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miércoles, 21 de febrero de 2024

UN DIOS PADRE INACCESIBLE A NUESTRA RAZÓN

Nuestra manera de pensar nos hace reaccionar de forma negativa y rechazable ante lo que no vemos. De tal manera que llegamos a afirmar que aquello que no ven nuestros ojos es rechazado por nuestra razón. Pero, sucede que también nos formamos una imagen y una idea de como tiene que ser ese Dios de quien nos habla Jesús, el Mesías prometido.

No aceptamos el Dios que Jesús, su Hijo predilecto, nos anuncia. Tenemos ya nosotros un dios formado a la medida de nuestra razón. Y ese el Mesía que esperamos. Por eso, para cerciorarse más sobre el Dios Padre que Jesús les anuncia le piden un signo. Un signo que demuestre y les pruebe ese dios que ellos esperan. Quizás puede suceder que también a nosotros nos ocurre lo mismo. Pedimos pruebas para cerciorarnos de ese Dios que Jesús nos anuncia.

El Evangelio de hoy plantea ese problema que sigue vivo y actual en nuestro siglo y entre muchos de nosotros: ¿Qué Dios esperamos encontrar y en qué Dios creemos? La respuesta por parte de Jesús es categórica y clara: (Lc 11,29-32): En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para …

Conviene aprovechar este tiempo de cuaresma para interiorizar nuestro pensamiento con la Palabra que Jesús nos anuncia y discernir al respecto: Nuestro Dios es un Dios inaccesible a nuestra razón, un Dios inimaginable y libre, cuyos planes son muy diferentes a los que crea nuestra limitada razón.

miércoles, 3 de febrero de 2021

SIEMPRE VALORAS MENOS LO QUE TIENES CERCA

Mc 6,1-6

Es algo muy real y hasta cierto punto experimentado por todos. Lo de tu casa; lo de tu pueblo; lo de tu familia y lo propiamente tuyo es muy poco valorado por todos los que están cercanos a ti y te conocen. Esa frase que todos conocemos y hemos oído muchas veces - nadie es profeta en su tierra - se cumple en la realidad del acontecer de cada día.

Asi sucedió en la vida de Jesús. En su propia casa no fue valorado ni creído. Sus contemporáneos y paisanos no tuvieron fe en Él. Para ellos siempre fue aquel muchacho hijo del carpintero y de la joven y humilde María. ¿De dónde sacaba esa sabiduría y esos milagros qué hacía? Nunca pudieron entenderlo ni darle crédito a las enseñanzas y milagros que Jesús hacía. 

Y es que la razón tiene un límite e impide que entre la fe a partir de ese punto, porque, la fe está por encima de la razón y ésta no puede alcanzarla nunca. Puede intuirla, razonarla y llenarse de esperanza, pero nunca comprenderla. ¿Acaso puedes entender el poder de Dios? La única razón y fundamento de nuestra fe es la Resurrección. Fue precisamente, a partir de ahí, cuando los apóstoles dieron sentido y fundamento a su fe. Habían perdido toda esperanza hasta que llegó esa hermosa y maravillosa mañana del domingo cuando María Magdalena anunciaba que Jesús había Resucitado.

También yo, y otros muchos, y, posiblemente, tú también, creemos en ti, Señor y, a pesar de no entender tu Misterio, nos fiamos de tu Palabra y del testimonio de la Verdad que nos has dado con tu Vida. Y, por eso, te seguimos, a pesar de nuestros fallos, debilidades y pecados, perseverando en la buena y recta intención de irnos perfeccionando en la actitud de imitarte en cada momento de nuestra vida.

miércoles, 19 de agosto de 2020

TODO ES MISERICORDIA

Pin de Rosario Viviente Puerto Rico en La Santa Madre Iglesia | No ...
Cuando las cosas las pasamos por nuestra razón, encontramos una correspondencia entre lo trabajado y el tiempo. O entre el rendimiento y el trabajo. El hombre establece una relación trabajo - tiempo como causa de su salario. De modo que, a más tiempo trabajado, corresponde más salario; a más rendimiento, más retribución. Sin embargo, los criterios de Dios son otros.

Dios no mira el tiempo ni tampoco el trabajo. Primero, porque, por mucho trabajo, el hombre no puede alcanzar lo necesario para, ni siquiera acercarse a satisfacer la deuda con su Padre Dios. Si así fuera, el hombre nunca alcanzaría merecer compartir la Gloria de Dios. Y, segundo, porque la Bondad de Padre Dios es tan grande e infinita que, sin merecer nada el hombre y la mujer, Dios les da paga de Gloria y Vida Eterna.

