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domingo, 22 de marzo de 2026

NECESITADOS DE CONFIANZA

Jn 11, 3-7.17. 20-27. 33b-45

Aquel día Rogelio estaba triste. Su amigo no tenía buen aspecto y, según las últimas noticias, padecía una enfermedad grave. El último parte médico aventuraba menos de una semana de vida.

No podía dejar de pensar en él, y su corazón conmovido sufría por su amigo. Sentía deseos de hacer algo, pero, «¿qué podía hacer él ante aquello?», se dijo.

Mientras pensaba en alguna solución que pudiera dar esperanza, se fue a la iglesia más próxima a rezar.

Es lo primero que se nos ocurre cuando estamos en apuros, tenemos algún dolor que nos abruma o en los momentos, como este que vivía Rogelio, en los que toda esperanza parece perdida.

Sin embargo, también nos ocurre lo contrario, derramamos quejas y protestas: ¿Por qué tiene que ocurrirme eso a mí? ¿Si no hubiese hecho esto? Lamentos que de alguna manera hacen culpable al Señor.

Muchos te abandonan, Señor, al experimentar estas vivencias. Tal vez creían en un Dios que debía solucionar todos los problemas… y descubren que no es así.

Al salir de la iglesia se encontró con su amigo Manuel, y este, al notar que su saludo mostraba preocupación, le dijo:

—¿Qué te sucede?

Rogelio, mirándole muy preocupado, respondió:

—Mi amigo Paco está gravemente enfermo. El médico ha dicho que durará menos de una semana.

Manuel, emocionado, le puso la mano sobre el hombro y añadió:

—Siempre hay esperanza. La muerte no tiene la última palabra. Tengamos confianza en Aquel que tiene poder sobre la muerte.

Y tomando la Biblia, proclamó el evangelio según San Juan, 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45: En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella»…

Al terminar de leer todo el pasaje evangélico, dijo:

En la vida, el dolor a veces nos abruma, la desdicha nos atrapa y la pena parece colorear cada momento. Son instantes en los que anhelamos ternura y cercanía.

Entonces buscamos, creamos o no, la persona de Jesús. Él es nuestra esperanza y resurrección de vida eterna.

Rogelio había encontrado una esperanza a la que aferrarse.

“Porque creer no es entenderlo todo, sino confiar en Aquel que no nos abandona.”
  Se acordó de sus oraciones en la iglesia y, levantando la cabeza hacia el cielo, dio gracias a Dios.

jueves, 4 de septiembre de 2025

NECESIDAD DE CONFIANZA

Lc 5, 1-11

   La confianza es algo que está cada día en tela de juicio. Puedes fortalecerla siendo fiel a tus principios, o puedes perderla cuando decides saltarte alguno de ellos. Quienes te ven dudan y su confianza en ti se resquebraja.
    Pedro había vivido alguna de esas vivencias de pérdida de confianza. Y había oído de otras. No cabe duda de que la confianza tiene un valor inmenso. Sin ella se hace difícil relacionarse. Necesitas confiar y eso exige signos y pruebas que la fortalezcan.

    —Buenos días, Manuel. Estaba pensando sobre el valor de la confianza, ¿qué opinión tienes sobre ella?
    —Sin confianza no puedes seguir a nadie. ¿Cómo puedes vivir con unos padres de los que no te fías? Incluso, siendo niño, te asusta y huyes de su presencia. La confianza es vital para convivir.
    —Lo mismo pensaba yo. No puedo imaginarme un mundo sin confianza. Precisamente, de la pérdida de ella nacen los conflictos y guerras.
    —Exacto. No podrás seguir a nadie en el que no tengas confianza. Le sucedió a Pedro, apóstol, cuando, a pesar de no tener confianza en lo que le dijo Jesús, obedeció y remó mar adentro. La pesca que hizo fue enorme, hasta el punto de que la barca amenazaba con hundirse. Eso está en Lc 5, 1-11.
    —¿Y eso le bastó para seguirle?
    —Eso fue un milagro. Habían estado toda la noche pescando sin estrenarse. Y, por no contradecirle, volvieron a la pesca. Y el resultado apoteósico. ¿Qué te parece? Pedro se llenó de estupor y se echó a los pies de Jesús.
    —¿Y qué pasó?
    Le dijo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador»
    ― ¿Y qué respondió Jesús?
    —«No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

    No cabe ninguna duda, Pedro, la confianza es la seguridad que tenemos sobre una persona, situación o nosotros mismos, basada en la creencia de que algo o alguien actuará como se espera. Es un pilar fundamental para construir relaciones sanas, la cooperación social y el bienestar individual, permitiendo a las personas tomar riesgos, fijar metas y superar desafíos. 

