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domingo, 9 de noviembre de 2025

SANTUARIO DE ADORACIÓN

Jn 2, 13-22

    El lugar se había convertido en una recova. La gente ya no guardaba respeto ni silencio. Con el tiempo, todos acudían a comerciar, relacionarse y pasar un rato distraído.

   A Saúl no le gustaba lo que veía. Recordaba otros tiempos: orden, disciplina, turnos. Nada de algarabía, desorden ni comercio.

   Aquel lugar donde, años atrás, había gozado de prestigio, de encuentro, de diálogo libre y de escucha atenta, se había transformado en un gallinero: nadie escuchaba, todos gritaban y poco se entendía.

    Sintió cómo la frustración se le acumulaba en el pecho. Una mezcla de tristeza, impotencia y enfado le hervía por dentro. Su paciencia había señalado el punto rojo. Estaba a punto de explotar.

    Decidido a no perder la paz, abandonó el sitio. Se echó a caminar con el corazón entregado a Dios, pidiéndole paciencia y fuerza para soportar lo que, para él, resultaba insoportable.

    Al pasar delante de una terraza, oyó una conversación que le llamó la atención. Se hablaba de lo sagrado, del espacio donde los cristianos se reúnen para adorar.

    Silencioso, se sentó en una mesa cercana, pidió un café para disimular y abrió sus oídos… y su corazón.

    Hablaban de la Basílica de Letrán y de la fiesta que celebran para recordar la primera iglesia que pudo salir de los muros de las casas tras el Edicto de Milán, cuando Constantino concedió libertad religiosa en el año 313.

    En ese momento, Manuel —un hombre de hablar pausado, con una Biblia gastada entre las manos— dijo:
    —Esta basílica es la madre de todas las futuras iglesias. Son espacios de congregación y de oración, en los que conservamos el cuerpo sacramental de Cristo.

    Uno de los tertulianos, moviendo la mano con cierta inquietud, intervino:
    —Sin embargo, hoy esos espacios ya no se respetan. A veces parecen recovas donde la gente viene a lucir sus prendas, a saludarse y a cumplir tradiciones más que a vivir la fe.
Manuel lo escuchó con serenidad.
   —Puede ser —respondió—. Es verdad que se pierde el respeto. Quizás la fe se ha convertido en rutina, más práctica que encuentro. Y eso es algo que tenemos que redescubrir los cristianos.

    Otro tertuliano, mientras giraba lentamente su taza, añadió:
    —Pero también es cierto que hay momentos de silencio pleno, de atmósfera de fe, donde se respira la presencia sacramental del Señor. No todo es desorden.
    —Sí, hay de todo —concluyó Manuel—. Jesús también lo denunció (Jn 2, 13-22) cuando expulsó a los comerciantes del templo.

    Hizo una pausa. Miró a los demás y habló con convicción:
   —Pero lo que no podemos perder de vista es que el verdadero templo seguimos siendo nosotros, los seres humanos: comenzando por los más olvidados, continuando por la comunidad reunida para orar y culminando en cada persona, que es sede de la gracia de Dios y lugar de adoración.
 
    Saúl bajó la mirada y sonrió. Había encontrado la paz. 
   No era solo aquel lugar que él frecuentaba donde sucedían estas cosas. También ocurría en las mismas iglesias.
   La cuestión no estaba en los espacios, sino en las personas: en su educación, sus valores y su conciencia de respeto.
   Comprendió, finalmente, que no basta exigir silencio en un templo: es el corazón el que debe aprender a callar para escuchar a Dios.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

UNA IGLESIA QUE CAMINA

Desde que tú eres Iglesia – y lo eres desde el instante de tu bautismo – estás en movimiento. Porque, donde quieras que vayas, tú – que eres Iglesias – la llevas a todas partes donde tú te presentes. Y, sucede todo lo contrario si tú, aún siendo Iglesia, no vives como miembro de la Iglesia. Puedes estar en muchos lugares, pero no llevas a la Iglesia contigo.

La Iglesia es itinerante por naturaleza porque lleva la Palabra a todas partes. Ha nacido y fundada por nuestro Señor Jesús para anunciar la Buena Noticia en todas partes y llevar la Palabra a todos los lugares. Y lo hace a través de sus miembros, que viven, que se mueven y caminan en todas partes del mundo. Y muchos son también que lo recorren anunciando la Palabra de Dios.