Jesús, el Señor, nos muestra en esta parábola la grandeza del Amor de su Padre y su Infinita Misericordia. El quiere nuestro bien y solo le importa nuestra fe, obediencia, que descubre y hace visible la fe, y la limpieza y buena intención de nuestro corazón. Nuestra salvación no va a depender de nuestro tiempo de relación con Dios, ni de nuestras oraciones y buenas obras, aunque estas son necesarias y descubren y muestran nuestra buena actitud y empeño por estar y seguir al Señor.

Simplemente, porque por mucho que hagamos n mereceremos nunca nada. Todo es Gracia y Misericordia de nuestro Padre Dios.

viernes, 25 de octubre de 2019

RAZONAR EN LA VERDAD

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Lc 12,54-59
Nos jactamos de saber, conocer e interpretar el tiempo, pero, miramos para otro lado cuando se trata de razonar el significado trascendente de nuestra vida. No podemos ignorar el deseo y la necesidad de felicidad que sentimos en lo más profundo de nuestro ser y que está presente en todos los instantes de nuestra vida e instalada en el centro de nuestro corazón, que junto a la aspiración eterna forman la mayor esperanza que el ser humano desea alcanzar.

Sin embargo, cerramos los ojos ante esta realidad que palpita y vive dentro de nosotros. Preferimos permanecer en el Egipto de nuestro tiempo al calor de los pepinos, puerros y cebollas que nos dan seguridad ante que emprender la travesía por el desierto que nos señala y nos propone la Palabra de Dios cargando con nuestra cruz. Realmente, es verdad se me hace difícil y se nos hace difícil a todos. Por eso somos pecadores y necesitados de la Gracia de Dios.

Presumimos ante el conocimiento de los fenómenos atmosféricos, pero justificamos nuestra ignorancia ante la interpretación de la verdad, de lo justo frente a la mentira e injusto. Quizás buscamos justificarnos ante la aparición de nuestros propios miedos y las exigencias de salir, de caminar por terrenos no conocidos e inseguros. Quizás, sentimos la llegada de situaciones que nos pueden crear problemas que no queremos vivir ni afrontar. Quizás nos guste quedarnos, aunque de forma rutinaria, instalados en lo que ya conocemos y esperar el desenlace de nuestra vida tal y como viene. ¿Acaso no nos damos cuenta de que arriesgamos el mayor Tesoro que tenemos? ¿Es qué tenemos los ojos cerrados?

¿Para qué ese conocimiento, del que presumimos, si estamos despreciando el verdadero Tesoro que nos ofrece la felicidad eterna? ¿Somos tan necios, como aquel rico insensato, que pensamos en banquetear y vivir la vida sin pararnos a pensar que lo verdaderamente sensato es mirar hacia nuestro Padre y Dios y seguir sus enseñanzas? ¿Es qué no aprendemos en la medida que vamos cubriendo etapas en nuestra vida?

martes, 15 de octubre de 2019

LA RAZÓN, MURALLA QUE IMPIDE VER LA VERDAD

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Cuando te adhieres a la razón pierdes la capacidad de ver más allá de lo que tu razón te alumbra. La cuestión es que con sólo la razón no podrás descubrir que es lo que hay más allá de las estrellas. No se trata de decir que la razón se opone a la fe, ni tampoco a la verdad, sino que la actitud de querer dar respuesta a todo lo que intuyes desde la razón presenta serias dificultades que te impiden ver y abrirte a la única Verdad. Por eso, los corazones, confiados, sencillos e ingenuos se abren fácilmente a la Verdad. Jesús ya nos lo ha dicho en alguna ocasión invitándonos a ser como niños, condición para entrar en el Reino de los cielos. Se trata, pues, de tener un corazón de niño, un corazón amoroso y abierto al amor de Dios, la única manera de comprender la Misericordia y cercanía de Dios.

Todo lo contrario a aquellos que pasan todo por el filtro de la razón y ponen excusas anteponiendo la comprensión e intelectualidad al amor de Dios. De alguna manera son figuras de Abraham cuando interpretó tener un hijo siguiendo su razón, Ismael - Gn 16, 1-6 - con la esclava Agar. Ismael hijo de la razón y no de la promesa que Dios había hecho a Abraham, encarnada en Isaac. Difícilmente comprederán la Misericordia y el Amor de de Dios. Y es que resultará imposible buscar a Dios desde la ciencia y la sabiduría humana, porque Dios está por encima de ella y nuestra capacidad humana es limitada para comprenderla.

