jueves, 22 de octubre de 2026

UN FUEGO QUE MOTIVA Y COMPROMETE

Lc 12, 49-53

Teodoro estaba cansado. Su rostro reflejaba fatiga y cierta melancolía.

Manuel no pudo evitar preguntarle, con preocupación:

Teo tomó asiento y, con voz apagada, respondió:

Manuel, preocupado por sus palabras, le puso una mano en el hombro y le dijo:

Sacó la Biblia de su bolso, la abrió por Lc 12, 49-53 y leyó:

Tras la lectura, se hizo un breve silencio. Teo levantó lentamente la cabeza. La terraza había quedado en silencio y todos parecían reflexionar sobre aquellas palabras.

Manuel tomó de nuevo la palabra:

—Las palabras de Jesús pueden parecernos duras. Él no busca la división por la división, sino que nos llama a tomar partido por la verdad, la justicia y el amor, aunque hacerlo nos cueste incomprensiones o conflictos. Seguirlo no siempre resulta fácil. Por eso necesitamos la fuerza del Espíritu y una fe capaz de sostenernos en las dificultades.

Hizo una pausa y continuó:

Todos comprendieron entonces que el fuego del que habla Jesús es una llamada a dejar que su amor encienda nuestro corazón, nos motive, nos impulse y nos lleve a comprometernos con una causa que merece la pena: seguir a Jesús y trabajar por un mundo mejor.

La fidelidad al Evangelio puede alterar una paz aparente y provocar incomprensiones, incluso en la familia. Pero Jesús no nos invita a buscar enfrentamientos, sino a construir una paz cimentada en la verdad, la justicia y el respeto a los demás.

Jesús expresa también su deseo de que la tierra arda. Es el fuego de un amor que transforma, que no destruye, sino que reconstruye a las personas, renueva los corazones y hace posible el nacimiento de un mundo nuevo.

Teo levantó la mirada. Sus dificultades no habían desaparecido, pero aquellas palabras le recordaban que no estaba solo y que aún había razones para seguir adelante. El fuego de Jesús podía devolverle la fuerza y la esperanza para continuar la lucha de cada día.

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