Pero, tú, con tu vida, tu palabra y testimonio, también llevas esa Palabra de Dios a todos los lugares por donde pasas, donde vives y donde convives y vives. De ahí la necesidad de ser testigos y fieles seguidores de Jesús. De ahí el contacto necesario de cada día a través de la oración y los sacramentos con el Señor. Y, de ahí, la imperiosa necesidad de estar disponible y abiertos a la acción del Espíritu Santo.

jueves, 22 de febrero de 2024

UNA FE EN UNA IGLESIA INDESTRUCTIBLE

Suceda lo que suceda, aunque nos parezca que la Iglesia se hunde y que el mundo, demonio y carne salen victorioso, la realidad es otra. La Iglesia es indestructible y nunca perecerá. Tiene la Palabra de Aquel que siempre la cumple, el Hijo de Dios Vivo, nuestro Señor Jesús, y su Palabra es Palabra – valga la redundancia – de Vida Eterna.

Es posible y necesario que la Iglesia necesita estar siempre en reconstrucción. El Señor la ha dejado en manos del Espíritu Santo, y Él va soplando, reparando, asistiendo y reconstruyendo la semilla sembrada que nuestro Señor Jesús dejó en cada corazón del hombre bautizado y, también, de aquel que, rechazándole, espera pacientemente su regreso a la Casa del Padre.

Nosotros, sus miembros somos débiles, frágiles y pecadores. Con nuestras fuerzas la Iglesia no puede sostenerse. Somos pequeñas piedras que necesitan la Roca – nuestro Señor – donde apoyarse y afirmarse para que el edificio de la Iglesia se sostenga firme y eterno. Por eso, en el instante de nuestro bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos acompañará todo el recorrido de nuestra vida e irá reconstruyéndola y reparándola de todas nuestras debilidades y pecados. Y con su fortaleza y auxilio no decaeremos nunca y nos sostendremos firmes ante las amenazas del mundo, demonio y carne.

Así nos lo ha dicho el Señor, y así se cumplirá: Mt 16,13-19): … Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

viernes, 19 de enero de 2024

UNA ELECCIÓN SINGULAR

No se trata de una elección a voleo, o al azar, o sin reflexión ni pensada. Se trata de una elección singular, con nombre y apellidos. Una elección querida, pensada, confiada y decidida. Pero, eso sí, una elección desde la libertad, nunca impuesta.

Fueron doce los elegidos para estar con Él y para acompañarle en su misión. A ellos – apóstoles – fue confiada la Iglesia que hoy continúa en la figura de los obispos. Y uno fue elegido como cabeza de ese grupo apostólico, Pedro, hoy en continúa sucesión ininterrumpida, Francisco. Es la Iglesia que continúa la misión de proclamar y anunciar la Buena Noticia de salvación, el Evangelio.

Pero, no está sola, la Iglesia está dirigida y asistida por el Espíritu Santo y, a pesar de posibles tropiezos, errores o fallos de sus propios miembros, la acción del Espíritu la llevará siempre a cumplir su misión y a encontrar caminos de verdad, justicia y misericordia. No puede fallar porque el Espíritu iluminará y fortalecerá a todos aquellos que se abran a su acción. 

Así ha sucedido, a pesar de las dificultades, desde su comienzo con los apóstoles y así sucederá en la actualidad. El Espíritu está presente y en cada uno de los bautizados y, quieras o no, siempre habrá personas abiertas a su acción que, fortalecidas en Él, darán orientación y guía a la Iglesia, porque, la Iglesia eres tú que en la hora de tu bautismo recibiste al Espíritu Santo. El camino será largo y habrá tropiezos y dificultades, pero al final reinará la victoria porque el Espíritu Santo está y vive en la Iglesia.

miércoles, 12 de julio de 2023

ENVIADOS POR AQUEL QUE SABE QUIEN SOMOS.

No hemos sido escogidos por nuestras capacidades ni por nuestros talentos. Al contrario, los elegidos, lo hemos visto, son gente común, más bien de poca preparación y de bajo nivel. Diríamos en términos de elección que muchos elegidos no lo serían para misiones importantes. Y nos preguntamos, ¿hay algo más importante que la salvación eterna?