La autoridad con la que Jesús hablaba generaba entusiasmo y confianza, y eso motivaba a seguirle.

domingo, 14 de julio de 2024

APOYADOS EN LA CONFIANZA Y PALABRA DEL SEÑOR

Esa es la clave, confiar en el Señor y, en consecuencia, desposeernos de todas nuestras seguridades. Es evidente que, considerado desde la óptica del mundo, parece un disparate. Hoy que todo lo aseguramos y hasta nos encerramos en casas con alarmas de seguridad, escuchar estas palabras de Jesús nos deja fuera de lugar. Y realmente, nos cuesta entender y seguir eso que el Señor parece exigirnos.

Sin embargo, hay que pedir luz y abrirnos al Espíritu Santo para entender realmente el espíritu de lo que el Señor nos dice. Porque, no es tanto el lanzarnos a la aventura y al vacío cuanto a confiar y ponernos en manos del Señor. Es evidente que si queremos comer hay que buscar y preparar la comida. No entendamos que con los brazos cruzados la comida nos viene del cielo. Pero, una cosa es apoyarnos en nosotros y contar con nuestras fuerzas, y otra cosa es poner todas nuestras esperanzas y fuerzas en la asistencia y auxilio del Espíritu Santo.

Una cosa es llenarnos de seguridades, poder y riquezas, y otra muy diferente poner nuestra seguridad en el Señor y utilizar todos nuestros medios – poder y riqueza – para provecho y servicio de los verdaderamente necesitados. Una cosa es vivir apoyados en nuestras seguridades, y otra muy diferente saber que todo depende y está en manos del Señor, y, precisamente en Él, poner todas nuestras esperanzas.

Una cosa es creer que soy yo quien logro hacer las cosas, y otra muy diferente es saber, confiar y creer que es desde el Señor de donde viene mi fuerza, mi resistencia, mi saber y todo mi hacer. Y, por supuesto, lo verdaderamente importante y lo que el Señor nos dice: Relativicemos nuestras planificaciones  y pongamos todos nuestros proyectos, futuro y esperanzas en manos de Dios, nuestro Padre.

martes, 11 de junio de 2024

EN MANOS DE UN DIOS QUE NOS AMA HASTA EL EXTREMO DE ENTREGAR LA VIDA DE SU HIJO

Nuestro instinto nos lleva a protegernos. Y, precisamente, esa protección deja a Dios a un lado. Nos sentimos seguros por nuestros propios medios. Atesoramos bienes y riqueza para tener poder y protección. Y eso nos aparta de la seguridad de Dios. Porque, sólo despojado de toda seguridad experimentamos la protección y seguridad que nos viene de Dios.

La experiencia nos lo demuestra en esos momentos trágicos por los que pasamos en nuestra vida. Bien dice el refrán: «no nos acordamos de Santa Barbara sino cuando truena» Y eso es lo que suele suceder cuando pasamos por momentos de malos, bien sea de salud, económicos, de seguridad… Son esos momentos cuando recurrimos a la Virgen, nuestra Madre, y a nuestro Padre Dios. Entonces nos vemos en manos de Dios y experimentamos su presencia y protección.

Es esa la confianza que nos pide Dios: despojarnos de todo y ponernos en sus manos. No importa el poder, la economía, la fortaleza… todo nos viene de Dios. Eso no implica que hagamos lo que está de nuestra parte y nos proveamos de lo necesario, pero siempre pensando y teniendo en cuenta que nuestra seguridad, fuerza y fortaleza no está en el dinero o el poder, sino en el Amor de nuestro Padre Dios que nos envía y, como a su Hijo, nos pide que expongamos nuestra vida.

De ahí eso que nos dice hoy en el Evangelio: (Mt 10,7-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece…

jueves, 4 de abril de 2024

TAMBIÉN YO, SEÑOR, TE PIDO EL DON DE LA FE

No es cosa fácil creer, ni tampoco está en nuestras manos el don de la fe. Se hace necesario pedirla porque la fe es un don, pero un don de Dios. Es Él quien la da a quienes estamos en actitud de creer y pedirla. Por eso, también yo, Señor, te pido la fe a pesar de mi renuencia a confiar en Ti y a dejarme empapar por la alegría de sabernos salvados por tu Amor Misericordioso.

Se nos hace difícil, muy difícil reemprender la vida desde una confianza con tales proporciones. Digamos que esa es la dificultad principal. ¿Cómo vivir en la dificultad y seducciones de este mundo confiando en un camino de cruz y martirio? ¿Cómo vivir pensando que Dios está lejos y no confiar en que camina junto a nosotros? ¿Qué realmente pensamos y creemos nosotros? Porque, según sea nuestra confianza y fe en el Señor, así será nuestra manera, disponibilidad y actos de nuestra vida respecto a Él.

Observemos que a los apóstoles, que tenían una gran vivencia y testimonio de Jesús les costó mucho darse cuenta de que era el Mesías prometido, el Hijo de Dios Vivo. A nosotros, que nos apoyamos en el testimonio de los apóstoles, ¿no nos va a costar mucho también? Necesitamos la fuerza, la luz y la acción del Espíritu Santo, que recibimos en nuestro bautismo, para descansar nuestras dudas, debilidades e inseguridades en la Gracia y Amor Misericordioso del Señor.

