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sábado, 8 de febrero de 2025

ENCUENTRO Y COMPASIÓN

Puedes pasar tu vida, y ese es un grave peligro, sin darte cuenta de que has sido creado para vivir eternamente. Recuerdo una película que trata ese tema: “Horizontes perdidos” y de la que he hecho una reflexión en unos de mis blogs. La cuestión de la eternidad es de suma importancia porque cuando descubres que has sido creado para ser eterno, te preocupas por buscar y encontrar al Ser que te ha dado la eternidad.

Ese encuentro se convierte desde ese momento en lo más importante de tu vida. Porque, de él dependerá tu actitud compasiva y la situación de tu eternidad. La cuestión es que, queramos o no, todos seremos eternos. El hecho de que haya infierno lo demuestra con una claridad rotunda, pues eso es para siempre. Y si no fuera para siempre no existiría infierno. Y, por el contrario, habrá también cielo, y eso será gozo y felicidad para siempre.

De ahí que, saber eso es vital para buscar ese encuentro con Jesús, el Señor, que, precisamente, viene a anunciarnos esa Buena Noticia, la de vida eterna en plenitud. Pero, como todas las cosas, tendremos que merecerla – para eso hemos sido creados libres – a pesar de que nuestros méritos y obras, por muy compasivas que sean, nunca podrán alcanzar el precio de esa gloria. Nos la regala el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios. Pero, dependerá, porque así Él lo ha querido, en parte de nuestra elección y disponibilidad a obedecer su Voluntad y a dejarnos guiar por el Espíritu Santo que viene a nosotros desde la hora de nuestro bautismo.

lunes, 3 de febrero de 2025

UN ENCUENTRO CON JESÚS CAMBIA NUESTRA VIDA

La experiencia nos va descubriendo la verdadera realidad de la vida. Sabemos que por muy bien que hagas las cosas, la vida te presentará tempestades, contratiempos y tormentas con las que sólo podrás someterte y esperar. Pero, la pregunta viene enseguida a la mente, ¿en quién esperas?

Porque para el creyente la esperanza está puesta en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que viene precisamente a eso, a liberarte. A liberarte de todo aquello que te somete: tus propios afanes, tus pasiones, tu envidia, tu orgullo, tu soberbia, tu ansías de riquezas, de poder, de ser más fuerte e inteligente que el otro, de tu ensimismado narcisismo que te lleva a hacer de la mentira tu forma de vida, sin saber respetar ni querer, de … Podemos añadir un largo etcétera y siempre encontraríamos un sometimiento más. Quien realmente encuentra a Jesús, disipas sus dudas, y siente que es eso lo que buscaba, lo que esperaba y lo que responde a sus aspiraciones más auténticas.

Precisamente, Jesús nos dice que viene a liberar a los cautivos, y, por mucho que disimulemos, tú y yo lo somos. Por tanto, encontrarnos con Jesús siempre será liberador. Y es de eso concretamente de lo que trata el Evangelio que leemos hoy: (Mc 5,1-20): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni …

Un hombre, sometido por un espíritu inmundo, se encuentra con Jesús, y el resultado es la paz y la serenidad; la cordura y el sentido común; la liberación y el anuncio de esa Buena Noticia que trae Jesús. Porque, sólo la Verdad (Jesús) nos hará libre, Jn 8, 31-42.

sábado, 4 de enero de 2025

UN ENCUENTRO QUE TRANSFORMA

Posiblemente, y deduciendo tras leer este Evangelio, yo no he tenido todavía un encuentro fuerte y real con Jesús. Y digo esto porque, pienso, a no ser que esté equivocado, cosa normal en mí, que mi vida no ha sufrido un cambio radical.

Sin embargo, es posible que ese cambio que yo espero o entiendo, no sea el que me imagino o el que creo debe ser. Quizás, el cambio no se note tanto como yo creo, y sea más sencillo de lo esperado. Un cambio de actitud, apoyado en el amor y la misericordia de Dios, respecto a mi relación con los demás; a mi relación con mi trabajo; a mi relación con mi familia, mi parroquia, mi círculo de amigos …etc.

María, Madre de Dios y Madre nuestra, me puede enseñar mucho. Mirándola, observo que fue muy sencilla; que aparentemente no hizo gran cosa; que apenas se nombra en los Evangelios; que no parece que hizo nada relevante. Simplemente, fue la joven humilde, callada, silenciosa que Dios eligió para que fuese la Madre de su Hijo. Y simplemente ella aceptó poniéndose a disponibilidad de la Voluntad del Señor: «Eh aquí la esclava del Señor, hágase su Voluntad».

Y eso fue lo que hizo en su vida, cumplir la Voluntad del Señor en la cotidianidad de su vida, y realizando su papel de Madre y esposa de José, su marido. Y tal fue su recorrido que, fiel a su papel de Madre, estuvo con su Hijo hasta la cruz.

