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sábado, 27 de enero de 2024

SÍ, AL SEÑOR LE IMPORTAS TÚ

¿Cómo no le vas a importar al Señor? ¿Acaso piensas que si no le importases hubiese dado voluntariamente su Vida por ti? Mira, si Dios te ha creado es de sentido común que quiera que vivas con Él eternamente y en plena felicidad. Ha enviado a su Hijo para decírnoslo y para rescatarnos entregando su Vida.

En lo que respecta al Evangelio de hoy sábado se me ocurre pensar que quizás se hizo el dormido para observar la medida de tu confianza. No entendemos los planes de Dios pero, sabemos, que es nuestro Padre, y un Padre Bueno, Bondadoso y Misericordioso. Por tanto, estando con Él todo saldrá bien porque, Él, es el Señor de la vida y la muerte a quien el viento y el mar obedecen. De modo que pase lo que pase estamos a salvo. Si vivimos, caminamos a su encuentro; si morimos, llegamos a encontrarnos directamente con Él. De una u otra manera venimos de Él y a Él vamos.

Sucede que a nosotros nos ocurre algo parecido. ¿Cuántas veces dejamos en el olvido al Señor en nuestra vida y solo acudimos a Él cuando estamos en peligro o en una grave necesidad? Cuando la vida nos depara alguna mala sorpresa nos acordamos del Señor, acudimos a hablar con Él, prometemos novenas, rosarios y todo tipo de promesa. Incluso, llegamos a pensar que el Señor duerme.

Nuestra experiencia, como la de aquellos apóstoles es, o al menos debe ser, la misma. Hemos recibido el mismo Espíritu Santo en el instante de nuestro bautismo y nos acompaña en el camino de nuestr vida. Y Jesús, nuestro Señor, ha venido para quedarse. Nos ha dicho: «Estaré con ustedes siempre, hasta el final del mundo. Mt 28,20.

sábado, 28 de octubre de 2023

DISCÍPULOS ANONIMOS

Estarás de acuerdo en que hay mucha gente buena. Pero, no solo buenas sino creyente. Eso es un paso más y muy importante. Porque, la bondad tiene límites, pero la fe y el amor por Jesús te exige romper esas limitaciones que impone tu corazón endurecido y ser bondadoso sin límites ni mirar para quien.

No trato ni me toca a mí juzgar. ¡Dios me libre de esa tentación!, solo planteo que la bondad si no está enraizada con la fe en Jesús está limitada y sometida al pecado que vive en el corazón del hombre. Solo en y por la Misericordia de Dios podrá librarse de esa esclavitud y expandir su bondad universalmente y sin condiciones.

Ahondando en el anonimato podemos decir y comprobar que hay muchos discípulos que siguen a Jesús desde el anonimato. Solo podemos acercarnos a una iglesia para comprobar la cantidad de personas que a diario la visitan y tiene un encuentro y diálogo con Jesús. Cada cual a su manera y de acuerdo con su fe e inquietudes. Eso solo le compete al Señor que sabe y conoce perfectamente a cada una de sus criaturas.

De cualquier manera, es de sentido común y la experiencia nos lo descubre que hay muchos santos anónimos. Personas creyentes, tal y como nos cita el Evangelio de hoy – Simón, llamado el Zelote y Judas el de Santiago, discípulos ambos de Jesús que están más en el anonimato que en ser conocidos. De la misma manera hay también muchas personas buenas que pasan desapercibidas pero que, día a día, viven en el esfuerzo de actuar en la Voluntad de Dios.

Personas cercanas a Jesús que tratan de seguirle tratando de imitarle en sus vidas en silencio, sin ruidos y sí con deseos de hacer el bien. Un bien como nos enseña y muestra Jesús en cada instante de su Vida. Un Jesús cercano que se deja tocar, que sana y está presente en medio de su pueblo.

viernes, 14 de abril de 2023

LA PRESENCIA DEL SEÑOR RESUCITADO UNE AL GRUPO

No saben que hacer y deciden volver al trabajo. Supongo que algo así pensaron también los de Emaús. Y es que cuando estás tocado, desilusionado o confundido tratas salir del tedio y volver a las faenas cotidianas, hacer algo y distraerte. Es malo y peligroso quedarte quieto. Reina una atmósfera dispersa y el grupo tiende a disolverse.

