Mostrando entradas con la etiqueta unidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta unidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de mayo de 2026

VIVIR EN LA UNIDAD

Jn 17, 20-26

No entiendo cómo unos han recibido mucho, y otros apenas tienen para sobrevivir. Unos han nacido en tierra buena, mientras otros en tierra mala.

La desigualdad es muy grande y, a veces, me asustan los privilegios de algunos y la pobreza de otros.

Cuando me bebo un vaso de agua, me viene la imagen de aquellos que pasan sed.

¿Cómo es posible que exista esto en el mundo?, pensaba Emeterio. ¿No somos todos hijos de Dios?

Levantó la cabeza, miró para Manuel y le preguntó:

—¿Tienes alguna explicación de por qué hay tantas personas que sufren y pasan hambre, mientras otras viven en la opulencia?

Manuel le miró pacientemente y, con ternura, le dijo:

—Dios ha dado lo suficiente a la tierra para que haya para todos. Otra cosa es que el hombre, su administrador, no lo considere así.

Tomó la Biblia de su bolso, la apoyó en la mesa y abriéndola por Juan 17, 20-26, leyó:

—En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego solo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado…

Al terminar de leer el pasaje evangélico, cerró la Biblia y, mirándolo con cariño, añadió:

—Jesús ora por sus amigos, los de entonces y por los que somos, por la palabra de esos primeros.

Entonces, respondiendo directamente a la pregunta de Emeterio, dijo:

El amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras, y todo lo recibido debe ser compartido. De modo que a nadie le falte lo necesario para vivir dignamente.

Emeterio empezó a darse cuenta de que era el hombre, con su egoísmo, el culpable de tantas desigualdades.

Nuestro desafío, como cristianos, es no dar lugar a la división ni a las desigualdades entre nosotros.

No debemos dejar que el espíritu de división, el padre de la mentira, entre en nuestro corazón.

Debemos buscar siempre la unidad; aunque cada uno sea como es, permanecer unidos debe ser nuestro fin.

 Una unión que nos permita vivir dignamente como hijos de Dios.

jueves, 22 de enero de 2026

UNIDOS COMO LO ESTÁN EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO.

Mc 3, 7-12

A pesar de que vivimos en sociedad y nos es imprescindible estar unidos, nos dividimos en grupos o familias con diferentes creencias. Nos resistimos a unirnos y tendemos a la individualidad.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador. Y eso significa que, como Él es Uno y Trino, también nosotros estamos llamados a vivir unidos, como un solo pueblo. Pero nuestra realidad es muy diferente: permanecemos divididos y hasta, a veces, enfrentados.

No nos damos cuenta de la necesidad de ser un solo pueblo. Sin embargo, sí acudimos a Ti desde todos los lugares para pedirte curación y salvación. Una vez más, olvidamos lo fundamental para elevar a lo absoluto lo que no lo es.

«Prima la unidad y no la separación», pensó Manuel.

No entendía cómo nos empeñamos en descuidar a otros, e incluso a nosotros mismos, cuando el fundamento de tu venida, Señor, es el amor y la misericordia ofrecidos a todos.

Nos has dado un mandamiento nuevo: el amor. Nos has pedido que nos amemos como Tú nos amas y nos has enseñado a amar. Pero, al parecer, hacemos oídos sordos a tus palabras.

Tratemos de darnos cuenta de que solo el amor puede solucionar nuestros problemas: separaciones, egoísmos, ansias de poder, ambición, guerras y muertes. Y Tú, Señor, has venido a decírnoslo y a mostrarnos el Camino, la Verdad y la Vida.

Nuestro objetivo es la unidad: ser un solo pueblo en Dios Trino, como lo están el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

jueves, 5 de junio de 2025

UNIDOS, COMO EL PADRE Y EL HIJO.

Jn 17, 20-26

No entendemos que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que ha dado su Vida por mí, se ponga ante el Padre y le pida por mí. Y también por ti y por todos los que creen en su Palabra a través de los apóstoles que nos la han transmitidos.

—¿Tú lo entiendes, Pedro? Preguntaba Manuel, algo perplejo, a su amigo.

—Me cuesta entenderlo, pero quiero y trato de entenderlo. De cualquier manera lo importante es creer. Y en eso me aplico.

—Sí, a mí me ocurre algo parecido. Sin embargo, en mis oraciones pido para que mi corazón – iluminado por el Espíritu Santo – llegue a entenderlo.