Quizás para cada uno de nosotros, seguir al Señor, será, como María, ponernos en disposición de hacer la Voluntad del Señor, sin muchas pretensiones sino con la disponibilidad de hacer su Voluntad contando con la asistencia del Espíritu Santo que hemos recibido en la hora de nuestro bautismo.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

UN DIOS ENCONTRADIZO

Esa es la diferencia, nuestro Dios es un Dios que sale a nuestro encuentro. No se queda esperándote, es él el que sale a buscarte. Te ha creado sin tu permiso, pero quiere contar contigo para que tu vida eterna sea plena de gozo y felicidad.  Y, como te ha creado libre, con capacidad de elegir, te busca para proponerte su Plan de felicidad eterna.

Porque, el Señor, tu Dios, quiere que seas feliz y, para eso, te busca. Es más, ha enviado a su Hijo para decírtelo, para enseñarte el Camino, la Verdad y la Vida. Quiere que le escuche y que pongas atención a sus Palabras. De ahí que Jesús, nuestro Señor, el Hijo de Dios Vivo, no se quede en un lugar, sino que recorra los caminos para anunciar esa Buena Notica de salvación eterna.

Su anuncio va dirigido a todos aquellos que sienten necesidad, que sufren  enfermedad, tanto material como espiritual, y a todos los que buscan ser sanados. Porque, solos los que escuchan podrán conocerle y, en Él, salvarse. Ahora, ¿dónde te encuentras tú? Eres de los que se dejan encontrar en el Señor, o de los que huyen de su presencia? ¿Eres de los que abren su corazón a su palabra, o de los que lo cierran y se muestran indiferente a ella?

Serás tú quien decidirás donde te encuentras y que camino tomar. Serás tú quien decidirá provocar un encuentro con el Señor, o evitarlo y huir de la escucha de su Palabra. Simplemente, nuestro Dios es un Dios que nos espera y que, no solo nos aguarda sino que sale en nuestra búsqueda. Sobre todo, preferentemente, a aquellos que van descarriado y por caminos de perdición.

miércoles, 3 de abril de 2024

RECONOCIDO AL PARTIR EL PAN

Nuestro encuentro con el Señor llega a través de la Cruz. Su muerte nos pone en camino y su Resurrección prende fuego a nuestro corazón hasta el punto de despertarnos, abrir nuestros ojos y volver llenos de alegría y esperanza a la comunidad.

En nuestro caso a la parroquia, al grupo, a los amigos que comparten nuestra fe y a todos aquellos que buscan el gozo y la alegría de la vida eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Hay muchos gestos con los que podemos reconocer a Jesús. Aquellos dos discípulos - Lc 24, 13-35 - se encontraron con Jesús a la hora de partir el pan. Ese fue el gesto que les puso en camino y en el encuentro.

 ¿Cuál puede ser el que nos haga a nosotros ponernos en camino?: ¿Quizás aquel amigo?; ¿aquella palabra?; ¿aquella frase?; ¿aquel testimonio?

Es evidente que para que eso se produzca hay que tener el corazón abierto a ser prendido del fuego del amor. Hay que tener la disponibilidad de buscar y encontrarse con Jesús. Hay que estar en espera, en búsqueda, en actitud de encuentro. Hay que tener esperanza de que Jesús es el Hijo de Dios y su Palabra es Eterna.

En esas intenciones y actitudes, el encuentro tendrá lugar. ¿Cuándo? Posiblemente no lo sepamos, pero si tendremos esperanza de que llegará. El Hijo de Dios ha venido expresamente para eso y su Misericordia es Infinita. Basta que tu corazón reconozca su Divinidad, su Infinito Amor Misericordioso y su Palabra de Salvación Eterna para que seas perdonado y, en consecuencia, invitado al Banquete Eterno. Véase el buen ladrón (Lc 23, 39-43).

martes, 26 de marzo de 2024

TARDE O TEMPRANO: ENCUENTRO CON EL SEÑOR - martes santo -

Y ese es el camino, tras nuestra muerte, abandonaremos este mundo para encontrarnos con el Señor. Ese es nuestra destino y el camino que debemos preparar para que nuestro encuentro, que será definitivo con el Señor, sea un encuentro gozoso y pleno de felicidad eterna.

Mientras, nuestra vida tiene la posibilidad del camino por este mundo. Un mundo difícil de sortear en la voluntad de Dios. Mundo, demonio y carne se encargarán de poner todos los obstáculos y tropiezos posibles para impedirnos que llegue ese encuentro con el Señor en situación favorable para nuestra felicidad. Eso significa que estos tres grandes peligros de nuestra alma trataran de perdernos y que no gocemos de la gloria que nuestro Padre Dios, por los méritos de su Hijo, nos regala.