No perdamos nunca la confianza, la cercanía y la fe en Jesús, nuestro Señor.

sábado, 27 de enero de 2024

SÍ, AL SEÑOR LE IMPORTAS TÚ

¿Cómo no le vas a importar al Señor? ¿Acaso piensas que si no le importases hubiese dado voluntariamente su Vida por ti? Mira, si Dios te ha creado es de sentido común que quiera que vivas con Él eternamente y en plena felicidad. Ha enviado a su Hijo para decírnoslo y para rescatarnos entregando su Vida.

En lo que respecta al Evangelio de hoy sábado se me ocurre pensar que quizás se hizo el dormido para observar la medida de tu confianza. No entendemos los planes de Dios pero, sabemos, que es nuestro Padre, y un Padre Bueno, Bondadoso y Misericordioso. Por tanto, estando con Él todo saldrá bien porque, Él, es el Señor de la vida y la muerte a quien el viento y el mar obedecen. De modo que pase lo que pase estamos a salvo. Si vivimos, caminamos a su encuentro; si morimos, llegamos a encontrarnos directamente con Él. De una u otra manera venimos de Él y a Él vamos.

Sucede que a nosotros nos ocurre algo parecido. ¿Cuántas veces dejamos en el olvido al Señor en nuestra vida y solo acudimos a Él cuando estamos en peligro o en una grave necesidad? Cuando la vida nos depara alguna mala sorpresa nos acordamos del Señor, acudimos a hablar con Él, prometemos novenas, rosarios y todo tipo de promesa. Incluso, llegamos a pensar que el Señor duerme.

Nuestra experiencia, como la de aquellos apóstoles es, o al menos debe ser, la misma. Hemos recibido el mismo Espíritu Santo en el instante de nuestro bautismo y nos acompaña en el camino de nuestr vida. Y Jesús, nuestro Señor, ha venido para quedarse. Nos ha dicho: «Estaré con ustedes siempre, hasta el final del mundo. Mt 28,20.

sábado, 19 de agosto de 2023

DEPENDIENTES COMO NIÑOS

El hecho de confiar en alguien supone cierta dependencia. No confías cuando tú eres tu propia confianza y tu seguridad está afianzada en ti mismo. Al no depender de nadie no necesitas poner tu confianza en nadie. Ese es el problema, la suficiencia de pensar y creer que tu salvación, tu felicidad y tu gozo están y dependen de ti. Llegará el momento de que te darás de bruces y toda tu vida se desmorona y viene abajo.

Simplemente, desde el momento que reconozca tu dependencia de otros, tus padres, tu familia, pueblo, sociedad…etc. te darás cuenta de que en última instancia tu vida está en manos de tu Padre Dios, que te ha creado y te ha dado la oportunidad de alcanzar esa vida gozosa y eterna que tanto ansías y buscas.

Y eso es precisamente ser como niño, descubrir que todo tu ser y tu vida está en manos de Dios, y que confiado en Él caminas alegre y sabiéndote hijo de un Padre Bueno y Misericordioso que te cuida y te salva. Lo has hecho mientras crecía hacia la adultez con tus padres, hermanos, maestros, amigos…etc. y ahora, una vez descubre a tu Creador, Dios, caminas confiado y abandonado en sus manos.

Es evidente que mientras no saquemos de lo más profundo de nuestro corazón esa alma de niño, que tuvimos en nuestra infancia, no podremos estar en disponibilidad de ponernos en manos de nuestro Padre Dios. Ser como niño es saber que tenemos un Padre Dios que nos salva. Y nos salva por su Infinita Misericordia. En ella nos confiamos y nos abandonamos.

sábado, 14 de noviembre de 2020

SE TRATA DE CONFIAR E INSISTIR

La confianza se nota en la insistencia. Es decir, solo insisten aquellos que confían en conseguir resultados, y, por esa confianza erre que erre. Así se comportó aquella viuda con el juez injusto que la ignoraba y no atendía. Es comprensible que el desánimo haga acto de presencia en el ser humano a lo largo de su camino. Razona y al ver que sus súplicas no son atendidas se cansa y no persiste. La razón - cualidad del ser humano - a veces sirve de acicate para que, cansado y desfallecido, abandones. 

La fe está antes que la razón, porque, ésta es limitada y no ve cosas que solo la fe puede vislumbrar. La fe es un don de Dios, que solo se adquiere por regalo de la Gracia de nuestro Padre. Y, para ello, hay que insistir y perseverar, sabiendo que nuestro Padre, Bondadoso y Misericordioso nos atenderá. Entre otras cosas porque ha enviado a su Hijo - encarnado en Naturaleza humana - para anunciarnos su Infinito Amor Misericordioso. ¡Cómo no nos va a escuchar y atender! La única razón es que nos ama y nos ofrece compartir su Gloria con nosotros.