 No está claro que ha sucedido con Jesús. ¿Dónde está? ¿Por qué se ha ido? Posiblemente sean las mismas preguntas que nos podemos hacer ahora, en este momento. ¿No noto tu presencia, Señor y me siento solo y desasistido? ¿Dónde andas? ¿Te has ido?

Sin embargo, el Señor está presente, se les aparece y les quiere dar ánimo. Juan, que está bastante cerca en el pensamiento y espíritu, intuye que aquel que está a la orilla y les invita a que echen las redes a la derecha es el Señor. La red sale cargada de peces. Es evidente, es el Señor. Y Pedro se lanza a su búsqueda. Sin embargo nadie se atreve a preguntarle. Intuyen, saben que es Él, pero todos se callan. Sin embargo permanecen unidos. Jesús es el centro y los reúne y une. 

También lo hago ahora yo, Señor. Sé que estás ahí pero mejor callarme y dejar que entres en mi corazón y te alojes en él. Yo te preparo, mejor que hablar, mi rinconcito más confortable para que te acomodes, te sientas bien y estés cómodo. Y me entrego, Señor, a tu Voluntad. Esa al menos es mi deseo y mi voluntad. En tus manos me pongo, Señor y espero pacientemente. Dame la paz, fortaleza y sabiduría para buscar ese espacio y momento de encuentro contigo e intuir como Juan, el discípulo amado, que Tú te haces presente en mi vida.

sábado, 7 de julio de 2018

TIEMPOS DE GRACIA

Resultado de imagen de Mt 9,14-17 por Fano
Tenemos el Novio con nosotros y celebramos su presencia, cercanía de forma festiva y alegre. No se contempla de otra forma. Sería contradictorio e incoherente permanecer tristes y angustiados. Vivimos tiempos de Gracia y de regocijo. Estamos salvados por la Gracia de Dios, y no hay que volver la mirada atrás ni, tampoco, a tiempos pasados.

Jesús, el Señor, nos ha redimido y ha borrado todas nuestras culpas para siempre. Son tiempos de alegría y de celebraciones. Volver la mirada con nostalgia para lamentarnos y entristecernos no sirve para nada. Cada momento tiene sus tiempos y sus momentos. Ahora ha llegado el Reino de Dios, se ha hecho presente y está, Jesús, con nosotros. Es el Señor, Novio de la Iglesia, el Esposo Eterno que nos consuela y nos acompaña en nuestro camino.

Y que se hace presente bajo las especies de pan y vino en la Eucaristía, y se nos da alimentándonos con su Cuerpo y su Sangre, y fortaleciéndonos para la lucha de cada día. Por tanto, no son momentos de lamentaciones ni de ayunos y sacrificios. Misericordia quiero -Mt 9, 23-, nos dice el Señor. Hemos sido liberados en la Cruz y nuestra cruz de cada día representa nuestra respuesta y nuestros sí al Señor. 

Cargar con ella supone renovarnos al inicio de cada amanecer. En ella nos unimos al Señor y en ella mostramos nuestra lucha diaria, nuestro sacrificio y ayuno que nos ayudan a permanecer y perseverar injertados en el Espíritu  de Dios que nos fortalece y nos sostiene en la Voluntad del Padre.

Vivamos la alegría de tener al Señor entre nosotros y de vivir en su Amor y Misericordia. Su presencia renueva y perfecciona a todos, pues su Resurrección es el fundamento de nuestra Fe.

viernes, 6 de abril de 2018

EL SEÑOR CONFIRMA SU RESURRECCIÓN

Resultado de imagen de Jn 21,1-14
No parece que la Resurrección de Jesús haya quedado clara. Incluso, los apóstoles, a los que se les ha aparecido, todavía están dubitativos y confusos. No terminan por entender ni por creerlo firmemente. Quizás puedas comprender esta situación por la que pasaron los apóstoles, pues, posiblemente, tú también la hayas o estés pasando. No nos cabe en la cabeza lo de la Resurrección de Jesús. Incluso habiéndole visto, tal y como es el caso de los apóstoles.

