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jueves, 4 de junio de 2026

LA ESENCIA DE LA FE: AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

Mc 12, 28b-34

Federico estaba siempre con cara de pocos amigos. Su aspecto no invitaba a sentirse a gusto a su lado y muchos eludían su amistad.

Una mañana, Manuel se encontró con él en la terraza de Santiago. Al verlo con esa cara triste, se compadeció y le preguntó:

Los ojos de Federico estaban abiertos como luminosas lámparas. Su rostro se había transformado; de una apariencia amarga se había convertido en un semblante gozoso.

Ahora comprendía que el verdadero amor partía de Dios, pasaba por sí mismo y se proyectaba en los demás. Un camino amoroso de perfección en el Señor.

Había comprendido que, permaneciendo en Dios, podía aceptarse a sí mismo y amar de verdad a los demás.

domingo, 25 de septiembre de 2022

TODO ESTÁ CONTENIDO EN EL AMOR

Amar es buscar el bien, la verdad y la justicia. Quien ama reparte verdad y justicia a su derredor. Por eso, la Ley tiene como primer y único mandamiento amar a Dios y al prójimo. Ambos unidos e inseparables. Ocupa el primer lugar el amor a Dios, porque sin él no podríamos amar al prójimo. Pero, sin el amor al prójimo no podríamos amar a Dios. Estaríamos mintiéndonos y engañándonos a nosotros mismos.

La parábola que Jesús nos cuenta en el Evangelio de hoy nos describe claramente la indiferencia con la que vivimos muchos que tienen con respecto a los que no tienen y carecen de lo más elemental. El rico se olvida del pobre y, a pesar de que quiera aparentar ser buen cristiano y cumplir con los preceptos y normas, si no hay preocupación y solidaridad con aquellos que no tienen y, en consecuencia, sufren y lo pasan mal, todo es mentira.

El amor se ve, se nota y se hace tangible en la verdad y la justicia. Y ambas – verdad y justicia – se ven claramente a la luz del día. Posiblemente se puedan ocultar en la oscuridad de la noche – la mentira – pero quedará al descubierto cuando llegue la Luz. Todo se verá y se entenderá claramente.

Porque, cuando amas el mundo empieza a ser mejor. La solución para mejorar el mundo es muy sencilla y clara: amar en verdad y justicia. No hace falta congresos, macro reuniones, estudios ni métodos y estrategias. Simplemente basta con ser bien intencionado y amar. E inmediatamente el mundo notara los efectos del amor – el único fármaco – que le hará sentirse mejor, tener paz y buena distribución de las riquezas. El resultado será que todos viviremos mejor.

 

—Si nos proponemos amar todo quedaría arreglado en poco tiempo. Porque, del amor que hablamos —dijo Manuel— es aquel que ama en verdad y justicia.

—Y con verdad y justicia —respondió Pedro— todo queda arreglado. Se acaban los problemas.

—De modo que todas las reuniones que se hagan con el propósito de arreglar los problemas del mundo son enfrentamientos de intereses —afirmó Manuel.

—Así es, añadió Pedro. Se busca solucionar tu problema y salir beneficiado. Nadie quiere dar nada. Y amar significa compartir y dar de lo que tienes gratuitamente.

—Has dado en el blanco, Pedro.

lunes, 4 de octubre de 2021

PRÓXIMO O CERCANO, ESE ES TU PRÓJIMO.

Lc 10,25-37

No se trata simplemente de cumplir y hacer, sino de ver quien está necesitado y ayudarle. Bien, es verdad que hay muchos necesitados que no se dejan ayudar y rechazan todo acercamiento y disponibilidad a ser ayudados, pero, si quieres estar cerca de Dios no te quedes simplemente en el amor a Él, sino prolonga ese amor al más cercano y necesitado que está a tu lado. 

Porque, tu prójimo es ese, el que te necesita y puedes ayudarle. Hoy vivimos la época de la comunicación y, a través de los medios tecnológicos podemos estar comunicados con todo el mundo. Podríamos llegar a decir, de alguna manera, que todos los que están necesitados de este mundo son nuestros prójimos. Y es que hoy, aunque no forma presencial, pero si muy efectiva, podemos todos ayudarnos. Ejemplos muchos, pero, por citar alguno actual, nombraría la erupción volcánica de la Palma.

La parábola lo deja claro, aquellos, sacerdote y levita, vieron a herido, pero no se pararon a socorrerle, sino que justificándose miraron para otro lugar y marcharon a su compromiso dejando su verdadero compromiso: amar al prójimo como a ti mismo. Y es que nos equivocamos cuando queremos elegir a nuestro prójimo, porque, nuestro prójimo no nos es dado, sino que se presenta en nuestra vida de muchas formas. Puede ser aquel que necesita un consejo; aquel que necesita ser escuchado; aquel que está confundido, solo e inquieto y necesita ser dirigido, empujado, animado. Pueden ser muchos que buscan y necesitan ayuda. 