Y Jesús, el Señor, que ha venido a enseñarnos el camino de cruz que nos tocará vivir, nos lo expone con su Vida y su Pasión. Él la entrega libre y voluntariamente en favor de la Verdad y del Amor Misericordioso que le ha mandado su Padre. Vence al mundo, al demonio y carne, y nos revela que su Padre nos ama con misericordia infinita e injertados en el Espíritu Santo, que nos enviará, venceremos nosotros también.

Esta es la historia, nuestra propia historia. Nuestras dudas, nuestros pecados, nuestros enemigos (mundo – demonio – carne) nos aturden, nos confunden, nos hacen dudar, nos dispersan y nos separan. Jesús se queda solo pero su Amor es infinito, nos espera abrazado a la Cruz y nos invita a abrazarla nosotros también. Él sabe que nuestra felicidad, la que todos buscamos, se esconde en el abrazo de esa Cruz.

viernes, 2 de febrero de 2024

A LA ESPERA DEL ENCUENTRO CON EL SEÑOR

También nosotros gozamos de esa espera. Mientras vivimos esperamos ese día donde podamos encontrarnos con el Señor. Es evidente que los años son signos y señales de que el añorado encuentro esté más próximo, pero Dios siempre se salta nuestros limitados y equivocados cálculos.

En la hora de nuestro bautismo vino a nosotros el Espíritu Santo, y en la hora de nuestra muerte nos encontraremos con el mismo Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nuestra vida es una espera en el tiempo hasta que llegue ese momento. Dios, nuestro Padre nos espera al final del recorrido de nuestra vida. Así le ocurrió a Simeón por prescripción divina. El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de ver al Mesía del Señor.

El Evangelio de hoy nos narra la presentación de Jesús en el templo – Lc 2, 22-40 – el cumplimiento de la promesa que el Espíritu Santo había revelado a Simeón y la  presencia de la profetiza Ana que alababa y hablaba del Niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

También a nosotros nos habla de ese Niño nacido en Belén la Iglesia y de su Palabra de cada día en las Eucaristía. Quizás nosotros debemos preguntarnos si realmente aguardamos su venida o pasamos de ella. Porque, no podremos encontrarnos con aquel que no esperamos. El encuentro exige una espera y una actitud de estar preparado y atento, vigilantes y despiertos. De lo contrario podemos ser sorprendidos con la mirada puesta en las cosas de este mundo y no levantada al Señor. Será cuestión de preguntarnos a quién esperamos y como nos preparamos para esa espera. Simeón y Ana esperaron al Señor y lo encontraron. También nosotros nos encontraremos con Él y debemos preparar ese encuentro.

sábado, 30 de diciembre de 2023

QUÍEN BUSCA ENCUENTRA

El refrán lo descubre claramente: «Quién busca encuentra» Y la experiencia lo confirma. Todos hemos experimentado que cuando nos empeñamos en algo terminamos por conseguirlo. Sobre todo si ese algo es algo – valga la redundancia – que está a nuestro alcance. Pues bien, el Reino de Dios está al alcance de todos porque Jesús, el Mesías prometido, ha venido a eso, a enseñarnos el camino para alcanzar el Reino de Dios.

El testimonio y vida de búsqueda que hoy nos pone el Evangelio – sobre la profetiza Ana – nos puede servir de ejemplo para fortalecer nuestro empeño por encontrarnos con el señor. Su vida fue una búsqueda incesante del Señor sirviéndose de todos los medios que tuvo a su alcance. ¿Y nosotros, utilizamos los medios – Sacramentos, oraciones, la Palabra y otros -  que están a nuestro alcance para ayudarnos a encontrarnos con el Señor? ¿Estamos empeñados en discernir, meditar, reflexionar y orar a fin de Señor?

No esperemos que cruzados de brazo y vamos a encontrarnos con el Señor. Ni tampoco que las cosas se nos aclaren tal y como deseamos sin poner todo lo que está a nuestro alcance. El camino de conversión nos exige esfuerzo, riesgo, confianza, fiarnos y creer en el Señor.

Y, sobre todo, estar atentos y expectante a los signos que, a lo largo del año, tanto el que termina como el que viene, se nos han ido regalando a través de los acontecimientos, de las personas o sucesos que han tocado nuestra vida. Estar en esa actitud expectante y en espera nos aviva y despierta nuestro corazón para poder ir aclarando el rostro, el amor y la misericordia de Dios nuestro Padre.

martes, 24 de octubre de 2023

EN LA ESPERA DE ENCONTRARNOS GOZOSAMENTE CON ÉL

La vida, la verdadera vida no tiene otro fundamento ni otra importancia sino la de esperar el encuentro con el Señor. Un encuentro que está programado con y en la hora de nuestra muerte. Ese es el paso, la llave y la puerta que todos hemos de pasar y, por eso, el momento más glorioso e importante de nuestra vida.