Jesús, que sabe de nuestras confusiones y dudas, vuelve a mostrarse por tercera vez, nos dice el Evangelio de Juan. ¿Y no sería de sentido común pensar que lo hace con cada uno de nosotros también? Nos parecería injusto que a nosotros Jesús no nos diese esa oportunidad. Claro, primero tienes tú y yo que mostrar interés y tratar de buscarle y de conocerle. Los apóstoles le conocían y habían creído en Él. Ahora, con su muerte estaban algo desencantados y confusos. Recordemos el episodio con los de Emaús.

Sin embargo, ellos saben que el Señor está vivo y entre ellos. Están a la espera y mientras, regresan a sus trabajos anteriores, la pesca. Cansados de bregar deciden dejarlo. No has logrado pescar nada, pero en ese momento, Alguien desde la orilla les invita a echar las redes a la derecha de la barca, y le obedecen. El resultado es que llenan la red de peces. Juan sospecha que es el Señor y se lo dice a Simón. Y éste no espera, se lanza al mar y corre a donde está Jesús.

Advierte que el fuego está encendido y hay un pez. Jesús les invita a traer más peces y a comer. Nadie se atreve a preguntarle. Saben que es el Señor. Quizás a nosotros nos ocurre lo mismo. Descubrimos su presencia en muchas cosas de nuestra vida, pero no nos atrevemos a preguntarle. Intuimos que es Él. Y seguramente es así. Jesús vive, y si vive estará con aquellos que le buscan y creen en Él.

No tengamos miedo y reconozcamos su presencia. Tengamos confianza y, aunque las palabras sobran, sostengamos en el silencio de Dios. Él nos quiere y nos salva, y su Hijo nos acompaña, dejando al Espíritu Santo que nos conforte, nos dé ciencia, sabiduría y fortaleza para perseverar y discernir el verdadero camino que nos conduce a Él.

viernes, 18 de noviembre de 2016

JESÚS EN LUGAR DE TODOS

(Lc 19,45-48)
Sería maravilloso poder escuchar a Jesús cada día. El Evangelio de hoy nos dice que enseñaba todos los días en el templo y eso era una oportunidad única. Me imagino que quedaría maravillado y cautivado, como tantos otros que así les pudo pasar, por las Palabras de Jesús. Pero, la realidad no ha cambiado en nada, porque, aunque la situación es diferente, Jesús está Vivo y presente cada día en las diversas Eucaristía que se celebran en el mundo.

Tú y yo podemos escucharle si tenemos la oportunidad de visitarle cada día en el templo. Porque en la consagración, Jesús, se hace presente y se entrega en sacrificio por la redención y salvación de todos nosotros. Sí, Jesús nos enseña y nos habla hoy también. Se trata simplemente de estar atentos y a la escucha y de dejarnos invadir por su Palabra.

Todo se hace nuevo, y todo se renueva. Jesús es el centro y sustituye a todo sacrificio y víctima. Él se hace víctima entregándose voluntariamente por todos nosotros. Su Palabra nos salva y nos indica el camino. El mundo sería diferente si escuchara la Palabra del Señor y la pusiese en práctica. Todo tendría sentido y la felicidad invadiría nuestras almas. Una felicidad que no sólo es serenidad y paz, sino que es también eternidad. Porque la felicidad que muere no es felicidad.

Guardemos nuestro templo interior, porque dentro de nosotros vive el Espíritu del Señor si le dejamos habitar en nuestro corazón. Porque es allí donde el Señor nos habla ahora y nos enseña el verdadero camino que conduce a la Casa del Padre.

viernes, 10 de abril de 2015

¡CUÁNTAS VECES HEMOS DECIDIDO REGRESAR!

(Jn 21,1-14)

En muchos momentos de nuestra vida hemos decidido regresar. Regresar a lo viejo, a lo ya conocido, a lo de siempre, a nuestros propios ambientes de siempre. Recuerdo que mi nieto Manuel, cuando añoraba su casa, solía decir: "Regreso a mi casita de siempre". Sí, nuestra vida de siempre hace de cadena que nos ata y esclaviza, y nos cuesta mucho salir y romper con ella.

