| Mt 23, 23-26 |
—¿Qué concepto tienes de la hipocresía? —preguntó Pedro a Manuel.
Este, mirándolo sorprendido, respondió:
—El verdadero: La hipocresía es un veneno que va destruyendo la autenticidad de la persona.
Hizo una pausa y, sin dejar de mirarlo, continuó:
—Cuando nos escondemos en las apariencias, corremos el peligro de, interiormente, estar llenos de mentiras y malas intenciones.
Pedro permanecía en silencio; su cara traslucía cierta aprobación de lo que decía Manuel. Es un gran peligro vivir en la hipocresía; contamina y destruye todo lo que toca.
Manuel se levantó y, mirando a todos los que escuchaban, comentó:
—El hipócrita se limita a cumplir con las normas de la ley, pero olvida lo más importante: la justicia, la misericordia y la fidelidad.
Cogió la Biblia y, abriéndola por Mt 23, 23-26, leyó:
—En aquel tiempo Jesús habló diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe!
Guardó un breve silencio y, observando sus reacciones, continuó:
—Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
Tomó un breve respiro. Y alzando la voz concluyó:
—¡Hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!»
Había quedado claro. Jesús nos invita a evitar estas trampas de los ritos vacíos y las apariencias y a relacionarnos desde la compasión y la sinceridad, con coherencia y discernimiento, llamados a ser justos, compasivos y honestos.
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