La grandeza de Dios nos supera y sólo con el auxilio del Espíritu Santo podemos comprenderla, pero, para ello, necesitamos abrir nuestros corazones más que nuestras mentes limitadas, y dejarnos invadir por el Amor Misericordioso de Dios. Jesús, nuestro Señor, nos enseña y nos da testimonio con su Vida, de sencillez, de mansedumbre y de humildad, pues, siendo Dios, encarnado en Naturaleza Humana, se abajó hasta hacerse hombre como nosotros, menos en el pecado, y entregar su vida para nuestra salvación.

sábado, 11 de mayo de 2019

¿TE FÍAS DE JESÚS?

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Vivimos momentos confusos, oscuros y donde ver la luz se hace cada día más difícil. La lucha es intensa cada día y difícil de contrarrestar desde el punto de vista cristiano. Los valores cristianos se derrumban y muchos tratan de derrumbarlos. Sabemos que no es nada nuevo, pues ya pasaba en tiempo de Jesús. El mismo lo dice: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen»

No ha cambiado nada. La sociedad actual, los pueblos de hoy siguen en la misma actitud. Se alejan de Dios, y no sólo eso, sino que tratan de alejar también a los demás de Dios. Quieren desterrar de Europa, y entre ellas, España, de sus raíces cristianas. Se ha perdido la fe porque el diablo está trabajando para eso y distrayéndonos con las seducciones del mundo y la carne. 

La fe no es sino el resultado de fiarse de la Palabra de Dios, de la misma forma que te fías de otros en este mundo, con la única diferencia que Dios no te engaña y el mundo probablemente sí, pues se busca él y no busca tu bien. Porque, fiarse siempre te trae dudas, incertidumbre y muchos interrogantes que tú sólo no puedes discernir o descubrir, y menos entender. Por la misma experiencia pasaron los apóstoles., sin embargo, ellos acertaron en perseverar y fiarse obedientemente de la Palabra del Señor.

Nosotros ahora tenemos el testimonio de los apóstoles y un testimonio de experimentar a Cristo Resucitado. Hay razones solidas para creer. Y también tenemos el testimonio de la Iglesia y su labor de continuar la evangelización y proclamación de la Palabra de Dios. Porque, sí, el Espíritu está por encima de la carne y sin Él la carne no tiene ningún valor. Es el Espíritu quien nos sostiene y nos da la vida, pero Vida Eterna. Y es la Palabra la que nos acerca al Señor y nos sostiene cerca de Él y atentos a su Palabra. Palabra que, como dice Pedro, es la única Palabra de Vida Eterna.

martes, 2 de octubre de 2018

ÁNGELES CUSTODIOS

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Mt 18,1-5.10
En la medida que crecemos vamos teniendo más presente la seguridad. Por un lado, por nuestras propias pertenencias y por otro el miedo a que nos pueda pasar algo malo. Está enraizado en lo más profundo de nuestros corazones la necesidad de tener un ángel custodio. Un ángel que nos cuida y que nos protege en nombre de Dios.

En las Sagradas Escrituras hay muchas referencias a los ángeles - Jn 1, 51 - y la existencia de ellos es una verdad de fe. De la misma forma, esta tendencia a la seguridad está relacionada con los puestos a ocupar. Todos queremos garantizarnos y ocupar los primeros puestos, porque te sientes más seguro, más considerado y retribuido. Nuestra razón y forma de ver las cosas se conduce de esa forma y nos sentimos muy atraídos a desear ocupar los primeros lugares.

En esa dinámica se encuentra los discípulos cuando, preguntando a Jesús, quedan sorprendidos y al escuchar su respuesta:  «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos».

¿Qué conclusiones sacas tú? Sería bueno discernir y deducir tus propios conclusiones, pues serás tú quien responda por ti mismo y no otro. Sabemos que los niños se fían de sus padres a pesar de que no entiende casi nada. Y caminan según le indican sus progenitores. ¿Haces tú eso con tu Padre Dios?

martes, 7 de agosto de 2018

EL PODER DE DIOS

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Mt 14,22-36
Hoy el Señor hace de las suyas, y es que puede hacer lo que quiera y cómo quiera, pues es el Señor. Por eso, es absurdo resistirse a la Palabra del Señor al querer pasarla por nuestra razón, porque, nunca la comprenderemos. Si Dios es todopoderoso, ¿cómo es que no puede hacer lo que le venga en gana? 

