miércoles, 2 de enero de 2019

JUAN DESCUBRE Y ANUNCIA EL CAMINO

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Jn 1,19-28
Juan está anunciando el camino. Él no lo es ni tampoco es la luz, pero anuncia el camino que hay que seguir siguiendo al que verdaderamente es el Camino, la Verdad y la Vida. Juan deja todo muy claro al confesar que él no es el camino sino la voz que anuncia el camino: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».

Tras esta respuesta, los fariseos, que eran los que le habían preguntado le dijeron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?». A lo que Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia».

Y termina el Evangelio diciendo: Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. Para dejar claro, con señales y testigos, que esto no era algo anecdotario, sino que concretamente ocurrió y estaba localizado en el río Jordán, donde bautizaba Juan. y en tiempo de Herodes Antipas.

Juan da testimonio de Jesús y es la antesala de su salida a la vida pública. Juan sabe donde empieza y termina su misión y, en el momento oportuno, se abaja y desaparece. Él anuncia a quien ha de venir a bautizar con el Espíritu Santo y fuego. Ese testimonio de Juan debe, al menos a nosotros, servirnos también para saber quienes somos y cual es nuestra misión. 

Saber que no somos dignos de desatarle la correa de su sandalia, tal y como lo decía Juan,  y que somos sus siervos humildes que, postrados ante Él, queremos hacer su Voluntad. Porque, de Él recibimos todo lo que somos y la felicidad a la que aspiramos. Confiemos en el Señor y descubramos nuestra pequeñez y nuestra pobreza. En Él encontramos todo lo que buscamos y Él sólo nos basta.