Y Jesús, el Señor, que sabe quienes somos pone en nuestras manos la salvación, propia y la de muchos otros que dependerá de lo que hagamos y digamos nosotros. ¡Qué gran confianza! ¡Y qué gran riesgo poner en manos de los hombres – vasijas de barro – su propia salvación y la de muchos!

Queda meridianamente claro que es Jesús quien nos elige previamente y nos envía. Y, Él que lo sabe todo, si lo ha decidido así es porque así es como debe ser. Deja muy claro que confía en nosotros y que seremos nosotros los que le aceptemos y reconozcamos como el Señor o le rechacemos y le demos la espalda. Así parece que ha sucedido en muchas parte y con muchos hombres. De hecho, de los elegidos hay uno que le traiciona y otros que huyen, le dejan solo y hasta alguno que le niega.

Incluso, entre sus elegidos hay quien primero fue uno de los que quería acabar con sus seguidores. Y ahora sucede un tanto lo mismo. Hay muchos que somos mediocres, que vegetamos dentro de la Iglesia más que actuamos; otros que vivimos de forma rutinaria sin interpelarnos ni cuestionarnos. Y otros que somos indiferentes hasta el extremo de rechazarle. Y el gran milagro, ante la desesperación de muchos que nos atacan y tachan hasta de diablos, la Iglesia fundada por Jesús y puesta en manos de Pedro y sus apóstoles sigue en pie. Posiblemente con muchos pecados, desviaciones y errores, pero firme y en pie porque no es obra de los hombres sino de Dios. Y el Espíritu Santo, que fue prometido como guía y defensor, la dirige y la fortalece. Y ahí estamos todos, al menos los que queremos, embarcados y dispuestos a seguir remando e insistiendo al Espíritu Santo que nos ilumine, fortalezca y enseñe el camino al seguir.

jueves, 29 de junio de 2023

DIFERENCIAS QUE UNEN PERO QUE NO DEBEN SEPARARNOS

Esa es la Iglesia. Una sola Iglesia, la de Pedro y Pablo que, aunque tuvieron sus diferencias, permanecen unidos en el camino junto al Señor. Y esa es la Iglesia en la que estamos nosotros ahora, una sola Iglesia de la que se han separado muchos por diferencias y maneras de pensar diferente. Pero, la unidad debe ser inseparable. Podemos tener diferencias pero permanecer unidos porque solo uno es el Señor y quien nos une. Y el Amor nunca puede separar.

Es evidente que en la convivencia hay diferencias, formas de ver y de pensar que no coinciden pero la unidad debe ser siempre firme. Las diferencias se soportan en el respeto, la verdad y, sobre todo, en el amor. ¿Acaso el Señor no soporta a cada uno de sus hijos que piensan diferente, actúan diferente y hasta se atreven a discutirle y rechazarle? ¿Y cuál es la actitud y forma de comportarse el Señor? ¿No es ejemplo para que nosotros nos portemos igual? Luego, ¿a qué vienen tantas separaciones, iglesias y pensamientos?

Siempre, de eso no nos libra nadie, hay diferentes formas de ver las cosas; siempre tendremos diferencias y disputas, pero siempre debemos estar unidos. Porque es el Amor quien nos sostiene unidos y en actitud de misericordia y aceptación. Está claro, las diferencias entre aquella primera comunidad que Jesús dejó en manos de Pedro y los apóstoles son consecuencia de las diferencias que origina el pecado. Un pecado que separa y divide y que solo el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios vence y une.

Por tanto, reflexionemos, ¿por qué estamos separados? Todos venidos de un mismo Dios Padre que, manifestado y anunciado por el Hijo, lo aceptamos para luego, en el camino de la prueba y perseverancia, dejarnos someter por el pecado que nos separa. ¿Es esa la medida, de la que hablábamos ayer, de nuestro amor? Pidamos la Luz y la Gracia de darnos cuenta, aceptarnos misericordiosamente y, a pesar de nuestras diferencias, perseverar en la unidad. Amén.

martes, 22 de febrero de 2022

ATAR Y DESATAR

 


Pedro, respondiendo a la pregunta de Jesús, confiesa que es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo. Sin lugar a duda, su respuesta no sale ni viene de su intelecto ni de su sabiduría, le viene del Padre que está en los cielos, tal y como le responde Jesús: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella».