Desde esa perspectiva diríamos que la vida es una preparación para la muerte. Una muerte que representa y significa el encuentro con nuestro Creador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es, la vida, un adviento, en el que pronto vamos a entrar, constante y permanente. Es un estado de vigilancia y de tener siempre y en cada momento la alcuza de nuestro aceite preparada y llena para la hora de la llegada del Novio.

¿Qué otra cosa puede importar en nuestra vida? ¿No queremos ser felices eternamente? Pues ese es el camino, un camino alegre y gozoso, a pesar de nuestros despojos y desprendimientos tantos intelectuales como materiales. Disponibles a entregar todo tal y como el Espíritu nos lo vaya revelando y señalando, experimentando que cada instante de entrega y de darnos en bien a los demás es un instante de verdadero gozo y felicidad. Un gozo y felicidad que no se va sino que permanece de manera memorial en nuestros corazones significando que nuestro cielo eterno ya ha empezado aquí.

Esa espera a que llegue y llame – contenida en la hora e instante de nuestra muerte – es el motor que nos sostiene activos, alegres, gozosos y en esperanza para seguir en el camino. Dichosos y alegres somos cuando caminamos y vivimos en esa actitud de espera vigilantes y activos en darnos gratuitamente, en servicio por y para el bien sosteniendo siempre nuestra lámpara encendida. Dichosos y bienaventurados que vivimos en continua alegría y esperanza por encontrarnos cara a cara con el Señor. Dichosos cuando entendemos y aceptamos la cruz de nuestro camino y la ofrecemos en servicio por amor y en espera gozosa de encontrarnos con el Señor. La muerte pasa inadvertida y apenas nos inquieta ni nos importa. Estamos gozosos de vernos con el Señor, de que nos reciba en su Casa y nos llene de gozo y felicidad eterna. Y la muerte es la puerta que nos abre a ese encuentro con Él.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Y NOSOTROS, ¿CONVERTIMOS NUESTRO TEMPLO EN UN LUGAR DE TERTULIA Y ENCUENTRO DE AMIGOS?

 
Muchas veces me he hecho esa pregunta, ¿son nuestros templos hoy lugares de encuentro y tertulias con los amigos? ¿Son nuestros templos lugares para lucir y estrenar nuestro vestuario? ¿Son nuestros templos lugares donde buscamos lucir nuestros cuerpos y modelos a la moda, y dónde comparamos y lucimos nuestra siluetas, tipos y esbeltez?

¿O por el contrario, son nuestros templos el lugar donde acudimos a encontrarnos con el Señor y a dejarnos amar por Él abriéndonos a su Palabra y a su Gracia? Realmente, ¿vamos a buscar fortaleza y alimento espiritual para luego dar testimonio de palabra y vida en nuestros círculos y entorno social? ¿Y tratamos de, injertados en el Señor, de imitarle y testimoniar su Palabra con nuestra vida y obras?

Estas y otras muchas preguntas deberían cuestionar nuestra vida cristiana cada instante y cada día que nos acercamos a la Eucaristía. Porque, de no hacerlo podemos, quizás sin darnos cuenta, convertir nuestros templos en lugares de reunión, de encuentro y de pasar un buen rato con otras personas en un clima agradable y de intercambio. Al parecer algo así paso en tiempos de Jesús y, como nos dice el Evangelio de hoy martes – Juan 2, 13-22 – expulsó a aquellos que habían convertido la Casa de su Padre en un lugar de mercaderes, intercambio y negocio.

Tomemos conciencia que el Templo es el lugar donde permanece Jesús Sacramentado, bajo las especies de pan y vino. Es el lugar donde vamos a encontrarnos y a dejarnos encontrar con nuestro Señor. Es el lugar donde acudimos a dialogar y reconocer nuestros pecados y debilidades. Y, por supuesto, a pedirle su Misericordia Infinita para, limpios de pecados, seguir nuestra andadura por este mundo esforzándonos en imitarle auxiliados por su Gracia.

sábado, 22 de octubre de 2022

EN Y A LA HORA DE TU ENCUENTRO

Lc 13, 1-9

¡Puedes pensar lo que quieras y como quieras! ¡Puedes reírte, gozar según creas y te satisface, y hacer lo que te venga en ganas! Pero, quieras o no llegará la hora de tu encuentro y, en ese momento, te verás la cara con el Señor.

¿Qué cual es la hora de tu encuentro? Lo sabes muy bien, la hora de tu muerte. Y si hay algo cierto en este mundo es que a todos nos llegará esa hora. Y esa hora será el momento más importante de tu vida. ¡Y lo es porque en ella se dirime tu futuro eterno, a la derecha o a la izquierda del Señor! Y si no sabes que significa estar a la derecha o a la izquierda del Señor, léelo en este pasaje del Evangelio – Mateo, 25, 31-46 – y verás a que me refiero.

