál es tu actitud? Sería un buen discernimiento sacar conclusiones a ese respecto.

Zaqueo no se queda quieto. Hemos visto en la narración evangélica que sale, quiere verle y ante la dificultad de su pequeña estatura y el gentío, sube a un sicomoro para verle pasar. Ha sido capaz de atreverse a sortear y vencer esa dificultad que le impedía ver a Jesús. Se arriesga, incluso venciendo el que dirán y el respeto humano. ¡No le importa! ¡Ver a Jesús le parece más importante y por encima de su respeto humano! ¿Estás tu de acuerdo con la actitud de Zaqueo? ¿Te atreves a dar pasos que te permitan conocer y ver a Jesús?

¡Y la respuesta fue sorprendente! Jesús, que conoce y sabe el movimiento, la inquietud y el deseo de Zaqueo de verle, se le acerca, se le muestra y se autoinvita, conociendo la curiosidad y deseo de Zaqueo, de ir a su casa. ¿Piensas que Jesús responderá así a tus deseo de conocerle? ¿Estás dispuestos a abrirle la puerta de tu corazón? ¿No crees que Jesús pasa y pasa delante de ti en muchos momentos de tu vida? ¿Tienes los ojos abiertos como Zaqueo para que no pase inadvertido y le veas? ¿No sabes que ha venido para eso, para entrar en tu casa? ¡Claro!, siempre contando con tu permiso.

lunes, 4 de julio de 2022

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ LE BUSCAMOS?

El Evangelio de hoy lunes habla del funcionario que busca a Jesús porque su hija ha muerto. La causa de la búsqueda de Jesús se produce por una necesidad que no encuentra respuesta en el mundo. Cuando nuestras esperanzas se desvanecen y experimentan impotencia y muerte, la única salida y esperanza es el Salvador, el Mesías y, en consecuencia, se produce la búsqueda de la salvación.

Precisamente, ese es el anuncio de la Buena Noticia, la victoria de la vida sobre la muerte, la salvación eterna por la Amorosa Misericordia de nuestro Padre Dios. En lo más profundo del corazón del hombre se esconde la necesidad imperiosa de amar, de amar sin límites ni condiciones. Un amor dado y entregado libremente, precisamente por amor. Un amor que nos viene dado desde lo alto por el Amor Infinito y Misericordioso del Padre. Y, solo cuando somos capaces de experimentar y sacar ese amor, escondido en lo más profundo de nuestros corazones, nos encontramos verdaderamente con nuestro Creador y Señor Dios Padre todopoderoso.

Es, entonces, cuando, como ocurrió a ese jefe judío, crees firmemente que Jesús puede devolver a la vida. Y, así se lo manifiesta y se lo pide. Al mismo tiempo, una mujer, que padecía flujo de sangre, piensa y cree que tocando el manto de Jesús puede quedar tocada. Y así sucede. Ahora, tú como yo, ¿qué pensamos de Jesús? ¿Creemos también que nos puede, no solo curar sino dar vida eterna? Esa es nuestra reflexión, ¿es Jesús Camino, Verdad y Vida Eterna?

lunes, 28 de marzo de 2022

CUANDO ACOGES POR INTERÉS

 

Detrás de nuestra manera de acoger hay siempre, o casi siempre, el interés egoísta de nuestra naturaleza, herida por el pecado, que nos condiciona, bien positiva o negativamente. Nadie es profeta en su tierra. Son Palabras del mismo Jesús, pero, cuando interesa todo cambia. Nos adaptamos hipócritamente falseando nuestra actitud porque, lo que realmente nos interesa son los resultados materiales de la acción e intervención de Jesús.

Y sigue todo igual. Hoy sucede lo mismo. Buscamos al Señor para que intervenga en nuestro favor y nos solucione ese problema que nos echa el mundo encima, o esa enfermedad que mata a un ser querido o a nosotros mismos. Y, también, nos acordamos de nuestra Madre, la Virgen, para que interceda en favor nuestro. Pero, en realidad, ¿buscamos al Señor o, le buscamos, por y para nuestros intereses materiales? Pero, solucionado todo desaparece nuestra búsqueda y nuestras peticiones. Ya, parece, que nos bastamos solos. Dejamos claramente que nuestro interés era simplemente y material.

Eso fue, precisamente, lo que movió a aquel funcionario real a buscar a Jesús. Buscaba la curación de su hijo y, Jesús, el Señor, era la solución. Indudablemente, luego, visto el resultado, viene la fe y conversión. Al respecto, Jesús dice: Si no ven signos y prodigios no creen. La fe es precisamente lo contrario. Es creer sin ver. Es confiar en lo que nos dice Jesús que, precisamente coincide con lo que queremos y buscamos. Su Palabra es veraz, y nos lo demuestra con sus obras.