Nuestra confianza y esperanza descansa en esas Palabras de Jesús: El poder del infierno no podrá contra la Iglesia. Nada podrá el diablo, aunque aparentemente parezca que tiene el mundo en sus manos, contra el Poder de Dios. La guerra está ganada. La ganó Jesús al entregar, voluntariamente y por amor, su Vida en la Cruz. En ese instante, el Amor triunfó sobre el mal y el pecado y, será cuestión de tiempo, el triunfo de nuestro Padre Dios. Él decidirá cuándo llegará ese momento.

Ahora, ¡mucho cuidado!, nosotros tenemos también nuestra propia guerra durante el tiempo y recorrido de nuestra vida por este mundo. Nos jugamos ese triunfo sobre el mal. Se trata de vivir nuestra vida en la Voluntad de Dios. Para ello, escuchar su Palabra y obedecer sus mandatos: Amar como Él nos ha amado y nos ama. No hay otro camino. Para ello, ha dejado poder a la Iglesia en las Palabras que dice a Pedro, para perdonar los pecados: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos», dándonos la oportunidad de limpiarnos, levantarnos y reemprender el camino.

viernes, 18 de septiembre de 2020

EL PAPEL DE LA MUJER

Lc 8,1-3)
Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Por tanto, el hombre y la mujer se complementan para formar entre los dos la imagen de Dios. Un Dios que se manifiesta como hombre y mujer, porque es Padre y Madre. Así lo dibujó Rembrandt en su cuadro, mostrando la diferencia entre sus manos y distinguiendo claramente una mano femenina de otra masculina.
 
La Iglesia es realmente Iglesia cuando en ella se cobija la familia. No obstante la Iglesia es la reunión de familias en torno al altar Eucarístico, dando así lugar a la reunión de la gran reunión o comunidad cristiana. Y dentro de esa reunión de pequeñas comunidades domésticas, la mujer ocupa un lugar predominante y central. Se ha dicho que la mujer es el centro de la familia, y no solo se dice, sino que se experimenta y comprueba que así lo es.

Posiblemente, los tiempos que corren están descentrando el valor fundamental de la mujer en la familia, que no está reñido con su rol social y, también necesario. Jesús ha querido constituir su Iglesia en torno a la familia. Familia que el formó con su Madre y  Padre adoptivo José. Familia que se extiende a todos aquellos que cumplen la Voluntad de Dios, porque, solo cumpliendo la Voluntad de Dios encontraremos el Camino, la Verdad y la Vida que, precisamente, Él que lo es, nos señala.

Y la mujer tiene un papel muy importante. Así nos lo ha transmitido Jesús que se hizo acompañar, tal como nos dice el Evangelio de hoy, por muchas mujeres: En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido...
 
Jesús rompe una tradición sobre la mujer y la hace partícipe de su misión dándoles misiones importantes en momentos puntuales de su misión. Solo hay que ver que la puerta por donde Jesús viene a este mundo es María, su Madre, y mujer bendita entre todas las mujeres.

sábado, 4 de abril de 2020

Y TODAVÍA TRATAN DE LIQUIDARLO

ESTRENANDODIA: LECTIO DIVINA: Juan 11,45-56
Jn 11,45-56
Hoy está sucediendo lo mismo que en tiempo de Jesús. El Evangelio nos dice: En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: « ¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación».

¿No les recuerda eso a lo que está sucediendo ahora en estos tiempos? La Iglesia es perseguida y muchos quieren quitarla del medio y erradicarla de la sociedad. En muchos países los cristianos son perseguidos y en el mío la han excluido de la enseñanza pública y quieren también acabar con la concertada para erradicar también las clases de religión.

Sin lugar a duda que la persecución a Jesús y a su Iglesia no ha terminado y, posiblemente, no terminará hasta su segunda venida. Jesús molesta y viendo los judíos que se les va a ir toda la clientela y los romanos se pueden soliviantar contra ellos, deciden que Jesús pague por todos para salvar al pueblo y también a los que no son del pueblo. 