Ahora, quiere ver - porque nos ha creado libres - que nosotros confiamos en Él y eso se demuestra y se ve en nuestra perseverancia e insistencia. La parábola - el juez injusto -  con la que nos enseña esa Voluntad suya nos lo describe con claridad meridiana. Un juez que por quitarse de arriba esas molestias de aquella viuda decide atenderla, ¡cuanto más nos va a atender un Padre Dios que nos ha creado por Amor y quiere que nos reunamos con Él!

Sin lugar a dudas, tu insistencia y perseverancia deja al descubierto que esperas respuesta de ese Padre Dios al que suplicas y pides por tus necesidades y problemas. Y no lo dudes, Dios es nuestro Padre, nos ha creado por Amor y nos acompaña, nos escucha y nos auxilia. Por y para eso ha enviado a su Hijo y nos ha dejado al Espíritu Santo.

sábado, 14 de marzo de 2020

EL PADRE AMOROSO

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Lc 15,1-3.11-32
Jesús nos habla del Amor del Padre y lo hace de una forma muy singular, con una parábola. En ella nos expresa de forma descriptiva y compasiva como Dios nos quiere, nos espera y nos busca pacientemente durante toda nuestra vida. Nos expone como un padre escucha a su hijo y accede a darle la parte de la herencia que le pide y como le sigue amorosamente esperando cuando, su hijo, experimente que lejos de la casa del padre nunca estará mejor y, alejado de ella encontrará la perdición.

Ese hijo somos nosotros, que, habiendo recibido todo de nuestro Padre Dios, empezando por la vida, la familia, el lugar, los talentos y cualidades y todo lo que tenemos hasta hoy, le correspondemos con indiferencia y le damos la espalda. Pero, quizás nos ocurra que, dándonos cuenta de nuestros errores - pecados- no somos lo suficientemente humildes para levantarnos y volver a Él. Quizás hemos perdido la confianza y pensamos que no nos va a aceptar o nos va a regañar. Quizás nuestra soberbia nos lo impide y no nos decidimos para dar el paso y levantarnos.

Nunca debemos olvidar que un creyente puede caer, y eso le está permitido, pero, lo que no se le permite es que no se levante. Para eso, Jesús ha instituido el Sacramento de la Reconciliación y, en esta parábola nos deja claro que el Padre siempre está vigilante y pendiente de tu regreso. Así nos lo describe en esta hermosa parábola: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

No perdamos nunca la confianza en Dios. Nos ha creado para ser felices eternamente y nos ha dado toda una vida para que la aprovechemos, por y con su Gracia, para regresar a su Casa donde estaremos eternamente felices.

jueves, 5 de marzo de 2020

LA CUESTIÓN ES OBEDECER AL SEÑOR Y PEDIR SEGÚN NOS MANDA

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En la medida que vamos recorriendo el camino de nuestra vida vamos también descubriendo nuestras imperfecciones y carencias. Aparte se suman nuestras apetencias y debilidades y nos damos cuenta que necesitamos pedir a el Padre Bueno que nos ha sugerido que pidamos, porque, si nuestros padres de este mundo nos dan cosas buenas y quieren nuestro bien, ¡cuánto más nuestro Padre del Cielo que nos ama profundamente y nos ha dado la vida!

Es, por tanto, de sentido común que pidamos confiados lo que necesitamos a nuestro Padre Bueno, que nos ama y busca y quiere nuestro bien y salvación eterna. Pidamos con la debida confianza que nuestro Padre nos pide y confiados en que nos escucha y nos atiende. Y, lo más grande, que nos atiende y nos corresponde siempre, porque nos ama y busca siempre nuestro bien.

Posiblemente, ¿qué ocurre cuando percibimos o experimentamos que no recibimos o vemos lo pedido? Sucede que no siempre las cosas son como nosotros queremos o pedimos. Somos pecadores y no sabemos bien que es lo que nos conviene, tanto para nosotros como para nuestros hijos, pero debemos estar seguros que nuestro Padre nos dará lo que más nos conviene y verdaderamente necesitamos. 

Es cuestión de confianza y de paciencia y de tomar conciencia que Dios es nuestro Padre y siempre está pendiente de lo que realmente necesitamos para superar las tentaciones y seducciones de este mundo que nos animan a romper nuestra amistad con nuestro Padre.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

APOYADO EN LA CONFIANZA EN EL SEÑOR

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Mt 11,28-30
En estos momentos paso por una etapa en mi vida que me da agobio y hasta cansancio. Incluso, me parece que hasta me cuesta más sentir la espiritualidad que en otros momentos me hacía gozar. Creo, y lo experimento, que son momentos de prueba donde dejar todo en Manos de Dios es la mejor opción y la prueba de creer en Él.

