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domingo, 4 de mayo de 2025

NO SABEMOS CUANDO LLEGARÁ LA ABUNDANCIA PERO, SABEMOS QUE LLEGARÁ

Eso sí, sabemos que llegará porque confiamos en el Señor. Él está con nosotros aunque muchos de nosotros lo dudemos. Sucede que aquellos que dudan y, en consecuencia, se cierran a la luz del Espíritu Santo, permanecen en la oscuridad. Y eso es lo que posiblemente les ocurría a los apóstoles, como también nos sucede a nosotros.

Precisamente, ahora que estamos en la hora de elegir un nuevo Papa, pidamos que los cardenales en cónclave, abran sus corazones a la Luz del Espíritu Santo para que, iluminados, elijan al Papa que en este tiempo necesita la Iglesia.

Posiblemente, muchos se atribuyen el mérito de sus éxitos y sus obras, pero todo nos viene de Dios, creamos o no. No podemos demostrarlo, pero si venimos de Él, todo nos es dado por y en Él. El pasaje evangélico de hoy nos revela claramente como Dios actúa en nuestra vida, y como la oscuridad se hace luz en abundancia cuando nuestra mirada y esperanza está puesta firmemente en Él, Alimento y Gracia para nuestra vida.

jueves, 22 de julio de 2021

¡HA RESUCITADO Y ESTÁ ENTRE NOSOTROS!

 

Esa es nuestra fe y la que nos mantiene esperanzados y en actitud caminante, de búsqueda y encuentro. Mientras, lo reconocemos, las dudas se presentan ante nuestros pasos. No nos dejan y nos acompañan en actitud amenazante. Tratan de derrumbar nuestra fe y alimentan nuestras vacilaciones y deseos de abandono. Emborronan nuestro horizonte y minan nuestra esperanza. ¿Será verdad que el Señor ha resucitado?

Es obvio que no llegamos a convencernos del todo. El camino es una prueba permanente y un examen constante de nuestra fe- ¿Vale la pena?, nos preguntamos. A pesar de todo, la fe sigue presente, arde en nuestro corazón y su llama se mantiene, como la zarza en el Horeb, permanente por la Gracia de Dios. ¡Sí, vale la pena seguir al Señor, retumba una voz y un impulso dentro de mí! Vale la pena y, sin darme cuenta continuo el camino sorteando dificultades, tropiezos y dudas.

Posiblemente no estemos preparados para encontrarnos de una forma directa con el Señor. No llego a imaginarme que me pasaría ni como actuaría si el Señor se hiciera presente ante mis ojos. ¿Aguantaría su presencia? ¿Sería capaz de mantener mi mirada ante Él? Sería inimaginable pensarlo y creo que me desmayaría. Mi capacidad no alcanza tal impacto. Confieso mi pequeñez y que todo está en manos del Señor.

Por tanto, sigamos adelante con paciencia y perseverancia. Su Palabra es firme y siempre tiene cumplimiento, así que esperemos confiados que, llegado el momento, nuestros ojos puedan, por su Gracia, contemplarlo directamente.

sábado, 3 de julio de 2021

LA DUDA NOS ACOMPAÑA TODA NUESTRA VIDA


Ante cualquier posible diferencia, el diálogo exige comprensión. Y la comprensión necesita ponerse en el lugar, contexto y circunstancias del otro para, desde su situación y perspectiva mirar su pensamiento y su forma de ver el problema llevado al diálogo. No se trata de exponer lo que tú piensas y exigir que los otros lo acepten. No se trata de imponer tu forma de ver la situación y luchar para que los otros lo vean igual. Simplemente, se trata de buscar la verdad, si es posible entre lo que tú piensas y piensan los demás. Diríamos que eso es dialogar.

Tomás, la página del Evangelio que hoy tratamos de reflexionar y compartir con ustedes, potenciales lectores, trata de la visión de Tomás sobre la Resurrección de Jesús. Él no ha experimentado, todavía, el encuentro con el Resucitado y su experiencia es desilusionante. Lo ha visto morir indefenso, callado, sin tratar de defenderse y dispuesto a entregar su Vida por defender tu dignidad de persona, tus derechos a la vida, a la libertad, a la verdad y justicia, a la igualdad respecto a las oportunidades dentro de la justicia y verdad, a ser feliz y a vivir en paz.

