jueves, 4 de junio de 2026

LA ESENCIA DE LA FE: AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

Mc 12, 28b-34

Federico estaba siempre con cara de pocos amigos. Su aspecto no invitaba a sentirse a gusto a su lado y muchos eludían su amistad.

Una mañana, Manuel se encontró con él en la terraza de Santiago. Al verlo con esa cara triste, se compadeció y le preguntó:

Los ojos de Federico estaban abiertos como luminosas lámparas. Su rostro se había transformado; de una apariencia amarga se había convertido en un semblante gozoso.

Ahora comprendía que el verdadero amor partía de Dios, pasaba por sí mismo y se proyectaba en los demás. Un camino amoroso de perfección en el Señor.

Había comprendido que, permaneciendo en Dios, podía aceptarse a sí mismo y amar de verdad a los demás.