Porque, el Señor no puede darnos angustia ni desasosiego. Es verdad que en muchos momentos podemos preocuparnos y hasta sentir dolor y miedo, pero siempre, al final, sentiremos gozo y alegría como testimonio y prueba de que hemos hecho la Voluntad del Señor. También he experimentado eso muchas veces. No tengo ganas de hacer algo que, por otro lado pienso que debo hacer, y a lo que me he comprometido, y superado las desganas, sin evitar el esfuerzo, experimento luego el gozo de haberlo hecho. Lo he vivido varias veces y experimentado el gozo de la presencia del Señor.

He también experimentado como después de sentirte desganado y tedioso, realizado el compromiso, me he sentido mejor, descansado, fortalecido, activo.y gozoso. No lo digo porque lo haya oído o leído, sino porque lo he vivido y experimentado. Apoyado en la confianza en el Señor nuestro descanso es más alegre y gozoso. Creo, sinceramente, que sin el Señor mi vida estaría vacía y sin sentido, porque, todo lo que te ofrece el mundo termina por cansarte y, al final, desaparece.

En el Señor encontramos sentido a todo, en los buenos y malos momentos y llena de esperanza y de alegría toda nuestra vida. En el Señor encontramos descanso y fortaleza para superar todos esos momentos de cansancio, de desánimo, de oscuridad y de desesperanza. Él nos da la vida y la esperanza para continuar el camino hasta llegar a Él.

domingo, 20 de octubre de 2019

¿CÓMO ES TU RELACIÓN CON DIOS?

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Lc 18,1-8
Cuando nos relacionamos con alguien tenemos el peligro de imponer nuestro criterio o de que nos respondan atendiendo a nuestras peticiones y apetencias. Y, sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios puede convertirse en una exigencia a nuestras peticiones. Y es que me relaciono con Dios en la medida que me concede lo que le pido y si voy experimentando que no es así, me enfrío y desisto de mi insistencia.

Dios no es eso, ni puedes convertirlo en una cosa mágica que resuelve mis problemas y me da lo que le pido. Dios es Infinitamente bueno y nos da todo lo que realmente necesitamos para nuestro bien. Y nuestro máximo bien es alcanzar la Vida Eterna que Él nos regala y nos ofrece. De nuestro Padre Dios no nos puede venir nada malo, porque, Él no puede negarse a sí mismo. Su Bondad es Infinita y su Amor Misericordioso. Su Amor siempre estará en nosotros hasta que nuestra última decisión, cuando se acabe nuestra vida, sea no responderle a su Amor.

Dios siempre está pendiente de nuestras peticiones, pero nunca nos va a responder según nuestra voluntad sino según su Voluntad, porque, Él quiere nuestro bien y sabe lo que en cada momento nos conviene y necesitamos en aras de alcanzar la Vida Eterna en gozo y plenitud. Y eso es lo que nuestro Padre Dios nos pide, plena confianza en Él. De esa manera debemos relacionarnos con  Él, con plena confianza en que siempre nos escucha y nos responde, porque nos quiere y quiere compartir su Gloria con cada uno de nosotros.

Así nos ha enseñado su Hijo, el Señor, que nos propone insistir e insistir y nunca dejar de hacerlo. Jesús nos invita a perseverar y a ser constante como esa mujer con el juez injusto que nos cuenta hoy en el Evangelio. Nunca debemos de desfallecer, pues nuestro Padre Dios nos dará siempre lo mejor. Y lo mejor es aquello que nos sirve, no para este mundo, sino para alcanzar el otro, el que Él nos ofrece, compartir su Gloria Eternamente.

domingo, 10 de febrero de 2019

LAS OBRAS DAN AUTORIDAD A LA PALABRA

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Lc 5,1-11
Jesús da autoridad a su Palabra certficándola con las obras. Pedro es el testimonio y la consecuencia de lo que digo. Por supuesto, Pedro cree, o al menos confía en el Señor, y, porque Él lo ha dicho, Pedro, después de estar toda la noche bregando sin pescar nada, echa de nuevo la red según le ha ordenado Jesús. Y ocurre lo que nadie esperaba. Una vez más la Palabra de Jesús afirma su autoridad.

Ante esta forma de hablar y de cumplir lo que se habla no hay otra manera de responder sino como hace Pedro y los que le acompañaban: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

¿Seguimos también nosotros al Señor al oír su Palabra? Seguramente, pensamos que estamos en desventaja, pero no es esa la realidad. Nosotros sabemos más que ellos y, precisamente, por ellos. Sabemos que Jesús es el Hijo de Dios y que ha Resucitado. Ellos no sabían eso y sólo estaba sorprendido y admirados del poder de la Palabra de Dios ante el milagro de la pesca, pues se habían pasado toda la noche tratando de pescar sin ningún resultado.

