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miércoles, 11 de diciembre de 2019

APOYADO EN LA CONFIANZA EN EL SEÑOR

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Mt 11,28-30
En estos momentos paso por una etapa en mi vida que me da agobio y hasta cansancio. Incluso, me parece que hasta me cuesta más sentir la espiritualidad que en otros momentos me hacía gozar. Creo, y lo experimento, que son momentos de prueba donde dejar todo en Manos de Dios es la mejor opción y la prueba de creer en Él.

Porque, el Señor no puede darnos angustia ni desasosiego. Es verdad que en muchos momentos podemos preocuparnos y hasta sentir dolor y miedo, pero siempre, al final, sentiremos gozo y alegría como testimonio y prueba de que hemos hecho la Voluntad del Señor. También he experimentado eso muchas veces. No tengo ganas de hacer algo que, por otro lado pienso que debo hacer, y a lo que me he comprometido, y superado las desganas, sin evitar el esfuerzo, experimento luego el gozo de haberlo hecho. Lo he vivido varias veces y experimentado el gozo de la presencia del Señor.

He también experimentado como después de sentirte desganado y tedioso, realizado el compromiso, me he sentido mejor, descansado, fortalecido, activo.y gozoso. No lo digo porque lo haya oído o leído, sino porque lo he vivido y experimentado. Apoyado en la confianza en el Señor nuestro descanso es más alegre y gozoso. Creo, sinceramente, que sin el Señor mi vida estaría vacía y sin sentido, porque, todo lo que te ofrece el mundo termina por cansarte y, al final, desaparece.

En el Señor encontramos sentido a todo, en los buenos y malos momentos y llena de esperanza y de alegría toda nuestra vida. En el Señor encontramos descanso y fortaleza para superar todos esos momentos de cansancio, de desánimo, de oscuridad y de desesperanza. Él nos da la vida y la esperanza para continuar el camino hasta llegar a Él.

viernes, 16 de marzo de 2018

LE PERSEGUÍAN Y QUERÍAN MATARLE

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Jn 7,1-2.10.14.25-30

Estaba decidido, Jesús les molestaba. La única alternativa era quitarlo del medio, y esa fue la decisión que tomaron. También nosotros entramos en ese papel. No cometamos el error de vernos fuera de esta confrontación con Jesús porque estamos lejos en el tiempo. También nosotros estamos ahí, y lo estamos porque también ponemos en tela de juicio la identidad de Jesús.

Encontrar nuestro momento es de vital importancia. Dar respuesta a lo que significa Jesús para ti es la clave del encuentro con Él. Nos formamos muchos prejuicios y hay muchos malentendidos que tomamos de otros y hasta dentro de la misma Iglesia. Cada cual bebe donde quiere y no donde debe. Se hace necesario ir a la Fuente, la Palabra, y beber en ella la identidad de Jesús, el Señor.

Y hay que ir bien acompañado, porque nos perdemos, entendemos mal y nos confundimos. Es entonces cuando descubrimos la gran misión e importancia de la Iglesia. La Santa Madre Iglesia, que, a pesar de las dificultades y luchas interiores, está guiada por el Espíritu Santo y nos sostiene en el camino de la verdad. Por otro lado, hay que ser paciente y perseverar y, sobre todo tener fe. Pues, entonces, ¿qué es la fe?

La fe la necesitamos para esos momentos de confusión, de no entender muchas cosas y llenarnos de prejuicios y malentendidos. De mucho ruido y poco silencio. Hay que creer y confiar en el Pastor, pues sin Pastor el rebaño se dispersa y se pierde. Ese es el mérito de la fe y que sin ella no podremos salvarnos. Hay que darle un voto de confianza al Señor, porque, también hay muchas razones que así lo sugieren. Es el enviado del Padre, nos lo dice Juan en el Jordán, y el Padre nos lo presenta como el Predilecto. Y nos manda a escucharle y hacer lo que nos dice.

Nos lo revelan las Escrituras y sus obras y milagros, y nos lo dice nuestro corazón, que adormilado por el pecado y la acción del demonio se ciega y se confunde. Pero, a pesar de ello, experimentamos deseos de amar y nos sentimos infelices cuando nos vemos impotente para hacerlo. Necesitamos al Señor para poder amar y ser felices.

viernes, 2 de septiembre de 2016

CADA INSTANTE LLEVA SUS AFANES

(Lc 5,33-39)

No es cuestión de hacer una sola cosa, ni tampoco estar con el martillo todo el día. La vida es una sucesión de instantes, y cada instante lleva su afán. Ora contemplación, ora trabajo, ora distracción o alegría, ora descanso. En cada momento nos aplicamos a lo que toca.

Lo importante es dar a cada hora su aplicación. Un tiempo para rasgar y otro para coser. Lo disparatado sería que al tiempo de coser, rasgáramos, y al de rasgar, cosiéramos. Y eso es lo que nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: « ¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

No busquemos la tristeza, porque habrá momentos tristes. Eso sin ninguna duda. Cuando haya momentos de alegría, aprovechémoslo, porque también llegaran los tristes. Sabemos que el verdadero camino pasa por la pasión y muerte, tal y como sucedió con Jesús. Y que ese es el único camino de salvación. Por lo tanto, la vida nos pondrá a cada uno en su hora y su momento.

Conocemos nuestro camino de cruz, pero eso no es obstáculo para alegrarnos en los momentos de alegría. Porque la Cruz es camino de salvación, de gozo y de paz. Por lo tanto siempre tendremos motivos para, aun en el dolor, experimentar alegría, paz y gozo. Porque, lo importante, Jesús está siempre con nosotros.

viernes, 6 de septiembre de 2013

TODO A SU MOMENTO

(Lc 5,33-39)

Cada cosa tiene su momento y su tiempo de acción. Se trata de realizar en cada momento lo que se debe hacer. Cuando toca orar, orar, cuando ayunar, ayunar, y cuando fiesta, fiesta. La vida es un camino, y el camino exige paradas, descansos, reflexiones, fiesta, esfuerzos y también ayunos. Pero no se trata de hacerlo según normas, preceptos o imposiciones reglamentadas. Se trata de vivir en la Voluntad del Padre y de responder a esa Voluntad, desde el amor, según lo aconsejen las circunstancias y la vivencia del momento.

Es verdad que cada momento exige unas formas correctas de comportarse y aplicarse, pero también es verdad que lo importante son las personas y el bien que demandan esas personas en la justicia y la paz. Sería más bien, aplicar cada momento de amor a mejorar el bien común, y eso será diferente según las circunstancias y los momentos.

El Señor nos enseña hoy el cómo y cuando debemos ayunar o divertirnos: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Cada paso en el camino exige una respuesta, respuesta de alegría, de gozo y paz o de ayuno y sufrimiento. Saber, en y por Jesús, darle vivencia a ese instante es la mejor salida que podamos encontrar. Y sólo en Jesús encontraremos la solución.