Te repito, podrás creerlo o no, pero la hora llegará. Mientras, la higuera – que puedes ser tú o yo – dará o no frutos. Y dependerá de eso que sea o no cortada. Nuestra vida dependerá de esos frutos que demos. Frutos de amor, porque, al final, todo se reduce a amarnos tal y como el Señor nos ha amado. De eso va a tratar nuestro encuentro, y todos los que creemos en el Señor Jesús, que nos ha revelado el Amor Misericordioso del Padre, estamos obligado voluntariamente y, también por amor, a anunciarlo a los que no lo saben o están despistados.

Serás tú, libremente, quien luego decida que camino vas a tomar. El del esfuerzo de dar frutos, o el de dejar que la vida se seque y quede estéril. Mientras, hasta que llegue tu hora, la Misericordia de nuestro Padre Dios nos espera y nos abre sus brazos.

miércoles, 3 de agosto de 2022

EL AMOR MUEVE LA FE

Mt 15,21-28

Todos tenemos experiencia del amor de las madres, y también de los padres. Son amores que matan, solemos decir. Una madre es capaz de hacer locuras por sus hijos hasta el extremo de dar su vida. Pero ¿nos hemos preguntado que es lo que las mueve hasta ese extremo? Posiblemente, todos convergeremos en que la causa de ese impulso y fortaleza es el amor. En pocas palabras, el amor mueve e impulsa la fe.

Aquella mujer cananea salió al encuentro de Jesús gritando y suplicándole que curara a su hija. Esa decidida fortaleza se apoyaba en esa confianza de que Jesús podía curarla. Ante la indiferencia de Jesús a sus súplicas y a sus palabras de rechazo, aquella mujer se atrevió a responderle:

«No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: «¡Señor, socórreme!». Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». «Sí, Señor -repuso ella-, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». 

Es evidente que su fe e insistencia tuvo el premio de la admiración y curación por parte de Jesús.

 

—Cuando deseas algo efusivamente tratas de buscarlo y, en consecuencia te mueves —comentó Manuel.

—Es cierto —respondió Pedro. La fe es causa del amor. Cuando amas buscas e insiste.

—Así es —afirmó Manuel. Aquella mujer cananea creía hasta el punto de que puso todo lo de su parte hasta convencer a Jesús de su fe. Y, el Señor, no se resiste a darnos lo que pedimos, sobre todo si lo pedimos con fe. Una fe que nace como don de Dios.

 

Y esa es la pregunta que nos hacemos nosotros hoy. ¿Hasta que punto nuestra fe esta dispuesta a darse y a ponernos en búsqueda del Señor?

martes, 2 de agosto de 2022

ENCUENTRO LIBERADOR

Posiblemente, a lo largo de tu vida no te hayas percatado, ¡y menos descubierto!, que lo único y verdaderamente importante es el encuentro con Jesús. ¿Por qué?, puedes preguntarte. Pues, porque el encuentro con Jesús responde a todas tus inquietudes, deseos y anhelos en este mundo y, sobre todo y lo más importante, al otro mundo. Al mundo en plenitud de gozo y alegría eterna.

Porque, todos aspiramos, aunque no lo percibamos, al gozo y plenitud de un mundo eterno en la otra vida. Sabemos que aquí tenemos los días contados, pero, eso no nos dice que el mundo y nuestra vida se acabe con la muerte en este mundo. Intuimos que hay otra vida a la que aspiramos y anhelamos gozar, y esa Vida nos la da el encuentro con Jesús. Un encuentro que provoca Él primero y que busca que ser produzca, pero que necesita nuestra colaboración. ¡Dejémonos seducir por el Señor!

Perderemos inútilmente nuestra vida si no nos dejamos encontrar por el Señor. Será una vida desperdiciada y perdida, a pesar de que esté rodeada de riqueza, fama, y éxito. Porque, lo que verdaderamente importa no es está vida y este mundo, sino la que empieza después, la Vida Eterna. Será, pues, de vital importancia presentarnos ante el Señor con las manos llenas de amor y misericordia. Amor y misericordia gastados en nuestras relaciones con los demás. Sobre todo con los pobres, los inocentes, los marginados y necesitados de ayuda.

No cabe ninguna duda que la fe, de la que nos dice hoy Jesús en el Evangelio, es poca. Necesita crecer y fortalecerse y eso, ya que nosotros no podemos, necesitamos y debemos pedírsela y hacerlo con insistencia en perseverante oración. Él nos enseña a tener espacios de oración con nuestro Padre, tal y como leemos hoy en el Evangelio.