Y esa amenaza de acabar con su Iglesia sigue hoy, porque la Iglesia les desbarata sus pensamientos únicos que les permite dominar y gobernar a los pueblos y llenarse de comodidades y riquezas. Hay ejemplos candentes que se están repitiendo hoy mismo y que muchos nos lo demuestran con sus ejemplos y obras. Sólo hay que abrir los ojos para verlos. Y siguen buscándolo para prenderlo.

martes, 29 de octubre de 2019

UNA SEMILLA MUY PEQUEÑA

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Lc 13,18-21
El Reino de Dios no es algo que explota en un instante y se hace grande y se expande a velocidad de crucero por todas partes. No es algo que, al igual que una simple y pequeña semilla, se siembra y con el tiempo y buen riego en una buena tierra bien abonada y cultivada va madurando hasta dar buenos y abundante frutos. No es algo que crece de un día para otro, ni que da frutos sin los cuidados y cultivos adecuados y necesarios.

El Reino de Dios es como esa pequeña semilla que, sembrada y bien cuidada, crece y alcanza un tamaño tan grande que hasta los pájaros vienen a anidar en sus ramas. Esa pequeña semilla que fue la Iglesia y que llega hoy a extenderse por todas partes del mundo. La tierra es tu corazón y el agua son tus oraciones, la escucha atenta de la Palabra y tu disponibilidad para abrirte a la acción del Espíritu Santo. Una vez sembrada la Palabra en tu corazón necesita ser cultivada con el alimento de la Palabra y la disponibilidad para vivirla. Pero, sobre todo, con el Pan Eucarístico que nos fortalece  y nos sostiene firmes.

Igual sucede con la levadura que se introduce en la masa de harina y bien amasada con el esfuerzo de tu trabajo fermenta y se hace grande. Así también sucede con el Reino de Dios -  la Iglesia - que naciendo de una pequeña comunidad apostólica se ha ido transmitiendo de corazón en corazón y ha llegado a todas las partes del mundo. Y, por la Gracia de Dios, crece y se extiende hasta el punto de madurar y convertir nuestros actos en buenas obras de amor.

miércoles, 3 de julio de 2019

¿TAMBIÉN TÚ TIENES DUDAS?

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Lo normal es que toda persona tenga duda. La duda es la causante de que se necesite la fe, y, por la fe, nos salvamos si nos mantenemos perseverante y confiando en la Palabra del Señor. Luego, si no hubiese duda no haría falta la fe. Es lo que ocurrirá cuando estemos en la presencia del Señor. Allí no nos hará falta tener fe, pues ya vemos al Señor. Será, pues, una dicha estar en su presencia y la puerta para llegar a Él es la muerte, lo que deja al descubierto que no es tan trágica como se puede creer. Diría que es el momento más glorioso de nuestra vida si realmente la sufrimos en Gracia de Dios. De otra forma sería la pérdida más grande.

Ahora, esas dudas tienen un gran peligro. Ese peligro está escondido en el recorrido de nuestra vida, ya sea de forma individual o colectiva. Es decir, hacerlo solo o en la comunidad. O sea, remar tu solo o ir remando con otros. Ir en tu barca o ir en la Barca de la Iglesia. Así de claro. Solos estaremos a merced de todos los peligros que el Maligno nos pueda poner. Él está atento a ponernos todas las sancadillas que necesita para hacernos caer y alejarnos del Señor. Recordemos las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto. También nosotros, en el recorrido de nuestra vida pasaremos por esos momentos. El deseo de satisfacernos con las cosas de este mundo; la tentación de sentirnos importante, de colmar nuestra vanidad y orgullo y la ambición de sentirnos poderosos y dueños resume el contenido y las diversas formas de ser tentados.

Solos, quedamos a merced del demonio, que hará de nosotros lo que quiera, pero, en la Barca cambia todo. Estamos rodeados de hermanos que nos apoyan, nos fortalecen con sus oraciones y nos defienden alimentando, al compartir, nuestra fe. Tenemos un ejemplo en el Evangelio de hoy con Tomás. Su fe estaba dañada y herida. No creía en Jesús resucitado y exigía ver para creer. Es lo mismo que nos sucede a muchos hoy cuando dicen que no han visto a nadie regresar de la muerte para demostrar la resurrección. Realmente, ¿creemos que la aparición de alguien que haya muerto solucionaría eso? En la parábola del rico epulón -Lc 16,19-31- Jesús nos deja claro que no serviría de mucho.

