jueves, 16 de julio de 2026

UNA CARGA LLEVADERA EN EL SEÑOR

Mt 11, 28-30

Poco a poco, instante a instante, Constantino se fue cansando. Los años, casi sin notarlo, le iban pesando cada vez más. Todos sus afanes iban perdiendo sentido y casi ya no tenía fuerzas para seguir.

La vida se vuelve pesada si pierde su objetivo. Aquellos primeros ideales — el juego, competir, querer ser el primero, ganar — marcan las primeras etapas de la vida; pero llega un momento en que dejan de bastar.

—Sí —dijo Manuel, mirando a Constantino—.  Cuando la vida no sabe a dónde va, se desorienta y su carga se vuelve más pesada e insoportable.

Constantino agachó la cabeza en señal de aprobación. Ahora cada día le parecía una enorme montaña que subir. En algunos momentos sentía el deseo de rendirse y quedarse al pie de la cima.

Manuel experimentó compasión y, deseando darle ánimo, le dijo.

—No pierda la esperanza. El final de este mundo marca el comienzo del otro en el que seremos eternamente jóvenes y plenamente felices.

Constantino levantó bruscamente la cabeza. Abrió los ojos como lámparas luminosas y, mirándole esperanzado, le preguntó.

—¿Crees lo que dices? ¿Acaso el final de nuestra vida significa el comienzo de la otra, esa que todos deseamos?

Manuel, sin apenas inmutarse y complacido con lo que decía, añadió.

—No importa tanto lo que yo crea; lo importante es creer en la Palabra de Jesús…

Hizo una pausa, abrió la Biblia y leyó:

—En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen…

Al terminar de leerlo, agregó.

—Puede que la realidad no cambie, que los problemas sigan siendo los mismos…

Le miró plácidamente y continuó.

—Pero con el Señor se pueden afrontar de otra manera…

Y cerrando la Biblia, agregó con gran esperanza.

 —Pongamos todos nuestros problemas y cansancios en sus manos.

Sin apenas notarlo, Constantino fue experimentando una sensación de alivio, como si la perspectiva hubiera cambiado y renaciera un rayito de esperanza.