Pero, él, Tomás, uno de sus discípulos, esperaba, posiblemente como también los demás, otro tipo de Señor. Un Señor con poder para imponer la verdad, hacer justicia y establecer un nuevo Reino donde él tendría un lugar destacado e importante. Quizás nos pase a nosotros algo parecido. Queremos una vida con libertad, con justicia y paz. Una vida sin problemas y, sí, con gozo y felicidad. Y, la experiencia que saboreamos es totalmente distinta. Se nos propone un camino igual al que ha recorrido y sufrido el Señor.

La única diferencia y el verdadero e importante matiz es la Resurrección. Esa que Tomás no quiere admitir hasta poder comprobarlo con sus dedos y manos. Y le llegó el momento. Sabemos cuál fue la reacción de Tomas - Jn 20,24-29 - pero, ¿sabemos cuál es nuestra reacción? ¿Tratamos nosotros de encontrarnos con el Señor, o exigimos ver para creer? Jesús termina diciendo que serán dichosos los que no han visto y han creído.

lunes, 3 de agosto de 2020

NO DESESPERES, LLEGARÁN MOMENTOS DE DUDA

MATEO 14, 22-36 | Frases cristianas, Versículos bíblicos, Biblia
La duda es un mal acompañante, pero, quieras o no, siempre te acompañará. Y, hasta cierto punto, creo que es muy necesaria, porque, ella te descubrirá la medida de tu fe. Cuando tienes dudas experimentas realmente si tu fe está viva y si, apoyada en Xto. Jesús, vas superando todas las dificultades que te hacen dudar, que te producen miedos y que te invitan a dejarte llevar por las seducciones con las que este mundo te tienta invitándote a rendirte al mundo y sus encantos.

Porque, cuando eso se produce, quizás sin darte cuenta y por la astucia del Maligno, que sabe donde están tus debilidades, trata de alejarte de la presencia de Dios e inclinarte a la vida fácil, placentera donde el placer, las riquezas y el poder priman sobre lo demás. Por eso, conviene no apartarse de la presencia de Dios, y eso nos exige estar en activa oración, reflexión y constante unión con el Señor. Porque, lo sabemos y no podemos ignorarlo, la duda llegará. 

Llegará disfrazada de tentación, de seducción, de placer, de comodidad, de vida fácil y placentera, de vanidad, de avaricia, de poder, de soberbia, de aspiraciones materiales y de suficiencia y de tantas cosas más a las que está sometida nuestra naturaleza humana. El camino de nuestra vida tienes muchos obstáculos donde el pecado - desobediencia a Dios - se disfraza de muchas maneras y esconde su malicia para llevarnos por el camino de la perdición. 

Su primera intención es cortar nuestra amistad con Dios y, una vez la ha conseguido y nos ha aislado, someternos a su voluntad. Tiene muchos recursos para ello y, además, nuestra naturaleza herida y debilitada por los apegos y placeres humanos. Y si a eso consigue apartarte del Espíritu de Dios, que te vigoriza, te alimenta y te fortalece, te quedas en sus manos. Por eso, recuerda siempre en esos momentos de debilidad esa frase de animo que Jesús, tendiéndote la mano, te dice: "¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?"

miércoles, 3 de julio de 2019

¿TAMBIÉN TÚ TIENES DUDAS?

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Lo normal es que toda persona tenga duda. La duda es la causante de que se necesite la fe, y, por la fe, nos salvamos si nos mantenemos perseverante y confiando en la Palabra del Señor. Luego, si no hubiese duda no haría falta la fe. Es lo que ocurrirá cuando estemos en la presencia del Señor. Allí no nos hará falta tener fe, pues ya vemos al Señor. Será, pues, una dicha estar en su presencia y la puerta para llegar a Él es la muerte, lo que deja al descubierto que no es tan trágica como se puede creer. Diría que es el momento más glorioso de nuestra vida si realmente la sufrimos en Gracia de Dios. De otra forma sería la pérdida más grande.