Es verdad que tú y yo vamos a poner pegas, pero, el error está en que queremos entenderle y razonar que lo que hace lo puede hacer. Dios es Infinito y tú finito, pequeño e insignificante. ¿Cómo quieres exigirle a Dios que te dé pruebas para que te sea fácil creerle? ¿Acaso, a parte de todo lo que te ha regalado quieres también que te regale la salvación sin tú apenas colaborar? Te pide que creas en Él y, encima, te lo demuestra como lo que narra el Evangelio de hoy.

Ahora te inventas que lo que dice la Biblia es un invento, valga la redundancia, de los que estaban con Él, y que continúa la Iglesia. La cuestión es negar y negar para no moverme de mi sitio. ¿Es qué los demás, los que le siguieron y creyerón en Él, vivieron bien. ¿No dieron todos sus vidas por la fe en Jesús? ¿Es eso lo que no te gusta?

¿Y la Iglesia? ¿Crees que viven  bien lo curas, obispos y el Papa? ¿Y por qué no hay vocaciones? ¿Por qué hay estudios que reflejan que en pocos años escasearan los curas? Si se vive bien, ¿qué ocurre? ¿Y la tarea de la Iglesia? ¿Sabes realmente la labor que hace la Iglesia? ¿Qué tiene fallos? Claro, hay muchos que no dan la talla y que incluso dan mal ejemplo, pero esa no es la Iglesia, sino algunos miembros que están en ella queriendo aprovecharse. Sabes que la mayoría no es así.

Nosotros, Señor, a pesar de lo que otros piensan y argumenten, queremos seguirte. Porque, Tú eres el Pan de Vida Eterna; porque, Tú nos das lo que realmente buscamos, felicidad y paz eterna; porque, sólo en Ti encontramos nuestro destino y nuestra vida cobra todo su sentido.

miércoles, 7 de junio de 2017

SIGUIENDO NUESTRA RAZÓN NOS PERDEMOS

(Mc 12,18-27´
El problema se esconde en nuestra razón. Queremos entender lo que no se nos ha dado para entender. Nuestra capacidad es limitada y no alcanza comprender el Misterio de Dios y su Poder. Claro, según nuestra razón se origina un problema con eso de la sucesión según la Ley de Moisés. ¿Con quién va a vivir esa mujer casada siete veces? Igual podíamos decir de otras viudas en nuestra misma época.

Unos le daremos una respuesta, y otros, otras. Cada cual tratará de responder según entienda y le parezca. Pero, el resultado es que nadie sabe ni tiene respuesta. Porque las cosas en el otro mundo no responden a los mismos criterios que éste. Son de otra forma y superan nuestra inteligencia. Nos lo dice el mismo Jesús: « ¿No estáis en un error precisamente por esto, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en los cielos ».

Si Dios ha creado el mundo y al hombre, y todo lo que alcanzan a ver nuestros ojos son obras de Él, ¿qué problema va a tener Dios en hacer otras cosas que, nosotros, ni siquiera podemos imaginar? Igual razonamos sobre otras cosas, y es que nuestro principal pecado es querer saber como Dios y alcanzar comprenderle siendo, como somos, criaturas de Él.

En cuanto al problema de la Resurrección, ocurre un tanto lo mismo. Jesús se los deja muy claro a los saduceos cuando les dice: « ¿No habéis leído en el libro de Moisés, en lo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos. Estáis en un gran error».  

Abrámonos a la Palabra de Dios, Palabra que se concreta en Jesús, el Hijo. Él es la Palabra hecha carne que nos revela el Amor, la Misericordia y Salvación del Padre para todos los hombres.

lunes, 1 de mayo de 2017

NUESTRA RAZÓN SE VUELVE CIEGA

(Mt 13,54-58)
Sucede que queremos razonar lo que no se puede razonar. Intentar comprender como se hizo el mundo es tarea incomprensible. Sí, hay teorías y pruebas científicas, pero todas parten de premisas supuestas e imaginarías. Una explosión, un choque de energías u otras cosas, que dan lugar a la vida. Es decir, de alguna manera la causa primera siempre está supuesta e inventada.