Ambos amigos se interpelaban en el esfuerzo de compartir esa dificulta, inherente a nuestra propia naturaleza, que nos impide entender lo que nos dice y promete el Señor. De ahí la necesidad que tenemos de ser niños y creer en nuestro Padre. Nada extraño a nuestra propia experiencia, pues cuando niños creíamos en todo lo que nos decían nuestro padres. De ahí que Jesús, el Señor, nos dice en algún momento que tenemos que ser como niños.

—Esa es nuestra intención y eso es lo que celebramos en cada Eucaristía, todos unidos ante Jesús, que reza por nosotros y se da para que perseveremos unidos como el Padre y Él son uno – concluyó Manuel.

Hagamos nosotros lo mismo, celebrar la Eucaristía unidos a Jesús y tratando de vivir esa unidad a la que nos convoca Jesús cuando nos reparte su Pan: Cuerpo y Sangre.

viernes, 19 de abril de 2024

UNA RELACIÓN DE UNIDAD Y FRATERNIDAD

La meta a la que nos lleva este mundo es a la individualidad. Ahora tratan de desestabilizar la familia y, con ello, dejar al hombre solo como individuo sin relación para, desde ahí, someterlo con más facilidad. Porque, el hombre es un ser en relación y necesita el vínculo familiar para nacer desde el amor y educarse en el amor.

Jesús, que vive y padece esta situación ya en su tiempo, donde los pobres y enfermos eran marginados y excluidos, se ofrece – Cuerpo y Sangre- para establecer una amistad fortalecida en el Espíritu que nos una y que desde Él nos lleve a la unidad fraterna que nos haga más personas relacionadas, desde la verdad, justicia y amor, los unos con los otros.

En un mundo donde impera el poder, la riqueza y prevalecen los egoísmos, el hombre se aísla y, refugiado en los avances técnicos se individualiza y se destruye a sí mismo. Ha nacido para amar y ser amado, y eso exige una condición sine qua non; la relación amorosa y misericordiosa. Amar en la verdad, justicia y misericordia.

Solo en y por Jesús, el Hijo de Dios Vivo, el hombre puede encontrar y permanecer en su esencia vital, el amor. Porque, Dios es Amor y por Amor ha enviado a su Hijo para redimirnos con su Pasión, muerte y Resurrección. Él es ese Pan de Vida que nos da la sabiduría y la fortaleza de sabernos hermanos y de, en y por Él, estar relacionados y unidos en un solo Amor tal como el Padre y el Hijo.

 

viernes, 14 de abril de 2023

LA PRESENCIA DEL SEÑOR RESUCITADO UNE AL GRUPO

No saben que hacer y deciden volver al trabajo. Supongo que algo así pensaron también los de Emaús. Y es que cuando estás tocado, desilusionado o confundido tratas salir del tedio y volver a las faenas cotidianas, hacer algo y distraerte. Es malo y peligroso quedarte quieto. Reina una atmósfera dispersa y el grupo tiende a disolverse.

 No está claro que ha sucedido con Jesús. ¿Dónde está? ¿Por qué se ha ido? Posiblemente sean las mismas preguntas que nos podemos hacer ahora, en este momento. ¿No noto tu presencia, Señor y me siento solo y desasistido? ¿Dónde andas? ¿Te has ido?

Sin embargo, el Señor está presente, se les aparece y les quiere dar ánimo. Juan, que está bastante cerca en el pensamiento y espíritu, intuye que aquel que está a la orilla y les invita a que echen las redes a la derecha es el Señor. La red sale cargada de peces. Es evidente, es el Señor. Y Pedro se lanza a su búsqueda. Sin embargo nadie se atreve a preguntarle. Intuyen, saben que es Él, pero todos se callan. Sin embargo permanecen unidos. Jesús es el centro y los reúne y une. 

También lo hago ahora yo, Señor. Sé que estás ahí pero mejor callarme y dejar que entres en mi corazón y te alojes en él. Yo te preparo, mejor que hablar, mi rinconcito más confortable para que te acomodes, te sientas bien y estés cómodo. Y me entrego, Señor, a tu Voluntad. Esa al menos es mi deseo y mi voluntad. En tus manos me pongo, Señor y espero pacientemente. Dame la paz, fortaleza y sabiduría para buscar ese espacio y momento de encuentro contigo e intuir como Juan, el discípulo amado, que Tú te haces presente en mi vida.

viernes, 13 de agosto de 2021

UNIDOS, NO SEPARADOS

 

Lo natural y real es que el amor una, no separe. No se entiende que cuando un compromiso se sella por amor se encuentre, después de un tiempo, separados por incompatibilidades, egoísmos, diferencias de gustos, apetencias o pasiones. No hay por donde coger esa nueva situación y menos comprenderla.