Ahora, esas dudas tienen un gran peligro. Ese peligro está escondido en el recorrido de nuestra vida, ya sea de forma individual o colectiva. Es decir, hacerlo solo o en la comunidad. O sea, remar tu solo o ir remando con otros. Ir en tu barca o ir en la Barca de la Iglesia. Así de claro. Solos estaremos a merced de todos los peligros que el Maligno nos pueda poner. Él está atento a ponernos todas las sancadillas que necesita para hacernos caer y alejarnos del Señor. Recordemos las tentaciones que sufrió Jesús en el desierto. También nosotros, en el recorrido de nuestra vida pasaremos por esos momentos. El deseo de satisfacernos con las cosas de este mundo; la tentación de sentirnos importante, de colmar nuestra vanidad y orgullo y la ambición de sentirnos poderosos y dueños resume el contenido y las diversas formas de ser tentados.

Solos, quedamos a merced del demonio, que hará de nosotros lo que quiera, pero, en la Barca cambia todo. Estamos rodeados de hermanos que nos apoyan, nos fortalecen con sus oraciones y nos defienden alimentando, al compartir, nuestra fe. Tenemos un ejemplo en el Evangelio de hoy con Tomás. Su fe estaba dañada y herida. No creía en Jesús resucitado y exigía ver para creer. Es lo mismo que nos sucede a muchos hoy cuando dicen que no han visto a nadie regresar de la muerte para demostrar la resurrección. Realmente, ¿creemos que la aparición de alguien que haya muerto solucionaría eso? En la parábola del rico epulón -Lc 16,19-31- Jesús nos deja claro que no serviría de mucho.

Sin embargo, Tomás está en la Barca - Iglesia - y, a pesar de sus dudas sigue en ella. Se encuentra, podemos simbolizar que está embarcado a la semana siguiente, y de nuevo Jesús se presenta a sus discípulos, y ve que está Tomas, lo llama y tiene un encuentro con él. Sabemos el resto. Ocurrió que Tomas seguía en la Barca y esa es la diferencia. Es en la Iglesia donde Jesús se te hace presente y donde tienes que buscarlo. Jesús no se presenta sino espera que tú le abras tu corazón. Él está a tu lado, te llama y espera tu respuesta y tus deseos de búsqueda. Y se te manifiesta cuando tu corazón se abre a su llamada. Estar en la Iglesia es muy importante, porque, Jesús se le presenta a sus amigos, a aquellos que le buscan y desean conocerle. La pregunta podría ser, ¿quieres tú conocerle?, pues, búscale en la Iglesia.

sábado, 11 de mayo de 2019

¿TE FÍAS DE JESÚS?

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Vivimos momentos confusos, oscuros y donde ver la luz se hace cada día más difícil. La lucha es intensa cada día y difícil de contrarrestar desde el punto de vista cristiano. Los valores cristianos se derrumban y muchos tratan de derrumbarlos. Sabemos que no es nada nuevo, pues ya pasaba en tiempo de Jesús. El mismo lo dice: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen»

No ha cambiado nada. La sociedad actual, los pueblos de hoy siguen en la misma actitud. Se alejan de Dios, y no sólo eso, sino que tratan de alejar también a los demás de Dios. Quieren desterrar de Europa, y entre ellas, España, de sus raíces cristianas. Se ha perdido la fe porque el diablo está trabajando para eso y distrayéndonos con las seducciones del mundo y la carne. 

La fe no es sino el resultado de fiarse de la Palabra de Dios, de la misma forma que te fías de otros en este mundo, con la única diferencia que Dios no te engaña y el mundo probablemente sí, pues se busca él y no busca tu bien. Porque, fiarse siempre te trae dudas, incertidumbre y muchos interrogantes que tú sólo no puedes discernir o descubrir, y menos entender. Por la misma experiencia pasaron los apóstoles., sin embargo, ellos acertaron en perseverar y fiarse obedientemente de la Palabra del Señor.