Sin embargo, Tomás está en la Barca - Iglesia - y, a pesar de sus dudas sigue en ella. Se encuentra, podemos simbolizar que está embarcado a la semana siguiente, y de nuevo Jesús se presenta a sus discípulos, y ve que está Tomas, lo llama y tiene un encuentro con él. Sabemos el resto. Ocurrió que Tomas seguía en la Barca y esa es la diferencia. Es en la Iglesia donde Jesús se te hace presente y donde tienes que buscarlo. Jesús no se presenta sino espera que tú le abras tu corazón. Él está a tu lado, te llama y espera tu respuesta y tus deseos de búsqueda. Y se te manifiesta cuando tu corazón se abre a su llamada. Estar en la Iglesia es muy importante, porque, Jesús se le presenta a sus amigos, a aquellos que le buscan y desean conocerle. La pregunta podría ser, ¿quieres tú conocerle?, pues, búscale en la Iglesia.

sábado, 29 de junio de 2019

EN EL CAMINO DE LA IGLESIA DE NUESTRO SEÑOR

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Mt 16,13-19
En la Iglesia tenemos que tener una cosa muy clara, seguimos a Jesús y anunciamos a Jesús. Él es el fundador de la Iglesia y el centro de la misma. Él es el Señor, el mismo que Pedro, asistido y movido por el Espíritu Santo confesó como el Cristo, el Hijo de Dios Vivo, y del que recibió el poder de ser la piedra donde el Señor edificaría su Iglesia.

Pedro recibió del Señor el poder de perdonar los pecados y la promesa de que el poder del infierno no prevalecerá contra la Iglesia. Y eso fortalece nuestra esperanza y nos anima a caminar cada día anunciando y proclamando que el Señor es el Hijo de Dios que, enviado por el Padre, ha venido a liberarnos de la esclavitud del pecado. Esto debe estar impreso en nuestros corazones a fuego y tenerlo muy claro. El Señor vive y está en y con nosotros.

Con Pedro y los demás discípulos, concretamente los apóstoles se inicia el peregrinar de la Iglesia asistidos por el Espíritu Santo. Es Pentecostés la salida, por decirlo de alguna manera, oficial de la Iglesia, que, precisamente, lo que hace es anunciar la Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios Vivo que, tomando Naturaleza humana ha venido a morar entre nosotros y, entregando su vida, nos salva de la condenación rescatándonos para gloria de nuestro Padre Dios.

No perdamos de vista esta Iglesia que, fundada por el Señor, arranca desde Pedro y los apóstoles. No perdamos de vista esta Iglesia que, a lo largo de los siglos, va ya por el XXI, sigue firme a pesar de los pecados y caídas de sus miembros, pero, levantados por la Gracia del Espíritu Santo y el Sacramento de la reconciliación. Es esta la Iglesia, nuestra Iglesia y nuestra Madre, que nos cuida, nos protege y nos reune como hijos de un mismo Padre.

viernes, 22 de febrero de 2019

JESÚS INSTITUYE EL SACRAMENTO DEL PERDÓN

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En muchos momentos de tu vida deseas y quieres que te demuestren el reconocimiento de lo que otros te estiman, te quieren y te valoran. Eso nos descubre la necesidad que tenemos de ser amados, como de, en correspondencia, amar nosotros también. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, y la prueba es que es un ser en relación. Necesita, pues, amar y ser amado.

Definimos a Dios como Amor. Dios nos ha creado por Amor y su esencia es el Amor. No se entendería de otra forma que nos sostenga con vida y con la esperanza de vivir eternamente a su lado en plenitud de gozo y felicidad. Pero, encarnado en la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, enviado a este mundo para salvarnos, nuestro Señor Jesucristo, ha querido en un momento saber que pensaban de Él sus discípulos más íntimos. Y les pregunta que han oído decir a la gente de Él:

