| Jn 11, 19-27 |
Hay momentos en la vida en que nuestra tranquilidad se ve interrumpida por todo aquello que sabe a muerte.
Hay muchas clases de muerte que, apenas sin darnos cuenta, van matando nuestra paz. Estamos llamados a quitar esas piedras que minan nuestra paciencia y saben a muerte.
Hablamos de la hipocresía, de la crítica destructiva, de la ofensa y de la calumnia, que van sembrando muerte en las relaciones. También la enfermedad, que puede aparecer en cualquier momento de nuestra vida, nos enfrenta a nuestra fragilidad.
Son momentos difíciles de vivir y donde la verdadera amistad desempeña un papel decisivo. Necesitas encontrar dónde agarrarte y despejar el camino que se llena de obstáculos que te impiden ver con claridad y esperanza.
Sin dejar de mirarlos, Manuel comprobó que todos asintieron mostrando estar de acuerdo. De repente, alguien alzó la mano y, levantándose, dijo.
—Esa es la realidad, pero hay esperanza. Las piedras que aparecen en nuestro camino no tienen la última palabra…
Y dando un giro con la cabeza, movió los brazos y añadió.
—Conozco a personas que han ido quitando esas piedras de sus corazones; la vida ha vuelto a florecer a su alrededor…
Hizo una breve pausa. Trató de controlar la emoción y añadió.
—Han descubierto el verdadero sentido de la vida y la esperanza de que esta realidad no es el final, sino un camino hacia la felicidad eterna.
Manuel, impresionado por lo que acababa de oír, se levantó y comentó.
—Estoy de acuerdo. Y voy más allá sin temor a equivocarme: Cristo vive, y quien lo acoge y se adhiere a Él entra en contacto con la vida…
Tomó la Biblia entre las manos y la abrió por Jn 11, 19-27, y comentó:
—Este pasaje aborda el encuentro entre Jesús y Marta, marcado por el duelo de la muerte de su hermano Lázaro y una profunda confesión de fe…
Guardó unos segundos de silencio y, mirándolos con ternura, agregó.
—Marta sale al encuentro de Jesús, expresando su dolor con la frase: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”…
Hizo una breve pausa y añadió
—Entonces Jesús proclama: “Yo soy la resurrección y la vida”, subrayando que quien cree en él, aunque muera, vivirá.
El ambiente permanecía en silencio. Se respiraba la certeza de que, tras los avatares que presenta la vida, permanece siempre la esperanza del triunfo de la amistad, la vida y el amor.