Ese momento llega cuando las cosas no salen como esperamos. Pronto o tarde desistimos y lo dejamos. No soportamos cargar con una cruz que no hayamos elegido. No nos apetece ni nos gustan cruces extrañas o inesperadas. Y escondemos a nuestro corazón, ignorantemente, que el amor nace y crece entre cruces. No puede existir amor cuando las cosas van bien, porque ese no es el caldo de su cultivo.

El amor se cría en el dolor, la adversidad y el odio. Porque hay verdadero amor cuando eres capaz de amar a tu enemigo. Lo demás es pura lógica o intereses. Supongo que estos y otros sentimientos fueron experimentados por los apóstoles y la gente cercana a Jesús. Todo había pasado y nada ocurría. Sí, había rumores del Jesús Resucitado, e incluso ellos lo habían visto, pero todo parecía un sueño.

Vamos a pescar es como una actitud de empezar de nuevo a lo mismo, dejando atrás la esperanza vivida. Es como un no saber qué hacer y tratar de olvidar lo presente. Intuimos que Jesús está, pero como si no fuera muy en serio con nosotros. Supongo que muchas veces nos ocurre lo mismo. Dejamos el camino emprendido porque perdemos la perspectiva de Jesús y el mundo nos seduce o nos vence.

Y Jesús se aparece de nuevo. Les sorprende desde la orilla pidiéndoles pescado. Despiertan confundidos pensando que es el Señor. Pedro se mueve rápido desde el momento que intuye que puede ser Jesús, pero nadie se atreve a preguntarle. Se percatan que después de estar toda la noche pescando sin coger nada, en unos momentos, e indicado por aquella persona, sus redes se le llenan de peces. ¡Es el Señor!

Con el Señor todo cambia y nada falta. Él nos satisface el alimento material y el espiritual. El nos anima y nos conforta, y nuestras esperanzas cobran vida y ánimo. Es la tercera vez que Jesús se les aparece a los discípulos y les confirma que ha Resucitado y que está entre ellos. También a nosotros nos lo dice cada día en la Eucaristía, pero necesita que le prestemos oído y escucha, y como Pedro, saltemos rápidos y prestos a su llamada.

Quizás necesitemos agudizar nuestra vista y fijarla bien en todo lo que nos rodea, porque Jesús puede estar en la otra orilla llamándonos, o en ese hermano pidiéndonos un poco de pescado o una palabra de esperanza, para despertarnos y animarnos a seguir en la brecha. El Señor no se ha ido. Permanece entre nosotros, y nos espera y anima a, permaneciendo en Él, seguir proclamando su Palabra.

viernes, 5 de abril de 2013

NECESITAMOS SU PRESENCIA

(Jn 21,1-14)


Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. Así termina el Evangelio que corresponde al día de hoy. Jesús vuelve a aparecerse a sus discípulos. Es como una reafirmación de que necesitan su presencia, su estimulo, su ánimo, su fuerza... Sin Jesús no podemos hacer nada y necesitamos estar junto y presentes en Él.

Los discípulos estaban volviendo a la rutina de cada día. "Voy a pescar", manifiesta Pedro. Algo así como "voy a matar el tiempo". Y los demás le acompañan. Están en espera, necesitados del impulso del Espíritu de Jesús. Sólo su presencia les anima y les mueve a proclamarle y darle a conocer.

¿No nos ocurre hoy eso mismo a nosotros? Necesitamos su presencia, el estar injertado en Jesús, pues sin Él nada podemos. Y lo tenemos más cerca que sus apóstoles, pues no tenemos que esperar a que se nos aparezca, nos espera a todas horas en la presencia real de la Eucaristía. Sólo necesitamos acercarnos y estar presente y de cara a Él. Y también recibir y alimentarnos con su Cuerpo en la Sagrada Eucaristía.

Esto es lo que hoy me dice su Palabra. Jesús está presente de forma perenne y constante entre nosotros. Se ha quedado para que no estemos solos ni un segundo. Lo tenemos a nuestro lado, y también se nos ofrece como alimento para estar fuertes y vigorosos en la lucha contra las tempestades de este mundo.