De la misma manera querer explicar como Dios hizo el mundo, la Encarnación o la Resurrección son misterios ajenos a nuestra razón e inteligencia limitada. La única realidad es que vivimos y estamos presentes en esta realidad. Lo único cierto es que yo en este momento escribo y reflexiono sobre eso. La única razón es que hemos sido creados y hay un ser Inteligente Infinitamente al que llamamos Dios.

Pero, la razón más poderosa es que ese Dios se hace Hombre, "Misterio de la Encarnación", y, de parte de su Padre - el Hijo- nos revela su Amor y su Buena Noticia de Salvación. Eso también es real e histórico, y su Vida, transmitida por los apóstoles y su Iglesia nos habla y nos descubre la aspiración de nuestra vida, que por otro lado, vive grabada a fuego en nuestro corazón. El hombre busca la felicidad y la eternidad, y sólo en la vivencia del verdadero amor encuentra ese gozo y esa aspiración.

Claro, necesitamos la fe. Esa fe de superar esos misterios y creer en la Verdad revelada por ese Hijo de Dios enviado al mundo para darnos la Buena Noticia de Salvación. La fe no es algo que se pueda comprar o alcanzar. La fe es una Gracia de Dios que, si no se tiene, hay que pedirla y buscarla, porque Dios la concede a todos aquellos que la buscan sinceramente con humidad. Y eso empieza por creer en lo que nos dice Jesús. Sí, Jesús, el hijo de José y María. Aquel carpintero humilde y aquella joven sencilla. Pobre y honrado trabajador que cumple con su trabajo para mantener a su familia. Y que hoy se convierte en referencia y ejemplo para todos los trabajadores.

Pero, al parecer eso no nos basta. ¿Quién es ese Jesús hijo del carpintero? ¿Qué nos va a decir ese Jesús, hijo de María y cuya familia está entre nosotros? ¿De dónde le viene esa sabiduría? ¿No nos recuerdan estas palabras pronunciadas hace dos mil años aproximadamente a las mismas que pronunciamos hoy? ¿No dicen lo mismo muchos de los hombres de hoy? 

Y es que tratan de explicarse el Misterio de Dios desde su pobre y limitada inteligencia. Atrevida y osada ignorancia, ciega y necia, pues la realidad es que viven y la rechazan. ¿No es esa suficiente explicación para darse cuenta que lo que dice Jesús tiene pleno sentido y el la Verdad? Claramente nos dice: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".

viernes, 23 de septiembre de 2016

LO DE CREER, HAY MUCHOS



Son muchos los que dicen creer. El hecho de mantener las tradiciones e ir a misa supone que en el fondo de cada persona subyace la fe. Quizás una fe adormecida, más muerta que viva, pero fe. Porque de no ser así difícilmente la gente se acercaría a la Iglesia ni tampoco bautizarían a sus hijos. Y, hoy, en la actualidad hay muchos bautizos que yo confirmo, porque doy catequesis a los padres y padrinos. Y sólo en mi parroquia hay una media entre diez y quince bautismos mensuales.

Ahora, la cuestión es preguntarnos por esa fe. Es la pregunta que hace Jesús a sus apóstoles en el Evangelio de hoy: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Y podemos aproximarnos a la respuesta. La mayoría diría que cree en un Dios, pero no tanto en los curas o en la Iglesia. Muchos no sabrían distinguir entre curas e Iglesia. Muchos menos hablarían de Jesucristo, porque ni lo conocen. Habrán oído algo, pero nada más.

Pero, aparte de todas esas opiniones y expresiones de una fe débil, enferma o diluida, ¿tú que piensas? Esa es la pregunta que nos dice Jesús. Tú, que me conoces y me sigues, ¿qué dices de Mí? Sabemos por el Evangelio la respuesta de Pedro, pero también sabemos que fue inspirado por el Espíritu, pues muy seguro no parecía estar cuando poco después le negó tres veces seguidas. Eso dejar ver nuestra debilidad y nuestras dudas humanas. La fe es un don de Dios.

Porque no tenemos capacidad para poder entender el Misterio de Dios, pero en Jesús, su Hijo, podemos verle, escuchar su Palabra y alimentarnos de su Espíritu. Los apóstoles le vieron y compartieron con Él un tiempo, hasta su Muerte en la Cruz. Y nos han dejado su Vida, Obras y su Palabra. Y, por ellos, creemos en el Señor y depositamos en Él toda nuestra confianza y fe. 

