viernes, 10 de abril de 2026

ECHAR LAS REDES

Jn 21, 1-14

Necesitamos aliento para afrontar nuestras tareas cotidianas. Sin un impulso que nos mueva y nos atraiga, corremos el riesgo de quedarnos paralizados, sin motivación para seguir el camino.

Esto ha sucedido siempre. Antes solía aparecer en la etapa de la jubilación, como una especie de parálisis laboral; hoy puede surgir en cualquier momento, cuando el corazón pierde la ilusión de vivir. La llamamos depresión.

Necesitamos tener sed para ponernos en movimiento, para buscar esa agua que nos calme y nos llene. Solo quien tiene sed se levanta y camina.

Eran las doce del mediodía cuando Manuel llegaba a la terraza de Santiago. Varios tertulianos conversaban sobre la inquietud de querer alcanzar algo en la vida.

En ese momento, Pedro tenía la palabra:

—Solo quien es constante, lucha, se esfuerza y persevera consigue lo que se propone.

—Pero para eso hace falta deseo, tener sed de lo que se busca —replicó Gustavo.

—¡Claro! —respondió Pedro con convicción.

Se hizo un breve silencio. Pedro miró a Manuel y le preguntó:

—¿Tienes alguna opinión sobre esto?

Manuel, que había escuchado atentamente, respondió:

—La vida solo responde a quien busca. Quien se queda en las ideas y no da el paso, no encuentra ni obtiene respuesta.

Todos quedaron sorprendidos. No esperaban una intervención así.

Entonces, Manuel sacó su Biblia y, abriendo por el evangelio de San Juan (21, 1-14), dijo:

—Jesús, durante los días de Pascua, se aparece a los suyos. A aquellos que le esperan, que le echan de menos, que tienen sed de verlo.

Hizo una pausa. Se levantó ligeramente y añadió:

—Ellos saben que es Él, pero no se atreven a preguntarle. Están atentos, expectantes… y obedecen.

Se sentó de nuevo, apoyó la Biblia sobre la mesa y continuó:

—Cada uno estaba en su tarea. Deciden ir a pescar… y es ahí donde Jesús se les aparece.

Mirándolos con cierta intensidad, preguntó:

—¿No nos estará pasando lo mismo a nosotros? ¿No se nos hace presente Jesús en nuestro ambiente, en nuestro trabajo, en la rutina de cada día?

El silencio lo llenó todo. Los rostros reflejaban desconcierto… y también sorpresa.

Sí, el Señor se hace presente a quien le busca, a quien le llama, a quien desea encontrarse con Él.

Está esperando tu respuesta.