Nosotros ahora tenemos el testimonio de los apóstoles y un testimonio de experimentar a Cristo Resucitado. Hay razones solidas para creer. Y también tenemos el testimonio de la Iglesia y su labor de continuar la evangelización y proclamación de la Palabra de Dios. Porque, sí, el Espíritu está por encima de la carne y sin Él la carne no tiene ningún valor. Es el Espíritu quien nos sostiene y nos da la vida, pero Vida Eterna. Y es la Palabra la que nos acerca al Señor y nos sostiene cerca de Él y atentos a su Palabra. Palabra que, como dice Pedro, es la única Palabra de Vida Eterna.

viernes, 14 de diciembre de 2018

DUDAS Y FE

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Mt 11,13-19
A la hora de elegir siempre se nos plantea alguna duda. En muy pocas situaciones lo tenemos claro y es esta la cuestión que nos plantea el Evangelio de hoy. Entre los discípulos de Juan hubo muchas dudas cuando irrumpe Jesús en la vida pública. Juan había anunciado la venida del Mesías, pero, ¿era Jesús el Mesías? Hasta Juan tiene dudas y manda a unos discípulos suyos a preguntarle a Jesús.

Él ya había intuido que Jesús era el Mesías, y, auxiliado por el Espíritu Santo le señala a sus discípulo que Jesús era el Mesías esperado. Sin embargo, ya privado de libertad le vuelven las dudas y trata de cerciorarse enviando a preguntarle a Jesús. Pero, eso que parece lejano también lo tenemos presente hoy en nuestros días. ¿Dudas tú de la identidad de Jesús? ¿Dudamos nosotros de la identidad de Jesús?

Esa respuesta te corresponde a ti y a cada uno de nosotros. Somos libres y seremos cada uno los que tendremos que elegir. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que somos muy propensos a protestar y a dudar. De Juan el Bautista tuvo que dejar claro que él no era el Mesías esperado y cuando aparece Jesús muchos dudan de Él. Por otro lado, Juan tenía fama de asceta, de persona muy rígida y radical, de un hombre de mucha exigencia, y de Jesús se murmuraba que vivía muy bien, que disfrutaba comiendo y bebiendo, que estaba de comilonas con frecuencia.

Y Jesús nos descubre nuestras justificaciones que, para no aceptar aquello que nos presenta en verdad y justicia, sacamos razones dispares para dar crédito a nuestras justificaciones. Nos auto engañamos distorsionando la realidad y ajustándola a nuestros intereses y conveniencias. A Juan se le critica por asceta y a Jesús por disfrutar la vida con naturalidad. Unos por una cosa y otros, por otra. La cuestión es buscar siempre excusa.

¿No nos ocurre hoy lo mismo? Cuando queremos rechazar el mensaje claro de Jesús aducimos razones contra la Iglesia, contra los curas, contra todos los que de alguna manera, como pecadores que son, tienen errores, fallos y pecados. Pensemos un poco en esta realidad en la que vivimos.

domingo, 1 de julio de 2018

EN EL FILO DE LA DUDA

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Mc 5,21-43
En muchos momentos de nuestra vida dudamos. Dudamos incluso de nosotros mismos y de nuestras fuerzas y nos quedamos desorientado y sin rumbo. Incapaces de seguir adelante y de buscarle sentido a nuestra vida. ¿Qué nos ocurre? En estos casos podemos abandonar y quedarnos hundidos en nuestra propia misera como veletas al viento, o reaccionar y ser capaces de levantarnos.

En nuestro camino caeremos muchas veces. Somos débiles y pecadores, y seremos víctimas muchas veces de nuestros propios pecados. Pero, lo importante es que podemos y debemos levantarnos y nunca detenernos. Ejemplos de eso nos vienen dos hoy en el Evangelio. Una, aquella mujer enferma de flujos de sangre, que habiéndolo perdido todo e incluso empeorando creyó que si lograba tocar el manto de Jesús se curaría. Y lo buscó hasta conseguirlo. Su fe tuvo premio. 