Porque, los pobres y necesitados - prójimos - no son aquellos  que cumplen esa premisa, sino los que, siéndolos, se abren y se dejan ayudar. Son los que permiten que tu disponibilidad, tu amor entre en el suyo y aceptan esa ayuda que tú aceptas darle. Son los que se acercan en actitud necesitada y abierta o permiten y dejan que seas tú quien se acerque a él.

jueves, 9 de septiembre de 2021

LA CLAVE ES AMAR

 

La Buena Noticia es el amor. Todo se puede sintetizar en el amor, porque, amar es la clave de todo acto humano. De modo que lo que no esté impregnado de amor pierde todo su valor salvífico. No significa esto que un acto bueno no tenga valor, sino que un acto bueno puede no ser suficiente para alcanzar la Gracia de Dios porque se hace con independencia de Él. Es decir, muchos de nuestros actos son hechos con intenciones partidistas, compensatorias e intereses particulares.

Y, el Evangelio de hoy lo pone muy claro: (Lc 6,27-38): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que...

Como podemos comprobar la cosa no es nada fácil. Al contrario, es suficientemente difícil. Y tan difícil que si ponemos nuestro solo esfuerzo será imposible lograrlo. Se hace, pues, necesario estar injertado en el Señor y, por su Gracia, ir transformando nuestro corazón endurecido, egoísta e inclinado a pensar en nosotros nada más, en un corazón desprendido, disponible y dispuesto a darse en bien de los demás. 

Sabemos, por experiencia, que nuestra única posibilidad es permanecer unidos al Señor, nuestra única referencia del amor, para, con su Gracia, intentar ir imitándole y pareciéndonos a Él. Nos será muy difícil, pero nuestra fe en Él alimentará nuestra esperanza. En el camino encontraremos dificultades, debilidades propias y nuestros pecados, pero, nuestro mejor testimonio será ese empeño de confiarnos a Él y abrirle nuestros corazones.

jueves, 3 de junio de 2021

DOS EN UNO

 

Si realmente amas a Dios, quedará demostrado en tu amor al prójimo. Porque, de no ser así, es decir, no queda patente tu amor, al menos tu esfuerzo, al prójimo, estás mintiendo y amando en apariencias. Lo que hablamos hace días, nos escondemos bajo nuestras propias apariencias.

Partimos de la base de que amar, tal como nos señala y manda Jesús, es difícil, por no decir imposible. Nuestra naturaleza - herida por el pecado - se experimenta impotente para amar de esa forma y con ese estilo de vida. Está sometida por el pecado e inclinada egoístamente a satisfacer sus propios apetitos y satisfacciones. Por tanto, nos cuesta darnos, y menos gratuitamente, a los demás.

Sin embargo, no debemos nunca desesperar y tener siempre en cuenta que nuestro Padre Dios nos conoce y no nos manda cosas imposibles. Sabe de nuestras dificultades. Por eso, se ha comprometido en quedarse con nosotros y acompañarnos para auxiliarnos y asistirnos y, unidos a Él, superar esas dificultades que nos tiende el pecado.

Por tanto, no tengamos miedo ni reparo, el Espíritu de Dios está con nosotros y nos fortalecerá y ayudará a amar, al estilo de Jesús, al prójimo. En Él tomaremos las fuerzas y la capacidad de despojarnos, de partirnos y de entregarnos, por su Amor, en darnos a los demás.

viernes, 12 de marzo de 2021

EN EL AMOR ESTÁ CONTENIDO TODO

 

El Antiguo Testamento está contenido en la Ley de Moisés y los Profetas, pero, tan encerrado que choca frontalmente con el Nuevo, donde el Amor lo desborda todo hasta el extremo de esforzarnos en amar al enemigo. Un enemigo al que se le mira con el  deseo de venganza desde la óptica del Antiguo Testamento.

Amar a Dios y al prójimo constituyen un solo mandamiento donde la jerarquía del primero - amar a Dios - se antoja imprescindible, pues, sin ese primer Amor a Dios, el cumplimiento del segundo sería imposible. Nuestra razón humana no puede evitar ese deseo de venganza sobre aquellos que nos ofenden y nos hacen mal. Solo, un corazón suave, humilde, comprensivo, paciente y bondadoso sería capaz de amar a aquel que busca hacerte daño por odio y venganza.

Y sólo, con y por la Gracia de ese Amor a Dios podemos vencernos y transformarnos en ese corazón capaz de erradicar el odio y la venganza hacia el enemigo y amarlo. Por lo tanto, el primer mandamiento - Amar a Dios, es primero, valga la redundancia. Pero, ¡y aquí está el misterio y lo grandioso, que solo a Dios se le puede ocurrir y solo Él puede hacer! Ese Amor a Dios solo puedes hacerlo visible cuando amas al prójimo. No vale decir amo a Dios con solo palabras, sino transformar esas palabras en hechos, en obras haciendo visible ese amor en el prójimo.

¡Realmente es sencillo pero grandioso! Ambos van tan unidos pero, también, tan misteriosamente jerarquizados que dejan muy claro que el primero es el Amor a Dios, aunque su semejanza es tal que sin el amor al prójimo, para lo cual necesitas primero amar a Dios, no puedes concretar el segundo. ¡Realmente asombroso!