miércoles, 15 de abril de 2026

ENVIADO A SALVARNOS

Jn 3, 16-21

—De alguna manera —decía Manuel— todos padecemos ese heliotropismo, como algunas plantas. Es decir, buscamos la luz del sol para calentarnos. Sin embargo, la naturaleza humana es compleja; en ocasiones optamos por las tinieblas.

Todos escuchaban con atención, pero Florian, frunciendo el ceño, por eso del sol, se atrevió a preguntar:

—A veces sucede que el sol nos molesta y preferimos buscar la sombra. ¿No puede ser esa la razón por la que en ciertas circunstancias preferimos la sombra?

—Sí, puede ser —respondió Manuel—. Juan —el apóstol— afirma que esto ocurre cuando nuestras obras son malas, para no vernos acusados.

Se hizo un silencio. Algunos se miraron entre sí, y con un gesto daban a entender que eso era cierto.

Manuel, viendo el rostro de muchos confundidos, se levantó y añadió:

—Elegir la oscuridad es esconder, no discernir, no compartir, dejar que todo permanezca en secreto…

Hizo una parada, abrió los brazos y, mirándolos cariñosamente, dijo:

—Terminan por replegarse en sí mismos y guardar silencio para terminar en las redes de la muerte.

Y sin embargo, Jesús vino para salvarnos y darnos vida eterna.

En ese momento, levantó la mirada y, juntando las palmas de las manos, exclamó:

—Jesús no es un acto de fe ciega, sino la apuesta más lógica y segura, ya que reordena nuestra vida con la verdad fundamental —heliocentrismo espiritual— poniendo a Dios en el centro de todo y a nosotros en Él.

Ahora las miradas reflejaban un acuerdo pleno.

Sí, Jesús es el centro de nuestras vidas. Solo en Él encontramos la felicidad en plenitud.