                                                                                                               «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Pero, ahora, quiere saber qué piensan ellos y les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Y, Jesús, responde: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Jesús sabe que tiene que marchar y que su misión tiene que seguir. Por lo tanto, deja a Pedro como su sucesor y funda la Iglesia, la comunidad de sus apóstoles y discípulos. Y les confiere el poder de guiarla, de dirigirla y de perdonar los pecados. Y así continúa la Iglesia hasta nuestros días, y continuará hasta la prometida segunda venida del Señor. Nadie podrá destruirla.

viernes, 16 de marzo de 2018

LE PERSEGUÍAN Y QUERÍAN MATARLE

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Jn 7,1-2.10.14.25-30

Estaba decidido, Jesús les molestaba. La única alternativa era quitarlo del medio, y esa fue la decisión que tomaron. También nosotros entramos en ese papel. No cometamos el error de vernos fuera de esta confrontación con Jesús porque estamos lejos en el tiempo. También nosotros estamos ahí, y lo estamos porque también ponemos en tela de juicio la identidad de Jesús.

Encontrar nuestro momento es de vital importancia. Dar respuesta a lo que significa Jesús para ti es la clave del encuentro con Él. Nos formamos muchos prejuicios y hay muchos malentendidos que tomamos de otros y hasta dentro de la misma Iglesia. Cada cual bebe donde quiere y no donde debe. Se hace necesario ir a la Fuente, la Palabra, y beber en ella la identidad de Jesús, el Señor.

Y hay que ir bien acompañado, porque nos perdemos, entendemos mal y nos confundimos. Es entonces cuando descubrimos la gran misión e importancia de la Iglesia. La Santa Madre Iglesia, que, a pesar de las dificultades y luchas interiores, está guiada por el Espíritu Santo y nos sostiene en el camino de la verdad. Por otro lado, hay que ser paciente y perseverar y, sobre todo tener fe. Pues, entonces, ¿qué es la fe?

La fe la necesitamos para esos momentos de confusión, de no entender muchas cosas y llenarnos de prejuicios y malentendidos. De mucho ruido y poco silencio. Hay que creer y confiar en el Pastor, pues sin Pastor el rebaño se dispersa y se pierde. Ese es el mérito de la fe y que sin ella no podremos salvarnos. Hay que darle un voto de confianza al Señor, porque, también hay muchas razones que así lo sugieren. Es el enviado del Padre, nos lo dice Juan en el Jordán, y el Padre nos lo presenta como el Predilecto. Y nos manda a escucharle y hacer lo que nos dice.

Nos lo revelan las Escrituras y sus obras y milagros, y nos lo dice nuestro corazón, que adormilado por el pecado y la acción del demonio se ciega y se confunde. Pero, a pesar de ello, experimentamos deseos de amar y nos sentimos infelices cuando nos vemos impotente para hacerlo. Necesitamos al Señor para poder amar y ser felices.

martes, 12 de septiembre de 2017

TAMBIÉN TÚ ESTÁS ENTRE LOS ELEGIDOS

Lc 6,12-19
Es sintomático que Jesús, previamente al día de la elección de los doce apóstoles, pasase toda la noche en oración. Porque, en ello nos quiere revelar la relación e intimidad con el Padre para la toma de cualquier decisión relevante. Y, en aquellos momentos se estaba fraguando la institución de la Iglesia, que se ve como obra de la Santísima Trinidad en plena relación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

No fue una elección caprichosa, al azar o por afinidades y gustos. Fue una elección bien concensuada por la Santísima Trinidad. Y eso debe servirnos para nuestra obediencia y solidaridad con la Iglesia. Más cuando en el día de nuestro bautizo hemos sido incorporado, en nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo, a ella, y configurados como sacerdotes, profetas y reyes.

También nosotros hemos sido elegidos para transmitir ese anuncio y buena noticia de nuestro Señor Jesucristo. Hemos sido encargados de transmitirlo, quizás unos por la palabra, otros con sus testimonios y obras, otros con sus trabajos y servicios, y todos con sus vidas, siendo siempre ejemplares y tratando de esforzarnos en hacer las cosas bien según la Palabra y Mandatos del Señor.

Pero, nunca podemos perder de vista la relación con el Señor, fortalecidos por la acción del Espíritu Santo. Y la oración es el vehículo que nos sostiene en íntima relación con el Señor. Una oración que nos fortalece, nos llena de esperanza y nos da sabiduría para discernir y transmitir la Buena Noticia de Salvación. La intimidad con el Señor nos ayuda a ser mejores, sobre todo, la Eucaristía, donde podemos tocarle y alimentarnos de toda su Gracia que nos fortalece espiritualmente.