¿No es el amor suficientemente poderoso para superar esas barreras que separan? Posiblemente sí, pero cuando se habla de verdadero amor y no de sucedáneos, que por mucho que lo llamen amor son chispas de egoísmos y pasiones que buscan solamente la satisfacción propia.  

Amar es otra cosa. El amor no puede acabarse, persiste y persevera. La esencia del ser humano es precisamente el amor. Dios es Amor y de Él venimos. Por Él hemos sido creados y, si venimos del amor es porque estamos llamados y creados para amar. Somos amados a pesar de nuestras infidelidades, rechazos, desobediencias e incredulidades y de esa manera también estamos llamados a amar.

De modo que cuando amamos de verdad superamos esas - antes mencionadas - diferencias, gustos, apetencias o pasiones que puedan ponernos en conflicto y amenazar nuestra unida amorosa.: « ¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?». Él respondió: « ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre».

Pero, nosotros, hombres y mujeres, desobedecemos, endurecemos nuestros corazones y, rechazando lo que Dios nos propone, hacemos lo que satisface a nuestras pasiones. ¿No sabe Dios, nuestro Padre, lo que mejor nos conviene? ¿Acaso sabemos más nosotros que quien nos quiere de verdad, busca nuestra felicidad plena y nos ha creado para que seamos felices eternamente?

sábado, 27 de marzo de 2021

LA CRUZ ES SIGNO DE UNIDAD Y DE AMOR

 

Jesús muere en la Cruz por Amor. Un Amor que nos reúne y nos une. La Cruz es signo de unidad y de Amor. Todos uno en torno a Cristo, porque, en la Cruz nos encontramos todos. La Muerte de Jesús nos salva y nos une por verdadero Amor. Porque, no hay Amor más grande que aquel con el que se entrega la vida para la salvación de otro. En este caso, Jesús redime y salva a toda la humanidad.

Jesús muere entregando su Vida por todos los hombres, por los que le aceptan, pero, también, por todos aquellos que no le aceptan e incluso le rechazan y quieren matarle. Y digo, "y quieren matarle", porque, hoy, en este momento continúa ese rechazo de muchos hasta perseguirlo y querer matarlo. De hecho, se le ha expulsado - retirado- de las escuelas y de muchos lugares. Se están derribando signos que le recuerdan y le hacen presente y, aquellos que le siguen, son perseguidos y asesinados.

En Jesús se cumple la profecía de Caifás: Juan 11:51 Caifás no dijo esto por su cuenta, sino que como era el sumo sacerdote ese año, sus palabras fueron una profecía de que Jesús iba a morir por el pueblo. Parodójícamente, la muerte de Jesús aparentemente le deja solo, incluso sin la compañía de sus apóstoles. Solo su Madre, algunas mujeres y el discípulo amado permanecen al pie de la Cruz.

Sin embargo, es esa muerte por Amor la que obra el milagro de la unidad. Jesús muere voluntariamente por Amor para que todos los hombres permanezcan unidos a Él como Él y el Padre son uno. Es verdad que poco ha cambiado la cosa en cuanto a la unidad. Hay muchas divisiones y separaciones. Incluso dentro de la misma Iglesia católica hay diferencias y separaciones. No todos miramos al mismo Jesús, aquel Niño nacido de María en Belén. Y esa será nuestra reflexión de hoy y nuestra esperanza, caminar hacia esa unidad en torno a Jesús, Camino, Verdad y Vida.

viernes, 16 de agosto de 2019

MATRIMONIO, UNA VOCACIÓN

Resultado de imagen de Mt 19,3-12
No todos están llamados al matrimonio. Realmente es una vocación porque su misión tiene sus exigencias y sus compromisos. La familia está detrás de esa vocación matrimonial y ella constituye la Iglesia domestica que reunida forman la Iglesia. De su vocación sacramental la Iglesia espera todo, pues de ellas salen tanto las vocaciones sacerdotales y consagradas como las laicas.

Formar una familia exige unas condiciones especiales que no todos pueden ofrecer. Esas condiciones pasan por perder parte de tu individualidad e integrarte en el otro u otra para formar entre ambos la unidad conyugal bajo la gracia del Sacramento matrimonial injertados en Xto. Jesús. Y esa no es tarea fácil, pues presenta muchas dificultades que nacen del propio ser de los mismos contrayentes.

Casarse no es simplemente vivir bajo el mismo techo, ni siquiera estar juntos, sino compartir lo que se es y lo que se tiene. Unirse en santo matrimonio es dejar de ser tú para ser nosotros. Comienzas a darte cuenta que ese paso presenta muchas dificultades y que no estás preparado para afrontarlo tú solo. Necesitas la ayuda del Señor que, para eso lo has invitado a tu matrimonio al pedirle a la Iglesia el sacramento matrimonial.

