| Mt 8, 28-34 |
Cuando conviertes tus ideas en un muro, terminas aislándote de quienes te rodean. Y sin comunicación te será imposible vivir. El hombre ha sido creado en relación, no para vivir aislado.
Y, evidentemente, también existen espacios del corazón humano en los que nadie puede entrar si la persona no abre la puerta.
Mientras Pedro oía hablar de esa manera a Manuel, algo se le retorció en su interior.
«¿Estaría él aislado de los demás?», pensó.
Levantó la mirada y, poniendo los ojos fijos en Manuel, le preguntó:
―¿Puedes explicarte mejor? —preguntó inquieto.
Manuel, con paciencia y ternura, le devolvió la mirada y añadió:
—El niño no nace para crecer solo. Entre otras cosas, porque no puede. Necesita cuidado de quienes le han dado la vida hasta que pueda bastarse por sí mismo…
Hizo una breve pausa y, fijándose ahora en los demás, agregó:
—Pero, aparte de esos cuidados humanos, necesitas el cuidado del Creador. Sin Dios, nada puede hacer para alcanzar la plenitud a la que ha sido llamado. .
Abriendo los brazos y con una expresión de alegría, exclamó:
—O estás con Él o contra Él. Dios ha querido hacerte libre; por amor, ha querido también respetar tu libertad. Pero te busca, quiere y desea que dejes de sufrir…
Abrió la Biblia y señalando el pasaje evangélico de Mateo 8, 28-34, dijo:
—Te invito a que leas detenidamente este evangelio y lo medites con tranquilidad. Solo el Señor puede liberar al hombre de aquello que lo esclaviza. Solo con Él podremos crecer y avanzar hacia la plenitud.
Este contraste entre la paz y la tormenta, el miedo y la esperanza, nos muestra que el Señor desea que dejemos de sufrir, algo imposible si nos cerramos en la incomunicación.
Pedro empezó a darse cuenta de que en muchos momentos de la vida, quizá sin darnos cuenta, vivimos aislados, incapaces de comunicarnos y en una actitud de rechazo.
Terminamos viviendo como extraños, incapaces de acoger el cariño de los demás, comunicándonos únicamente desde el sufrimiento y la desesperanza.
Solo en el Señor seremos capaces de crecer y de avanzar en paciencia, comprensión, humildad, mansedumbre y bondad. Solamente Él puede transformar nuestro corazón.