—La fe —argumentó Manuel— es un don que solo puede darnos nuestro Padre Dios. Es evidente que tenemos que buscarla y, sobre todo, pedirla. Ello nos exigirá buscarle y tener un encuentro con Él.

—Y no desistir —afirmó Pedro. La paciencia e insistencia son pruebas de que la fe está ya en nosotros.

—Indudablemente —dijo Manuel. Quien insiste es prueba de que cree y confía que será escuchado y atendido.

 

Ambos amigos decidieron que seguirán insistiendo sin desfallecer. Si el Amor de Dios es Infinito y Misericordioso, Dios, nuestro Padre, nos dará esa fe que necesitamos para creer y seguirle.

miércoles, 5 de enero de 2022

LA FE MUEVE A LA BÚSQUEDA Y PROPICIA EL ENCUENTRO

 

Es evidente que cuando se tiene fe en algo se activa el deseo de alcanzarlo. Es indudable que la fe te mueve y propicia la búsqueda y el encuentro. Y, sobre todo, cuando eso que se busca es bueno, conviene y nos hace felices, esa búsqueda no se queda en nosotros, sino que se mueve hacia el exterior, con y en el deseo de darlo a conocer. Porque, lo bueno se quiere siempre dar para que otros también lo disfruten.

La experiencia del encuentro con Jesús nos mueve a comunicársela a otros. Nos ha dejado tan sorprendidos, tan felices y gozosos que queremos decírselo a los que no le conocen o no han tenido esa experiencia de encuentro con Él.

Felipe, en el caso que nos ocupa lo hace con su amigo Natanael. Le habla de su encuentro con Jesús y le invita a conocerle. Y, realizado el encuentro, tal como nos revela el Evangelio, Natanael, a lo que le dice Jesús «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» responde:

¿De qué me conoces?

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Ahora, nos conviene pensar, ¿cuál es nuestra propia experiencia con Jesús? ¿Le conocemos? ¿Hemos tratado de buscarle y tener un encuentro, una conversación, diálogo con Él? ¿No crees que, como ocurrió con Natanael, Jesús nos conoce?

Nuestro destino es el Cielo. A eso y para eso hemos sido creados. Nunca para pasarlo mal, y menos eternamente, sino para vivir en gozo y plenitud de felicidad eternamente. Esa es nuestra meta y la que todos sentimos en lo más profundo de nuestros corazones. Y de no conseguirla seremos infelices. Y lo peor es que perdamos el tiempo y sea para siempre.

Los que tenemos unos años sabemos – por nuestra propia experiencia – que en este mundo no se encuentra esa felicidad que buscamos. Por lo tanto, si la sentimos y deseamos es porque existe. Y Jesús nos descubre y revela ese tesoro donde se encuentra eso que tanto buscamos. Está en su Palabra y en su Infinita Misericordia. Él es ese gozo pleno y eterno que tanto buscamos.

martes, 21 de diciembre de 2021

¿Y NOSOTROS, EXPERIMENTAMOS GOZO AL CELEBRAR EL ACONTECIMIENTO DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR?

 

Esa es la clave y la cuestión, ¿realmente somos consciente de lo que celebramos estos días? ¿Nos damos cuenta de que celebramos y renovamos la venida del Niño Dios a nuestras vidas, y que con ella nace la esperanza y el gozo de la vida eterna en nosotros? Porque, puede suceder que la Navidad se convierta en otro tipo de fiesta donde el Misterio del nacimiento del Dios encarnado en naturaleza humana – Dios hecho hombre – pase desapercibido y casi por debajo de la mesa. Donde l principal sean los turrones, las fiestas y comilonas, los regalos, el ambiente de luces y animación festiva.

Supongo que María, aquella joven, sencilla y humilde, se apresuró – llena de gozo y alegría – a visitar a su prima Isabel. Y, de la misma forma, al ser oído su saludo por su prima, la criatura que – a pesar de ser estéril estaba ya de seis meses – saltó de gozo en su vientre. El encuentro estaba lleno de esperanza, de alegría y gozo. Pensemos, ¿es eso lo que celebramos?

Porque, lo que ocurrió – ya ahora lo conmemoramos y celebramos – es que Dios, encarnado en el vientre de María, tomó naturaleza humana y habitó entre nosotros. Es, precisamente eso, lo que tratamos de celebrar, revivir y vivir, porque, Jesús, sigue Vivo entre nosotros y, a cada momento, a cada instante y en todo momento está dispuesto – si le dejamos – a nacer entre nosotros. Y, de una manera muy particular y notoria. Dentro de tu corazón. También en el mío. Por eso me alegro e invito a todos a dejarle un hueco a Jesús en nuestro corazón para que también nazca entre nosotros.