Ese es el secreto, abrirse al ofrecimiento que nos brinda el Señor en el Sacramento. Jesús viene a nuestra presencia. Nos lo ha dicho: cuando dos o tres se reúnen...-Mt 18, 19-20- y viene para auxiliarnos, para fortalecernos, para alumbrarnos, para darnos toda la capacidad que necesitamos para vencernos y permanecer unidos.  Viene, si nos abrimos a su Gracia, para ablandar nuestros corazones e irnos transformando según su Voluntad, que no es otra que buscar nuestro bien y nuestra unidad.

Necesitamos superar nuestros egoísmos, nuestras apetencias, nuestras individualidades y todo aquello que tiende a separarnos y a destruir nuestro amor. Porque, ¿qué es realmente amar? ¿Cómo realmente me han queridos mis padres? Pensemos, ¿cómo será entonces el amor de mi Padre Dios?

jueves, 24 de enero de 2019

EL SIGNO DE LA UNIDAD

Resultado de imagen de Mc 3,7-12
Una de las cosas que nos presentan los agnósticos es que hay muchas religiones y que cada una tiene su verdad y su razón. Las separaciones no son signos de unidad ni de testimonio. Recordemos que Jesús nos dice: "No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, .para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:" - Jn 17, 21-22-.

El Evangelio de hoy nos dice que todos acudían a tocarle porque quedaban curados...-Mc 3, 7-12- y venían de muchas partes. Jesús acoge a todos, porque, para todos es la Buena Noticia. Se hace necesario buscar la unidad y tratar de ser uno como Él y el Padre son uno. 

Por eso, en esta semana de la unidad de todos los cristianos, rezamos para que todas las Iglesias dejen de estar separadas y sean una como lo es el Padre y el Hijo. Para ello, tenemos que ser fieles a la Palabra de Dios y hacer el esfuerzo de acercarnos y unirnos. Si todos hemos sido bautizados en una misma fe y un mismo Espíritu, debemos estar unidos en esa misma fe y en ese Espíritu.

Jesús no quiere tu conversión por causa de sus prodigios. Les prohibe a los espíritu inmundo que no le descubran. Jesús no usa su poder para convencernos sino quiere nuestra confianza y nuestra fe. Eso sí, hace signos para que despertemos y le creamos, pero, quiere nuestra fe y nuestra confianza en sus Palabras y promesas. Ahora no está visible, pero está por la fe con nosotros. Creemos en su Resurrección y en su presencia real en la Eucaristía bajo las especies de pan y vino. Todo lo que ha hecho ha sido para que tú y yo creamos en Él.

Esa fe es la que nos dará la unidad de todos los creyentes y eso es lo que pedimos en esta semana del 18 al 25 de enero, que todos los cristianos sean uno como lo es el Padre y el Hijo.

jueves, 17 de mayo de 2018

LAS DIFERENCIAS PERMANECEN

Resultado de imagen de Jn 17,20-26
Siempre pensaremos diferentes. Aún estando de acuerdo, tú lo ves de una manera y yo de otra. Es decir, si lo harías tú sería diferente a si lo hago yo. Y es que todos somos diferentes, personales y singulares. No hay nadie repetido y eso nos descubre que todos haremos las cosas diferentes aunque sean parecidas en algunos momentos. Y, de la misma manera, pensaremos diferentes aunque estemos de acuerdo.

Pero, a pesar de eso, sobre todos los hombres hay un pegamento especial que es capaz de sostenernos unidos incluso a costa de nuestras diferencias. Ese pegamento se llama "Amor". Sí, el Amor es capaz de preservarnos unidos y de sostenernos en el tiempo unidos. Pero, no ese amor que el mundo se ha fabricado y ha definido erróneamente, sino el Amor que viene de arriba, de nuestro Padre del Cielo y que el Hijo enviado nos lo ha revelado y enseñado.

Porque, el mundo nos presenta un amor de intercambio, de intereses, de toma tú y recibo yo. Un amor de placeres, de satisfacciones, de conveniencias, de gustos y de sabores. Un amor de compañía y de servicio remunerados. Un amor que no es permanente y que su tiempo tiene fecha límite. Un amor que se termina y que se acaba. ¿Qué clase de amor es ese? Es el amor del mundo, que no une sino que separa cuando los intereses están contrapuestos; cuando tu presencia ya no me gusta o satisface; cuando ya me he hartado de ti y cuando tu presencia me exige soportarte.