Tratemos de ser constantes en la oración, que no es otra cosa sino la diaria relación con el Señor, del que escuchamos sus consejos, sus orientaciones, sus señales, y al que le pedimos fuerza, voluntad, sabiduría, luz y paz para caminar en su Palabra y vivir en su Voluntad.

viernes, 16 de septiembre de 2016

EL PAPEL DE LAS MUJERES

(Lc 8,1-3)

También el Evangelio remarca el pasaje de un día normal en la vida de Jesús: En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.

Esa era la forma de proclamar y extender el Reino de Dios, ir proclamándolo por  ciudades y pueblos. Y no iba sólo, sino acompañado de los doce y algunas mujeres. Sí, las mujeres también han tomado parte importante en la evangelización, y hoy continúan haciéndolo. El hecho de que Lucas lo anote y lo señale descubre que ha de tener su importancia. Y realmente la tiene.

Hoy, muchas parroquias están pobladas de mujeres. Eso lo constato yo que soy uno de los pocos hombres que milita en mi parroquia. Cuando hacemos alguna reunión constato que la mayoría son mujeres. Hombres se pueden contar con los dedos de una mano y sobra. Yo y alguno más. Y esta es la tónica general en casi todas las parroquias de mi isla. Creo que en otras parroquias del archipielago y peninsula hay algo más de hombres, pero por lo general abundan las mujeres.

Supongo que si se les ordenara se acabaría el problema de pocos sacerdotes en la Iglesia, pero por alguna razón Jesús escogió sólo a doce hombres para fundar su Iglesia. Es extraño que Jesús de pensar que también las mujeres, no añadiera a algunas a esa tarea evangelizadora. Podemos pensar que la época no lo permitía, ni lo comprenderían, pero Jesús no se paraba, de pesar que tenía que ser así, en no hacerlo. Su denuncia con la ley del sábado, el repudio de la mujer...etc., nos lo dejan ver.

De cualquier manera, la mujer, bendita mujeres, hacen una labor encomiable y hermosa dentro y fuera de la Iglesia. Son, como los hombres, muy importantes para, entre todos proclamar el Reino de Dios.

martes, 6 de septiembre de 2016

Y CONSTITUYÓ SU IGLESIA

(Lc 6,12-19)

¿Cuál fue el objetivo de constituir un grupo que continuara su labor? ¿Cuál fue la misión encargada? Porque el hecho de agruparlo en torno a sí mismo tenía una intención, cual es la de proclamar la Buena Noticia de salvación que traía de parte de su Padre. Y así nace la Iglesia. Es pues de sentido común que le diese a su Iglesia, a través de Pedro, el poder de atar o desatar aquí en la tierra como en el Cielo.

Posiblemente, Jesús elige de acuerdo con su Padre. Pasa primero, previo esos momentos importantes de elección, la noche orando, y elige a los apóstoles. No fue una elección aparentemente a dedo, sino que fue concensuada con la Voluntad del Padre que lo había enviado.

Posiblemente, tú y yo también hemos sido creados para una misión. Y una misión pensada por el Padre, que espera ver cumplida y vivida por cada uno de sus hijos. Pero una misión que nos toca a nosotros descubrir en la oración de día a día y en la apertura a la acción del Espíritu Santo. Porque Jesús, abierto a su acción, siguió los impulsos que el Espíritu, desde su nacimiento en el seno de María, y pasando por su Bautismo en el Jordán, le impulsaba a cumplir.

Ese es el camino que Jesús nos ha trazado con su propia Vida. Camino de donación y de entrega, en el Espíritu, a los demás. Un Espíritu Santo que nos fortalece, que nos ilumina, que nos refuerza la voluntad y esperanza para continuar subiendo la montaña de nuestra propia pasión y muerte a los pies de la Cruz de Xto. Jesús.

Seamos fieles a esa Iglesia que, fundada por nuestro Señor Jesús, continúa hoy su misión evangelizadora proclamando la Buena Noticia de Salvación a todos los hombres que aspiran a vivir en plenitud de gozo la vida eterna.