El segundo fue aquel jefe de sinagoga que recurrió a Jesús, habiendo oído hablar de Él, para que curara a su hija. E incluso persistió hasta habiendo recibido la noticia de que su hija ya había muerto. Tanto en uno como en otro hay un denominador común, la persistencia, la constancia y, sobre todo, la fe. Creo que es en esa actitud y esperanza con la que hay que mirar y leer este episodio evangélico. ¿Soy yo también constante, persistente y confiado en el poder del Señor? ¿Creo que Jesús puede salvarme, no sólo de algún apuro o muerte terrenal, sino darme la verdadera salvación para la eternidad?

lunes, 3 de julio de 2017

LAS DUDAS NOS ACECHAN CADA DÍA

(Jn 20,24-29)
No habrá un momento de descanso. Cada día es una batalla y un mar de dudas. Cada paso significa, si nos sostenemos en el Señor, perseverar en Él. No importa nuestras dudas ni nuestras caídas. Él lo sabía, y lo sabe, y con todo eso cree en nosotros, nos acompaña, nos asiste en el Espíritu Santo, y nos perdona misericordiosamente. No se puede pedir más amor. Amor Eterno.

Así que no hay disculpa. Dependerá de nosotros vivir cada día en la Gracia del Señor. Él nos abre sus brazos y nos da su fortaleza y poder. Dependerá de nosotros creer y confiarnos en su Palabra. Sí, hay muchas dudas, muchos misterios y muchas razones que no alcanzan a descifrar ni entender en Poder y el Misterio de Dios. Pero, ante todo eso, Dios está presente en nuestra vida, y su Hijo, nuestro Señor, se ha hecho Carne, Hombre como nosotros, y nos ha revelado el Amor y la intención del Padre. ¿Se puede pedir más?

Estamos perdonados y salvados. Jesús, el Hijo de Dios, y nuestro Señor, ha dado su Vida por nosotros. Y en eso no hay duda, pues fue crucificado en la Cruz. Y certificada su muerte. Y enterrado en el sepulcro. Luego, ¿dónde está? Porque no se sabe nada de su cadáver, y sin embargo, se sabe dónde fue enterrado. Decididamente, Jesús ha Resucitado. Fundamento de nuestra fe. Y son muchos los testimonios de los que lo han visto y han oído su voz y presentido su presencia. Y, sobre todo, han experimentado su fortalece, su misericordia, su paz y su amor, que les han llenado de gozo y felicidad.

Tomás puede ser un icono de esperanza y de identificación. Porque, cómo él, también nosotros dudamos, pero también nos rendimos a sus manifestaciones de amor a través de los hermanos, de la obra de la Iglesia y, sobre todo, del impulso de nuestros corazones, que experimentamos gozo y alegría al oír su Palabra y sentir su Misericordia. Como Tomás, decimos: "Señor mío y Dios mío".

jueves, 31 de marzo de 2016

JESÚS INSISTE CON SUS APARICIONES PARA PREPARARLOS

(Lc 24,35-48)

Ya sabían que Jesús había resucitado. Todavía, quizás, no eran muy conscientes. Tenían dudas y, a pesar de contar sus experiencias y encuentros con Jesús, la alegría, emoción y entusiasmo les desconcertaba. Estaban exultantes y no sabían cómo reaccionar. ¿No nos ocurre a nosotros algo parecido?

Nos llegan noticias de Jesús a través de su Palabra. En cada Eucaristía experimentamos encuentros con Jesús, pero unas veces porque estamos distraídos, y otras, confundidos y tentados por el mundo, se nos nubla la vista, permanecemos perplejos y temerosos. Y no reaccionamos a las llamadas del Señor.

Ellos experimentaron ese desconcierto: Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: « ¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: « ¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

¿Cuántas veces experimentamos que Dios nos llama y nos habla y no escuchamos? Quizás aquel día que asistimos por compromiso a aquella catequesis de Bautismo; o aquel otro día que fuimos, por acompañar en aquella misa funeral a un familiar o amigo; o en la primera comunión del niño de la casa o de alguna familia amiga. Sí, son muchas veces que el Espíritu Santo se ha valido de esas u otras invitaciones para hacerse presente en tu vida y quizás tú no les has hecho caso.

¿Y cuántas veces Jesús, por medio de su Iglesia te ha explicado todo lo que está escrito en la Ley de Moisés,  en los Profetas y los Salmos acerca de Él? ¿Y que todo eso se tenía que cumplir, tal y como se ha cumplido? Sin embargo, nosotros seguimos indiferentes o exigiendo pruebas y pruebas que nos hagan comprender lo incomprensible. Tomás, uno de los apóstoles experimentó eso, pero pronto se rindió al toque que el Señor le dio una semana más tarde.