¿Y nuestra alma? ¿Nos damos cuenta de que Jesús es nuestro Salvador y que en Él alcanzamos la Vida Eterna? ¿Somos consciente de que Él nos libera de la esclavitud del pecado que nos somete? ¿Realmente, no buscamos y deseamos esa Vida Eterna en plenitud? Ahora nos toca a nosotros creer en Él. Ya vino a este mundo y nos ha dejado su Palabra y su Iglesia, que nos transmite su Palabra y su Obra. Seremos nosotros los que tengamos la palabra, creer y seguirle haciendo vida en nuestra vida su Palabra.

martes, 1 de febrero de 2022

EL PODER DE LA FE


La fe movió a aquella mujer a buscar a Jesús. Había oído de sus curaciones a otras mujeres y de dijo « si logro tocar su manto, quedaré sanada» Eso, al menos, es lo que creyó aquella mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años y en lo que había gastado todo su dinero. El resultado lo sabes si lees el Evangelio de hoy: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Ahora, no te quede ahí, ni con la historia, ni con los hechos. Hoy, Jesús también camina, vive, pasa por tu lado y, ¿te atreves a tocarle su manto? ¿Crees en Él y que, sólo Él puede limpiar tu ceguera, tu enfermedad, tus pecados? Si es así, búscalo como aquella mujer y trata de acercarte a Él. Hoy lo tienes mucho más fácil. Está en el Sagrario esperándote. Pero, también, está en cada persona con la que te relacionas cada día. Tu corazón puede descubrir la presencia del Señor si trata de amar, de buscar el bien, la verdad y la justicia en todas las personas. Sobre todo, en aquellas que están más desfavorecidas, son más pobres y necesitan más auxilio.

El Señor no te pide lo que tú no puedes dar, y tienes y tenemos muy poco que darle al Señor. Mejor, nada, porque nada necesita el Señor de nosotros. Simplemente, lo único que podemos darle, y porque Él así lo ha querido, es nuestra fe. Creer en Él y en su Palabra y todo sucederá tal y como Él quiere. Eso fue, precisamente, lo que le pidió a Jairo: «No temas; solamente ten fe». Y eso mismo nos dice a nosotros. ¿Qué respondemos? Y si nuestra respuesta es afirmativa, ¿cómo se lo demostramos al Señor? Porque, no todo consiste en hablar y decir, sino que a cada palabra corresponde una acción. Por tanto, busquemos al Señor y, confiados en Él, tratemos de tocar su manto.

jueves, 20 de enero de 2022

EN BUSCA DE JESÚS

 

Hay una pregunta que es determinante y vital en nuestra vida: ¿Dónde está la cima de ese deseo de felicidad que arde dentro de nosotros? Porque, será ese deseo el motor que moverá todas nuestras aspiraciones y esfuerzos en nuestra vida. Ahora, antes conviene preguntarnos ¿Queremos realmente alcanzar y vivir ese deseo de plenitud en gozo y felicidad eterna? Porque, es ahí donde está la diferencia. De quererlo, buscaremos, indagaremos, escucharemos, nos moveremos…etc. Pero, de no quererlo, o mejor, cruzarnos de brazo, terminaremos por resignarnos y quedarnos en la mediocridad, entre dos aguas: «ni frío ni caliente». Eso significaría desperdiciar ese inmenso regalo de Felicidad y Vida Eterna gozosa de la que nos habla y nos ofrece Jesús.

¿Qué decidimos? ¿Para qué buscamos a Jesús? ¿Simplemente, le buscamos para solucionar nuestros problemas (enfermedades, economía, satisfacciones…etc), o le buscamos, también, para seguirle e intentar imitarle? Porque, Él es el único Camino que responde a ese deseo profundo y escondido en nuestro corazón que nos da la Felicidad que tanto anhelamos y buscamos. Él es verdaderamente, el Camino, la Verdad y la Vida.

Concluimos: ¿En qué grupo nos encontramos nosotros? ¿En el de los que le buscan para satisfacer simplemente nuestras necesidades y vivir para nosotros mismos? ¿O en el grupo que, aparte de buscarle para que nos ayude a soportar la dureza del camino, nuestras enfermedades y contratiempos, queremos seguirle, esforzarnos en imitarle y, con y por su Gracia y la acción del Espíritu Santo, compartir nuestra vida con los demás? La pelota está en tu tejado. De ti depende. Jesús te espera, te anuncia el Amor de su Padre y te llama.

martes, 4 de enero de 2022

QUIÉN BUSCA ENCUENTRA, PERO, ¿SIENTES LA NECESIDAD DE BUSCAR?

 

Posiblemente, aquellos dos discípulos que estaban con Juan sentían necesidad de buscar. Evidentemente, Juan los había preparado para acoger al Mesías esperado, que Juan lo presentaba como anterior a él y que ya existía antes que él. De modo, no extraña, que al ver pasar a Jesús, Juan dijera a sus discípulos: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

La reacción de ellos «nos dice el Evangelio» no fue pasiva sino todo lo contrario. Se activaron y siguieron a Jesús. Se descubría en ello unas ansias de encontrar al Mesías, al Libertador esperado según los Profetas y, sobre todo, lo anunciado por Juan. Pero, sucedió «sigue diciéndonos el Evangelio» que Jesús, al ver que le seguían, les dijo: ─¿Qué buscáis?

Ellos le respondieron: Rabbí «que quiere decir, “Maestro”» ¿dónde vives?

Les respondió: ─Venid y lo veréis.

Y nos dice el Evangelio que fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima.

También, sin lugar a duda, a ti y a mí también, se nos acerca el Señor y pasa por nuestro lado. Quizás no tengas quien te haya dicho mira, ese es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, pero, con toda seguridad, hay o habrá un momento en tu vida que alguien, bien por un buen ejemplo, bien con una palabra o una buena obra te ha indicado que Jesús vive y está presente en tu corazón. La cuestión es tener sed, andar en su búsqueda y estar atento a su Palabra. El Señor no te ha creado para dejarte tirado y sin posibilitar que tú le veas y le sientas. Otra cosa es que tengamos cerrado los ojos de nuestro corazón y solo los abramos para las cosas de este mundo