Es entonces cuando todas las luces, los turrones, las comidas, lo festivo, cantos y villancico tienen sentido. Y, desde el fondo de nuestros corazones sale el grito irremediable de:

FELIZ NAVIDAD

martes, 16 de noviembre de 2021

ENCUENTRO CON ZAQUEO

 

No puedo imaginarme ese encuentro de Jesús con Zaqueo. Algo prodigioso tiene que ser para que una persona, en este caso Zaqueo, haya cambiado de esa forma. Estar con Jesús debe ser algo impensable y extraordinario. Sus Palabras deben ser tan profundas y cargadas de amor hasta el punto de cambiar nuestro corazón. Realmente, las palabras de Zaqueo lo explican todo. Encontrarse con Jesús debe ser lo más grande que nos puede suceder y a lo que debemos aspirar. 

Porque, es Jesús quien quiere encontrarse con nosotros. Nos busca y ha vendido a este mundo para provocar un encuentro con cada uno de nosotros. Ahora, nos ha  dado la libertad de elegir o de desearlo. No nos atosiga ni nos impone encontrarnos con Él. Nos deja liberad de elección y espera pacientemente a que nos decidamos. Ahora, la pregunta que nos hacemos es: ¿Quieres encontrarte con Jesús?

Esa fue la respuesta de Zaqueo. Quería conocer a Jesús. Por supuesto, había oído algo de Él y sentía curiosidad por conocerlo. Salió a su encuentro y buscó la manera de verlo claramente. Se puso en su camino y, al ser llamado, respondió abriéndole su casa - su corazón - y escuchando su Palabra. Le acogió y dejó que su Palabra se hundiera en su tierra buena y echara raíces. La consecuencia fue que dió frutos. 

También tú y yo tendremos que mirarnos interiormente y descubrir si realmente queremos encontrarnos con Jesús. Porque, Jesús no nos va a exigir ni a violentar ese encuentro con Él. Eso sí, te busca y te llama y te abre sus brazos y su Corazón. Ahora, necesita de ti, como hizo Zaqueo, que salgas a su encuentro y te pongas en su camino. Lo ha dejado en tus manos.

martes, 7 de septiembre de 2021

LA ORACIÓN, ENCUENTRO CON DIOS

 

Sabemos que a Dios nadie le ha visto, sin embargo, si sabemos que, a través de la oración, podemos hablar con Dios. Jesús nos ha enseñado esa hermosa oración del Padrenuestro para hablar con Dios. Pero, también podemos relacionarnos con Él dialogando y contándole nuestros problemas, preocupaciones, inquietudes, debilidades y pecados. Es nuestro Padre y, en y por la oración, podemos intimar y pedirle todas nuestras necesidades. 

Jesús nos enseña esa necesidad de relacionarnos con el Padre. Él lo hace y, precisamente, el Evangelio de hoy empieza de esta manera: (Lc 6,12-19): En aquellos días, Jesús se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce...

Y nos enseña también a pedirle al Señor luz para saber optar acertadamente en los momentos difíciles en los que tenemos que tomar decisiones importantes en el camino de nuestra vida. Él lo hace hoy pasando largo tiempo en diálogo directo con su Padre antes de elegir a los doce apóstoles. Y esa debe ser una de las lecciones importantes que podemos sacar hoy en conclusión de este pasaje de la Vida de Jesús, nuestro Señor.

El encuentro con Jesús se nota en nuestra vida, porque, un encuentro con Él, si llega a nuestro corazón, cambia el rumbo de nuestra vida y nos relaciona con los demás. Los síntomas claro del encuentro se reflejan en nuestra preocupación por los demás. En una palabra, enciende nuestros corazones de verdadero amor. Esa puede ser la señal indicadora de que realmente estamos encontrándonos con nuestro Padre Dios.

martes, 6 de abril de 2021

ENCUENTRO CON EL SEÑOR

Jn 20,11-18

En repetidas ocasiones, ¡iluso de mí! he pensado, sobre todo en las horas de la noche, antes de acostarme, que el Señor, repentinamente, se me aparece. Supongo que son productos de mi imaginación influida por películas y lecturas. Pienso, también, que me asustaría y que no sabría exactamente que decir ni que pensar. Ni siquiera si realmente es el Señor. Imagino que si me llama por mi nombre pensaría que es el Señor. ¡Ilusiones e ilusiones que son más de cierta inmadurez que madurez!

Es cierto, y así lo creo, que en la medida que compartes tu fe y anuncias al Señor a través de tu vida y tu palabra desde tu forma de estar y actuar en tus ambientes tanto familiar como laboral y social, tu fe se fortalece y aumenta. Y no digamos si participas en la parroquia en labores pastorales. La fe es un proceso lento que necesita sembrarse para crecer y aumentar. Es, fundamentalmente, un don de Dios, pero, un don que necesita de tu colaboración y esfuerzo.