También nos ocurre a nosotros en este momento. Quizás echamos nuestras redes sin resultado ninguno. Al menos eso nos parece, pues no vemos los frutos. Y eso no debe desanimarnos. Puede ser que se deba a nuestra torpeza, nuestros errores y pecados, o que no es el tiempo de que la semilla torpemente plantada por nosotros dé los frutos apetecidos. Tengamos la paciencia debida y la esperanza de que el Señor nos invite, como a Pedro, a echar las redes de nuevo, y confiemos en su Palabra.

De todas maneras es Él quien siembra y quien recoge los frutos, pues es Él el autor de todo. Nosotros, simples instrumentos, debemos obedecer, como Pedro, y estar dispuesto a echar la red cada vez que el Señor nos invita a ello. Tengamos confianza.

miércoles, 9 de enero de 2019

FUERA DEL ANCALCE DEL MISTERIO

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Mc 6,45-52
Somos tan pequeños que no llegamos a alcanzar la grandeza y el poder de Dios. Está por encima de nosotros, pero, a pesar de saberlo no parece que nos demos cuenta y queramos comprender su grandeza y su poder. ¿No nos damos cuenta que nuestra mente es corta y limitada y no tenemos suficiente capacidad para entender el misterio de Dios? Nos será imposible entenderle y no nos queda otro remedio sino confiar  y creer en Él.

Lo de la multiplicación de los panes les había dejado fuera de combate. No llegaban a entender como cinco panes y dos peces podías bastar para saciar el hambre de aproximadamente cinco mil personas. Y ahora se nos aparece caminando por las aguas y amainando el viento. ¿Qué sucede aquí? ¿Quién es este a quien hasta las aguas y el viento obedecen? Desde luego, la situación no es menos que para volverse loco. Nuestra pequeñez no puede entender estas cosas, pero nuestra soberbia y suficiencia no se achica y pretende darle explicación a las actuaciones del Señor.

Y más cuando todo eso nos propone un cambio en nuestra manera de actuar y entender la vida. Ese giro, de la evidencia del proceder de Jesús, nos invita a dar un giro de trescientas sesenta grados en nuestra manera de entender y de vivir nuestra vida. Y sus Palabras nos marcan un camino concreto que nos llevan al amor incondicional con todos los hombres. Un amor dispuesto a perdonar, a auxiliar y a proponer también el mismo giro de conversión de sus corazones.

La exigencia de postrar nuestros corazones al de Jesús, el Hijo de Dios, se hace visible y necesaria. La oración, buscando espacios de silencio y de discernimiento, nos exige humillarnos delante del Señor y de abrirnos a su Palabra y a su Misterio disponiéndonos a dejar en sus Manos nuestros corazones para que el Espíritu de Dios los convierta y los transforme según su Misericordia y Amor.

jueves, 21 de junio de 2018

CONFIADOS EN SU PALABRA

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Mt 6, 7-15
Con quien vas a hablar te conoce mejor que tú mismo. Sabe de tus necesidades y lo que más te conviene. Conoce lo que te puede hacer daño y lo que te beneficia, y lo más sorprendente, quiere ayudarte, espera tu súplica y te ama profundamente. Por lo tanto, no te esmeres en explicarle lo que quieres, ni menos lo que te hace falta, y, peor todavía, no trates de convencerle, pues Él te ha dado su Palabra y, primero que tú, quiere que seas feliz.

Por lo tanto, relájate, ten confianza y no te esfuerces en buscar palabras recónditas y hermosas que traten de impresionar a Dios. Él lo sabe todo y ve todo lo que esconde tu corazón. Nos ha dejado una bella oración, sencilla y hermosa que refleja todas nuestras necesidades y nos señala un estilo de vida, el Padrenuestro. Con esto basta, sólo que reflexiónala y medítala y, pausadamente, trata de llevar a tu vida lo que en ella pedimos.

      Padre nuestro que estás en el Cielo - santificado sea tu Nombre - venga a nosotros tu Reino 
                                   hágase tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo
                                            Danos nuestro pan de cada día  
                         perdona nuestras ofensas de la misma manera que perdonamos a                                                                                  los que nos ofenden  
                              No nos dejes caer en la tentación - más líbranos del mal                
                                                                    Amén.


domingo, 16 de octubre de 2016

CERCA DE DIOS SIN DEJAR DE PEDIR


(Lc 18,1-8)
El refrán dice que quien no llora no mama. Y eso quiere significar la necesidad que hay de insistir en nuestras peticiones. Porque, por nuestra débil humanidad, parece que no obedecemos a la primera y hay que repetir las cosas insistentemente. El Evangelio de hoy nos recuerda esa necesidad por boca del mismo Jesús. Nos invita a ser constante e insistente en nuestras oraciones de petición.

En otra ocasión nos dijo:  "Pidan y se les dará" (Lc 11, 9). Jesús quiere que pidamos, porque eso descubre confianza. Quien pide es porque confía en que se le dará, y por eso insiste. Tanto es así que nos cuenta la parábola del juez injusto, donde, precisamente, es una viuda la que insiste al juez que, no por temor de Dios ni a los hombres, termina por atenderla para que no le importune más.

