miércoles, 28 de marzo de 2012

¿ME CONSIDERO UN HOMBRE LIBRE?

Jn 8, 31-42 “En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos

Pensamos que solo aquellos que viven encarcelados están privados de libertad, pero cuando hacemos una reflexión profunda descubrimos que ser libres es otra cosa. No tanto en cuanto poder ir de aquí para allá, cuanto ser capaz de hacer siempre el bien por encima de mis apetencias y egoísmos.

Realmente, sólo en Jesús soy capaz de ser totalmente libre, porque en Él está la verdad, y sólo la verdad será capaz de hacerme libre. Libre para poder así liberar a otros. Porque en la medida que no soy capaz de valorar a otros por lo que son sino por lo que producen, mi libertad empieza a ser esclava, sometida y encarcelada.

Porque mientras no empiece a compartir humildemente lo que tengo y lo que soy con otros, mi libertad está sometida y encadenada.

Porque mientras no sea capaz de sentirme identificado con aquellos que sufren y lloran, no estaré siendo libre aunque me mueva de aquí para allá, o haga lo que me venga en gana.

Porque mientras trate de mejorar y preocuparme solo por mí, sin tener en cuenta a los demás, mi libertad no es plena ni verdadera. Está sometida por mis propios intereses y egoísmos. Y no seré libre para liberar, porque mi vida refleja esclavitud y sometimiento.

Porque mientras no sea capaz de oír y escuchar a aquellos que no cuentan para nada ni para nadie, y los trate por iguales, no estoy actuando libremente, y menos soy libre.

Porque mientras no sea capaz de ponerme en el lugar del otro y escucharle de corazón, no soy libre, porque antepongo mis egoísmos e intereses personales.

Porque mientras no sea capaz de luchar, codo con codo, por un mundo mejor y en paz, sin miedo a las consecuencias que de ello se derivan, mi libertad está mediatizada y sometida por los miedos.

Mientras no sea capaz de vivir en el esfuerzo de estas actitudes, no estoy tratando de liberarme. Y, entonces tomo conciencia que necesito la fuerza del Espíritu Santo, por la Gracia de Dios, para poder vencer en esa batalla permanente y diaria de caminar contra corriente en la Verdad. Amén.