lunes, 25 de mayo de 2020

CONSCIENTE DE QUE LA CRUZ ESTÁ SIEMPRE PRESENTE

Siguiendo el Evangelio: ÁNIMO: YO HE VENCIDO AL MUNDO
Jn 16,29-33
No podemos engañarnos ni ignorar que la cruz es algo que llevaremos adherido a nuestra vida y durante todo nuestro camino. Y quienes tratan de ignorarla o evitarla experimentaran que, quieran o no, su vida está sometida a la cruz. Cruz de enfermedad; cruz de tentaciones y debilidades; cruz de soberbia, de ambiciones y egoísmos. Cruz representada por todo aquello que nos impulsa a la ambición de nuestras apetencias y de la búsqueda de nuestra felicidad apoyada en nuestros deseos y satisfacciones materiales.

Por lo tanto, es de buen gusto y de persona inteligente ponerse en Manos del Espíritu Santo para que le oriente y le conduzca por el buen camino hacia la felicidad. Porque, una cosa está clara y a la que no debemos renunciar, la felicidad. ¡Claro!, hemos sido creados para ser felices. No a medio gas ni por un cierto tiempo, sino plenamente y para siempre. Y a esa felicidad sería absurdo renunciar. Ahora, para darnos cuenta de ello necesitamos caminar en la Luz, la verdadera y única Luz que nos puede llevar a ese gozo y felicidad plena y eterna.

Y esa Luz no se encuentra en el mundo. Viene de arriba y ha sido enviada una vez que Jesús ha ascendido al Cielo. Por tanto, la Ascensión del Señor marca el punto del comienzo de la llegada del Espíritu Santo a nuestro corazón para guiarnos por el camino de la salvación. Él nos guiará, nos alumbrará el camino y nos fortalecerá nuestro espíritu para superar los peligros, las cruces y tentaciones que surgirán en nuestras vidas.

Porque, seguir a Jesús no solo no es fácil, sino que nos será imposible hacerlo por nosotros mismos. Necesitamos el auxilio y la compañía del Espíritu Santo. Así lo hizo Jesús y así nos señaló el camino, para que, como Él y en el Espíritu Santo, podamos vencer, sin miedos y con toda garantía, la esclavitud del pecado.