Esa clase, mal llamada de amor, nos sostiene al mundo, lo divide y lo hace injusto y opresivo. Esa clase de amor quita la paz y rompe la justicia escondiendo la verdad. No, de ese amor no habla Jesús, ni tampoco queremos hablar nosotros. Queremos el Amor que Jesús nos propone y nos ha revelado de parte del Padre. Ese Amor que perdona, que comprende, que es humilde, servicial y que escucha. Ese Amor que se da, que se regala, que es incondicional y misericordioso. 

Sí, queremos ese Amor, que está siempre pendiente del ser amado y que nunca te deja solo. Gracias, Señor, por amarnos de esa forma. Danos la fortaleza y la sabiduría de permanecer en tu Amor y esperar a tu segunda venida.

jueves, 23 de marzo de 2017

HABLAMOS DE UNIDAD

(Lc 11,14-23)
Toda confrontación tiende a alejarnos y, por tanto, a desunirnos. Y en esas confrontaciones está el diablo, él las alimentas y las provocas. Es el caso del Evangelio de hoy. Muchos, al ver la obra de Jesús y la liberación del aquel mudo del espíritu maligno que le poseía, se admiran, pero otros no reaccionan positivamente, sino que murmuran y exclaman que Jesús actúa por obra de Beezebul, príncipe de los demonios.

Y otros muchos hasta se atreven a pedirle una señal en el Cielo. Que sucedan estas cosas no debe asombrarnos, porque están ocurriendo también hoy. Y, quizás, muchos de nosotros exigimos pruebas y señales en el Cielo. Cuando no queremos ver cerramos los ojos. Y eso nos llena de oscuridad y, hasta no abrirlos, no vemos nada. Estamos ciegos. Eso es lo que sucede, estamos ciegos y no vemos las maravillas que hace el Señor en nuestra presencia. ¿Más señales queremos?

Nuestra ceguera nos lleva a reprocharle que hace esas liberaciones en nombre de Beezebul. Nuestra necedad es tal que perdemos la razón y disparatamos. ¿Pero es posible que el mismo Beezebul se expulse a sí mismo? Perdemos el juicio y deliramos. Todo reino dividido está condenado a destruirse. Donde reina la confrontación no hay paz ni unidad, y como tal, desaparece.

Sólo hay una razón y una explicación, y es que si el Maligno es expulsado es porque ha llegado el Reino de Dios. El Mesías, el Hijo de Dios Vivo, que nos salva y nos libera. Y nos llama a la unidad, a permanecer unidos para hacernos fuertes y no desfallecer ni ser arrastrados por Satanás. Pero, para eso, también el Señor necesita nuestra colaboración. Necesita nuestra libertad y voluntad, regalos gratuitos de su Gracia, que ha puesto en nosotros para colaborar en nuestra propia salvación.

Y ese debe ser nuestro esfuerzo: Mantenernos unidos junto al Espíritu Santo y dejarnos dirigir por Él en medio de su Iglesia, nuestra Madre, que nos auxilia nos acompaña por la Gracia del Señor.

jueves, 12 de mayo de 2016

LA ESPERANZA Y CONFIANZA DE QUE JESÚS REZA AL PADRE POR MÍ

(Jn 17,20-26)

No hay mayor esperanza y tesoro que el saber que Jesús, nuestro Señor, reza al Padre por todos nosotros y por aquellos que, por nuestras humildes y sencillas palabras impulsadas y dirigidas por el Espíritu Santo, creen también en Él. Y no son conjeturas ni deducciones o supocisiones mías sino que es Palabra de Dios: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 

Y eso supone que todos, si queremos seguirle, tendremos que unirnos y amarnos para intentar latir y sentir al unísono su mismo Espíritu. Todo encaja con el mandato del mandamiento nuevo: Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos  a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros (Jn 13,34).

Pero ese seguimiento es asumido y querido desde la libertad que el Padre nos ha dado. Un seguimiento desde el convencimiento que es lo mejor, lo que buscamos y deseamos. Porque nada supone mayor tesoro que el vivir en plenitud de gozo eternamente. 

Y eso significa vivir junto al Padre y su Hijo, Jesús. Por eso, desde ahí, saber que el Hijo, nuestro Señor, reza al Padre para que nos mantengamos unidos, es el mayor testimonio de amor y de esperanza que nos da fuerza y la misma gloria reciba por Él: Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Y esa es nuestra meta y nuestro objetivo, el amarnos hasta esta unidos como el Padre y el Hijo lo están. Y para eso tenemos y contamos con la acción del Espíritu Santo.