Le pedimos que nos la aumente, nos la afirme y nos dé la fortaleza de su Gracia, para que, viviéndola podamos llevarla también nosotros a todos los lugares en los que nos movemos y vivimos.

jueves, 5 de mayo de 2016

CON LA RAZÓN DEL MUNDO TE PERDERÁS. VIVE EN LA ESPERANZA DE ESPERARLO.

(Jn 16,16-20)

Nuestra lógica no es la de Dios, y con nuestra razón y lógica nunca entenderemos a Dios. Ese es el problema de aquellos que quieren desde su razón y su lógica dar explicaciones a la Verdad de Dios. Es absurdo pensar así e intentarlo, porque hasta se podría razonar el por qué. Porque de entender los planes de Dios y que entren en nuestra razón es demostrar que Dios no existe.

Un Dios tan pequeño que pueda ser entendido por el hombre no es un Dios. Lo lógico y de sentido común es que Dios sea inalcanzable para el hombre.  Y eso nos viene a demostrar que realmente Dios es ese Dios que nos revela su Hijo Jesús. Un Dios infinito, fuera de nuestro alcance y, razonada su existencia, pero no entendida sino demostrada en la Resurrección y el testimonio de los que le conocieron como Hombre y le reconocieron Resucitado.

El creyente vive en la esperanza de esperar la segunda venida de Jesús. No importa lo que está ocurriendo, ni tampoco lo que digan ni lo que predicen. La realidad es que el mundo está mal y cada día parece el último, pero el hombre siempre mantiene la esperanza de encontrar la felicidad eterna. Eso es lo que de forma constante busca hasta desesperarse en muchos momentos.

Las Palabras de Jesús son reconfortante y esperanzadoras: «Dentro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Sabemos que se ha ido, pero también que volverá y que permanece entre nosotros. También sabemos que el Espíritu Santo nos acompaña y nos guía por el camino de la Verdad. Pero, sobre todo, sabemos que Jesús tiene Palabra de Vida Eterna y en Él todo tiene cumplimiento en la Verdad.

¿Y no es verdad? En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. 

Todo esto está sucediendo, pero vivimos en la esperanza de que se convertirá en gozo, porque eso es lo que realmente experimentamos dentro de nosotros mismos y lo que el hombre busca y desea.

martes, 28 de abril de 2015

NO PRETENDAS ENTENDER A DIOS

(Jn 10,22-30)


Cuando nos encontramos en la disyuntiva de creer o negar, exigimos entender lo que nos presentan y proclaman. Queremos que Jesús nos diga si es el Mesías o no, pero luego no le vamos a creer si nos lo dice, porque ya eso está pasando.

«¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».

Igual está ocurriendo hoy. Los intelectuales querrán razonar sus respuestas manteniendo sus corazones cerrados a la acción del Espíritu Santo. Nunca podremos entender al Espíritu Santo porque nuestra razón, por decirlo de alguna manera, está a años luz de la del Espíritu Santo. ¿Cómo podemos entender que Dios, Creador del mundo, se rebaje por amor y nos perdone? ¿Puede entrar eso en nuestra cabeza? ¿Acaso el hombre es alguien importante delante de Dios, si no es porque Él así lo ha querido y se ha comprometido por amor?

¿No nos ocurre lo mismo cuando en alguna discusión personal no damos el brazo a torcer aún dándonos cuenta de que hemos metido la pata? ¿No experimentamos que nos cuesta mucho reconocer nuestros errores en publico? Pues cuando se trata de cambiar el rumbo de nuestra vida, el esfuerzo será mucho mayor, y muchos, sobre todo los poderosos e intelectuales, no están dispuesto a retroceder. Les puede su soberbia.

Disfrazamos las pruebas, incluso resurrecciones, con tal de salir con la nuestra y no dar el brazo a torcer. Estamos cerrados a todo reconocimiento y rechazamos toda acción del Espíritu. Somos libres y nuestra libertad será respetada por encima de todo. Necesitamos ser humildes y abrirnos a la fe. Es lo que Jesús nos dice cuando nos invita a ser como niños.

Pidamos la Gracia de la humildad para abrirnos a la acción del Espíritu Santo y dejar que la fe nos invada y nos ilumine nuestros corazones.

lunes, 21 de abril de 2014

JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE



Los sumos sacerdotes no daban crédito a lo que les decían y, por otro lado, sus soberbias les traicionaba y tratan de justificar aquello que no se puede justificar. Se autoengaña distorsionando la realidad. Sobornan a los soldados para que extiendan que han sido los apóstoles quienes han robado el Cuerpo de Jesús. Algo difícil de sostener y mantener.