Quizás la pregunta que nos conviene hacernos y meditar es: ¿Estamos nosotros también dejándonos preparar por las señales y signos que el Señor nos está dando?

No pensemos que Tomás tenía más ventaja que nosotros, porque nosotros tenemos la Palabra del Señor y lo tenemos presente cada día en el Sagrario, y le podemos tocar con nuestras manos y corazón en cada Eucaristía. Pongámonos en sus Manos.

jueves, 9 de abril de 2015

Y TODAVÍA HOY SEGUIMOS CON NUESTRAS DUDAS

(Lc 24,35-48)


Les ocurrió a los discípulos, pues después de haber convivido con Jesús tres años y presenciar todas las obras y milagros que hizo, dudaban de su Resurrección. Incluso los de Emaús estaban todavía impresionados hasta el punto que dudaban. Así, hablando de estas cosas y de cómo le habían identificado al bendecir el pan, Jesús les sorprende de nuevo y se les aparece.

Quedaron sobresaltados y asustados creían ver un espíritu. Jesús les invito a tocarlo para que salieran de duda y comprobasen que era de carne y hueso, y no un espíritu. Les pidió que le diesen algo de comer para que salieran de duda, y comió delante de ellos. 

No estamos nosotros lejos de la actitud de los apóstoles. Somos testigos, por la Escritura, de la palabra y testimonio de los apóstoles, que la Iglesia nos transmite y nos proclama, pero nos cuesta como ellos creérnoslo. Estamos desconfiados y pedimos pruebas para convencernos sin darnos cuenta que Jesús está entre y con nosotros. No acudimos a su llamada, ni vamos a visitarle. En una palabra, no nos fiamos ni creemos en la palabra de los apóstoles ni en la de Jesús. 

Necesitamos fiarnos y tener fe. Hay razones, testimonios y testigos. Pero sobre todo está la Palabra de Jesús. Él nos explica que todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, los profetas y los salmos acerca de Él tenía que cumplirse, y se ha cumplido. Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».

Abre también, Señor, nuestras inteligencias, para que podamos entenderte y abandonarnos, depositando nuestra fe y esperanza, en Ti. Porque somos torpes, desconfiados, miedosos y egoístas. Nuestro egoísmo no nos permite comprometernos y seguirte. Porque para seguirte, Señor, necesitamos renunciar a todo lo material e inmaterial que tenemos de apegos, hábitos y satisfacciones egoístas que nos centran en nosotros mismos y nos alejan de Ti.

Alimenta nuestra fe y confianza con el Pan Eucarístico de Tu Cuerpo y fortalecernos con la oración y penitencia que nos prepara para la lucha diaria contra las dificultades que nos salen al paso y nos separan de Ti.

sábado, 10 de mayo de 2014

NUESTRA RAZÓN NO ALCANZA A COMPRENDER

(Jn 6,60-69)
 
Estoy delante de Ti, Señor, y mi fe me dices que ahí, bajo las especies de pan y vino, estás Tú, real y Vivo. Y yo lo creo, y me postro ante Ti. Sin embargo, creo que mi fe no es todo lo grande que a mí me gustaría que fuese. Quisiera creer más, como Pedro que mandó a caminar al paralítico Eneas y resucitó a Tabita( Hechos 9, 31-42). Quisiera tener esa fe que mueve montañas y que Tú nos has dicho.

Pero también me asaltan mis dudas, como le ocurrió a Pedro cuando se hundió en las aguas. Sé que no soy digno de merecerte Señor y mi fe es débil y pobre hasta el punto de perder la esperanza si la paso por mi razón de hombre viejo y duro. No, Señor, quiero confiar en Ti y abandonarme como un niño confiado en tus Manos y esperar tu Misericordia y tu Bondad.

Eres Tú, Señor, quien dispones y repartes de forma sabia y justa, y en Ti pongo mi confianza. A mí me corresponde obedecerte y fiarme de tu Palabra. El mundo no me satisface y su justicia brilla por su ausencia. La alegría que viene del mundo es una alegría efímera que no sacia y deja vacío. Sin embargo, Tú, Señor llenas plenamente y tu alegría y paz inunda mi ser.

