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jueves, 27 de agosto de 2026

VIGILANCIA Y PREPARACIÓN

Mt 24, 42-51

Todos buscamos seguridad: física, familiar, laboral, social, de ocio, de vida, etc. Y para eso, y por eso, nacen los seguros de todo tipo.

Podríamos atrevernos a decir que en nuestra vida le damos gran importancia a la búsqueda de un buen seguro. Pero la dificultad está en lo inesperado de la tempestad, el accidente o la sorpresa.

Conviene, a pesar de nuestras seguridades, estar vigilantes y preparados. Y eso nos exigirá estar activos en cumplir con nuestras obligaciones de la mejor manera posible.

—Pero —argumentó Pedro—, ¿cómo es posible permanecer seguros si en cualquier momento podemos ser sorprendidos?

Manuel le miró con ternura y respondió:

—De eso se trata, de que nos sorprenda cumpliendo con nuestras obligaciones.

—Pero, ¿de qué obligaciones hablas? —comentó Pedro frunciendo el ceño.

Manuel, abriendo la Biblia por Mt 24, 42-51, dijo:

—Se trata de que no sabemos que día vendrá el Señor.

Entonces, lentamente y alzando la voz, leyó:

—En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

Hizo una pausa, observó la atención que le prestaban y continuó:

—Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. ¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga dar a la servidumbre la comida a su hora?

Guardó un breve silencio y siguió:

—Bienaventurado ese criado, si el señor, al llegar, lo encuentra portándose así. En verdad os digo que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos. El día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

El ambiente se quedó sin voz. Nadie se atrevía a comentar. Manuel, consciente de lo que podían estar pensando, agregó:

—La parábola del ladrón nos habla de vigilancia y preparación, pero no para vivir angustiados por ser sorprendidos.

Los miró con complacencia y añadió:

—No se trata de evitar que nos pillen, sino de esforzarnos en vivir de tal manera que no tengamos nada que temer. Se trata de procurar no situarse entre los hipócritas, sino entre los fieles.

Las caras se habían relajado. Todo consistía en tener buena intención y actuar en verdad.

Si el ladrón representa la venida del Señor, vendrá sin avisar, por sorpresa… para hacerse con el tesoro que somos nosotros, y para descubrir cómo abre un agujero para entrar en nuestro corazón.

Hay que estar atentos, centrarse en lo valioso y reconocer su presencia en los momentos y lugares más inesperados. Sentiremos alegría por la posibilidad de encuentro y comunicación.

Entonces, puso la mirada fija en todos y con firmeza dijo:

—No sabemos cuándo vendrá el Señor; pero sí sabemos cómo quiere encontrarnos: fieles, despiertos, sirviendo y viviendo según su Palabra.

martes, 24 de octubre de 2023

EN LA ESPERA DE ENCONTRARNOS GOZOSAMENTE CON ÉL

La vida, la verdadera vida no tiene otro fundamento ni otra importancia sino la de esperar el encuentro con el Señor. Un encuentro que está programado con y en la hora de nuestra muerte. Ese es el paso, la llave y la puerta que todos hemos de pasar y, por eso, el momento más glorioso e importante de nuestra vida.

Desde esa perspectiva diríamos que la vida es una preparación para la muerte. Una muerte que representa y significa el encuentro con nuestro Creador, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es, la vida, un adviento, en el que pronto vamos a entrar, constante y permanente. Es un estado de vigilancia y de tener siempre y en cada momento la alcuza de nuestro aceite preparada y llena para la hora de la llegada del Novio.

¿Qué otra cosa puede importar en nuestra vida? ¿No queremos ser felices eternamente? Pues ese es el camino, un camino alegre y gozoso, a pesar de nuestros despojos y desprendimientos tantos intelectuales como materiales. Disponibles a entregar todo tal y como el Espíritu nos lo vaya revelando y señalando, experimentando que cada instante de entrega y de darnos en bien a los demás es un instante de verdadero gozo y felicidad. Un gozo y felicidad que no se va sino que permanece de manera memorial en nuestros corazones significando que nuestro cielo eterno ya ha empezado aquí.

Esa espera a que llegue y llame – contenida en la hora e instante de nuestra muerte – es el motor que nos sostiene activos, alegres, gozosos y en esperanza para seguir en el camino. Dichosos y alegres somos cuando caminamos y vivimos en esa actitud de espera vigilantes y activos en darnos gratuitamente, en servicio por y para el bien sosteniendo siempre nuestra lámpara encendida. Dichosos y bienaventurados que vivimos en continua alegría y esperanza por encontrarnos cara a cara con el Señor. Dichosos cuando entendemos y aceptamos la cruz de nuestro camino y la ofrecemos en servicio por amor y en espera gozosa de encontrarnos con el Señor. La muerte pasa inadvertida y apenas nos inquieta ni nos importa. Estamos gozosos de vernos con el Señor, de que nos reciba en su Casa y nos llene de gozo y felicidad eterna. Y la muerte es la puerta que nos abre a ese encuentro con Él.