miércoles, 28 de octubre de 2026

UNIDOS EN EL CAMINO

Lc 6, 12-19

La vida nos exige parar, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Necesitamos detenernos para mirarnos tal como somos, reconocer lo que hacemos bien y descubrir aquello que necesitamos corregir.

Crecer y mejorar requiere una reflexión serena, sin prisas ni interrupciones. El camino se hace al andar, dice el poeta, pero también necesitamos detenernos de vez en cuando para mirar nuestro interior y orientar nuestros pasos.

Algo de esto les sucedió a aquellos discípulos elegidos por Jesús. Sin dejar de ser discípulos, fueron llamados a dar un paso más: convertirse en apóstoles, enviados a compartir con otros lo que habían recibido del Señor.

Caminar juntos ayuda a crecer, a mirarnos unos a otros y a comprometernos en la búsqueda del bien común. Pero no basta con caminar juntos. Es el Señor quien los hace bajar al llano de la vida cotidiana y los impulsa a ponerse en medio de los anhelos, los deseos y los sufrimientos de la gente, para compartir con todos la fuerza sanadora que viene de él.

Ayer, como hoy, el mundo necesita esta fuerza que sana, alienta y devuelve la esperanza.

En una realidad herida por tantas injusticias y sufrimientos, hacer memoria de los apóstoles puede ayudarnos a renovar nuestra vida en Dios y a descubrir de nuevo nuestra misión: compartir la fuerza sanadora del Evangelio y hacer presente, con nuestra vida, la Buena Noticia de Jesús.