No en vano se te ha dado la libertad con el fin de que tú decidas. Síntoma de que Jesús Vive es que, tanto tú, como yo lo buscamos. Todos, de alguna manera, lo buscan aunque muchos sean inconscientes o no se den cuenta de que lo hacen. Y, más cierto todavía que a un muerto no se busca. En todo caso, se recuerda. Eso significa que buscar un encuentro con Jesús es buscar a Alguien que Vive, pues, solo se busca al que Vive.

Y esa es la pregunta que nos podemos hacer de hoy martes. Realmente, ¿buscamos al Señor? ¿Queremos estar y quedarnos con el Señor? ¿Le abrimos nuestro corazón para que se quede en nuestro interior como centro y motor de nuestra vida? Como puedes ver, de ti dependerá que tu encuentro con Jesús de Nazaret sea una realidad, porque, Él ha Resucitado.

domingo, 17 de enero de 2021

DIOS HA QUERIDO CONTAR CONTIGO

 

El Plan de salvación que Dios ha pensado necesita de tu colaboración. Así lo ha diseñado y querido, cuenta contigo y, porque, así lo ha deseado Dios necesita de tu colaboración y participación. Por eso, Jesús, el Hijo Predilecto, el enviado, busca y llama formando el grupo de los doce para iniciar la misión evangelizadora.

El Evangelio de San Juan nos habla hoy de esos primeros pasos de la formación del grupo de los doce - colegio apostólico - y nos cuenta como se acercaron Andrés y, posiblemente el propio Juan, a Jesús, conviene recordarlo: En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: « ¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día.

Es notorio que pasaron un día con Jesús. Un buen espacio de tiempo donde se puede escuchar y conocer mejor al Mesías. Porque, tal y como hemos leído en el Evangelio, ellos seguían al Cordero de Dios que Juan el bautista le había señalado. También, se hace necesario que tú y yo pasemos un día con Jesús para conocerle mejor y, seguro, que vendrán más días como resultado de ese encuentro. Pero, es necesario escucharle con tranquilidad, con atención y verdaderos deseos de encontrar la verdad. Porque, Él es la Verdad, el Camino y la Vida.

Y el resultado fue la explosión gozosa del corazón. Unos corazones que, no pudiendo contenerse, se derramaron en una manifestación jubilosa de esa Buena Noticia que habían recibido y que transmitían a todos los que como ellos esperaban. Porque, una cosa es notable y necesaria, estar expectante, ansioso y deseosos de buscar, de indagar, de caminar en pos de esa Buena Noticia que salva y llena de felicidad.

jueves, 2 de enero de 2020

SEÑOR, MUESTRAME TU CAMINO

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Jn 1,19-28
En la vida hay muchos caminos, pero sólo uno será el correcto. La vida se acaba y esa es la realidad que podemos comprobar cada día. Hace un momento he conocido la muerte inesperada de un amigo que al menos, no conocía que estuviese enfermo y al que veía con relativamente de vez en cuando y que aparentaba estar bien. La muerte de este mundo llega sin avisar y, entonces, todo lo que hayamos vivido y acumulado aquí pierde todo su valor. Sólo quedará y será valioso el amor que hayas dado a los demás en el nombre y por el nombre del Señor.

Y, ¿por qué digo esto? Porque, todo lo que hagas en tu propio nombre buscará tu propia vanidad y tu propia estima. Sólo en el Nombre de Dios y por Él renuncias a ti mismo y te escondes en el Señor Jesús, que ha pagado con su Vida tu rescate para devolverte la dignidad de hijo de Dios. Lo dice Pablo en su carta a los Gálatas - 4, 4-7 - y en realidad sucede así. 

Somos hijos de Dios por nuestro bautismo. Un bautismo no de agua, como nos dice Juan en el Evangelio de hoy: Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». 
Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo...

Esto sucedía en Betania, para que haya señales y testigos de lo que estaba pasando. Se necesita agudizar el ingenio y aclarar la vista para darnos cuenta de lo que está sucediendo ahora también. El Señor Jesús ha Resucitado y está entre nosotros. Igual que Juan sabía quien era y para lo que estaba, tú y yo debemos también saber cual es nuestro papel en este mundo. Y no tenemos todo el tiempo que queramos. Igual que ese amigo al que aludía al principio de esta reflexión, tú y yo estamos también al filo de la navaja. Nuestra tiempo puede acabar en cualquier momento y hay que adivinar, ser zahorí para encontrar la verdadera agua que salta hasta la Vida Eterna y, sobre todo, quien nos la puede dar. 

Las señales están ahí y sólo con la Gracia del Espíritu de Dios las podemos ver. Necesitamos un encuentro personal con Ese que nos puede dar a beber esa agua que nos sacia plenamente y nos quita para siempre la sed. Esa agua que salta hasta la Vida Eterna.