Hoy, muchos, no creen en Jesús, pero no porque quieran creer que han robado su Cuerpo, cosa imposible, sino porque se obstinan en querer comprender lo que no se puede comprender desde nosotros mismos, sino por la Gracia del Señor. 

Hay una y mil razones para creer, pero también hay para dudar. Porque la duda siempre nos estará amenazando. La fe implica ver y no veremos más hasta que ya no nos haga falta la fe, porque lo veremos con nuestros propios ojos. Será cuando acabe este nuestro periplo por este mundo.

 El testimonio de los apóstoles es suficiente y también el deseo de sed de agua viva que salta hasta la fuente eterna. La fe es un don de Dios y como tal se lo pedimos, porque queremos creer y creemos en su Palabra y el testimonio de la Iglesia.

Sin embargo, somos débiles y frágiles y necesitamos que nos aumentes la fe Señor. Y eso te pedimos hoy, día en que celebramos que Tú estás vivo entre y nosotros para resucitarnos a nosotros también. Por eso te pedimos: "Aumenta nuestra fe Señor".

viernes, 4 de enero de 2013

NECESITAMOS DAR UN PASO

Juan 1, 35-42


Supongo que la predicación de Juan el Bautista no movió a muchos a disponerse en una actitud de búsqueda y de respuestas a esas preguntas universales que yacen dentro de cada hombre. Supongo que hoy sucede lo mismo, y que siempre ha sido así.

Muchos no somos capaces de dar un paso hacia adelante. A pesar de tener esos interrogantes en el primer plano de nuestra vida, permanecemos quietos, inmóviles. No queremos salir de la situación que tenemos, nos asusta y sentimos miedo, o comodidad. Buscamos asegurarnos, razonar y ver. Nos autoengañamos y nos respondemos distorsionando la realidad. Buscamos justificaciones que nos tranquilicen y justifiquen el por qué de nuestra pasividad.

Nuestra razón nos inquieta, nos da respuestas, quizás no completas, pero sí razonables, fundadas y necesitadas de una parte de fe que la haga saltar y moverse. Luego, la experiencia del encuentro irá dando lo que falta, y siempre, durante toda nuestra vida faltará algo, hasta llegar al momento del verdadero encuentro cara a cara al atardecer de nuestra propia vida.

Cuando no somos capaces de proceder como otros, y sentimos en lo más profundo de nuestro ser que deseamos hacerlo, procedemos a justificarnos y se produce el autoengaño. Es la autotraición de justificar aquello que pensamos deberíamos hacer y no hacemos. Y así pasamos nuestra vida, mintiéndonos y atormentados aunque no queramos admitirlo, hasta el punto de que nuestro corazón se haga un callo duro y cerrado que se cierra a todo.

Andrés y Juan, discípulos de Juan el Bautista, nos testimonian hoy cómo responder a la llamada de Jesús. Primero están abierto a la predicación de Juan, dejan que sus palabras entren en sus corazones y hagan el milagro de transformarlos, pero luego, obedecen a Juan cuando les señala al verdadero y único Mesías, al Salvador y Redentor que viene, enviado por el Padre, a redimirnos.

El encuentro con Jesús es el primer paso. Un encuentro que será el que nos cambie, el que nos termine de transformar, de hacernos ver, de guiarnos y de fortalecernos en el amor a Jesús y, en consecuencia, en el amor a los demás. Habrá riesgos, dudas, tribulaciones, fracasos, tristezas, alegrías, triunfos...etc., habrá de todo, pero ese es el camino. Un camino de lucha, de renuncias y de sacrificios, pero siempre camino hasta llegar al final, punto de partida donde todo será gloria y gozo eterno.

viernes, 21 de agosto de 2009

EL MUNDO ESTÁ VENCIDO, Y CIEGOS LOS QUE LO SIGUEN.


Seguramente levantaran muchos la voz para clamar que los que afirmamos que seguir los criterios mundanos están ciegos, estamos locos. Y muchos les darán la razón porque la vida es maravillosa vivirla según sus propias convicciones y dando rienda suelta a nuestras apetencias de bienestar, comodidad, bien vivir y gozar de todo los placeres, creados por DIOS para el disfrute del hombre.