¿No hará nuestro Padre Dios más que ese juez injusto si le insistimos y le pedimos? ¿Acaso no ha entregado a su único Hijo, el Señor, a una muerte de Cruz para salvarnos? ¿Y no nos va a escuchar y a darnos lo que realmente nos conviene? ¡Claro que sí! Dios es nuestro Padre y nos dará todo lo que le pidamos si es para nuestro bien. Y nuestro bien es liberarnos de la esclavitud del pecado para vivir eternamente junto a nuestro Padre Dios. Plenamente en gozo y felicidad.

Ahora, no nos dejemos vencer porque no veamos o no comprendamos lo que sucede en nuestras vidas. Pensemos que con nuestros padres de la tierra nos ha sucedido algo parecido. Nos han exigido cosas que quizás nosotros no comprendíamos y no nos gustaban, pero, ahora, ya de mayores, lo comprendemos. Eran para nuestro bien.

No dejemos de insistir constantemente y de pedir con confianza. Seamos constante para que cuando llegue el Señor, como nos ha prometido en su segunda venida, encuentre fe sobre la tierra.

jueves, 6 de octubre de 2016

SIENDO MALOS HACEMOS COSAS BUENAS


Lc 11, 5-13
Sin lugar a duda que somos pecadores. ¡Qué levante la mano el que este limpio de algún fallo, error o egoísmo! Todos estamos manchados y ese es nuestro origen, el pecado original. Somos pecadores y eso significa que cometemos errores y hacemos cosas malas. Pero también, por propia experiencia hacemos cosas buenas.

Al lado de todo esto, experimentamos que si abandonamos, cuando nos proponemos algo, a la primera de cambio, no conseguimos nada. Experimentamos que se hace necesario insistir y perseverar en la petición o en el objetivo que queremos conseguir. Es decir, "el que no llora no mama", es el refrán que todos hemos oídos y que admitimos que tiene mucho de verdad. Hay que insistir y perseverar para conseguir muchas cosas.

Y eso es lo que Jesús nos propone hoy en el Evangelio, la necesidad de perseverar e insistir. Recordamos la parábola del sembrador y nos podemos identificar con aquella semilla que cae en tierra poco profunda, y que parece resurgir rápidamente y da flores hermosas que alegran la vida, pero, llegada la primera embestida desisten porque sus raíces no eran lo suficientemente profundas.

Igual nos puede pasar a nosotros si abandonamos la petición, la perseverancia, la insistencia y no cansamos a nuestro Padre Dios, que, incansable, nos escucha, nos anima y nos va respondiendo en la medida de lo que necesitamos y conviene. Porque, el problema es que no sabemos pedir ni lo que realmente nos conviene.

Tengamos confianza en nuestro Padre Dios, que nos anima a que le pidamos, pero no sólo con las palabras, sino también con nuestras vidas, con nuestra perseverancia, con nuestra confianza e insistencia. Porque quienes creen rezan y piden, porque tienen puesta todas sus esperanzas en Aquel que les escucha y les atiende.

lunes, 26 de septiembre de 2016

COMPARACIONES Y PRIVILEGIOS

(Lc 9,46-50)

Todos buscamos los mejores puestos. Quien dice que no, posiblemente miente, pues es una inclinación que está genéticamente impregnada en nuestra sangre. Y para desapegarla necesitamos la Gracia, pues solos estamos vencidos. Pero, nos ocurre también que, a pesar de buscar lo mejor, también protestamos porque lo que tenemos en relación con otros. ¡Y Dios me libre que me pase algo malo! Protestamos y nos creemos con derecho.

La primera lectura de la Eucaristía de hoy nos refleja muy claro estas actitudes nuestras. El ejemplo de Job es una advertencia a no actuar así y confiar en la Misericordia, Generosidad y Amor de Dios.

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
Desnudo salí del vientre de mi madre
y desnudo volveré a él.
El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó;
bendito sea el nombre del Señor.
A pesar de todo, Job no protestó contra Dios.

La reflexión es clara: ¿Es esa nuestra actitud ante las adversidades de la vida? ¿Buscamos los últimos puestos con la intención de servir y no lucirnos? ¿Proponemos el Mensaje y damos testimonio de él sin más intenciones? ¿Nos abrimos al amor venga de dónde venga?

Pidamos al Espíritu de Dios que nos dé la sabiduría y la serenidad de, como el santo Job, ver con paciencia y confianza la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

CONFIAR EN EL SEÑOR NOS LLEVA A DESCANSAR EN ÉL



A veces decimos, yo el primero, que hay que confiar en la gente, pero dentro de nosotros no sentimos esa confianza. Al contrario, desconfiamos. Incluso en nuestras propias comunidades, y hasta en las familias. Y no es nada extraño, porque sucede que damos motivo para actuar de esa forma.