Gracias, Señor, porque estás en nosotros y continuas dándonos a conocer el Nombre del Padre, para que el amor con que el Padre te ha amado esté en nosotros.

viernes, 14 de agosto de 2015

EL TEMA SIGUE DE ACTUALIDAD

(Mt 19,3-12)


Siempre ha existido la polémica matrimonial, pero esta polémica nace en el corazón del hombre. Jesús nos lo ha dejado claro: « ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre». 

Es en el corazón del hombre donde se alimenta esta polémica, que contraviene la Ley de Dios. Moisés tuvo que ceder por la dureza de corazón de aquellos hombres, pero la Ley de Dios siempre ha sido clara. El problema está en la raíz del pecado, la carne, que se resiste a la fidelidad y obediencia del hombre y la mujer. 

El asunto está en que el aparente amor se apoya en arena movediza. Si es la pasión y el sexo la base en la que se fundamente la unión matrimonial, la unidad está sobre la cuerda floja. A las primeras contrariedades de la simple convivencia; a las primeras dificultades encontradas en las diferencias de caracteres y gustos, así como de ideas o criterios, nacen los enfrentamientos que necesitan mucha terapia de amor, de verdadero amor.

Un amor que escucha, que es paciente, que renuncia a su propio ego y satisfacción. Un amor que espera y comparte su propia satisfacción dando la oportunidad de que el otro satisfaga también sus esperanzas carnales y humanas. Un amor que va mucho más allá que la búsqueda de su propio ego y encuentra gozo en hacer feliz con quien comparte su proyecto de vida. Un amor que entiende que el camino significa, no sólo placer, sino dolor, porque en el dolor se encuentra el verdadero sentido del amor.

Amar cuando el camino va a favor de la corriente es algo que entienden y hacemos todos. Pero, amar cuando las dificultades nublan el horizonte y se complica seguir los pasos que el camino te presenta, exige esfuerzos continuos y renuncias de tus ideas y aspiraciones. Porque son las de Dios las que tenemos que seguir, las que nos convienen y marcan el camino de nuestra propia felicidad.

Y todo esto es nos será imposible afrontarlo desde nosotros mismos. Primero, porque nuestra humanidad nos inclina al egoísmos y al pecado, y segundo, porque estamos esclavizados y sometidos a la tentación que el Maligno tratará de presentarnos muy asequible, atractivo y gozoso. Y hasta intentará convencernos de que es lo mejor y de que tenemos derecho a la vida y a la felicidad. Al final terminamos echando la culpa y utilizando mecanismos de defensa que nos llevan al auto engaño.

Por eso, injertados en el Señor y abiertos a la acción del Espíritu Santo, pedimos su intervención para que con su Fuerza y Poder, podamos mantenernos unidos y firme en la promesa de nuestro amor y de la familia. Amén.

jueves, 22 de enero de 2015

NO PODEMOS ENCERRARNOS EN NOSOTROS MISMOS

(Mc 3,7-12)

Si nos preguntamos cual es nuestra misión como cristianos convergeremos que sólo hay un Mandamiento: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como Jesús nos enseña a amar". No hay más, porque todo lo demás está contenido en él.

Ahora, ¿qué necesitamos para amar tal y como nos enseña e invita Jesús? No hay otra salida ni otro camino que el unirte a los nosotros. Descubrimos que es la familia la primera célula donde recibimos el amor y nos preparamos para darnos también. Experimentamos que nuestro amor se prolonga en los hijos, nietos... y desde esa experiencia descubrimos nuestra vocación a la familia y a la apertura a la vida.

Pero, las familias no viven solas, se constituyen en grupos que forman pueblos, ciudades y naciones y se relacionan. Esas relaciones deben estar impregnadas de amor, y el amor necesita unidad. Si no hay unidad significa que hay separación, y la distancia impide el amor. Y si no nos amamos nos alejamos de lo que quiere Dios. Experimentamos que necesitamos amar, porque la vivencia del amor nos realiza.

Hoy sucede algo parecido. Los santuarios marianos son visitados por mucha gente, y muchos acuden con las intenciones de ser curados. Recordemos que de los diez leprosos que fueron curados por Jesús, solo acudió uno, precisamente un samaritano, a dar las gracias y a reconocer la divinidad del Señor. Los nueve restantes quedaron satisfechos y olvidados de quien los había curado.

¿Nos ocurre a nosotros igual? Son preguntas que nos pueden ayudar a replantearnos el camino de nuestras vidas, porque sabemos que la lepra volverá un día a amenazarnos y no se irá. Sólo con el Señor estaremos a salvo de toda clase de lepras.


martes, 30 de septiembre de 2014

SÓLO EN LAS CARENCIAS NOS PERFECCIONAMOS

(Lc 9,51-56)

La vida es elección, y en esa elección unos eligen la propia vida y otros eligen la muerte. Por y para eso se nos ha dado libertad y el buen gusto por las cosas buenas y la búsqueda de la felicidad. Pronto, no hace falta ser muy avispado, experimentamos que las cosas de este mundo nos gustan, pero no llegan plenamente a darnos esa felicidad buscada. Necesitamos algo más.