Sin embargo, eluden y apartan que todo lo creado lo ha puesto DIOS PADRE para todos sus hijos y no sólo para unos cuantos. Porque ésta es la diferencia y la realidad de lo que ocurre: todo lo creado para el disfrute de todos, se ha quedado en unos cuantos. Es la cizaña que ha crecido junto a la semilla buena, y la contamina y perjudica impidiéndole crecer y desarrollarse ofreciendo todos sus frutos y su cosecha abundante.

Pero la promesa de JESÚS es que la cizaña será arrancada a su debido tiempo y su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Y esa es nuestra fe y esperanza que, cuando, dónde y cómo el SEÑOR quiera, el bien, la buena semilla vencerá a la mala y la vida triunfará sobre la muerte. Sería inútil seguir argumentando y razonando la verdad que el hombre desea y persigue. Sólo nos basta la Palabra de JESÚS, porque de ÉL nos fiamos, porque en ÉL se ha cumplido todo lo vaticinado, y porque ÉL ha resucitado: "El que tenga oídos que oiga".


sábado, 23 de mayo de 2009

A LA FE SE LLEGA POR LA RAZÓN


En muchos momentos, cuando el horizonte se nubla, la impaciencia te sobrecoge y el sentido de la vida parece oscuro, sin esperanza y sin, valga la redundancia, sentido común, te desplomas y tu integridad se ve sacudida y con el deseo de rendirte, de dejar de luchar, de no sentirte tan responsable, de erguir la espalda tan doblada por el peso del compromiso responsable, del sentimiento de responder al mal con bien, de ser libre y, en consecuencia, buscar el bien común.

Es entonces, en esos momentos difíciles y duros cuando la razón se pone en funcionamiento y enebra los pensamientos y juicios que te encienden el entendimiento y te abren a la luz de la fe, de proclamar, como hace unos momentos compartía con mi amigo y hermano en la fe, Elías, "yo si creo en DIOS, y disfruto la vida con ÉL".

Y es que fe es saberse querido y aceptado por el PADRE DIOS, que nos quiere, que nos acepta tal y como somos ahora, en este mismo momento, con nuestras debilidades, cabezudeces, perezas, limitaciones, soberbia, egoísmos, vanidades... ÉL sabe como somos, no en vano somos su obra y sus hijos, y en prueba de su amor nos entregó a su verdadero HIJO, para que viniera a decirnos lo mucho que nos quería, y a enseñarnos el Camino para mejorar y ser más buenos.


Porque nuestro PADRE DIOS, nos quiere como somos, pero le gustaría que mejoremos, que seamos, poco a poco, mejores, menos débiles, menos cabezudos, perezosos, limitados, soberbios, egoístas, vanidosos... por eso ha decidido quedarse con nosotros, y sabiendo, hoy día de la ascensión, que tenía que volver al PADRE, nos ha dejado al ESPÍRITU que vendrá muy pronto, Pentecostés, a quedarse con nosotros para asistirnos y acompañarnos en el camino.

No tengamos miedo, pues el ESPÍRITU está con nosotros y siempre nos alumbrará el lugar por donde podemos seguir la marcha, el camino, hasta llegar a la Casa. DIOS nos quiere tanto que permanece callado a nuestro lado, al lado de los que lo tratan indiferente y lo insultan; al lado de los que no le reconocen como PADRE; al lado de los que no quieren hablarle ni que les hable; al lado de los que, incluso, le ofenden, le insultan, le persiguen en el prójimo...

DIOS, nuestro PADRE, nos quiere tanto que con la entrega de su HIJO nos demuestra, más no se puede hacer, la altura de su Amor. Y eso, razonado, nos alumbra el camino que nosotros, sus hijos, debemos recorrer. Si DIOS, mi PADRE, me quiere de esa manera, ¿no tendré yo que hacer lo mismo con los demás? Ese testimonio de amor, que aguanta todo y espera a que respondamos, hasta el último momento de nuestra vida, aquí en la tierra, nos da a pensar que nosotros debemos proceder de la misma manera.

Por eso, en correspondencia al que me regala la vida y una vida para siempre, eterna y feliz, y sin méritos ninguno por mi parte, porque no le respondo como debiera, yo no puedo menos que esforzarme en hacer lo mismo con los demás. Y te das cuenta, al pensar de esa forma, que eso enciende tu vida, le da sentido, y es más, es la solución que todos esperamos y queremos, porque de esa forma no habría crisis, guerras, hambre, muertes, injusticias, desigualdades... ¿a qué esperan los señores gobernantes de las naciones y los que mueven los hilos económicos del mundo?