No quiero pensar ni tampoco reflexionar tus Palabras. Mi inteligencia no alcanza, como ocurrió con tus discípulos, a comprenderte, y como Pedro, quiero también proclamar: ¿a quién iré Señor? Por que mi corazón me dice que sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna.

sábado, 5 de abril de 2014

¿QUIÉN ERES SEÑOR? ¿DE DÓNDE VIENES?

(Jn 7,40-53)


Todo sigue igual, Dios mío. Ponemos en duda tu Divinidad y tu Palabra, y nos preguntamos quien eres. Ocurre lo de siempre, nos ajustamos a la ley cuando nos interesa y siempre procurando adaptarla a nuestros intereses y comodidades. Tratamos de alejarnos de aquello que significa una exigencia y compromiso.

Ponemos en entredicho tu origen sin apenas conocerte. Sucede que siempre son los que menos te conocen los que hablan de Ti negativamente y poniendo en duda tu Palabra. Los de siempre Señor, los fariseos y los versados en la ley. Los ciegos que viendo no ven.

Y quieren acallar tu boca Señor, y desprestigian tus Palabras. Su ley es dios y la interpretan según les conviene. No les interesa oír tus Palabras y tratan, por todos los medios, quitarte del medio. Te insultan y te llaman embaucador y agitador, y rechazan tu Mensaje. Siempre hay una porción de tierra donde tu Palabra hunde sus buenas raíces. Esa tierra hoy se llama Nicodemo que escondido en Ti, Señor, trata de salvarte y de que tengan la oportunidad de escucharte.

Ilumínanos Señor para verte por la Luz de la Fe y afirmarnos más en tu Palabra y Divinidad.

jueves, 20 de febrero de 2014

EL SEÑOR NOS CUIDA E INTERPELA

(Mc 8,27-33)


Te gusta que te diga que te quiere, diríamos. se me ocurre ahora, la frase de las tres "t": te gusta; te diga; te quiere. Y aunque lo sabes necesitas que de vez en cuando te lo repita o te lo recuerde. Quizás por nuestras debilidades estamos deseosos de que nos den prueba de amor con bastante frecuencia.

Supongo que el Señor, sabiendo todo lo que se decía de Él y todas las murmuraciones que se oían, preguntó a sus discípulos que pensaban ellos acerca de su Persona. Ellos constestan con evasivas porque hablan de lo que se oye y dicen otros. Pero Jesús vuelve y les repite: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo». 

Hoy, Jesús, también nos pregunta a nosotros sobre su Persona, y nos pide una respuesta. Respuesta que pasa por muchas pruebas por las que pasamos y en muchas ocasiones no entendemos o se debilita nuestra fe. Siempre tenemos la duda detrás de la puerta y necesitamos esos toques de amor que el Señor nos da y nos advierte que Él está ahí.

Por eso, Señor, te respondemos con un sí decidido y firme que queremos seguirte y confiamos en Ti. Danos las fuerzas para no desfallecer y aumenta nuestra fe.

sábado, 1 de febrero de 2014

¿POR QUÉ TENGO MIEDO?

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(Mc 4,35-41)


Confieso que tengo fe, pero la vida me descubre que mi fe no es mucha ni tan firme, porque el miedo me supera y me aterroriza. Seguro que si estoy entre aquellos de la barca hubiese dudado del Señor y hasta, quizás, lo hubiese criticado. 

Todavía hoy, después de bastantes años siguiéndole, dudo de su intervención, y hasta de su presencia. Experimento mi pobreza, mis inseguridades, mis miedos, mis dudas, mi pequeñez... Y descubro la necesidad de gratitud, de estarte infinitamente agradecido por descubrirme mi propio yo.

Gracias, Señor, por descubrir mis pecados, mis miserias, mis infidelidades, mis egoísmos, mis apegos, apetencias y comodidades. Gracias por tu Misericordia, por tu perdón, por tu presencia, por tu Luz y por tu Fortaleza, y por tu compañía. Gracias, Señor, por sostenerme, por mantenerme en tu perseverancia, por disipar mis dudas e impulsarme a caminar.

Continua, Señor, aplacando mis tempestades, mis tormentas, mis dudas, mis miedos, mis inseguridades y acrecienta mi fe.