Y ese algo más nos lleva a la búsqueda de Dios, un Dios que en el Amor nos hace sus hijos y nos salva. Y que en nuestra propia experiencia de amor descubrimos lo que tanto buscamos, la felicidad, y una felicidad eterna. Por eso, el camino del Señor está apoyado en el amor, y el amor excluye todo mal, toda venganza y toda respuesta violenta. 

Es el caso del Evangelio de hoy. Los discípulos quisieron responder con violencia al rechazo samaritano de alojamientos de aquellos que se oponían a qué Jesús entrara en Jerusalén. Había divisiones y diferencias, y esas divisiones como también diferencias no existen donde vive el amor. Porque de ser así dejaría de ser amor. Jesús deja claro su misión. Ha venido a salvar no sólo a los que piensan de una manera sino también a los que piensan de otra. Todos son sus hijos y sus hermanos en la adopción del Padre que lo ha enviado.

Descubramos esas imperfecciones, que nos limitan y nos separan, para que, en el esfuerzo de despojarnos de ellas, encontremos el camino de unidad al que el amor nos llama. Y no lo hagamos solos, sino en la actitud dócil al Espíritu Santo y en la compañía de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael que el Padre nos envía para defendernos y protegernos. Amén.


jueves, 23 de enero de 2014

JESÚS NO ANDA SÓLO, LE SIGUEN MUCHOS

(Mc 3,7-12)

Jesús no ha venido para cumplir una misión y desaparecer. Jesús no se ha puesto a dirigir ni a realizar unos actos según a Él le parezca y luego dejó que los demás hicieran según creyeran. Nada de eso, Jesús vino a formar comunidad en torno a Él y a proclamar el Amor del Padre.

Y lo primero que hizo fue elegir a unos cuantos, le pareció que fuesen doce, y formó una comunidad donde todos se encargaban de algún servicio en concreto. Y desde ahí inició su misión dándoles poderes a sus discípulos para que hicieran lo mismo que Él. Les reveló la Voluntad y el Amor del Padre y los instruyó en la enseñanza de las Escrituras para que ellos la transmitieran a los demás.

Pero, sobre todo, les dejó un estilo de actuación que atraía a todos: su bondad, su forma de escuchar, de preocuparse por los problemas de los demás, sus atenciones y curaciones, sus soluciones y correcciones... La gente sentía la cercanía y el interés del Señor por atenderles y preocuparse por ellos, y por eso les seguían hasta acosarlo con la intención de tocarle.

Estar y seguir a Jesús es vivir en la misma actitud que Él, y eso nos desvía a atender a los necesitados, a los enfermos, a los más pobres y excluidos. No podemos seguirle si no estamos dispuestos a fundirnos en hermandad y unidad, porque sólo la unidad nos revela y testimonia como seguidores de Jesús. Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Sólo unidos testimoniamos nuestra fe en un sólo Dios y un sólo Hijo, que se hacen Uno para que también nosotros seamos uno.

viernes, 24 de mayo de 2013

LA RUTINA MATA EL AMOR

(Mc 10,1-12)


Sin lugar a duda que cuando hay discusiones, dificultades, falta de medios económicos o trabajo, enfermedades...etc., el matrimonio se resiente y la unidad se resquebraja porque todos estos obstáculos influyen en la buena marcha y la unidad del matrimonio. Pero lo verdaderamente importante y la causa principal de todas las causas es "la rutina".

Cuando el matrimonio no tiene nada que decirse, cuando no son capaces de mirarse a la cara e incluso no se dirigen la palabra todos los días, la rutina ha entrado en el matrimonio y lo amenaza de muerte. No es cuestión de leyes ni de contratos, es un proyecto de unidad y de plenitud de vida que está por encima de toda dificultad y su fuerza es el amor.

No se han hecho las cosas bien desde el principio, ni se harán nunca con otras uniones. No es el laxo de unidad, el amor, sino otros intereses, y cuando eso ocurre siempre existirá el riesgo de ruptura. El amor siempre permanecerá unido sin posibilidad de desunión. Se justificarán mil y una causas, pero todo será autoengaños y mentiras que quieren justificarse.

