martes, 17 de febrero de 2026

¡CUIDADO CON LA MALA LEVADURA!

Mc 8, 14-21

La vida se nos escapa casi sin darnos cuenta. Nos parece que va despacio; si hacemos silencio, incluso creemos que se detiene, pero la realidad es que no hay pausa, siempre camina y, casi sin notarlo, avanza rápidamente.

—Hoy, mi vida, me parece que ha sido un abrir y cerrar los ojos —dijo Fernando. No me he dado cuenta de cómo han pasado los años y me preocupa no estar atento a lo verdaderamente importante.

—¿A qué te refieres cuando dices: a lo verdaderamente relevante? —preguntó extrañado Aurelio.

—A que la vida no termina en este mundo —respondió Fernando—, sino que, llegado el final de esta, empieza la verdadera, la que nos preparamos aquí, seamos o no conscientes.

—Es decir —contestó Aurelio—, para ti esta vida no termina aquí, sino que continúa.

—Evidentemente —dijo Fernando—, y por eso debemos, al menos, estar atentos a nuestro vivir y hacer en este mundo.

—No sé a qué te refieres —dijo extrañado Aurelio. ¿Cómo piensas que debemos actuar en este mundo?

Manuel, que escuchaba tranquilamente la conversación entre Fernando y Aurelio, decidió intervenir.

—Con sus permisos, según mi criterio, lo más que debe interesarnos es la Palabra de Dios. Es, digámoslo así, esa buena levadura que nos hace crecer.

Señaló con su dedo el pasaje evangélico de Mc 8,14-21, en su Biblia, y después de leerlo completamente, dijo:

—Nos da y aumenta nuestra fe y nos previene de todos aquellos que nos pueden desviar de lo esencial: Estar atento a la Palabra de Dios es lo que nos interesa.

Todos entendieron el peligro de la levadura de los fariseos, que se nos cuela mezclada con nuestras ansias, fermentando nuestra torpeza y olvidos.

 A veces ni nos enteramos de media misa. Dejamos de pasar esos encuentros que nos dan vida, y Jesús nos susurra al corazón: «Céntrate, búscame, despierta… mira lo que ves, escucha lo que oyes.