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martes, 5 de enero de 2010

MARÍA CONSERVABA ESTAS COSAS MEDITÁNDOLAS EN SU CORAZÓN (Lc 2, 16-21).


UN AÑO NUEVO

Hemos dejado ya atrás un año más y nos disponemos a comenzar un año nuevo. En estos momentos nace casi espontáneamente en nosotros la reflexión.

Tomamos conciencia más lúcida del tiempo, de esa curiosa realidad que vamos gastando sin tomarla demasiado en cuenta.Son momentos idóneos para realizar un balance del pasado y proyectar también nuestra mirada hacia el porvenir.

Muchas cosas que nos angustiaban y nos parecían casi insuperables ya han pasado. Hoy nos parecen insignificantes y sin importancia. Mirando hacia atrás, los días que fueron duros tienen un aspecto diferente. Ahora nos sentimos más tranquilos y serenos, incluso, ante lo que ahora nos agobia y que también un día pasará.

Al mismo tiempo, sentimos nostalgia. Nada permanece. Con el viejo año se van no sólo las cosas difíciles y duras sino también las hermosas y buenas. Y cuanto más avanza uno en edad tanto mayor es la fuerza con que percibe el paso inexorable del tiempo.

Este año que ha pasado nos deja también sabor agridulce. No hemos sido lo que deseábamos ser. No hemos hecho lo que nos habíamos propuesto. No hemos sido fieles a nosotros mismos. Un año más que se va sin que hayamos crecido en verdad, en generosidad, en amor.

Hoy comenzamos un año nuevo. Dice H. Hesse que «en cada comienzo hay algo maravilloso que nos ayuda a vivir y nos protege».

Qué verdad se encierra en estas palabras cuando uno mira todo comienzo con ojos de fe.

De nuevo se nos ofrece un tiempo lleno de esperanza y de posibilidades intactas. ¡Qué haremos con é1!

Las preguntas que podemos hacernos son muchas. Aumentaremos nuestro nivel de vida y nuestro confort quizás, pero, ¿seguirá empequeñeciéndose nuestro corazón? Tendremos tiempo para trabajar, para poseer, para disfrutar, ¿lo tendremos también para crecer como personas?

Este año será semejante a tantos otros. ¿Aprenderemos a distinguir lo esencial de lo accesorio, lo importante de lo accidental y secundario? Tendremos tiempo para nuestras cosas, nuestros amigos, nuestras relaciones sociales. ¿Tendremos tiempo para ser nosotros mismos? ¿Tendremos tiempo para Dios?

Y sin embargo, ese Dios al que arrinconamos día tras día entre tantas ocupaciones y distracciones es el que sostiene nuestro tiempo y puede infundir a nuestra existencia una vida nueva.

PREGUNTAS DE AÑO NUEVO

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mi algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado sólo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad sólo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren. (Homilía enviada por Manuel Merchán).

miércoles, 27 de mayo de 2009

AYER HIZO UN AÑO DE ESTA ANDADURA.


Se me pasó el día de ayer, pero al abrir los ojos hoy, él mismo me ha recordado que llevamos un año caminando juntos. Y no he resistido la tentación de pararme y mirarlo: "¡has cumplido un año!, me dije, y apenas nos hemos dado cuenta. Pero el tiempo lo delata y el camino de búsqueda, de encuentros, de preguntas, meditaciones, oraciones, y hasta suspiros y gemidos nos descubre y registra ese año vivido juntos.

Naciste de improviso, no fuiste programado, ni siquiera deseado, fuisteis producto de la necesidad de crearte porque no podías ser concebido en otro, ni usurpar el lugar de otro, tenías que ser tú y no había otra forma. Así fuisteis, entonces, pensado y elaborado. Y tu vocación fue dar riendas suelta a nuestra relación, a nuestra cercanía, a nuestra encuentro y luz. Luz que nos alumbrará el peregrinar unidos hacia su Casa, sin titubeos ni pérdida de tiempo. Con paciencia, serenidad, confianza y esperanza, confiados en ÉL, por su Palabra, por su fidelidad, por su compromiso, por su amor.

Nunca me ha fallado. Siempre está y siempre que trato de hablarle me responde, me acompaña, está presto a compartir, a dialogar, a serenarme, a comprenderme, a escucharme, a verme en los que nos visitan y comparten, a aprender dando y recibiendo, a, en una palabra, Amar.

Porque eso es lo que TÚ quieres que hagamos: "Amar y estar unidos". Para eso has bajado y para eso te has dado, y subes de nuevo, no podía ser de otra forma, para recomendarnos y decirle al PADRE que nos cuide, que TÚ has terminado, pero que necesitamos que Alguien siga con nosotros, que nos dirija, que nos asista, que nos alumbre. Y abajó el ESPÍRITU y habita en nosotros, y nos acompaña, nos fortalece, nos serena, nos llena de paz, esperanza y nos dirige hacia TI, para que, al final, TÚ nos introduzca en la Casa de tu PADRE, como al hijo prodigo, como a la oveja perdida, como al buen ladrón.

Y todo ha salido, así, de repente, como guiado, conducido, inspirado. Y te doy las gracias, te felicito, porque me das la vida, el tiempo, la fuerza, los amigos, los comentarios, el ánimo, los afectos, los piropos, la palmadita, la sabiduría, la verdad... también penas, sufrimientos, tristezas... pero todo unido y compartido es más comprendido, llevadero, ligero, suave y hacen el camino menos pesado., hasta el punto que, sin saber cómo, empezamos a sentir, en ese morir, alegría, paz, felicidad de la buena, de la que no caduca, de la que no muere...

Por eso y muchas cosas más, como diría Luis Aguilé, les doy las gracias a todos los que con su ánimo, su compartir y visitas, han hecho de este rincón, su rincón, y han hecho de mí una persona más madura, más humana, más cristiana y más hijo de DIOS.