No se trata de acomodar nuestra vida a unas leyes civiles o religiosas, sino a una vivencia en la verdad y el amor que viene de Dios y que nos une en Verdad y Vida.

jueves, 16 de mayo de 2013

LA UNIDAD, SIGNO VISIBLE DE LA VERDAD

(Jn 17,20-26)


En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, no ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado».

 Jesús nos quiere unidos, unidos en una misma fe, porque la Verdad es una, y lo otro no es la verdad. Por eso pide al Padre que nos guarde en su nombre para que seamos uno como Él y el Padre. Y es que estamos desunidos, desunidos y enfrentados, porque la desunión tiene su origen en diferencias que nos enfrentan a los unos con los otros.

Así, el rebaño se dispersa, y la comunión queda fragmentada en muchas comuniones cristianas que se presentan como el verdadero y único rebaño de Jesucristo. Los auténticos y legítimos discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido y enfrentado. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es enorme piedra de escándalo.

Cuando se busca la Verdad, (y buscar la verdad significa estar dispuesto a ceder en lo accesorio, en lo tradicional y costumbrista, en la accidental y formal... para quedarnos con la sustancia, con lo fundamental que es la unidad y el amor), se encuentra, porque en la Verdad está el Amor, y el Amor nos une y supera las barreras que solo nosotros llevamos y ponemos.

jueves, 24 de enero de 2013

TODOS ACUDIAN A ÉL

Evangelio San Marcos 3,7-12.


Jesús congrega y atrae a todos aquellos que buscan sanación. Pero Jesús no solo los cura de las enfermedades, sino que les perdona los pecados. Necesitamos con más urgencia sanar nuestra alma que nuestro cuerpo, pero no advertimos esa necesidad.

Incluso hoy, nos preocupamos mucho de los cuidados de nuestros cuerpos, y no advertimos la necesidad más urgente de cuidarnos de nuestra alma. Es ella la que importa, pues mientras nuestros cuerpo es caduco, nuestra alma está llamada a la eternidad.

Todos convergemos en Él, y aspiramos a esa unidad tal y cómo Él nos lo dice: «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21). ¿Son nuestras parroquias comunidades que sirven de ejemplos para aquellos alejados o ateos? ¿O va cada cuál a su antojo y capricho buscando lo que le interesa?

Los demás nos miran y observan nuestra manera de comportarnos, de celebrar y vivir esa fraternidad que proclamamos, y mientras no la vivamos en Jesús y con Jesús, no estaremos siendo testigos para el mundo que nos ve.


jueves, 9 de septiembre de 2010

CADA CUAL HACE LO QUE ENTIENDE O QUIERE ENTENDER.


Ya no es sólo un pensamiento sino que se expresa libremente, y empieza a ser tomado como algo corriente que llega a ser considerado normal. Me refiero a que "todo vale" y ya no hay verdades absolutas e inamovibles sino que todo está sujeto a la interpretación del momento. Retrocedemos en el tiempo y volvemos a considerar cosas impuras en puras y cada cual va eligiendo lo que le parece y le interesa a su egoísmo persona (ver aquí).

Todo vale con tal que se consigan nuevos adeptos y se pueda obtener mayores beneficios para, en principio se declara, servir y ayudar a los que no tienen, pero luego todos sabemos que la realidad es otra. La verdad se pone al servicio de lo útil y rentable y, para eso, se hace más light para que no moleste tanto y pueda adaptarse a los gustos y placeres de los futuros adeptos.

Ahora se trata de tomar cada uno lo que le parece y, no sólo eso, sino que la tradición y costumbres no son tenidas en cuenta. Todo lo pasado está en el error, o se puede cambiar de forma radical porque nosotros lo interpretamos de otra manera. Donde JESÚS dice, yo pongo que quiso decir... y hay demagogia para dar y tomar. Todo es susceptible de interpretar y de aplicar de la manera que más convenga.

Pero yo pregunto: ¿A quién creer? Porque si no tenemos una referencia Absoluta y en ella nos miramos y seguimos, ¿dónde podemos ir a parar? El hombre es un ser limitado, egoísta, inclinado a sus propias pasiones, vencido por su propia naturaleza humana, pecadora y condenado a la muerte. Sólo DIOS lo puede y quiere salvarlo, y, haciéndose Hombre, se encarnó en su HIJO JESUCRISTO para enseñarnos el Camino, la Verdad y la Vida.

Y le dió los poderes de continuar su labor al Colegio Apostólico (La Iglesia) y sólo en, por y con élla, podemos encontrar el camino de salvación. Quizás, me pregunto, tendrá que pasar estas cosas para que los que realmente busquen la verdad se unan y terminemos por ser, a lo que estamos llamados, una sola Iglesia.