La confianza se pierde cuando vemos que la palabra dada no es cumplida. O cuando tu vida no refleja lo que parece que compartes y proclama. Sin embargo, si miramos a Jesús, experimentamos que Él mantiene la confianza en cada uno de nosotros, incluso y a pesar de las tantas veces que le defraudamos y fallamos. No parece que haya sintonía en nuestra vida con la de Jesús.

La pregunta es: ¿No debemos nosotros hacer un esfuerzo en actuar y confiar como Jesús? No sólo confiar en Él, sino también confiar en los hombres y mujeres. Se supone que eso no significa confiar sin razones, sin discernimiento y prudencia. Se hace necesario discernir y actuar con sentido común, pero siempre desde una actitud y esfuerzo de dar un margen de confianza. Incluso arriesgándonos.

Descubrimos que no es fácil perseverar y sostenernos en esa actitud. No es fácil incluso hasta dentro de la familia y círculo de amigos, ¡cuánto más en los desconocidos y enemigos! Pero esa es la receta y el camino. Si queremos ser discípulos de Jesús tendremos que confiar y perdonar, tal y como Él nos perdona a cada uno de nosotros. Eso nos lleva a descubrir la necesidad de pedírselo insistentemente y de mantenernos pegados a su Espíritu para asirnos de sus fuerzas e impulsos.

No podemos pensar, ni tampoco creer que con ciertas prácticas blandas, suaves, poco comprometedoras y desvinculantes podemos alcanzar la Misericordia de Dios. ¿A qué jugamos? ¿Es posible que podamos llegar a pensar que Jesús, por su Amor y Misericordia con nosotros, es un juguete que podemos usar a nuestro antojo? 

Confiar en Jesús nos lleva a descansar y apoyarnos en Él, pero, el descanso llega detrás del esfuerzo y del trabajo. El descanso es un regalo del laborioso compromiso del sacrificio y la mortificación del esfuerzo por servir al que lo necesita por amor. Sin esfuerzo no hay necesidad de descanso.

Tratemos, pues, de convertir nuestro corazón en un corazón esforzado y comprometido, y entregado en la confianza de que en el Señor encontraremos siempre el descanso que necesitamos.

domingo, 21 de junio de 2015

Y, HOY, TODAVÍA SEGUIMOS PREGUNTÁNDOTE, SEÑOR

(Mc 4,35-41)


No hemos parado de preguntarle al Señor. Continuamos haciéndolo porque surgen muchos interrogantes que nos interpelan y nos dejan perplejo. No entendemos lo ocurrido en los campos nazis de refugiado durante la segunda guerra mundial; no entendemos el hambre y la sed que padece África y otros lugares del mundo. Menos entendemos las migraciones que se suceden en pleno siglo XXI y que son carne de explotación y esclavitud en los países de destino.

Sí, hemos levantado la mirada y dirigida al Cielo le hemos preguntado al Señor: ¿Dónde estás Dios mío? ¿Por qué permites que estas cosas sucedan? Observamos impotente los devastadores tsunami, huracanes y terremotos que devastan pueblos enteros y que suceden en zonas pobres y débiles. Y qué quizás nosotros no socorremos como deberíamos hacer o ayudar para que no suceda de forma tan mortífera e indefensa.

En estos casos no se trata de falta de confianza, sino de no hacer las cosas como se tendrían que hacer. Porque el mundo tiene recursos para evitar estas situaciones puntuales o para que no sean tan devastadoras. Sabemos que no existe la solidaridad necesaria, no tanto a esos momentos, sino a tener una ayuda y preparación para formarse y prepararse para evitarlos cuando llegue la hora. Se hace necesario preparar y darles a esos pueblos las herramientas necesarias para que sean capaces de proveerse todo lo que necesitan.

Pero, a pesar de todo eso, debemos saber y confiar que Jesús está entre nosotros. Y nos dará la fuerza y el valor que necesitamos para afrontar las diversas situaciones. Esos son los miedos que tenemos que quitar de nuestros corazones. Debemos confiar que nuestro trabajo diario por hacer justicia y buscar la verdad, para encender la fraternidad entre los pueblos, está supervisado por el Ojo de Dios, y que Él nos proveerá y dará todo lo que necesitemos para que la justicia y la verdad primen por encima de todo.

Así ocurrió aquel día con los apóstoles en la barca. Asustados le despertaron, y Jesús les interpeló de cobardes y de poca fe. Igual nos ocurre a nosotros. Nos asustamos por todo lo que sucede a nuestro derredor. Sentimos miedo de las persecuciones y posiblemente por nuestros fracasos. Pero no olvidemos nunca que Jesús está con nosotros. 

Nos lo ha prometido Él, y su Palabra siempre se cumple. Perdona Señor nuestra osadía y atrevimiento. Danos el don de la fe y la confianza en tu Palabra, porque sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Amén.